En cierta ocasión se me ocurrió levantar la voz y preguntar ¿dónde está la verdad?
- La naturaleza es la maestra – respondió raudo un ecologista.
- Renuncia a todo –gritó el asceta.
- Contempla los milagros de la creación y cántalos– dijo el místico.
- Conócete a ti mismo –dijo el esotérico.
- La verdad es la conciencia – afirmó el cuántico.
- La verdad no existe – respondió el cínico.
- Únete a la lucha –espetó el revolucionario.
- Lo único verdadero es el placer –anunció el epicúreo.
- Somete y cumple las leyes – arguyó el político.
- La verdad está en la sabiduría – señaló el filósofo
- La verdad es el silencio –aseguró el meditador
Cuando el griterío se hizo tan ensordecedor que ya no se diferenciaban las voces, un niño levantó la mano y pude ver que en ella portaba un diamante.
Me acerqué a él y le pregunte: “¿Quién eres?”.
- Soy el guardián del diamante de la verdad – respondió sonriente.
- ¿La verdad? –acerté a preguntar.
- La verdad como este diamante tiene muchas caras. A cada uno le corresponde averiguar la que le toca y reconocer que hay otras muchas.
Basado en un extracto de “La rebelión de Lucifer”. J.J. Benítez















rafael fosch
08/01/2010 9:18 am
Totalmente de acuerdo con el texto. La Verdad lo engloga todo aunque también va
más allá de toda postura, vivencia, actitud, situación, circunstancia, palabra, infi-
nito etc…
Amparo Moreno Restrepo
08/01/2010 3:13 pm
Todas las verdades fueron mias: Fui estoica, fui mística, fui sabia, fui ecologista, ascética, esotérica y cínica…
Hasta que silencie… Estaba en mi, como un grafito obscuro y blando.
Y debía esperar. Ser paciente. Desarrollar fortaleza. Dureza. Que la presión, ni la obscuridad, ni el frio o calor ni el tiempo… Nada me rayara ni me atacara. Solo yo conmigo. Como se pule un diamante con su polvo.
Mil verdades. Mil caras. Una luz y mil colores… Solo yo.