El amor es lo único que crece cuando se reparte. — Antoine de Saint-Exupery

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Arte Zahorí: El despertar de las capacidades sensitivas

Por Juan Sáez

Reconectarnos con el entorno y nosotros mismos

¿Cómo mejorar nuestra calidad de vida, y al mismo tiempo renovar nuestro entorno?

Estamos en un mundo en que la conexión con la Naturaleza se va diluyendo, la comodidad sustituye a menudo a la conciencia, al verdadero bienestar.

Nuestra fuente de vida y de saber manaba de la conexión con la Naturaleza, tanto si ese vínculo venía desde nuestro entorno o de nuestro interior.

Durante milenios el ritmo de los astros marcaba el paso del tiempo, esto se reflejaba en la alimentación, en las viviendas, la indumentaria. Desde hace poco más de una década la globalización marca con mayor claridad otra  dinámica.

Edificios poco saludables hechos de hormigón, acero y cristal, aislados del exterior y llenos de electricidad, microondas, “wi-fi”, aire acondicionado, sin luz natural, y en muchos casos rodeados de líneas de alta tensión, estaciones transformadoras, antenas telefónicas, etc.

Nuestra indumentaria también ha sido afectada por los nuevos tiempos degradando su calidad, lo mismo pasa con la alimentación, el aire que respiramos en las ciudades y un largo etcétera de factores que nos agreden y merman nuestra calidad de vida, limitando nuestra capacidad de elección.

Pero toda esa lista y otras que pudiéramos hacer tienen su origen en un único factor que hemos descuidado: nuestra propia responsabilidad o conciencia.

Poco a poco nos hemos ido desconectando de nuestro entorno, aunque podríamos decir perfectamente “de nosotros mismos”. Hemos dejado que nos cambien nuestra conciencia o nuestra libertad por una falsa comodidad.

Tenemos que darnos cuenta de que en mayor o menor medida somos nosotros mismos los que generamos las situaciones que más tarde nos provocan desasosiego o malestar, tanto en los planos emocionales como a nivel material o ambiental.

La electricidad y todos los aparatos que usamos son necesarios para mantener un ritmo y calidad de vida actual, pero podemos usarlos con conciencia, apagarlos cuando no los vayamos a utilizar durante un tiempo, o los podemos ubicar lo más lejos posible de donde pasemos nuestro tiempo de descanso, mejorar las instalaciones, lo que incluye una buena toma de tierra, y sobre todo, racionalizar el consumo de electricidad que hacemos.

Si utilizamos teléfonos móviles o inalámbricos, lo ideal es no poner nuestra cabeza entre la fuente de ondas y el aparato. Siempre que podamos lo situaremos cerca de la pared externa de la casa o mejor aún cerca de ventanas o balcones, ayudaremos de esta forma a que la señal sea menos intensa y que no atraviese nuestro cuerpo en su camino hacia la antena.

Una alimentación sin aditivos y si puede ser ecológica mejora notablemente nuestra vitalidad, ropas de tejidos naturales nos hacen sentir mejor mientras las vestimos y favorecen el flujo natural de la energía en nuestro cuerpo.

Simplemente con estas pequeñas pautas podemos empezar a tener más energía y bienestar, disfrutando más de nuestro día a día.

Para aquellos que deseen un mayor bienestar o sientan que les gustaría acercarse más a su verdadero potencial les propongo reconectar con su sensibilidad.

El aumento de la percepción es una aventura que va más allá de lo habitual, porque varía los paradigmas que establecimos del mundo, ensanchando horizontes y dándonos la oportunidad de liberarnos siendo realmente responsables de nuestros actos y de nuestro entorno más inmediato.

Carlos Castaneda, antropólogo y escritor, comentaba que el aumento de percepción nos lleva a la libertad total.

El camino para ordenar nuestro espacio habitual es sentirlo, descifrar cuál es su estructura sutil, esto es la combinación de factores cósmicos y telúricos y la calidad de éstos.

