Cuando un hombre común adquiere conocimiento se convierte en un sabio; cuando un sabio adquiere conocimiento, se convierte en un hombre común — Proverbio Zen

Dejar un comentario »

Camino de Santiago (II)

Puente la Reina – Los Arcos. Todo peregrino debe llevar una vara

Por

Iglesia de EunatePuente la Reina es el lugar donde se unen todos los caminos. Los peregrinos que llegan del Camino Francés, desde Roncesvalles, se encuentran con los que llegamos desde Aragón.

Entro en el pueblo aún aturdido por la experiencia que me sacudió en la ermita templaria de Eunate. El albergue me desconcierta. Acostumbrado, como estoy, a la soledad de Aragón el bullicio me obliga a salir de mi cúpula de cristal.

Durante la cena entablo conversación con Manuel, un joven catalán de 72 años, que ha hecho el camino diez veces para cumplir una promesa y ahora, que ya ha saldado su deuda, lo recorre a pedazos para saludar a los numerosos amigos que se ha ganado en esos años de peregrinaje. También lo hace, como me confesará más adelante, para disfrutar del ambiente del Camino que ya forma parte de su vida. Está preparando un libro sobre los monumentos vivos de la ruta. Quiere, según me cuenta, rendir homenaje a todas aquellas personas que salpican el Camino y hacen de él un lugar mágico. Me habla de Pablito de Azqueta, del cura de Grañón, de Resti, el hospitalero de Castrogeriz, y de otros muchos que demuestran su amor al Camino a través de los peregrinos.

Un griterío que viene del dormitorio interrumpe nuestra conversación. Es algo muy extraño en un albergue de peregrinos, así que vamos a ver que pasa. El causante es un hombre de que lleva varias copas de orujo en el cuerpo. Se empeña en convencernos, entre balbuceos, de que a las mujeres les gustan los hombres que huelen a alcohol y a tabaco. Según él, ese es el olor del macho. Entre varios le calmamos y buscamos una litera libre. Todas están ocupadas excepto una, precisamente la que hay debajo de la mía. Le metemos en la cama para que duerma la mona y se calle.

Antonio, me explica que en el Camino también hay picaresca y son muchos los supuestos peregrinos que ataviados con una concha y un bordón se aprovechan de la hospitalidad de los albergues y del buen corazón de los caminantes. Hay varios vividores que pululan por el Camino, entre ellos están el zapatones, el apátrida o el poeta, éste último es quien se encuentra debajo de mi litera borracho como una cuba. Es un gaditano borrachín que dice haber sido vecino de Rafael Albertí y cuyo objetivo como peregrino es conseguir vivir del cuento y empinar el codo eternamente.

Los ronquidos de el poeta no me han dejado dormir. Además, a las tantas de la madrugada se ha despertado dando gritos porque no encontraba la luz del baño. Salgo del albergue por piernas a primera hora de la mañana. Hoy mi meta es la ciudad de Estella. La etapa es suave, sólo 22 kilómetros. Cruzo Puente la Reina siguiendo las flechas amarillas y al salir del pueblo me topo con su razón de ser: el Puente. El tránsito de una orilla a la otra no es un asunto baladí. Simboliza el paso de un estado a otro, de uno más terrenal a otro más celestial. La primera vuelta en la espiral.

PeregrinoCumplido el ritual dejo atrás el puente y llego a un nido de víboras, o por lo menos eso es lo que significa el nombre de Cirauqui en Euskera, un pueblo con un espléndida calzada romana que ha sido pisada durante más de dos mil años. Me siento a un lado y saco unos frutos secos de la mochila para desayunar. Y rumio la idea de que por esa calzada han pasado millones de peregrinos. Por allí han pisado sus pies doloridos, sus lamentos, sus sacrificios, su fe, su alegría, su fraternidad… y de alguna manera esos sentimientos, como gotas de agua erosionando la roca pacientemente, se han grabado en las piedras de todo el Camino y en lugares como este, la calzada romana de Ciurauqui, se pueden palpar.

