Al primer amor se le quiere más, a los otros se les quiere mejor. — Antoine de Saint-Exupery

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Anima Mundi

Cómo hacer las paces con la naturaleza

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AnimalesFue E.F.Schumacher quien dijo que estamos en guerra con la naturaleza, y que si alguna vez ganábamos la guerra descubriríamos que estamos del lado de los perdedores. La idea principal por la que se lucha es la noción de que la Tierra y sus formas enredadas de vida: rocas, atmósfera y océanos no son mas que una colección de recursos insensatos mecanizados que solo tienen valor cuando se extraen y son convertidos en productos para la venta en el mercado global.

Anima Mundi

Nuestros antepasados tribales sentían que vivían dentro de una gran psicología, la psicología del mundo en sí mismo: el anima mundi. De acuerdo con sus enseñanzas, este alma del mundo les afectaba profundamente con extraños dictados desde las profundidades desconocidas y a su vez respondía a sus oraciones y formas de ser en el mundo. La gente tribal era gente del sueño, mientras que nosotros en occidente nos vanagloriamos de ser gentes de la mente, la razón y del intelecto.

Siguiendo los dictados de Descartes, el conocido filósofo del siglo XVII que proclamó que la razón humana está completamente desconectada de un universo mecánico y aburrido, nuestra civilización está rápidamente siguiendo su paso hacia la inconsciencia a medida que la naturaleza comienza su contraataque utilizando el arma letal del cambio climático. Así pues, ¿cómo podemos empezar a encontrar el camino hacia una relación mas armoniosa con la Tierra sin abandonar los importantes logros de la cultura occidental?

Las maneras de saber de Jung

Quizás en estos tiempos de crisis, anima mundi, manifestándose como la Tierra viviente, está intentando desesperadamente alcanzarnos a través de lo que el gran psicólogo suizo, C. G. Jung, llamó nuestras cuatro funciones psicológicas, o maneras de saber, que trabajan como pares opuestos: La Intuición y el Sentido, el Pensamiento y el Sentimiento.

La Intuición nos da comprensión en cuanto a la naturaleza y al significado más profundo de las cosas, mientras que el Sentido deja una impresión directa del mundo que nos rodea a través de nuestro cuerpo físico. El Pensamiento interpreta lo que hay, de una manera un tanto lógica y racional, mientras que el Sentimiento nos ayuda a acreditar un valor positivo o negativo a los fenómenos y las situaciones. Este es el dominio de la ética. El Pensamiento y el Sentimiento son evaluadores, mientras que el Sentido y la Intuición son perceptivos. Jung descubrió que cada uno de nosotros tiene una función dominante, mientras que la función opuesta permanece mayoritariamente inconsciente y subdesarrollada. Las otras dos funciones son sólo parcialmente conscientes; sirviendo generalmente a la función dominante como auxiliares.

Actuar para reparar el equilibrio.

Animales¿Y si en nuestra relación con la naturaleza hay una disfunción debido a una evolución retorcida y pervertida de estas maneras de saber dentro de nuestra cultura global? ¿Y si sólo podemos intuir en nuestro interior el estímulo del anima mundi trayendo estas cuatro maneras de saber a la balanza individual y colectiva? ¿Y si en estos tiempos de crisis profunda la propia alma del mundo está intentando alcanzarnos desde las profundidades de sus sueños para inspirarnos e informarnos por medio de nuestras cuatro maneras de saber?

Si fuese así, entonces cuando trabajamos por medio de nuestra intuición, la Tierra viviente nos da ciertos conocimientos de que todo es sensible.

En palabras del filósofo Christian de Quincey, la materia siente hasta sus raíces más profundas y el mundo que nos rodea es intensamente inteligente y, quizá, despierto a cada herida profunda que infligimos sobre él con las escavadoras y sierras mecánicas en nuestra loca codicia para tener más y más materia prima. Parafraseando las palabras del geólogo Thomas Berry, el mundo no es una colección de objetos sino mas bien una comunión de sujetos.

Cuando trabajamos mediante nuestros sentidos, la Tierra viviente permite que nuestro cuerpo animal sienta el hormigueo con el mero placer de una comunicación sensual con el mundo animado y consciente que nos rodea, con la luz de la luna sobre un tranquilo lago o el rugir del ancho mar, o con el relajante gotear del agua resbalando por las copas de los árboles de un bosque después de una breve lluvia.

Cuando actuamos mediante nuestras mentes pensantes, la Tierra viviente inspira a los científicos, como James Lovelock, con la idea de que nuestro planeta consiste en un conjunto de interacciones fuertemente acopladas entre la vida, las rocas, el aire y el agua y que debido a estas interacciones, el planeta en su totalidad, tiene la habilidad emergente para regular sus propias condiciones en su superficie, dentro de los estrechos márgenes adecuados para la vida.

¿Podría ser que el anima mundi inspirase a Lovelock a ponerle el nombre a esta teoría en recuerdo a Gaia, la antigua divinidad Griega de la tierra? El estilo de pensar de Lovelock, conocido para algunos como pensamiento sistémico, nos enseña que no hay entidades aisladas de un modo inherente; que las relaciones son primarias; que las interacciones dan lugar a sorprendentes propiedades emergentes que con frecuencia desafían el análisis racional; y que no podemos predecir y controlar muchos de los fenómenos naturales. Cuando trabajamos a través de nuestros sentimientos, la tierra viviente nos instruye que cada ser tiene un valor intrínseco simplemente porque existe, independiente de su utilidad para los humanos, y que no tenemos derecho, en principio, a destruir la gran diversidad de seres vivos. Este es el camino de ecología profunda que desarrolló el gran filósofo noruego, Arne Naess.

Haciendo las paces con la naturaleza.

Cuando nos dejamos sensibilizar por la tierra viviente mediante nuestras cuatro maneras de saber, empezamos a hacer las paces con la naturaleza volviendo a aprender el arte de vivir la vida con sentido dentro de la gran masa que nos envuelve, nuestro planeta. Una contribución a esta tarea es desarrollar nuevas maneras de hablar sobre nuestra percepción de la naturaleza interior de la tierra que permite que sus dimensiones animistas emerjan sin ofender a la mente racional, para evocar en nosotros un profundo sentido de que pertenecemos al gran ser planetario que nos dio vida.

Artículo publicado en la revista Resurgence. Número 236.


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2 comentarios para “Anima Mundi”

  1. rafael fosch dice:

    Que gran verdad: la Tierra y sus ecosistemas más allá del ingenio humano, más allá de
    las especulaciones, las teorías…
    Padre Tom Berry como le recordamos, que gran lección dió usted en el The Global
    Forum of Spiritual and Parlamentary Leaders on Human Survival en Oxford en 1989
    donde planteó usted la necesidad de una Terapia Planetaria…
    Si! el Planeta necesita personas sencillas como él… en dónde Ciencia y Espiritualidad
    se funden en un abrazo perfecto, nítido, pristino.
    Si! el Planeta nos habla en sueños, arrebata nuestra alma con su dulce caricia, nos transporta hacia su seno de Luz.
    ANIMA MUNDI a Tí debemos nuestro Ser…

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