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Ciencia, arte y ética al servicio de los negocios.

Una nueva empresa es posible

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Nuestro mundo crece a una velocidad vertiginosa. Nos encontramos en un punto de inflexión en que podemos aspirar a un mundo de ensueño o sumergirnos en la peor de las pesadillas. Los avances tecnológicos y científicos convierten la utopía en un lugar cada vez más concreto, pero al mismo tiempo la distopía extiende su oscuro manto sobre nosotros. Los Jinetes del Apocalipsis campan a sus anchas por este mundo globalizado donde los derechos humanos son un privilegio y la abundancia de unos se consigue a costa del sufrimiento de otros. Ciertamente la Humanidad está globalizada, pero nos hemos olvidado de humanizar a la globalización. La Naturaleza está seriamente amenazada por su retoño favorito, nacen niños mutantes como consecuencia de los residuos tóxicos de empresas sin conciencia y las multinacionales fabrican sus productos en talleres de sudor dignos de los oscuros tiempos de Dickens.

Qué mundo tan contradictorio éste, con ordenadores cada vez más inteligentes y personas cada vez menos sabias.

De tantos logros y tantos desmanes la empresa tiene un protagonismo indudable. La empresa es la institución más poderosa que ha existido en la historia de la humanidad. De entre las 100 economías más poderosas del mundo, 51 son ya corporaciones. Y, como enseñan los comics de Spiderman, un gran poder implica una gran responsabilidad. Sin embargo, las empresas no se han caracterizado por estar a la altura de tanta responsabilidad. La empresa, articulada en torno a unos criterios mercantilistas, antepone constante y descaradamente éstos a sus obligaciones éticas. Especulación, fraudes, publicidad engañosa, mobbing, atentados contra la seguridad del consumidor y el medioambiente, discriminación, son ejemplos de prácticas casi tan habituales como hacer inventario. Parece que todo vale en el mundo de los negocios, siempre que no te pesquen. No es de extrañar pues, que determinados sectores de la sociedad tengan a las corporaciones en su punto de mira y ejerzan una vehemente militancia anticorporativa. Pero la estrategia de la oposición por necesaria que sea, nunca es suficiente. Si el futuro es donde vamos a pasar el resto de nuestras vidas, necesitamos una visión positiva para dar propósito y rumbo firme al presente. Por ello, aparte de denunciar el modelo empresarial actual, es necesario proponer nuevos caminos que contribuyan a hacer de las empresas no sólo un modelo de eficiencia y rentabilidad, sino también de integridad y compromiso con las personas y con la sociedad en general.

Necesitamos un nuevo modelo de empresa que supere las limitaciones del paradigma convencional e imperante. Este nuevo modelo debe combinar la búsqueda de resultados empresariales con un enfoque humanista y de responsabilidad social.

Desde un enfoque integral y postcovencional existen tres dimensiones básicas para la dirección de una empresa u organización:

  • La Ciencia de la dirección de empresas, que busca la comprensión de la empresa desde un punto de vista científico-técnico, y el control de la misma a través de medidas objetivas de rendimiento, productividad, calidad, etc., con el objetivo de crear valor económico.
  • El Arte de la dirección de empresas, expresado en valores como creatividad, intuición, emoción, subjetividad, diversión y belleza, pretende crear un espacio de expresión para las personas, y lograr el desarrollo y el progreso de la empresa mediante la creatividad, la emoción, la belleza y el aprendizaje.
  • La Ética de la Dirección de empresas, reflejada en valores como honestidad, respeto al medioambiente, tolerancia y responsabilidad social, intenta que la empresa se rija por unos principios éticos y asuma su responsabilidad social y medioambiental en aras del bien común.

Ciencia, arte y ética: éste es el triunvirato que rige la experiencia humana. Estas tres dimensiones no deben estar separadas, sino que son distintos puntos de un mismo sistema, diferentes paradas de un camino común.

Esta propuesta concibe a la empresa como una realidad tridimensional y unificada. No se trata de que la dimensión científica sea superior a la ética o la artística, sino que todas son ingredientes cruciales de una buena dirección de empresas y representan una realidad fenomenológica igualmente importante. Por ello necesitamos de una cuarta dimensión espiritual que integre las tres anteriores en una unidad esencial, dando lugar a la filosofía o espíritu corporativo. Su objetivo úl­timo es la unidad: la íntima integración entre nuestros pensamientos y nuestras ac­ciones, entre nuestra razón y nuestras emociones, entre nosotros mismos y el resto de la empresa, entre la empresa y su entorno, entre entorno y Universo. Una integración sin límites. Una unidad última.