La etapa transcurre rápido y antes de las tres de la tarde encaro la Rúa de los Curtidores de Estella y llego al albergue. La ducha me deja nuevo y ya sin mochila salgo a buscar un buen sitio donde comer algo. En el río Ega, que pasa por el centro de la ciudad, hay gente pescando. Me quedo embobado viendo el agua que corre por debajo del puente y a los hombres con sus cañas en el centro urbano. Me sobresalto cuando alguien me llama por mi nombre. Es Antonio, el peregrino con solera que conocí anoche en Puente la Reina. Me recomienda un sitio donde puedo comer unas buenas pochas. Y añade: cuando acabes de comer ven al Claustro de San Pedro de la Rúa, quiero que conozcas a alguien. Viniendo de alguien que ha hecho el Camino diez veces acepto la recomendación culinaria pero me quedo intrigado por la cita de después. Todo tiene su tiempo. El estómago manda y me entrego a uno de los placeres del peregrino, la gastronomía.

Con el apetito saciado voy en busca de la Iglesia de San Pedro de la Rúa donde Antonio me citó. Al llegar al Claustro veo que camina bajo la arcada junto a otro hombre de edad avanzada pero de aspecto joven. Al acercarme me saludan y me presenta a Pablito de Azqueta, famoso en el Camino porque le regala una vara a todos los peregrinos que no llevan.

- Me ha dicho Antonio que no llevas bastón, -dice Pablito.

- No he encontrado ninguno que me vaya bien, –contesto.

- Pues mañana, cuando pases por Azqueta, ven a mi casa. Allí encontrarás el que te irá bien. Un peregrino no puede ir sin vara.

Al percibir la sabiduría que emana de sus ojos asiento agradecido y me uno a ellos en su charla en el claustro. Donde el silencio sólo se ve roto por la conversación y el canto de alguno pájaros. Antonio y Pablito, por lo visto, continúan donde lo habían dejado al llegar yo:

Lo que ocurre -dice Pablito- es que las mentes están paradas. La agente sólo se preocupa por tener y se olvida de ser.

Hay un temor silencioso. -Contesta Antonio.- Nos meten miedo y hacen que cerremos el corazón, entonces nos atacan por la mente. En ese momento nos tienen atrapados, y nos convertimos en seres egoístas y miserables que solo pensamos en comprar y acumular.

Desde el Camino se puede observar el mundo y ver que es lo que falla. Los peregrinos son seres libres que pueden encontrar su verdadero lugar. Incluso pueden liberarse de su mayor verdugo: ellos mismos –Concluye Pablito.

A la mañana siguiente paso por el monasterio de Irache y por las bodegas del mismo nombre, donde existe algo que no parece real: una fuente de vino. Pruebo un poco, no mucho porque son las 8 de la mañana, y cojo algo para la comida.

Al irme adelanto a un conocido, el borrachín que me dio la noche en Puente la Reina, El poeta. No me reconoce porque está enfrascado en trasportar los más de tres litros de vino que ha recogido de la fuente.

Mi siguiente parada es en Azqueta donde debo recoger la vara que me prometió Pablito el día anterior. Hago un pequeño desvío y llego a su casa donde me recibe y me invita a café, dedico un momento a observar una gran piedra que tiene en su jardín con un grabado celta tallado y después me acompaña al lugar donde tiene un gran montón de varas de avellano que ha recogido el mismo en el bosque para entregárselas a los peregrinos, y me dice: yo te regalo la vara pero la tienes que coger tú.

Me acerco al montón. Observo los palos y mi mano se dirige con un gesto automático a una de ellas, la coge y en ese mismo momento sé que es el báculo que me ayudará a llegar a Santiago.

Doy un abrazo a Pablito y salgo de la casa con una pierna más. Cuando a penas he andado unos 10 metros me dice:

- La salida es hacia dentro.

