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	<title>Revista Namaste &#187; Dani Tugores</title>
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		<title>Dani Tugores nos recomineda 4 películas (XIX)</title>
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		<pubDate>Thu, 04 Aug 2011 09:36:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Dani Tugores</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cine]]></category>
		<category><![CDATA[Recomendaciones]]></category>

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		<description><![CDATA[El cartero y Pablo Neruda.  (Michael Radford) 1994 Entrañable de principio a fin, es una cinta que rezuma poesía y ternura en todas sus preciosas imágenes. Esta bella estampa mediterránea (acompañada de una banda sonora exquisita) nos muestra una historia ficticia a propósito del exilio del Nobel chileno Pablo Neruda, retratando de manera dulce y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2011/08/el-cartero1.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-13055" title="el cartero1" src="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2011/08/el-cartero1.jpg" alt="" width="121" height="184" /></a></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>El cartero y Pablo Neruda.  (Michael Radford) 1994</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Entrañable de principio a fin, es una cinta que rezuma poesía y ternura en todas sus preciosas imágenes. Esta bella estampa mediterránea (acompañada de una banda sonora exquisita) nos muestra una historia ficticia a propósito del exilio del Nobel chileno Pablo Neruda, retratando de manera dulce y melancólica la amistad que surge entre él y un cartero lugareño repleto de inocencia que coge aquella confianza típica con quien viene a vivir a su pueblo. Con la llegada del escritor, la vida de este cartero se estimula, se llena de poesía como antesala del amor. Inolvidable la frase que espeta el cartero en una discusión con Neruda: “La poesía no es de quien la escribe, sino de quien la necesita!”</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2011/08/lisbon-story1.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-13053" title="lisbon story1" src="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2011/08/lisbon-story1.jpg" alt="" width="117" height="165" /></a></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Lisbon Story.  (Wim Wenders). 1994</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Es lo que yo llamo “una película-película”… Igual que con el cartero de Neruda, la interpretación carismática de su protagonista es la que mantiene a este curioso film con un interés para mí por encima de la media. Tan solo los títulos de crédito ya anuncian una cinta llena de aciertos. Sencillamente es un paseo cinematográfico impregnado del espíritu de la bella Lisboa, además de un pequeño homenaje al cine dentro del cine. Por supuesto gana muchísimo en V.O. También está el aliciente de ver a Madredeus dentro del film, con un pequeño papel para su cantante Teresa. Es para disfrutarla fotograma a fotograma, repleta de poesía visual, sonora, añadiendo también la de Pessoa… (Recomendaría además todas las pelis de este director, en especial “El cielo sobre Berlín”, otra joyita…)</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2011/08/once1.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-13052" title="once1" src="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2011/08/once1.jpg" alt="" width="117" height="167" /></a></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Once.  (John Carney) 2006</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Se trata de una película independiente irlandesa filmada con gusto y pocos medios, pero con resultados más que notables. Es bastante musical, pero las canciones no son cruciales para el desarrollo de la trama, con lo cual, si no eres demasiado entusiasta de los musicales, podrás disfrutar de la historia igualmente. Pero no te engañes, te cuentan la vida de dos músicos, cómo se conocen, lo que sienten, cómo viven, los sueños que tienen y los que arrastran… Parece sencilla, pero encierra dentro de sí varios tesoros incrustados que vale la pena descubrir: acerca de lo importante que es el respeto en las relaciones y cómo confundimos a veces un flechazo con el amor verdadero, o por lo menos, con el Amor que sentimos por otra persona… El tema central se llevó la famosa estatuílla del tío Oscar, así que, algo tendrá el agua cuando la bendicen!</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2011/08/hable-con-ella1.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-13054" title="hable con ella1" src="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2011/08/hable-con-ella1.jpg" alt="" width="117" height="166" /></a></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Hable con ella.  (P.Almodóvar) 2002</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Se ha dicho, y con razón, que es con todo la mejor del director manchego. No sé si afirmar tanto, pero por muchas cosas es un peliculón. Maneja una serie de elementos que tocan la fibra sensible del espectador (o por lo menos lo pretende, jeje). Un alegato sobre la incomunicación, la soledad, la amistad… No deja indiferente y tiene alguna secuencia realmente admirable por su belleza y sutilidad… Memorable interpretación de Geraldine Chaplin y, cómo no, del enorme Dario Grandinetti. En realidad casi todo el reparto está impecable. Un film inspiradísimo, incluyendo el corto de cine mudo para explicar un sueño de uno de los protagonistas. Pero para mí la escena impagable es aquella en la que Caetano Veloso canta en directo mientras l@s div@s almodovarian@s hacen un breve y curioso cameo. Como diría Boris Izaguirre: “¡Qué momentazo!”</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2011/08/dani.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-13056" title="dani" src="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2011/08/dani.jpg" alt="" width="117" height="164" /></a></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Dani Tugores.  (Músico y clown según convenga… a veces poeta y a veces fotógrafo aficionado)</strong></p>
<p style="text-align: justify;">A menudo me pregunto yo también quién es Dani Tugores. ¿Qué puedo decir? Pienso que soy un experimento energético, un ente que un día ganó una carrera de miles (millones me atrevería a jurar) de espermatozoides y desde entonces evoluciona igual que una galaxia, como un microorganismo multicelular, un sistema complejo y sofisticado que alberga un alma, una chispa de luz, un rayito de sol, de conciencia que a veces se enciende y a veces se apaga, como la llama sagrada que tú y yo conocemos… Soy una célula flotando en el océano de la vida (a veces hago el payaso y toco la guitarra, eso se me nota a simple vista) Y yo pregunto: ¿qué es la vida sino Amor, y qué es el Amor sino vida? ¿Y si yo estoy vivo? ¿Entonces qué soy? Digo yo que soy Amor</p>
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		<title>Slow Travel: Oporto II. El valor de las cosas sencillas</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Feb 2010 09:04:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Dani Tugores</dc:creator>
				<category><![CDATA[Recomendaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Viajes]]></category>

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		<description><![CDATA[Comenzamos nuestro segundo día callejeando en dirección a la Ribera del Duero, bajando por la Rúa das Flores y poco a poco caemos hipnotizados por las coloridas y demacradas fachadas de las encantadoras callecitas. Teníamos un itinerario previsto pero lo olvidamos, sencillamente.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Comenzamos nuestro segundo día callejeando en dirección a la Ribera del Duero, bajando por la Rúa das Flores y poco a poco caemos hipnotizados por las coloridas y demacradas fachadas de las encantadoras callecitas. Teníamos un itinerario previsto pero lo olvidamos, sencillamente. Olvidamos el futuro sorprendidos gratamente por el pasado vivo y todavía presente en cada rincón que, exhultante, se revelaba igual que un regalo inesperado. Mi cámara de fotos saltaba de emoción tratando de captar algunos de los efluvios poéticos que aparecían como cuadros de luz a cada paso. Las mágicas calles del casco antiguo son una impensable maravilla para los sentidos. No en vano ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. <a href="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/02/Tejadinhos_web.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-5212" title="Tejadinhos_web" src="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/02/Tejadinhos_web-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a></p>
<p>Oporto es una pequeña maravilla visual para el viajero que quiera verla, que vaya con la intención positiva de apreciar su belleza dentro de tanto edificio abandonado, de calles sombrías, húmedas, de ventanas rotas y ropas tendidas, de escaparates antiguos y callejuelas torcidas, angostas, de marineros silenciosos y gaviotas surcando los tejadillos&#8230;</p>
<p>A los vetustos edificios todavía no ha llegado la compulsión consumista tan típicamente occidental de embellecerlo todo, de darle un nuevo valor, una nueva cara, una nueva imagen… En Oporto muchas cosas siguen siendo viejas, viejas, viejas. Y eso es lo que la hace encantadora y distinta. Supongo que le llegará su hora, como a otras ciudades les llegó en su día. Por eso mismo es tan romántico, por qué no, andar suavemente y ver que en sus antiguos nichos, desconchados y ruinosos, todavía viven gentes de Oporto, familias añejas, que regentan pequeños negocios a la misma Ribera del Duero… En uno de ellos decidimos reponer fuerzas y comer algo de la tierra.</p>
