25
julio
2011
De repente…
Por Xavier PujadasDe repente uno se siente superado por lo que siente. Y también por eso que cree que siente pero que no es, y por aquello que no sabe que siente, y cómo no, por lo que no siente.
Uno sabe por qué está en el lugar que ocupa, pero de repente descubre que no sabe por qué. El primer por qué se refiere al cómo: normalmente conocemos las circunstancias que nos han llevado al camino que transitamos, y las elecciones que hemos tomado en cada encrucijada, al enfrentarnos a las distintas opciones que la vida nos ha ido planteando. Pero (sin llegar a ser un “para qué”, este es el segundo por qué) rara vez conocemos qué hacen frente a nosotros esas pruebas y no otras, ahí es donde aparece la turbadora desazón que muchos llaman duda existencial.
Por qué, para qué… Maldito lenguaje, de qué forma nos limita! Intentar pasar al plano verbal los estados internos (las emociones, sentimientos, sensaciones…) es una asignatura pendiente, y de hecho no sé si es realmente posible, o incluso si es conveniente.
De repente uno descubre que es lo que es, pero que también puede ser otra cosa, y quién sabe si al mismo tiempo.
Uno recorre su camino e intenta allanarlo, despejarlo y hacerlo cada vez más transitable, a su medida, menos tortuoso. A base de trabajo personal y autoconocimiento tratamos de ir ganando en confianza y autoestima, de modo que ese caminito sea cada vez más ancho, confortable y quizás, solo quizás, más seguro. Pero un día, de repente, llegamos a un recodo tras el cual se oculta un desvío traidor hacia la izquierda (siempre es a la izquierda, el lado del corazón), que lleva irremisiblemente hasta un looping descabellado, vertiginoso, salvaje. Entonces uno desearía que el mundo se detuviera, dándole el tiempo y la serenidad necesarios para evaluar aquello que no entraba en su lógica… pero la vida no da tregua, la máquina sigue girando y uno siente que debe escoger. En realidad el mero hecho de darse cuenta ya supone un punto de sabiduría y evolución… cuántos caen en esa trampa del destino sin percatarse o planteárselo?
De repente todo ese esfuerzo por hacer de nuestra vida una senda controlada se ve seriamente amenazado por unas fuerzas desconocidas, diría que mágicas, que nos empujan hacia ese desvío desbocado. La naturaleza de esa energía es misteriosa, y te atrapa con la fuerza de un agujero negro. Pero lo realmente mortífero no es tanto el fenómeno en sí como el hecho de que suceda… qué hace ahí ese desvío inexplicable, en ese instante y lugar? Su simple existencia, la sola posibilidad, es el argumento más poderoso para considerar si tomarlo; porque tal vez evitarlo, cerrar los ojos y continuar por tu preciosa vereda hará que te pierdas una oportunidad muy remota, pero quién sabe si necesaria. Píldora roja? Píldora azul?
De repente uno se sorprende de pie, mirando al infinito, ajeno a la opereta que le rodea y tarareando una canción olvidada, con un montón de ideas en la cabeza y un nudo en el estómago, allí donde las emociones permanecen agazapadas, esperando una ocasión para sacudirte.


Esta entrada fue escrita el Lunes, julio 25th, 2011 at 10:58 pm y está archivada bajo las categorías La zona gris. Puede seguir los comentarios a esta entrada a través del RSS 2.0. Puede dejar una respuesta, o un trackback desde su sitio web.