Una visita al Barranc de Biniaraix
Una catedral orgánica al aire libre
Por Alberto D. Fraile Oliver
A los pies del Puig l’Ofre, en Sóller, se encuentra el Barranc de Biniaraix, una catedral sin bóveda, salvo la celeste, realizada por mil arquitectos que sin plano han ido conteniendo la naturaleza, encauzándola y creando con ella. El resultado es una obra de ingeniería popular que a través del esfuerzo y la tozudez de generaciones ha crecido de manera orgánica, combinando caos y armonía. Cada propietario en su parcela busca el punto justo entre adaptación y aceptación del medio hasta el punto de que las paredes de piedra y la propia montaña se recrean mutuamente. Estamos acostumbrados a valorar obras académicas o artísticas pero… ¿somos capaces de valorar una obra de tecnología popular?
Me acompaña en mi subida al Barranc, Antoni Font, biólogo y portavoz de la asociación Amics del Barranc de Biniaraix. Partimos desde Sóller por el camino de piedra y entramos en un paraíso acústico. Un escenario sonoro muy vivo donde cada día actúan muchos pájaros con el sonido de fondo de la caída del agua dulce. En el lugar se puede observar de cerca, casi con una lupa, como el ser humano y la naturaleza mantienen un pulso. Orden y caos. Una batalla que el ser humano se niega a perder y lucha desde que el tiempo es tiempo por contener y domesticar la creación. Lluvia, Viento y Fuego contra el trabajo de la hormiga humana que coloca piedras, poda árboles, retira pinos…
Ante la adversidad, factor 4
Este pulso eterno ha hecho que el Barranc sea considerado la Capilla Sixtina de la pedra en sec. La arquitectura popular se funde con la caída de dos torrentes. Uno que baja desde L’Ofre y otro desde Sa Font d’es Verger. Es un espacio de 166 hectáreas repartidas entre 70 propietarios. La mayoría sube a pasar el fin de semana para estar en contacto con la naturaleza, encontrar un espacio de contemplación, a recoger fruta o a cazar tordos con “filats”. O simplemente comer con los amigos. Cada casa es un pequeño barco de piedra que surca el mar de la montaña y los bancales, a veces, parecen olas. Son casas mínimas. Una cocina y apenas un espacio con chimenea. Pero el Barranc tiene algo que a primera vista no se ve y es uno de sus mayores valores: la cultura de ayuda mutua. Las propias características del lugar impiden que los propietarios sean individualistas. Tienen que abrirse, “yo te ayudo a ti y tu me ayudas a mi”.
Antoni Font, con quien camino por el lugar, me explica que la asociación es un colectivo que en tan sólo un año y medio ya reúne al 20% de los propietarios. Y que trata de llamar la atención de las instituciones para hacer pequeñas actuaciones de mejora paisajística que mejoren la visibilidad del lugar y eviten el riego de incendio. De momento cuentan cada tres años con una línea de ayudas del Paratge Natural de la Serra de Tramuntana, así como con el trabajo de los “margers” del Consell de Mallorca que mantienen el camino público.
La asociación quiere atraer a personas que no vengan tan solo a pasear, sino que también ofrezcan su colaboración y acudan a vivir la experiencia.
En el Barranc frente la adversidad, aplican el factor 4 para ganarle la carrera a la entropía. Esta teoría consiste en intentar duplicar el bienestar usando la mitad de los recursos. Sería como hacer el doble de kilómetros con la mitad de gasolina. O en el caso del Barranc: hace unos meses una ventolera arrancó la ‘atzerolera’ (acerolo) de Can Catí, la más grande del Barranc y quizá de Mallorca. Esta importante baja se ha suplido sembrando cuatro ‘atzeroleres’ en el Barranc provenientes del programa ‘fruiters d’un temps’ impulsado por Slow food Illes Balears. Y es que los árboles son protagonistas en el Barranc. Los pinos -como las cabras- son una invasión, que continuamente disputan el terreno a los olivos milenarios. Pese a que ha ido muriendo todo aquello que no era superresistente aún pueden verse algunos ejemplares de serbal, cerezo, nogal, boj, olmo, acerolo, murta…
Agrofitness, mover piedras con un enfoque lúdico
Cuenta Antoni que en el Barranc intentan regenerar el paisaje de nuestra infancia mediante la recuperación de los usos tradicionales y, al mismo tiempo, homenajean a nuestros antepasados
También quieren hacer una reflexión sobre la pérdida de los antiguos oficios. Recientemente han realizado una réplica de un arado para utilizarlo con tracción animal, es decir, con burros. No han podido localizar a ningún herrero ni carpintero que haya hecho un arado antes: la cadena de conocimiento artesano se ha roto. Pese a ello están tratando de recuperar el eslabón perdido. Pronto probarán el arado con las “someres” de Gori Reynés, para muchos el alma del Barranc. Y recuperarán la técnica tradicional y casi perdida de “llaurar amb bístia”.
Los actuales propietarios quieren llevar el testigo durante un tiempo y despertar el interés para que otros lo cojan después. Quieren provocar la apreciación emocional a través de la vivencia. Les gustaría crear un equipo permanente de
mantenimiento que con métodos tradicionales de custodia del territorio (poda, restauración de paredes…) y siguiendo el ritmo de las estaciones ayude a los propietarios a mantener sus fincas. Quieren demostrar que las generaciones del siglo XXI, con toda su tecnología, pueden continuar la obra que sus antepasados hicieron con las manos desnudas. La idea es hacer un proyecto colectivo que permita hacer aquellas tareas que no se pueden hacer individualmente. No hay rendimiento económico: las cosas se mantienen por sus valores intrínsecos, por el placer y el compromiso de cuidar el territorio y por aprecio emocional. No es un sitio rentable y esa es su mayor fortaleza y su mayor debilidad. Para ellos, el patrimonio que nos dejó la gente que creó este lugar merece el esfuerzo de luchar contra la entropía.
Salgo del valle convencido de que si en Mallorca hubiera Hobbits, habitarían este lugar…
TEMPS D’EXCURSIONS: AL BARRANC, EL REFUGI DE S’ALOVA
Una opció recomanable per fer alguna cosa més que ‘passar pel Barranc’: viure’l.
Provau el refugi de s’Alova i contribuireu a la conservació d’aquest espai únic.
Situació: Barranc de Biniaraix, a uns 45 minuts a peu de Sóller.
Descripció: Finca d’uns 10.000 m2 distribuïts en bancals d’olivar al bell mig de l’entorn del barranc de Biniaraix. La finca és propietat de la Fundació Maria Ferret.
Serveis: Refugi de muntanya distribuït en dos petits espais. Llar de foc.
Zona d’acampada: als bancals assenyalats.
Capacitat: 10 places al refugi. 50 places (en tendes, no incloses) a la zona d’acampada.
Observacions: En ser un refugi de muntanya, no hi ha electricitat, ni matalassos, ni aigua corrent, ni lavabos. Hi ha una font al Barranc de Biniaraix a 5 minuts.
















Esta entrada fue escrita el Miércoles, mayo 4th, 2011 at 6:45 am y está archivada bajo las categorías Ecología, Portada, Tierra. Puede seguir los comentarios a esta entrada a través del RSS 2.0. Puede dejar una respuesta, o un trackback desde su sitio web.