- ¿La salida del pueblo?

- No. Tú salida.

Con el acertijo a cuestas voy haciendo pruebas, no estoy acostumbrado a caminar con bordón y me siento algo torpe. A todo esto, me he plantado en Los Arcos, mi final de etapa. En el albergue me encuentro con mi buen amigo Antonio quien me explica algunas cosas respecto a mi nueva adquisición. En tono solemne dice:

Este báculo debe protegerte de lobos, perros y demonios. Este bordón será para ti como un asno de carga. No es un palo para apoyarse sino para caminar, por eso es más alto que tú. Cada cuatro pasos debes dar una bordonada. El ritmo que han marcado los peregrinos desde siempre es tres pasos y al cuarto golpe de bordón. Fíjate que junto a tus dos piernas forma una trinidad.

Camino de Santiago (I)

Jaca – Puente la Reina. Comienza el ritual.


    Facebook Twitter Meneame Digg del.icio.us Google Bookmarks email



4 comentarios para “Camino de Santiago (II)”

  1. Angelito dice:

    Hola Alberto! Por desgracia aún no soy peregrino… Todavia no tengo el placer de conocer esta aventura (mas que aventura, en mi opinión; es la esencia de esta aventura la que me está atrapando). Sinceramente no se si casualidad o el destino (como dice Pablito) es lo que seguro me puede llenar. Te explico: Fui a visitar a unas amigas albergadas en Los Arcos, cuando me hablaron de este entrañable señor; cuando terminé la conversación me giré y vi a un amable y añorable anciano y supe que era él! Para verlas… como si solo tuviesen como familia a ese hombre!!!! Solo faltaba que las acunase… De verdad este hombre emanaba Paz, una fuerza extra de entre muchas otras que habra que saber utilizar en este gran viaje (oirle y reorientarte a la verdadera causa de este viaje). Una hora con él y más que suficiente para poder captar esa esencia de la que te hablo y estoy seguro que merece la pena vivirlo.

  2. Catholicus dice:

    El Camino de Santiago es un camino de espiritualidad católica. Se va a saludar a un Apóstol de Jesucristo, el Patrón de España.

    http://www.youtube.com/watch?v=AO3QP7CBQB0

  3. tlaba dice:

    Este año 2011 hemos cubierto el trayecto de Burgos a León, y ha sido fantástico por la suerte de la compañía y por el recorrido, pero tenemos que decir que, cuando tuvimos que hacer noche en el albergue de Moratinos no fue nada agradable por el trato recibido por el albergue, cuando llegamos se nos pidió el importe de la cena (9 €), a la hora de llegar, eso nos sorprendió un poco, pero la sorpresa nos vino cuando vimos la cena, ensalada(plato sopero de lechuga, 3 trozos de tomate de un tamaño aproximado de 1 x 1 cm + 4 rodajas de zanahoria, más pieza de fruta todo esto ni siquiera llegaba al ras del plato, cuando le dijimos que eso no era cena para peregrinos, nos dijo que eso era lo que había, así que tuvimos que sacar de nuestras propias despensas lo que teniamos y acabar de cenar, eso no les gusto demasiado, por otra parte otro grupo optó por coger una bici y acercarse a otro albergue y traerse bocadillos, creo que estos hospitalarios, deberian acercarse a otros albergues y copiar algunas opciones que ofrencen a los peregrinos, pues creo que el peregrino solo necesita dormir y comer y eso no es tan difícil de facilitar, por el resto de albergues han sido todos fabulosos, cada uno dentro de sus posibilidades. Solo quiero que sepaís que este sitio no esta mal pero que devería mejorar en los menús. BUEN CAMINO

Dejar un comentario

Solo se publicarán mensajes que:
- sean respetuosos y no sean ofensivos.
- no sean spam.
- no sean off topics
- siguiendo las reglas de netiqueta, los comentarios enviados con mayúsculas se convertirán a minúsculas.



W3Counter