<p>En un pequeño local situado frente a las barcazas que surcan el río llenas de turistas. Fotos antiguas del puerto cuelgan de sus paredes (Porto-Oporto). Minúsculo restaurante familiar con fotos del Ché Guevara, del David de Miguel Angel, teléfonos y relojes antiguos, planchas de carbón, una máquina de escribir sobre el muro que da al río, una mandolina vieja para sonar viejos fados, una televisión con películas americanas subtituladas al portugués, fotos de familia y un Buddha enorme sobre las cabezas de la barra.</p>
<p>El camarero sonríe (muchos camareros sonreían en Oporto). Es un hombre de edad avanzada. Se acerca nos trae álbumes de fotos y muros de firmas. Su mujer cocina el arroz de marisco que hemos pedido. Nos lo sirven con la cazuela incluida sobre la mesa. Pasamos más de tres horas viendo llover sobre las bodegas del otro lado del río, atrapados en el cálido bienestar que se respiraba en aquel pequeño oasis, sintiendo una melancolía lejana que invitaba a recordar algo que muchas veces perdimos por el camino: el valor de las cosas sencillas…</p>
<p>Aquellos tres días en Oporto, disfrutando de cada momento, parecieron convertirse en una semana… El Tiempo se detiene cuando consigues zambullirte en la sintonía que palpita tras la piel de su misteriosa apariencia: es como una melodía sutil que te lleva…</p>
<p>Impresionante el puente de San Luiz sobre el Duero, otra pequeña y curiosa joya arquitectónica diseñada<a href="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/02/Puente-St_web.jpg"><img class="derecha size-medium wp-image-5215" title="Puente St_web" src="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/02/Puente-St_web-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a> por Gustavo Eiffel, sí, el mismo de la torre parisina. Cruzarlo de noche, hasta la otra orilla, pasear por las antiguas calles de las bodegas porteñas, escuchar el silencio de la lonja, antigua, sin restaurar, como tantas cosas en Oporto. Lo viejo se mezcla a la vez con lo moderno: un complejo puzzle de restaurantes y locales nocturnos a modo de Box interrumpe el paseo y es torpe y falto de armonía, como otras tantas de las cosas modernas que hemos creado en las últimas décadas… Esos contrastes se perciben muy claramente al pasear por  la angosta Oporto.</p>
<p>No nos engañemos: también hay publicidad para móviles, señales de tráfico, parking tarifado, antenas de telefonía móvil, anuncios en las paradas de autobuses, McDonald’s, Coca-cola, centros comerciales, aberraciones urbanísticas… Pero en Oporto aún palpita lo antiguo. Lo que perdimos por el camino. La palabra que me viene al recordarlo es: humildad… Se mantiene vieja pero a la vez joven, viajando despacio en el tiempo, sin caer bajo el aparatoso engaño del capitalismo voraz y absurdo. Precisamente por esa humanidad que suscita, por su humildad.</p>
<p>Hay puntos que no hay que dejar de ver, como son todas las calles del centro, la iglesia de San Ildefonso, las confiterías típicas atiborradas de dulces artesanos, la antigua librería Lello con unos 200 años de antigüedad y el Museo de Fotografía, que es un antiguo centro penitenciario reutilizado, de lo más impresionante por su belleza. Y, sobre todo, esas iglesias embaldosadas, escondidas como pequeñas flores raras en pequeños rincones de la urbe. Cada una de ellas es un monumento precioso digno de admiración.</p>
<p>Cuando partíamos, el amable y sonriente conserje del hostal nos preguntó si habíamos disfrutado del viaje. No hizo falta decir una sólo palabra. Él, muy atento, sonrió de nuevo y nos preguntó si pensábamos volver. Al unísono respondíamos: Sí, sí, sí.</p>
<p><a href="http://www.revistanamaste.com/slow-travel-oporto-la-ciudad-que-viaja-despacio-en-el-tiempo">Slow Travel: Oporto (I). La ciudad que viaja despacio en el tiempo</a></p>
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		<title>Slow Travel: Oporto (I). La ciudad que viaja despacio en el tiempo</title>
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		<pubDate>Fri, 08 Jan 2010 13:44:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Dani Tugores</dc:creator>
				<category><![CDATA[Recomendaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Viajes]]></category>
		<category><![CDATA[música]]></category>

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		<description><![CDATA[Mecidos por una suave brisa llegamos a la bella Oporto con la idea de pasar un fin de semana largo. Del Aeropuerto al centro viajamos en un metro que no parecía tal, a pesar de su modernidad y reciente construcción, sólo la vista desde los ventanales del vagón ya invita a sonreír de otra manera, a la vez que va introduciéndote en la atmósfera tan especial que atesora éste dulce caramelo que duermevela a la Ribera del Duero...