Cuando uno empieza a explorar el mundo pronto se da cuenta de un hecho importante: la realidad y nuestra percepción de la realidad son dos cosas muy distintas. Este descubrimiento viene acompañado de otro: los seres humanos no podemos tener acceso directo a la realidad. Percibimos la realidad a través de un filtro mental e, inevitablemente, el contenido de este filtro provoca que nuestra percepción esté más o menos distorsionada.
La importancia de este filtro es tremenda, dirige nuestra vida y nos limita en mayor o menor medida. De hecho, no vemos las cosas tal y como son sino que las vemos en función del grado de apertura y enfoque de nuestro filtro.
Simplificando un poco podemos afirmar que este filtro se forma con la acumulación en el subconsciente de experiencias pasadas, a las que se suman las estructuras adquiridas en el contexto familiar y cultural. Este mejunje psicológico va dando forma a nuestras creencias; ellas dictan quienes creemos que somos nosotros mismos y cómo es el mundo.
Salvo situaciones excepcionales las creencias no se ponen en cuestión. No porque no queramos, sino porque habitan el subconsciente y no son accesibles a la conciencia ordinaria. Desde allí dictan lo que somos capaces o incapaces de hacer. Son la base de nuestro punto de vista, nuestras opiniones, nuestras reacciones…
¿Quieres saber como es tu filtro mental? Basta que analices como percibes la realidad. Ésta nos ofrece buena información sobre el contenido de nuestro propio filtro. Si eres una persona con un filtro de miedo, probablemente percibas amenazas por doquier. Si confías en la vida, seguramente ésta te dará lo que necesitas…
Cada uno de nosotros crea su propia realidad, la experiencia de su vida, a partir de sistemas de creencias inconscientemente elegidos e incontrolados. Este es el juego de la vida, que por cierto, deja de ser divertido e incluso puede convertirse en una broma pesada cuando no somos capaces de cuestionarnos el contenido de nuestro filtro o padecemos el yugo de un filtro insano. Normalmente forjado a través de experiencia traumáticas en la infancia que nos roban nuestra libertad y poder.
La tarea de liberar nuestra conciencia de la identificación con ese contenido limitador es, ni más ni menos, que el objetivo de cualquier trabajo de crecimiento personal o desarrollo de la conciencia. Lo que las tradiciones espirituales han llamado iluminación
o liberación
no es otra cosa que un alto grado de nitidez y amplitud en el filtro mental.
Si nuestra percepción es estrecha, más difícil y dolorosa será nuestra vida. La buena noticia es que podemos tener una experiencia diferente de la realidad, para ello debemos modificar el contenido de nuestro filtro mental. No es un camino fácil pero es posible y hay mucha gente recorriéndolo.
Sin embargo, cuando no nos sentimos satisfechos con lo que la vida nos aporta la mayoría de las veces intentamos cambiar las cosas en nuestro entorno, suponiendo que así vamos a sentirnos mejor. Nos esforzamos con empeño en tratar de cambiar a los otros para que encajen en nuestra limitada percepción. Pero antes de mirar hacia afuera hay que mirar hacia adentro para quitarnos el velo de la ilusión
. Tal vez entonces, podamos actuar para cambiar las cosas de nuestro entorno a partir de una visión amplia y con un verdadero espíritu de servicio.














Concha Barbero
24/06/2009 8:42 pm
Sí, hay que trabajar las creencias que consideamos inamovibles, las identidades que hemos ido aceptando y alimentando como únicas, y transformar lo que nos provoca sufrimiento en gozo. Podemos trabajar nuestra mente, y elevar nuestra conciencia para llevar una vida plena (aun con las dificulatdes que tengamos que superar) y aplicar en ello lo que nos van mostrando nuestras experiencias.
Paco
26/06/2009 10:48 am
Concha, he descubierto tu blog gracias a la Revista Namaste, está genial!
Concha Barbero
28/06/2009 4:50 pm
Pues me alegro, Paco. Yo descubrí esta revista también a través de otro blog, y estoy encantada.
Creo que estamos todos vibrando en el mismo campo energético
Un abrazo
rafael fosch
18/07/2009 1:08 am
Alguien dijo una vez: vigíla tus pensamientos, se convierten en palabras…
vigíla tus palabras, se convierten en actos…
vigíla tus actos, se convierten en hábitos…
vigila tus hábitos, se convierten en carácter…
vigíla tu carácter, se convierte en destino…
VIGÍLA TUS PENSAMIENTOS, SE CONVIERTEN EN DESTINO…
María de los Ángeles Trapero Llobera
07/08/2009 8:49 am
Cada mes leo “Namasté”, y siempre saco provecho de ella. Te doy mi enhorabuena, Alberto, por el trabajo que haceis, y mi agradecimiento. Respecto a tu artículo “El color con que se mira” quisiera comentarte lo siguiente:
Yo creo que los seres humanos no sólo tenemos acceso directo, sino que estamos sumergidos en la realidad (de la que formamos parte), lo que sucede es que, para poderla aprehender y expresar necesitamos del pensamiento, primero, y de las palabras, después. Tanto nuestro pensamiento como nuestras palabras nos vienen mediatizados por un “filtro”, en gran parte convencional: la cultura.
Para recuperar el “acceso directo” a la realidad tendríamos que volvernos como los niños, que VIVEN la realidad sin cuestionarse qué es : se sumergen en la realidad que les es dada y crean otra nueva (la suya).
Joaquín
27/10/2009 6:11 pm
Nada que objetarte, Alberto; salvo un pequeño detalle. En tu otro excelente artículo “¿El final de la búsqueda?” concluyes que, a fin de cuentas, lo acertado -lo iluminado- consiste en renunciar a buscar; en aceptar lo que hay; con todos los filtros estrechos y todos los cristales opacos que hayan podido tocarnos en suerte aquí y ahora. ¿Hombre blanco hablar con lengua de serpiente? ¿O escribes en diferentes niveles para lectores también diferentes? ¿Tendrá algo que ver aquí la falacia pre-trans de Wilber?