Referente a los factores cósmicos podíamos definir la situación, intensidad y calidad de las redes geobiológicas, como la red Hartmann, Curry o Peiré, poniendo atención especial a sus cruces. Las energías telúricas a considerar serían aguas subterráneas y fallas geológicas principalmente, sin olvidar las chimeneas cosmotelúricas.

Actualmente también hay que tener en cuenta fuentes de emisión artificiales, tal y como hablamos anteriormente. Todo ello conforma la trama que sostiene la energía de un lugar.

Una vez hemos descifrado esta estructura hay que ponderar las calidades energéticas de cada factor de influencia y a partir de aquí definir nuestra línea de acción.

Lo importante es llevar nuestro trabajo de sensibilidad más allá de la armonización de espacios, ponerlo en práctica en nuestro día a día, de manera que le quitemos peso al conocimiento y podamos disfrutar de él, sentirnos ligeros y alegres cuando lo utilicemos.

Las culturas milenarias, como taoísmo, hinduismo o budismo saben que una vez conectas con tu cuerpo, con tu sensibilidad, se despiertan capacidades sensitivas que van más allá de lo que la razón marca como lógico.

Recuerdo una ocasión en que estaba ordenando una terraza de piedra en la masía en que vivía, al ir a mover unos ladrillos tuve la certeza que debajo de ellos había un escorpión, mi cuerpo me avisaba de algo que mis cinco sentidos habituales no podían percibir, pero al estar dentro de mi campo energético pude percibir la energía del escorpión con claridad.

El cuerpo nos habla, con sensaciones, con emociones, a las que hemos de prestar la atención que merecen, una vez abrimos este diálogo con nuestra parte física y la hacemos caso, nuestra sensibilidad se va refinando.

Según mi experiencia, y lo que veo en la gente que asiste a los cursos que imparto, creo que el cuerpo físico es una “continuación” del cuerpo energético, y una vez empezamos a sentir nuestro cuerpo y a actuar en consecuencia como sus cuidadores o su guardián, éste se nos ofrece con todo su potencial.

Como en toda habilidad o técnica hace falta un tiempo de práctica o una disciplina que vaya puliendo y perfeccionando nuestro enfoque y por tanto nuestra percepción.

Aunque desde antes de nuestro nacimiento, hemos estado percibiendo y lo continuamos haciendo, aprendimos a desviar la atención y enfocarnos sólo en consensuar el mundo tal y como lo percibe la mayoría de la gente, en lo que Carlos Castaneda llama “hacer un desnate” de la realidad, es decir, dejamos de lado gran parte de la gama de percepciones que sentimos continuamente y nos enfocamos sólo en los cinco sentidos, como anteriormente mencionaba.

Nuestro trabajo y responsabilidad consiste en retomar esa parte nuestra que descartamos bajo la presión de una cultura que nos limita y volver a alcanzar la totalidad de nuestro ser.

Esta forma de encarar la realidad nos permite desarrollar un criterio preciso para mejorar nuestro entorno más próximo, de una manera eficaz y directa, y por supuesto nuestra propia persona.

Recomiendo a todos aquellos interesados en desarrollar su sensibilidad y mejorar su bienestar que realicen alguna práctica habitual, como yoga, taichi, qi gong, artes marciales o cualquier otra actividad que no sólo cuide su físico, sino además su espíritu.

Las ventajas que presenta seguir una práctica bajo la tutela de alguien experto son innumerables, ya que puede adecuar los ejercicios a nuestras necesidades personales, aumentando los efectos benéficos de estas disciplinas y disminuyendo de manera significativa el tiempo necesario para sentir los primeros efectos, además de corregir posturas o hábitos incorrectos y prevenir lesiones innecesarias.

Asumamos nuestra responsabilidad para crear un mundo mejor, ¡Ahora es el momento!

Más información: www.artezahori.com


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