7
julio
2009
El agua de la Alhambra
Cuaderno de Viaje (5)
Por Alberto D. Fraile OliverDomingo 5 de julio. Granada
Trato de abstraerme de los cientos de turistas que me acompañan en esta visita y me imagino a mi solo contemplando los detalles de esta obra maestra. Es una residencia de reyes pero los arquitectos le dieron una elevación espiritual digna de una catedral. Es un canto arquitectónico a Allah y al mismo tiempo es también profundamente sensual. No puedo evitar imaginar a unas bailarinas árabes danzando bajo los arcos.
Otro elemento excepcional de la Alhambra son las cerámicas geométricas que decoran las paredes. Al igual que ya me sucedió en los baños árabes noto como me masajean y relajan la mente. Son una traviesa caricia para los ojos y el cerebro.
Hablar de la Alhambra es hablar también de agua. El elemento de este lugar y probablemente de toda la ciudad de Granada es el agua. Las fuentes y canalizaciones mueven la energía y refrescan el caluroso ambiente y al mismo tiempo se convierten en una especie de sistema circulatorio sutil que transporta la belleza del lugar y lo energetiza. El sonido de la caída del agua es una música que hace el mismo efecto en la mente que las geometrías de las paredes. Intento imaginarme lo que debe suponer para una persona vivir en un entorno tan sublime… la elevación espiritual está garantizada.
Según los cinco elementos chinos yo soy madera, y el agua nutre a la madera. Así que dejo que el lugar me alimente con su perfección.
Las vistas dominan el Albaycín. Es la perspectiva inversa a la que se ve desde el mirador de San Nicolás. Desde esta burbuja de lujo y exhuberancia los reyes nazaríes contemplaban a su pueblo que también era próspero. En la época en que los Reyes Católicos conquistaron definitivamente Granada (1492) era una de las ciudades más pobladas, ricas y cultas de Europa.
La tetería en la que me refugio
Un comentario se merece el lugar desde donde escribo estas líneas. Se trata de una tetería con wi-fi de la calle Calderería Nueva. Cuando estoy cansado de andar me refugio en ella y trato de poner un poco de orden a mis sensaciones. Las sillas no son muy cómodas para estar sentado e invitan a recostarse y fumar una shisha. En este local se puede palpar la diversidad de este lugar que ha llevado la convivencia y el mestizaje un nivel difícil de ver en otro lugar.
Cuando cae la noche callejeo como un perro perdido. Me lleva mi mente inquieta a ningún lugar concreto. Tomo unas cañas y con las correspondientes tapas me doy por cenado. El tamaño de las tapas es prodigioso.
A media noche voy a parar a un lugar llamado Eshavira. Es un club de jazz y flamenco donde se reúnen muchos de los músicos profesionales de la ciudad a hacer Jam sessions, es decir, tocar improvisadamente y con la única finalidad de divertirse. No está muy animado pero como la fauna que pulula por el local es muy peculiar, decido quedarme una rato.
Después voy a un lugar también en las inmediaciones de la calle Elvira llamado Mekaba. Un lugar de música negra donde las gente subsahariana de la ciudad se reúne en su pequeño mundo. Huele a marihuana y la gente parece bastante colocada. Es una burbuja más dentro de la granada. Y es que esa fruta alberga en su interior a diferentes burbujas que conviven pacíficamente.
3 comentarios para “El agua de la Alhambra”
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Qué gracia lo del tamaño de las tapas, tengo un amigo que cursó su último año de la carrera de derecho en Granada y siempre nos cuenta lo ridículamente gigantescas que son las tapas en los baretos de la ciudad.
Todo lo contrario a nuestra querida Palma y sus bares de tapas de diseño.
Eshavira! Quin record! Un lloc al·lucinant, extramadament màgic, altament recomanable.
Yo solo he estado una vez en Granada,con ocasión del clásico fin de curso de Egb,en 1987,todavia hoy no he podido olvidarla.