El cuerpo habitado

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9 marzo, 2010


Hemos de tener en cuenta que somos seres biológicos, emocionales, mentales y espirituales, y por ello tenemos que conocer y cuidarnos en todos estos ámbitos. Necesitamos aprender a cuidar de nuestro cuerpo, de nuestra vida emocional, de nuestra mente y nuestra alma. También somos seres relacionales, por lo que debemos analizar de qué manera nos relacionamos, de lo que nos ocuparemos en próximos artículos.

En primer lugar, hemos de cuidar del cuerpo en todas sus facetas, escucharlo, dialogar con él. ¿Qué dice?, ¿qué necesita? Honrar el cuerpo como vehículo del alma que nos posibilita ir de una experiencia a otra, de un aprendizaje a otro. Un cuerpo que nos permite amar, trabajar, relacionarnos, hacer diversas actividades y sobre todo sentir. Para ello, es imprescindible que aprendamos a respetar sus necesidades y seamos responsables de nuestra salud y bienestar en el más amplio sentido de los términos.

La alimentación es un aspecto fundamental de la salud. Se dice que somos lo que comemos y cada vez hay más conciencia de ello; de hecho la importancia de la alimentación está experimentando un auge considerable. Hoy se habla mucho de la dieta mediterránea y de la necesidad de una alimentación equilibrada, completa, sana y natural, sea o no vegetariana. Prueba de ello es que incluso en las grandes superficies empiezan a venderse productos biológicos, libres de pesticidas. Al médico griego Hipócrates se le atribuye el aforismo: «Que tu alimento sea tu medicina y tu medicina sea tu alimento».

Comer significa nutrirse a uno mismo, y ¿cómo nos nutrimos? Es bueno conocer cuáles son los alimentos que nos sientan bien y los que nos cuesta digerir y hemos de erradicar de nuestra dieta. Podemos alimentarnos con comida más o menos saludable, adecuada a nuestra edad y estilo de vida, y sin embargo también las experiencias vitales y las relaciones son nutrientes, así como las emociones que nos suscitan.

La mala regulación o «digestión» de las emociones suele ser causa del aumento de peso. Todos sabemos que las emociones tanto nos estimulan a comer como nos quitan el apetito. Emociones como la tristeza, el aburrimiento, la ansiedad o la soledad nos inducen a comer más o menos de lo usual.

En la obesidad, por ejemplo, además de la herencia genética operan problemas emocionales de fondo. Sentimientos de tristeza, ansiedad, búsqueda de aprobación, inseguridad, baja autoestima y otros componentes de carácter psicológico que a menudo llevan a las personas a comer mucho más de lo necesario. El obeso busca llenar un vacío emocional, vacío que no se colma con comida.

Con la «Metáfora de la alcachofa», el psicoterapeuta G. Nardone señala que los obesos poseen un corazón tierno y sensible que defienden con una gruesa capa que les protege de un ambiente más bien hostil o que perciben como poco respetuoso e invasor. En estos casos, una vez más podemos ver cómo el cuerpo, la mente y las emociones están interrelacionados y forman una unidad que se retroalimenta.

No hemos de olvidar que el «yo» es en primer lugar un «yo corporal», el cuerpo que «se es», no que «se tiene». La sensación de identidad se halla arraigada en el cuerpo, al estar en contacto con él sabemos quiénes somos y qué sentimos. En el cuerpo se manifiestan los estados emocionales y la expresión de la persona: las penas y alegrías, los miedos, placeres y tensiones se experimentan en él y quedan grabados en nuestra estructura corporal. Así pues, las emociones pertenecen, se manifiestan y sienten en el cuerpo, y la mente se encarga de reconocerlas.

Según Branden, psicoterapeuta especializado en autoestima, «La primera voz del sí mismo auténtico es la voz del cuerpo». Por ello, hay que dar expresión al cuerpo y permitir que su voz se haga oír. De esta manera, se desbloquean los sentimientos y se toma conciencia de lo que hay en el interior. Es más, nuestro inconsciente se expresa a través del cuerpo, en él está incrustada la memoria de cuanto sabemos de nosotros y también de cuanto todavía desconocemos.

De ahí que sea imprescindible tomar conciencia de nuestro organismo, si está más o menos tenso, sobrecargado o laxo para conectar con nosotros mismos. Conciencia del ritmo respiratorio, del fluir de la energía vital, de la tensión y rigidez muscular, de aquellas áreas donde nos cargamos o tensamos y de nuestra postura de pie. También es importante aprender a relajarnos, siendo conscientes de las tensiones y de cómo nos afectan, por ejemplo, algunas situaciones y hacen que nos bloqueemos.

Nuestro cuerpo siente, presiente, intuye y sabe claramente lo que sucede y lo que necesita, constituye un lenguaje propio que merece la pena conocer. Al habitar el cuerpo la energía se dinamiza y fluye sin bloqueos, y los movimientos se hacen más fluidos, espontáneos y coordinados. Asentarse en el cuerpo ralentiza la mente, lo que tiene la virtud de despertar los sentidos y las sensaciones corporales. El estar bien enraizados proporciona equilibrio, confianza y sensación de integridad.

El ejercicio físico es esencial para movilizar la energía, desentumecer articulaciones y poner a punto los músculos. Es más, el ejercicio físico provoca la liberación de endorfinas, de efecto antidepresivo y ansiolítico, y al mismo tiempo estimula el sistema inmunológico y estabiliza el ritmo cardíaco. Aparte de los deportes más generalizados como el correr, practicar aeróbic, natación, senderismo o montar en bicicleta, existen otros muchos tipos de ejercicio. El yoga, el aikido, el tai-chi, el chi-kun y la expresión corporal son especialmente beneficiosos porque posibilitan la interrelación de la conciencia cuerpo-mente y el equilibrio energético.

Respirar es vivir. La respiración refleja nuestra manera de vivir. Cuando respiramos correctamente mejora nuestra salud y calidad de vida, mientras que si respiramos mal perdemos vitalidad y capacidad de sentir. La respiración puede ser voluntaria o involuntaria, es decir, consciente o inconsciente. Aprender a respirar profundamente modifica la manera de pensar, sentir y posicionarnos ante la vida. Respirar con naturalidad, conectados con el ritmo de la respiración facilita el centrarse y la conexión con uno mismo.

La respiración es sin duda esencial para la vida, así como para todo tipo de expresión emocional, especialmente la de la propia voz. La inspiración y la espiración, la contracción y la expansión constituyen el ritmo fundamental de la vida. Curiosamente, a las personas que respiran mal les falla la voz, están bloqueadas por problemas emocionales, miedos, inseguridad y falta de autoafirmación y confianza. Se sitúan en la cabeza, en su mente, en detrimento de su corporeidad, sentimientos y voz interior.

El cuerpo nos habla, pero la mayoría de las veces no lo oímos ni entendemos, porque no conocemos su idioma. Requiere atención, tiempo para pararse a escucharlo, aprender a descifrar sus mensajes.



1 comentario

  1. Victor Díaz dice:

    El cuerpo, está bien el artículo, muy bien resumido, mucho en poco espacio, sin parafernalias, es sin duda el primer paso. No quedarse en él, apegados, fanáticos del culpo al cuerpo, a las dietas y demás cuidados corporales cayendo en el apego, a lo puramente corporal, no obstante para muchos esto es más que suficiente.
    El siguiente paso bajo mi punto de vista es la indagación interior, limitarnos a lo físico, es vivir a medias. un fuerte abrazo.


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