Crónica 7 desde Copenhague: ¿Maquillar o reducir carbono?
Por Joan BuadesCopenhague, 16 de diciembre del 2009
Hemos entrado en los días decisivos y sin acuerdos clave a la vista. El principal tiene que ver con la reducción de emisiones para 2020 y 2050. El tiempo corre en contra. Aunque sea invisible, una tonelada de CO₂ permanece en la atmósfera más de un siglo. Si paráramos ahora mismo todas las emisiones, su efecto seguiría afectando decisivamente el equilibrio climático durante mucho tiempo. Desde Kioto, las emisiones globales han aumentado cerca de un 40% en lugar de reducirse y hemos superado el punto crítico, seguro, de concentración de emisiones letales en la atmosfera.
Decía ayer Larry Lohmann, el mejor experto independiente en la economía del cambio climático, que los mayores críme
nes ambientales han sido cometidos bajo el régimen de Kioto a través de los llamados “mercados del carbono”. Aunque fue, en principio, una idea de ambientalistas estadounidenses, pronto atrajo la atención de espabilados especuladores. Gracias a ello, hoy mueven más de 20 millardos de dólares al año. Mediante el comercio de cuotas de contaminación y la utilización de los bosques y el suelo del Sur como sumideros de carbono, este lucrativo negocio no está directamente en manos de las grandes corporaciones contaminantes sino de la misma superclase financiera (la de Goldman Sachs & Co) que ha llevado al crack económico presente, ya que es un mercado emergente que pronto puede constituir el primer mercado financiero del mundo. El Banco Mundial, a través de los Fondos de Inversión Climática, hace el trabajo sucio de abrir camino a estos mercados y dictar las condiciones para que los estados del Sur compitan por ponerse a tiro de las inversiones que pueden ofrecerse. Los “mejores” precios se obtienen allí, donde ya están en marcha 5.500 proyectos basados en “Mecanismos de Desarrollo Limpio”, como, por ejemplo, eliminar un bosque tropical para plantar uno nuevo alóctono que permita seguir justificar la continuación de la contaminación en otras zonas del Planeta. El resultado es, en palabras de Souparna Lahiri, coordinador del National Forum of Forest People & Forest Workers de India, simplemente criminal: expropiación de tierras, destierro de comunidades campesinas al extrarradio urbano, incluso allí donde el proyecto consiste en implantar energía limpia como la eólica, la electricidad no llega a los vecinos,…
Copenhague puede dar un impulso formidable a este maquillaje de carbono, que alienta la especulación financiera sin reducir las emisiones. El Banco Mundial mismo hace fabulosos cálculos de negocio: el coste de adaptación al cambio climático entre 2010 y 2050 para no sobrepasar un aumento de 2°C sería entre 75 y 100 millardos de dólares anuales. Y señala las dos grandes áreas de operación serían el corredor Sureste asiático-Pacífico y América Latina y el Caribe.
¿Qué propone desde Klimaforum el prestigioso Durban Group for Climate Justice? Básicamente, dos objetivos: prohibir el tráfico de carbono, el mercadeo de la atmósfera como bien común de la humanidad y del Planeta, y sustraer al Banco Mundial la asignación de los fondos de inversión climática a favor de las Naciones Unidas. Esta nueva arquitectura de la protección climática permitiría eliminar la especulación financiera y abriría la puerta a la descentralización y la participación de los pueblos del Sur en la urgente tarea de proteger el clima. Y, como afirma Janet Redman, del Institute for Policy Studies, pasaríamos de un escenario de “ayuda” caritativa del Norte a uno de “reparaciones”, de pagar la deuda climática con el Sur, desde un nuevo equilibrio de fuerzas realmente cooperativo. Son mensajes que mañana intentará hacer llegar pacíficamente y en el propio recinto del Bella Center la manifestación por la justicia climática. Esperemos que sean recibidos por los Grandes Líderes del mundo en lugar de la prepotente policía danesa.
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Hemos entrado en los días decisivos y sin acuerdos clave a la vista. El principal tiene que ver con la reducción de emisiones para 2020 y 2050. El tiempo corre en contra. Aunque sea invisible, una tonelada de CO₂ permanece en la atmósfera más de un siglo. Si paráramos ahora mismo todas las emisiones, su efecto seguiría afectando decisivamente el equilibrio climático durante mucho tiempo. Desde Kioto, las emisiones globales han aumentado cerca de un 40% en lugar de reducirse y











Hoy y mañana nos jugamos mucho… No sé si la consciencia podrá actuar en esas men
tes tan cerradas, pero si esta presente en todos y cada uno de aquellos que estan en di-
recto de forma presencial y también de forma ausente.
Pienso que la dimensión creada para el evento a nivel planetario es descomunal aun-
que ignoro si los líderes y mandatarios estan a la altura de las circunstancias…
No sé si saben que si hablan en nombre de las futuras generaciones, parte de esas gene
raciones serán ellos mismos en otro maniqui, y si al menos pensaran en que mundo quedará a raiz de sus decisiones, en las distintan opciones que se barajan, quizás se lo
pensarían más detenidamente y quizás otras opciones nacerían…