Estas cuatro dimensiones son claves para alcanzar la excelencia sostenible y redescubrir la satisfacción personal en el trabajo. Esta propuesta integral concibe a la empresa como una realidad tridimensional y unificada. La ciencia (las teorías, las técnicas, los sistemas, los modelos) es necesaria para saber qué, el arte para saber cómo y la ética para saber porqué. La empresa integral tiene una ontología mucho más sofisticada y compleja que la empresa tradicional. Si en ésta última los componentes fundamentales de la realidad se reducen a unidades económicas y a mediciones técnicas, la empresa integral incorpora a su modelo de realidad cuestiones psicológicas, sociales, estéticas, creativas, emocionales y éticas entre otras.

Desgraciadamente, el triángulo mencionado no es un triángulo precisamente armónico, ni equilátero para la mayoría de empresas pues éstas están dominadas por la visión científica de su práctica, generando unos problemas que hay que afrontar cuanto antes. En el mundo de la empresa domina lo objetivo y contrastable, es decir, lo “científico”. Lo científico, en cualquiera de sus manifestaciones (económicas, estadísticas, lógicas, financieras, etc.), ha invadido los otros dominios imponiendo su dictadura instrumental y reduciendo la empresa a “verdades” objetivas. Las empresas se han convertido en tecnocracias donde las necesidades técnicas y económicas prevalecen sobre las humanas y donde lo único real es lo objetivable. Lo que importa son los beneficios o el crecimiento, todo lo demás son poco menos que chorradas metafísicas. En un contexto como ése las personas no son más que recursos humanos, medios para conseguir un fin, y las personas nunca deben ser medios, siempre son fines en sí mismas.

La dirección exclusivamente científica centrada en el núcleo duro de los resultados financieros reduce la empresa a una realidad prosaica e instrumental que convierte lo interior en exterior, los sujetos en objetos, lo profundo en superficial, la calidad en cantidad, la sabiduría en datos y lo valioso en meramente comercial. ¿El resultado?: empresas materialistas, sin corazón ni alma, con mucha lógica pero poco sentido, mucha ciencia pero poca conciencia, desbordando información pero carentes de sabiduría.

La visión científica de la empresa y los valores que ésta conlleva (objetividad, eficiencia, productividad, beneficio) no son más que un modo de aproximación a la compleja realidad de la empresa que debe ceder en su imperialismo y coexistir pacíficamente con otras dimensiones de conocimiento. La investigación y la práctica empresarial necesitan superar las premisas fragmentadoras del método científico a fin de alcanzar una visión polifacética e integradora de la complejidad de las organizaciones. Tiene más sentido aceptar la existencia e influencia de las otras dimensiones que seguir escondiéndolas debajo de la alfombra. Urge un cambio de régimen, en el que el imperialismo absolutista de la ciencia sea sustituido por un armónico triunvirato en el que ninguna dimensión domine sobre las otras. Uno de los retos de este nuevo régimen será concebir un nuevo modelo de progreso más integral, no exclusivamente económico y material que encuentre el equilibrio adecuado entre lo científico, lo artístico y lo ético para lograr un desarrollo armónico.

Decía Machado que las sociedades no cambian mientras no cambien los dioses. Nuestra sociedad tiene como dios al dinero y como religión a la ciencia. Ha llegado el momento del relevo. El mito de Prometeo simboliza el paso desde la consciencia dualística a la holística o integral. Según la mitología griega, Prometeo robó el fuego (simbolo del espíritu, el poder creativo y la consciencia) a los dioses para iluminar la Tierra. De igual modo, el enfoque integral trae la luz espiritual para liberar a una empresa confinada en su prisión racionalista y materialista.

La empresa integral es una summum bonum, y en la sociedad en que vivimos y con el modelo de empresa imperante la adopción de este poderoso marco de referencia es una necesidad ineludible.

Marco Antonio Robledo Camacho, profesor de la U.I.B. y autor del libro D3D: Un enfoque integral de la Dirección de Empresas.


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3 comentarios para “Ciencia, arte y ética al servicio de los negocios.”

  1. [...] Mi padre Alvaro López Arrecillas, me entregó hace muchos años un temario de frases de reflexión, en una de ellas existía una máxima a la que hoy hago referencia, esta decía textualmente “El éxito de uno esta edificado sobre el fracaso de los demás”, la frase se complementaba con otras que irónicamente hacias referencias desde mi perspectiva solo a esquemas financieros y económicos. “Los negocios tienen ciencia no con ciencia…” [...]