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Mecidos por una suave brisa llegamos a la bella Oporto con la idea de pasar un fin de semana largo. Del Aeropuerto al centro viajamos en un metro que no parecía tal, a pesar de su modernidad y reciente construcción, sólo la vista desde los ventanales del vagón ya invita a sonreír de otra manera, a la vez que va introduciéndote en la atmósfera tan especial que atesora éste dulce caramelo que duermevela a la Ribera del Duero, al norte del país, entre viejos muros, viejas miradas, viejas melodías, como fados lejanos que trasladan al visitante hacia un universo sorprendente y cautivador. Quizás la primera impresión que causa Oporto sea esa: Viejo…<a href="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/01/Recortada2_web2.jpg"><img class="derecha size-medium wp-image-4696" title="Recortada2_web" src="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/01/Recortada2_web2-300x161.jpg" alt="Recortada2_web" width="300" height="161" /></a></p>
<p>Saliendo ya por la estación de Trindade lo primero que encontraron nuestros ojos fueron las vetustas paredes y los primeros de muchos campanarios que se ocultan entre las callejuelas de la ciudad como tesoros incrustados. Arrastrando las maletas avenida abajo en busca de nuestro pequeño hostal, pasamos por delante del majestuoso edificio del ayuntamiento y nuestra mirada ya pasa de la monotonía al creciente asombro. Seguimos calle abajo por la “Avenida dos Alliados” ya con el despertar de la ilusión sana e infantil por el escenario que se descubre ante nuestro mudo asombro. Y es que, como veríamos el último día, aquella avenida apenas sí había cambiado en los últimos 200 años…</p>
<p>Damos un par de vueltas para encontrar las habitaciones que teníamos ya reservadas, pero no es por la dificultad de encontrarlo. Se trata más bien de nuestra perplejidad ante las joyas antiguas que son sus edificios y que la ciudad exhibe sin apenas esfuerzo, ni alarde alguno, lo que le da todavía un toque más personal, más auténtico…</p>
<p>Llegamos por fin al Hostal du Cinema, frente al gigantesco Teatro Rivoli que tiene en cartel una función del Mago de Oz. Nosotros ya recorremos las calles emocionados por el espectáculo de luces, colores y texturas tan distintas a las que conocemos. Todo tiene encanto. Cada rincón, cada esquina, cada vez que giramos el cuello nuestras miradas se salen de sus órbitas para gravitar en un espacio poético, con un rezagado aroma bohemio. Al principio es difícil llegar a captar ésta esencia que flota en todo el casco antiguo con una delicadeza sutil que se mantiene semi-eterna como un espíritu a lo largo de tantísimos lustros. Se nota en sus muros, en sus fachadas irrepetibles, ventanucos rotos, edificios grises y amarillos, baldosas de todos los colores, muchas azules, algunas verdes, unas con relieve, otras pintadas con delicadeza… Todo habla de otro tiempo, de otra manera de vivir el presente…</p>
<p>Por suerte para nosotros hay un concierto de Rodrigo Leao en el Coliseo, un auditorio emblemático a escasos centenares de metros del Hostal donde nos albergamos ¿Tanta suerte junta puede ser? Parece ser que sí: sólo quedan dos entradas, separadas apenas unos asientos la una de la otra. Las compramos, por supuesto.<a href="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/01/Poetical_web.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-4697" title="Poetical_web" src="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/01/Poetical_web-300x225.jpg" alt="Poetical_web" width="300" height="225" /></a></p>
<p>Ver tocar a un artista de esa talla frente a su público portugués (unas 5000 personas) trasmite una energía conmovedora difícil de relatar. Aún así hay algo que me va llamando la atención en las pocas horas que llevamos sobre el suelo de Oporto: existe una sencillez inaudita en casi todos sus encantos. Incluso en el concierto de Rodrigo, con artistas exquisitos que lograron erizarme la piel en varios momentazos del recital, todo fue presentado con suma humildad, con tierna amabilidad, con una franqueza que llamaba a las puertas del corazón, como por ejemplo la emotiva “Sólo sé que no sé nada” o la tan conocida “Pasión”. El público aplaudía agradecido, enfervorizado, en pié, pateando los tablones del también viejo auditorio pidiendo bises y más bises…</p>
<p>Después del concierto fuimos (por recomendación de nuestro agradable hospedero) a visitar dos locales que aquella noche tenían música en directo. Me llamó la atención el ambiente relajado y tranquilo de la vida nocturna un sábado noche. Cómo olvidar el increíble recital de Hana Kogure en una desalojada cuarta planta de un viejo edificio frente al Coliseo. La escena parecía sacada de un film de Won Kar Wai, con aquella mujer oriental tremendamente elegante brillando en la noche como un ángel cantando canciones en japonés tan sólo acompañada por su guitarra española y el público variopinto (entre ellos Rodrigo y sus músicos), atento, escuchando, sintiendo…</p>
<p><a href="http://www.revistanamaste.com/oporto-2-el-valor-de-las-cosas-sencillas">Oporto II. El valor de las cosas sencillas</a></p>
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