Durante su primer año de vida mi hijo creció feliz en este aprendizaje mutuo que se instaura entre padres e hijos.
Hasta que un día me mudé. Felices inaugurábamos nuestra “casa propia” en un valle bucólico de la Patagonia argentina. Pero mi niño empezó a llorar. Poco sabía yo en ese momento de las energías. Noche tras noche su papá y yo padecíamos este “no dormir”. Por fortuna se lo comenté a un colega (arquitecto), aquel que apareció en mi vida para abrirme puertas. Óscar me dijo: ¿pero has buscado las geopatías antes de emplazar la casa?
- ¿Qué geopatías?, pregunté azorada y se me cayó la facultad de arquitectura encima…
Había un zahorí en el pueblo, un duende holandés que midió y me dijo:
- Tu hijo está durmiendo sobre un cruce de líneas Hartmann y una vena de agua (que es como dormir sobre una torre de alta tensión por el campo magnético que se genera).
- ¿Y ahora qué hago?, le pregunté.
- Mueve la cuna…
Y mi hijo Joaquín dejó de llorar (agradecido). Así fue como mi hijo vino a este planeta para que yo, hace ya veintidós años, empezara a meterme en el mundo de las energías.
Primero desde la culpa: mi casa, diseñada por mí, profesional de la arquitectura, debería mudarme… no podía hacerlo, ¿qué hacer?
Segundo desde el entendimiento: todo se mueve, todo se puede sanear. Si en la facultad no se tenía en cuenta este tema básico, tendría que estudiarlo para mí y para ayudar a los demás. Era parte del territorio elegido, entonces llegó el Feng Shui, la Geobiología y la Metafísica a mi vida.
Lo tangible y lo intangible.
Cuando cuento esta historia real a mis alumnos, siempre hay una mamá que pasó por lo mismo, pero no tuvo la suerte de que llegara Óscar, ni el zahorí, ni se le ocurrió algo tan obvio como mover la cuna.
Hace poco viajé a Italia. Mis maravillosos amigos que me albergaron estaban esperando a su primer hijo. Antes de la primera ecografía les pregunté:
- ¿Qué sienten que va a llegar, una niña o un niño?
- Una niña, me dijeron a dúo.
Pero mi péndulo decía lo contrario y se lo dije. Estaba en Florencia cuando me llamaron por teléfono para decirme: Teo agradece tu reconocimiento.
Me tocó dormir en la futura habitación de Teo. Tenía una pared lindera al baño de la casa, otra al baño del vecino y dos a la calle.
Como es un edificio en esquina se generaban unos ángulos extraños. Entonces comencé a buscar cruces de geopatías y agua y sólo me quedó un rinconcito. Ése era el rinconcito de Teo.
Le pregunté a su madre, que no maneja las varillas ni el péndulo, dónde lo pensaba poner y ella y me marcó el lugar exacto que yo había encontrado. La intuición y las sensaciones nos dan datos fundamentales a la hora de buscar “los sitios”.
Meditar en la habitación, vibrarla, sentirla, siempre nos ayudará.
No importa lo que gastemos, lo que compremos para recibirlos. Sólo importa acoger a los niños en el lugar adecuado. Ellos llegan absolutamente perceptivos. Debemos acompañarlos. Elijamos el sitio. Imaginemos que tenemos un espacio exclusivo para el bebé. Hagamos Feng Shui ahora. El C’hi (energía vital) que deberá fluir por toda la casa llegará y entrará por la puerta de la habitación para salir luego por una ventana. Observar que serpentee y que no salga sin haberlo “inundado todo”. Colocar el niño en oposición a la puerta y en algún ángulo donde no sea “atravesado” por el C’hi.
Seguro que coincidirá con el rinconcito elegido previamente. Buscaremos los colores adecuados.
Como estoy hablando de la habitación del bebé será el sitio donde pueda descansar, acogido por las buenas vibraciones del lugar. El sitio del relax y pertenencia.
Entonces debemos dejar el neón, lo rimbombante y los rojos chillones para el rincón de juegos, que será en otra estancia o se guardará cada día en un baúl o muebles apropiados. Adoptaremos los tonos pasteles y neutros, lavanda, melocotón, rosa, crema, beige, celeste. Los primeros generan excitación continua. Unos peluches, cojines y cuadritos, retratos familiares completarán el entorno.
La iluminación deberá ser natural y artificial. Si es una ventana orientada al sur, habrá que filtrarla con unos estores para que se apacigüen. La iluminación artificial será una lámpara sobre la mesilla y algo que ilumine la zona de cambiador y guardado de ropa (no colocar lámpara sobre el niño).
Chequear el equilibrio entre el yin y el yang, debe ser armónico y equilibrado. Por ejemplo si tenemos suelos brillantes (yang) “bajarlos” con una alfombra (yin).
Y no olvidar los cinco elementos. Es complejo equilibrar todo lo que nos rodea, pero juguemos por lo menos con tener un poquito de cada cosa dentro de la habitación, con un elemento de cada tipo basta, materializados así:
- Fuego: iluminación, plástico.
- Agua: color azul, telas con ondas.
- Metal: color blanco, bolas.
- Madera: papeles, muebles, color verde.
- Tierra: amarillo, cuadrados, cerámicas.
Siempre me preguntan si la cabeza debe estar orientada al Norte. En honor a la verdad podría decir que es un sitio muy conveniente dado que refuerza la salud y la vitalidad. Pero sabemos que todo es relativo y que todo tiene su parte positiva también. El Este acelera, vence la depresión y pereza. El Oeste lentifica, evita el estrés y el insomnio. El Sur favorece la intuición y la memoria.
Los intermedios nos aportan de las dos vivencias.
Así que podremos cambiar la almohada de sitio y “ver” qué es lo más favorable en relación al temperamento de nuestro hijo.
Y por último, debemos observar “la arquitectura”. Si el techo tiene vigas generará Sha que es C’hi negativo. Podemos solucionarlo colocando sobre la cuna un techito(como un baldaquín) con una tela, paralela al suelo, con unas nubes pintadas o un cielito estrellado.
Si tenemos ángulos cerrados colocar desde el techo algún móvil que agite la energía que seguramente se estancará allí.
Y por último, usemos los cinco sentidos para este niño, dándole la mejor de nuestras bienvenidas y de nuestra contención.
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