Cómo realmente somos
Conocernos a nosotros mismos para conocer la verdad
Por Joan Carles Salvá Trobat
El ser humano está necesitado de creer. El creer es inherente al ser humano, como para el perro sería la perritud: es una cualidad propia – ni virtud, ni defecto. La mente finita nos traiciona porque necesita de la identificación con el ser. La mente es muy astuta: nos lleva a modificar el pensamiento, a adoptar un nuevo punto de vista, o a creer en cosas que no son fundamentalmente verdaderas, para justificar su existencia. Cometerá cualquier injusticia contra nosotros mismos mediante el drama en el que sobrevivirá el ego: no permitirnos ser nosotros mismos y hacernos conformar con una mala copia. Creemos en la mente, nos aferramos al drama, sufrimos, enfermamos y nos curamos, hasta que la mente nos abandona y nada de lo que hayamos pensado permanece, no aparece en la cuenta, no tiene valor. Sin embargo, lo que hacemos (y no lo que creemos que vivimos) sí es de peso, sí es trascendente, sí repercute en el cosmos. Solemos creer que existe lo que pensamos y seguramente que es más o menos como pensamos… Somos bastante crédulos respecto al pensamiento, que a su vez nos impide saber cómo somos realmente, e incluso mostrarnos como tal.
Conocerse a uno mismo
Sólo conociéndonos a nosotros mismos primero, y no de manera superficial, podemos conocer la verdad. Y es en extremo arduo conocernos a nosotros mismos profundamente, no superficialmente. No es una cuestión de tiempo, sino de intensidad. La percepción y la experiencia directa son lo importante – no se trata de entenderlo en el plano verbal, sino que tiene que entenderse a nivel celular, orgánico, físico, intelectual y espiritual. Todo el ser debe responder de una forma unívoca, sin rupturas, con cohesión, utilizando los puentes de cada una de las articulaciones donde se asientan los planos del ser, no volándolos o estableciendo nudos neuróticos que dan “existencia” al drama, al ego, a lo que nos distorsiona el ser presente.
También es importante tener presente que cada uno de nosotros debe encontrar la verdad; cada uno de nosotros debe ser el maestro y el discípulo, y eso requiere una gran dosis de humildad. La vida no es muy agradable ni sencilla – es muy complicada, y sólo podemos comprenderla cuando comprendemos su proceso íntegro, total. Y el proceso total está en nosotros, no fuera de nosotros. Por tanto, es importante comprendernos a nosotros mismos. Entonces podremos habérnoslas con las cosas que afrontamos todos los días, con las influencias cuyo choque constantemente soportamos.
La quietud de la mente
“Y cuando uno tiene esa experiencia directa, resulta ilusorio y carece de todo sentido el convertirse en el ideal. Ese es un enfoque totalmente erróneo. Uno ve entonces que todo ese proceso de llegar a ser lo más, lo más grande, nada tiene que ver con la realidad. La realidad sólo se manifiesta cuando la mente está enteramente quieta, cuando no hay esfuerzo. La virtud es ese estado de libertad en que no existe el que hace esfuerzos. La virtud, por consiguiente, es un estado en el cual el esfuerzo ha cesado por completo; pero si os esforzáis por llegar a ser virtuosos, ello deja evidentemente de ser virtud.”
El cómo acceder a estos registros de experiencia es el método de investigación que se lanza como una sonda interespacial. ¿Cuál sería el método a seguir para proporcionar este conocimiento exento de manipulación y drama?
En ese estado virtuoso, donde el esfuerzo cesa, la cohesión de nuestros fluidos, sean los que sean, entran en el ritmo cósmico. Ya no actuamos, sino que somos actuados. Todos los ritos tribales tratan de entrar en ritmo, con cesación de esfuerzo, y obtener un grado alterado de conciencia. Ese estado virtuoso es el que busca el buscador y el que busca toda la homeostasis en los seres vivos: es el estado de salud desde el punto de vista espiritual-creativo, el estado en que el ser puede realizar los más altos fines de su existencia, donde todo el cosmos trabaja para él, donde ha dejado de ser un actor, francamente dramático, para ser un creador. De hecho, es el hilo conductor del Creador que lo conduce, que lo inspira.
5 comentarios para “Cómo realmente somos”
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¡Qué interesante artículo…! Me ha arrojado un poco de luz sobre los dramas que nos montamos en nuestra vida cotidiana. ¿Cómo es posible que nosotros mismos nos enredemos en culebrones, en historias tóxicas de las que a veces nos cuesta salir…? Nos sumergimos a veces tanto en estos dramas, que parecerían fueran intrínsecos a nuestra pesonalidad, y tendemos a responsabilizar a otros, al Universo, a la mala suerte…
Empiezo a pensar que estos dramas que atraemos o creamos nos hacen “compañía”, porque en el fondo hemos renunciado de alguna manera a nuestra esencia. Y todo por no saber (o querer) escucharnos. Uff…¡ Debe haber algún camino más sencillo (que el error y el aprendizaje continuo con los dramas) para tender de nuevo la mano a lo que realmente somos y caminar de nuevo juntos…
un articulo muy interesante, simple en su explicacion, y muy profundo, les agradezco mucho. me he tomado el atrevimiento de compartirlo en mi pagina de FB, muchas gracias, hermosa revista, Namaste!!!!
el articuklo me ha parecido interesante, sin embargo, hay algo
que me inquieta y es que Eduardo Punset, en uno de sus programas,
afirm’o que al cerebro, no le interesa para nada la verdad, sino
la supervivencia y creo que es asi…
Hola Miguel. No creo que lo que dice Punset se contradiga en absoluto con lo que se dice en éste artículo. No es cuestión de interesarse o no en “encontrar la verdad”, sino de intentar funcionar un poquito mejor y estar más contentos, más tranquilos… para sobrevivir mejor..
Wu Wei…