El corazón de Ibiza es verde
Un paseo por el centro de eco-conciencia
Por Alberto D. Fraile Oliver
Cerca de la aldea de San José, a 10 minutos de la ciudad de Ibiza, en un bellísimo y tranquilo valle se encuentra la finca Ca Na Fracisca de la Plana sede de un peculiar centro de eco-conciencia llamado La Casita Verde. Al llegar, el visitante, pronto se percata de que se trata de un lugar a medio camino entre el siglo XIX y el XXI. Alrededor de una pequeña casa payesa se ha desarrollado un laboratorio donde se experimenta la autosuficiencia, la ecología y un estilo de vida alternativo y sostenible. Allí se unen la alta tecnología de las comunicaciones con la ecología de la Tierra y el incombustible espíritu festivo de Ibiza.
El eje del trabajo en La Casita Verde es la concienciación medioambiental y, allí, la sencillez y la creatividad se dan la mano para demostrar que todo se puede reutilizar, que la imaginación y la recuperación de las habilidades manuales pueden ser mucho más rentables que el dinero y lo más importante: que no todo está perdido.
Algunos experimentos que allí se han hecho han dado la vuelta al mundo: una casa hecha con botellas de cristal, los muebles de una cocina hechos con latas de aluminio… cada año pasan por la Casita unas 5.000 personas (un mensaje que algunos políticos de las Islas deberían empezar a entender de una vez: hay alternativas a los campos de golf, y si son buenas, también atraen a la gente).
El marino ecologista que atracó en Ibiza
Pero para hablar de La Casita Verde primero hay que presentar al capitán de este barco que navega rodeado de algarrobos y aloes. Chris Dews un marino inglés con una cabeza en la que hierven los proyectos y con unas manos capaces de materializar casi todos. Es un ingeniero electrónico que trabajó 13 años en grandes barcos. Una habilidad que se nota en La Casita Verde; su capacidad de reciclar las placas solares que los hoteles desechan es ya una leyenda en Ibiza. Su trabajo como oficial de radio-electrónica en alta mar le permitió dar la vuelta al mundo varias veces. Cada vez que atracaba en un puerto se adentraba tierra adentro buscando algo que el barco no podía ofrecerle: bosque y naturaleza. Esta pasión le permitió ser testigo de algo no muy agradable: la destrucción de la naturaleza alrededor de todo el planeta. Bosques destruidos, selvas arrasadas y multitudes de indígenas perdiendo su medio natural y convirtiéndose en esclavos en las ciudades. Esta realidad le impactó hasta tal punto que decidió tomárselo como algo personal y años más tarde se puso manos a la obra. Pero eso no sucedería hasta que encontrase un lugar donde echar el ancla.
De todo el globo, que bien conocía, Ibiza le conquistó. En esta pequeña Isla conviven 85 nacionalidades diferentes. El lugar perfecto para un viajero: hay gente todo el mundo y no es necesario moverse para conocer otras culturas. Como bien sabe Chris la verdadera cultura de Ibiza y de todo Baleares es el mestizaje y la multiculturalidad. Después de un tiempo trabajando como antenista sembrando los tejados de lo que llama antenas diabólicas
no por la tecnología, -explica-, sino por los programas que emiten que son verdadera basura para el cerebro
. No entiendo como podemos dejar de ver una puesta de sol para sufrir viendo las noticias de la tele
.
Un lugar donde experimentar la permacultura
23 años después de su llegada a la Pitiusa mayor los proyectos de Chris son un frondoso árbol con muchas ramas. En la raíz hay un símbolo, el Corazón Verde. Es muy posible que lo hayas visto pegado en algún coche, en la carpeta de algún estudiante o en el lugar más insospechado, ya que desde 2001 se han repartido 65.000 pegatinas con este icono del amor por la naturaleza. Una parte importante de sus proyectos es La Casita Verde, un modelo de centro ecológico y de permacultura donde se puede experimentar en primera persona la vida ecológica. Algo tan necesario como reaprender a vivir con los recursos que tenemos y aprendiendo de la naturaleza… Como para muchos de nosotros esto suena precioso pero a la hora de llevarlo a la práctica puede resultar difícil, ofrecen un curso de ecohabilidades. El que se puede aprender a construir una casa ecológica, reciclar placas solares o hacer tu propio huerto ecológico con su inseparable compost.
También se puede pasar un tiempo trabajando en la finca o simplemente pasarse un domingo a comer, comida biológica, claro, y probar los zumos de aloe de Chris. La preparación de este zumo ya se ha convertido en el show del aloe
y aunque la fórmula es muy sencilla: aloe, miel y limón, el resultado es delicioso y muy sano.
Desde el Corazón Verde están desarrollando un importante trabajo de concienciación con los niños a través de un proyecto llamado Resonancia. Tienen claro que los niños pueden ser agentes de cambio dentro de las familias
por eso se esfuerzan en contribuir en que se sean educados en los valores necesarios para alcanzar un estilo de vida más sostenible. En este sentido la afirmación de Chris es tajante: si los niños no aprenden a vivir con menos recursos no sobreviviremos
.
El renacimiento de la algarroba
Uno de los proyectos que se está gestando en La Casita Verde en este momento tiene mucho que ver con la algarroba, un producto típico de las Islas, tremendamente abundante y totalmente despreciado. Millones de algarrobos pueblan las Baleares sin que nadie, tal vez alguna burra despistada, les haga caso. Sin embargo, este marino inglés ecologista e hiperactivo ha decido hacerles caso y ha creado un producto redondo: Un sirope ecológico y artesano hecho solo de algarrobas. Ideal para utilizar como endulzante natural, para añadir a tartas, batidos o brownies.
El paseo por La Casita Verde nos lleva por una yurta, una casa redonda y desmontable que emplean los pastores mongoles. No requiere obra y es cálida y acogedora. También hay un tipie indio, duchas solares, diferentes apartamentos ecológicos. Uno es la casa del árbol y otro la casa del horno de cal. En cierta ocasión unos voluntarios que trabajaban se encontraron entre la melaza un viejo horno de cal. Limpiaron la zona y hoy se ha convertido en una confortable casa ecológica. Muy fresca en verano y caliente en invierno.
En este momento está en proyecto convertir en una confortable vivienda una gruta natural que hay en la finca. La decoración viene incluida: Las estalacticas de la cueva. Pero hay una construcción de la que Chris parece estar especialmente orgulloso. En un pequeño edificio, con cara de dibujo animado, construido con 3500 latas de refresco en el que la caca, el pis, el papel y el serrín se convierten en nutritiva tierra para el huerto: un váter seco. En la naturaleza nada se tira todo se reutiliza y la basura de unos es alimento para otros. En un virtuoso círculo.
¿Cuándo aprenderemos esta importante lección?
Más información: www.greenheart.info
Un comentario para “El corazón de Ibiza es verde”
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el mes de febrero estubimos en ibiza , y pienso que es una lastima no conocer la existencia de casita verde para ir a visitarla, justamente ayer vi en canal viajar un reportaje , me pareció muy interesante ´
CARMEN