16

febrero

2011

Como en un espejo

Por

Si nos fijamos en la fachada del Ayuntamiento de Palma,   nos llamará la atención su imponente alero, de casi cuatro metros de vuelo, que ocupa todo el frente y avanza sobre la plaza,  ofreciendo su protección y cobijo a todos los ciudadanos.

La composición de la fachada es, en términos generales, regular y simétrica. Sin embargo un análisis más atento, nos permite comprobar un detalle muy importante: el edificio no tiene una gran puerta de entrada en el centro, como es habitual en otros edificios institucionales. El centro de la fachada se ha reservado, a nivel de la plaza, a un banco de piedra, que siempre está allí, al servicio del ciudadano, y que convierte a este en protagonista  de la composición. Que gesto tan simple para explicar la naturaleza democrática de una institución y su carácter de servicio público. Sobre este banco, un balcón corrido de corte sencillo, y más arriba un reloj: en Figuera, que marca el compás de un tiempo compartido. El reloj del “ciudadano”, que reclama el papel que ocupaba, hasta entonces,  la campana de la iglesia.

La presencia de la fachada de Cort en la ciudad resulta así distinguida y elegante, rica sin llegar a ser ostentosa, con un carácter ecuánime y protector que  reconoce en los ciudadanos a su dueño y señor. Esperemos que así lo sepan ver los ocupantes temporales que los representan.

Grabado de Gaston Vuillier,Voyage aux îles Baléares, 1888


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Arquitecturas anónimas


4 comentarios para “Como en un espejo”

  1. Kathrin dice:

    ¿Una fachada distinguida y elegante? Probablemente que sí. ¿Que da protección y cobijo a los ciudadanos? Pués, yo no diría tanto. No proteje ni del sol ni de la lluvia. Lo único donde acierta la fachada (tan clásica) para una ciudadanía del sigo XXI es quizá ese banco de piedra al que Ud. nombra que digamos invita a acercarse por un momento – a una institución pública que debería acercarse a nosotros.
    ¿Naturaleza democrática de una institución? Pues, cuando se construyó este edificio no existían las democracias tal como nosotros las conocemos. Y ¿democrático y de servicio público? Desgraciadamente, en Palma esto aún queda por demostrar.
    En mi opinión, sobran grandilocuencias para acercar la arquitectura clásica a nosotros, los ciudadanos.

    • Federico Climent dice:

      Kathrin, grácias por el comentario. Me gustaria que pensases en la vecina sede del Consell y compares la sensaciones que tienes al acercarte a ambos edificios. La sede del Consell es un edifcio moderno construido en estilo neógotico, imitación del gótico tardío en que Guillermo Sagrera construyó la Lonja, 400 años antes. La fachada resulta anácronica y retórica, con una aureola de falsedad, que no invita a acercarse. El cobijo que menciono se refiere al gesto de extender un inmenso alero. Fíjate bien, hay muy pocos de esa envergadura y de esa época, en el mundo. Por otra parte. la democracia que conocemos no se inventó en un día, fueron necesarios siglos de evolución en las formas de gobierno. En el siglo XVII en que se construyó la fachada barroca, el ayuntamiento era conocido como Casa de la Universidad, gobernada por los Jurados y Consellers de la ciudad, que ya se elegían por insaculación.

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