Existe al menos un rincón del universo que con toda seguridad puedes mejorar, y eres tú mismo. — Aldous Huxley

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Alegato por cierta tristeza

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PájaroDiríase que tememos a la tristeza, así como temen los niños a la oscuridad. Se teme a lo que no se conoce. La tristeza no puede ser sino una parte de nosotros mismos, huir de ella es negarnos. Enfrascarse en ella, es negarnos también.

El año tiene primavera y otoño, las jornadas su día y su atardecer. Si permitimos que en nuestro paisaje interior quepan las luces y las sombras, la vida encenderá de fuegos rojos los más bellos amaneceres y los colores de nuestras puestas de sol opacarán a las piezas del Prado.

Está de moda la luz. Sí, de moda, se vende al por mayor en manuales de diez pasos. Cómo conseguir lo que quiere, cómo ser quien quiere, cómo triunfar. Pronto tendremos el síndrome de la culpabilidad por no ser empresario de éxito en un año, o modelo en seis meses, si es que no lo tenemos ya. Todo tiene solución según la moda de la luz, en unos cuantos pasos rápidos.

¿Y si la realidad fuera que el dolor y la tristeza son una realidad? ¿Y si aprendiéramos de una vez que la tristeza tiene una belleza infinita en sí misma y no tenemos porqué avergonzarnos de ella, ni negarla, ni huir? ¿Y si nos atrevemos a ver la tristeza como una parte más de la vida y aceptamos simplemente sentirla, respirarla, aprender de ella?

La tristeza nos da profundidad, nos hace empáticos, nos conecta con otros. La tristeza nos hace sensibles y nuestra sensibilidad es la medida de nuestra humanidad. Quien ha vivido su tristeza no puede no ser solidario con los que sufren, no puede ser indiferente con lo injusto; no puede ser frívolo.

La tristeza está en la esencia misma de la música más bella que jamás ha sido compuesta y los mejores poemas siempre tienen un toque de tristeza. El amor conoce la tristeza porque el amor ha ascendido desde el apego, sabe de pérdidas, sabe de libertad. El amor goza del presente sabiendo que el presente se va y lo vive intensamente en una tristeza alegre que grava a fuego el tiempo en el tiempo, para que nada se pierda. Sólo el que mucho ha perdido aprende del arte de no perder, eso sólo lo enseña la tristeza.


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