Taller de meditación integrativa

En cierta ocasión se me ocurrió levantar la voz y preguntar ¿dónde está la verdad?

-         La naturaleza es la maestra – respondió raudo un ecologista.

-         Renuncia a todo –gritó el asceta.

-         Contempla los milagros de la creación y cántalos– dijo el místico.

-         Conócete a ti mismo –dijo el esotérico.

-         La verdad es la conciencia – afirmó el cuántico.

-         La verdad no existe – respondió el cínico.

-         Únete a la lucha –espetó el revolucionario.

-         Lo único verdadero es el placer –anunció el epicúreo.

-         Somete y cumple las leyes – arguyó el político.

-         La verdad está en la sabiduría – señaló el filósofo

-         La verdad es el silencio –aseguró el meditador

Cuando el griterío se hizo tan ensordecedor que ya no se diferenciaban las voces, un niño levantó la mano y pude ver que en ella portaba un diamante.

Me acerqué a él y le pregunte: “¿Quién eres?”.

-         Soy el guardián del diamante de la verdad – respondió sonriente.

-         ¿La verdad? –acerté a preguntar.

-         La verdad como este diamante tiene muchas caras. A cada uno le corresponde averiguar la que le toca y reconocer que hay otras muchas.

Basado en un extracto de “La rebelión de Lucifer”. J.J. Benítez
Diamante

2 comentarios

  1. Totalmente de acuerdo con el texto. La Verdad lo engloga todo aunque también va
    más allá de toda postura, vivencia, actitud, situación, circunstancia, palabra, infi-
    nito etc…

  2. Amparo Moreno Restrepo
    08/01/2010 3:13 pm

    Todas las verdades fueron mias: Fui estoica, fui mística, fui sabia, fui ecologista, ascética, esotérica y cínica…

    Hasta que silencie… Estaba en mi, como un grafito obscuro y blando.

    Y debía esperar. Ser paciente. Desarrollar fortaleza. Dureza. Que la presión, ni la obscuridad, ni el frio o calor ni el tiempo… Nada me rayara ni me atacara. Solo yo conmigo. Como se pule un diamante con su polvo.

    Mil verdades. Mil caras. Una luz y mil colores… Solo yo.

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