Bautismo del aire en parapente

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14 agosto, 2009

Todos hemos tenido alguna vez el sueño de volar. Yo de pequeño me quedaba mirando los pájaros y soñaba despierto con poder volar como ellos. Incluso muchas noches he soñado con poder surcar los aires… El otro día volé.

 

No fue con mi propias alas sino con un parapente. Algo tan sencillo como una cometa y maestría para navegar entre las corrientes térmicas te permiten experimentar las sensaciones que normalmente son exclusivas de las aves.

 

El encargado de mi bautizo del aire fue un viejo amigo, Óscar Martínez, profesor de parapente y practicante de parapente desde hace más de 20 años.

 

Llegamos con el coche a la cima del Puig de Sant Martí en Alcudia. Es un pequeño montículo que tiene unos 250 metros de altura. Desde la cima se divisa la Bahía de Alcudia y la de Pollença y la confluencia de corrientes térmicas que se producen lo convierten en uno de los lugares preferidos por los amantes del parapente de Mallorca.

 

Al ser mi primera experiencia iría con él en un biplaza. Nos pusimos los arneses, el casco y tras unas explicaciones para el despegue, saltamos. Saltamos… guau… bajo mis pies, Alcudia, con sus hoteles, piscinas, centrales térmicas, puertos deportivos… Desde el aire se hace mucho más evidente el daño hecho por el turismo de masas y la especulación urbanística. Pero ahora me sentía más pájaro que humano… y olvidé por un momento el paisaje de ladrillo que destroza la costa y volé.

 

Una meditación aérea

El vuelo en parapente es muy suave, es un planeo placentero que imita a los buitres. Mucho más seguro de lo que pueda parecer. Vas cómodamente sentado y te mueves en círculos buscando las corrientes que te ayudan a ascender. De hecho, a los pocos minutos de despegar habíamos doblado la altura de nuestro punto de salida y ya sobrevolábamos los 500 metros. Un inmenso tiovivo entre el cielo y la tierra. Allí compartíamos corrientes con otros tres parapentes, un grupo de vencejos, algunos gaviotas y un águila pescadora… una meditación aérea.

 

Mientras volamos, Óscar, me cuenta cosas del mundo del parapente. En Mallorca hay un grupo de unas treinta personas que vuelan en parapente. Sus lugares preferidos para hacerlo son el Puig de Sant Martí en Alcudia, donde nos encontrábamos, el Puig de Randa y Cap Blanc en la zona del hotel Delta, por lo que me cuenta Óscar, un lugar magnífico para sobrevolar a la hora de la puesta de sol. También se pueden hacer travesías en parapente. Se puede cruzar la Isla de corriente en corriente, navegando por el interior. Más de una vez han despegado en Alcudia y aterrizado en Andratx. Aunque cuando habla de volar sobre la Serra de Tramuntana, le cambia la voz. Eso si que debe ser especial. Ver los acantilados, las montañas, los valles inaccesibles y ver la Serra desde el lugar privilegiado de un Voltor Negre.

 

Lo cierto es que volar en parapente es ecológico, emocionante y una forma nueva de conocer la Isla. Una de esas cosas que merece hacer por lo menos una vez en la vida.

 

Cuando cogimos una altura considerable nos salimos de la corriente térmica que nos había ayudado a subir y sobrevolamos la playa de Alcudia y el mar. El piloto, Óscar, que es un cachondo iba cantando la canción: Volando voy, volando vengo y por el camino yo me entretengo… Y tras unos minutos descendiendo nos dirigimos al punto de aterrizaje.

 

Para el descenso Óscar hizo un pequeña barrena, que me provocó el único cosquilleo en el estómago de todo el viaje y a los pocos segundos nos acercábamos al suelo. Mi sensación era que íbamos muy rápido para aterrizar y que iba a hacer un surco con mis piernas en el suelo. A medida que nos acercábamos al suelo me salía un pequeño gemido que se iba convirtiendo en un grito: uy, uy, uy… y casi sin darme cuenta, ¡zas! aterrizamos tan suavemente que simplemente quede de pié en el suelo.

 

Acaba de sumar una experiencia nueva a mi archivo de vida.

 

 



2 comentarios

  1. jesus dice:

    ke debo hacer para volar en parapente. soy de mallorca

  2. ccp dice:

    Qué envidia! Debe ser fantástico volar con el mar abajo.
    Hace dos anios tuve la experiencia de volar en globo. Fue algo único, inolvidable.
    Lo interesante con el globo es que hay que participar armándolo y desarmándolo
    una vez que desciende. Es así una experiencia conjunta donde se aprecia también
    la idoneidad del que ha hecho el carnet de vuelo. Todo el viaje a través de un paisa-
    je de colinas y gente saludándonos desde abajo fue acompaniado con un semi-arco-
    iris de la puesta del sol.
    Al descender nos esperaba la inciación como Princesa del aire y Caballero aéreo
    para mí y mi marido. Por supuesto con una fiesta y vino de la zona.


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