  2. Carlos rodriguez dice:

    Es dificil (sino casi imposible) crear un escenario donde puedan coexistir las personas y las organizaciones en igualdad de condiciones, es muy facil sin embargo retratar de desde la retorica un discurso sobre un mundo ideal donde todos las fuerzas dinamicas de la relación entre los objetivos organizacionales y personales esten completamente quietas y disfrutando de la paz tan anhelada por todos, esa clase de discurso ideal de la realidad que todos queremos ver es interesante, pero aceptemoslo, el autor es completamente parcializado hacia las personas y por cierto muy poetico, si bien no defiendo a las organizaciones tampoco puedo negar que las personas hacen parte de ellas y cometen errores que hacen que estas tomen medidas o tomen ventajas, para citar un ejemplo, los origenes de las constantes disputas entre trabajadores y empresas por sueldos justos tuvieron lugar en el momento en que un trabajador en el pasado decidio no hacer lo que debia (no cumplir con sus responsabilidades), lo que hizo que uno de los eslabones productivos de una empresa fallara y por consiguiente los demas, lo que hizo tambien que un empresario tomara medidas y lo despidiera para contratar a alguien que fuera capaz de cumplir con los acuerdos, a la vez esta situación desperto el interes del empresario por vigilar en adelante el cumplimiento de los deberes de cada trabajador , como consecuencia de esa vigilancia se dio cuenta que los trabajadores podian producir mas y decidio contratar menos personas porque hubo alguien que lo hizo mejor y de manera mass eficiente, entonces de quien es la culpa al final del trabajador que no fue competente o del empleador que aprovecho el “papayazo” para darse cuenta de algo muy simple, puedo pagar menos y exigir mas. Este es solo un ejemplo, pero hay miles y todos involucran dos perspectivas, saber aplicar la etica en los negocios puede ser facil de decir pero “dificil de cumplir” si no hay etica en las personas , si todos hubiecemos hecho lo correcto desde el comienzo y si todos estuvieramos suficientemente ilustrados como para refutar o cambiar una medida impositiva idelamente se podria hablar de esa realidad que no vamos a conocer, aquella en que las personas sean tratadas con igualdad y sus derechos sean respetados por las organizaciones, lo que si es seguro es que todo imperio se derrumba o al menos genera reacciones y estas se estan empezando a ver en las personas cuando defienden sus derechos. Al autor: vale la pena hacer n mismo analisis etico de las personas vs las organizaciones.
    Al lector: esta opinion como la del autor y la del señor Lopez son solo caras de solo problema, solo caras que se pueden ver desde un solo lado pero no analizar en su conjunto, escriba usted la suya.

  3. Sebastian oliver hildebrandt dice:

    “Ciertamente la Humanidad está globalizada, pero nos hemos olvidado de humanizar a la globalización. ” Me quedo con esta frase.
    Estoy totalmente de acuerdo con el sistema capitalista actual que llevan a cabo hoy en dia las empresas, cuyo objetivo mas profundo sea el de generar beneficios por encima de cualquier marco, ya sea en organizaciones de ambito multinacional, como el simple empresario de a pie, realizando sus actividades en entornos donde los ejercicios se realicen en condiciones infraumanas (multinacionales que operan en paises tercermundiastas para obtener mano de obra barata, ” triste, pero que MUY triste”) o empresas como antes cite “de a pie” donde la lucha entre “emperador y vasallo” sean una constante de lucha e incomodidades diarias que lo unico a lo que lleva sean desacuerdos y disputas a causa de una ideologica llamemosla ” antigua”. A lo que quiero referirme es que la idea de cohesion entre las tres dimensiones o puntos de vista que el documento explica, hoy en dia no son una constante, el capitalismo impera por encima de cualquier intencion de resposabilidad social, calidad de trabajo, y respeto al medio ambiente.
    A mi punto de vista, y como sociedad emergente, no nos queda mas remedio que vivir en este mundo que nos dejan donde el la ideologia, las coorelaciones y la mentalidad esta herida y la sangre es dificil de suturar. Espero que algun dia sea posible este cambio pero realmente creo que asi como estan las cosas es muy dificil puesto que es tarea de TODOS. Lamentablemente seguiran pagando como siempre, justos por pecadores. (ojala k no, yo aportare mi granito de arena jejejje)

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