El drama de vivir en la calle contado en primera persona
El desprecio y la indiferencia a los marginados acentúa el drama
Por Jaume Ferrer ReusRuego disculpen mi intromisión en este artículo, haciéndome presente ante ustedes. Para poder expresar mi punto de vista les hablo desde mi experiencia como ‘transeúnte’ y esa experiencia me lleva a pensar que sería muy bueno ver a todo aquel que por nuestras plazas y calles se mueve, incluso a los que duermen en un banco, como nuestro prójimo.
Desde la perspectiva de una persona necesitada, de un hombre que sigue sintiéndose totalmente desamparado, alzo mi mano otorgando a todos aquellos que disfrutan de esperanzas y buen hacer en la sociedad, la responsabilidad para que aprendan y se acostumbren a rechazar las desigualdades.
No estamos justificados a llamar a las personas necesitadas mendigos ni indigentes. Ni debemos otorgarles nombres menos cariñosos. Pensemos siempre que en el futuro nosotros pudiéramos vernos en esa condición.
Tenemos mucho que aprender de todos ellos, son los que, aunque parezca extraño decirlo, pueden vigilar y guardar las noches. No cuesta tanto ser considerados y afables con su manera de acompañarnos por las calles. Incluso existe la responsabilidad de ayudarles ante la necesidad de seguir caminando con nosotros y tener una visión menos crítica. Quizás podamos sentir la necesidad de tenerlos lejos, pero yo, querido lector, jamás he despreciado tu experiencia, ni tu posición.
Muchas veces descubrimos que las propias opiniones nos llevan a ser injustos. Y ello se concreta cuando nos despreciamos a ciudadanos con una inestabilidad, sea económica o de cualquier tipo, y se nos presenta como necesitado y en muchas ocasiones desesperado.
A mi me corresponde respetarles pues soy uno de ellos. Teniendo en cuenta los azotes que la vida nos puede dar inesperadamente, ninguno de nosotros está libre de hallarse en un futuro en condiciones que, lamentablemente, ocasionarían algún desorden en nosotros mismos. Provocando, quizás, la necesidad de ‘alojarnos’ en un banco de la Plaza España.
Cuidamos nuestro carácter, y también intentamos que aquellos que nos rodean nos vean como a nosotros nos gustaría. Pero nos olvidamos por completo de ello ante la puerta de algún albergue o comedor social. He vivido en más de una ocasión como algún coche pasa por delante del comedor mientras hago cola, y alguien desde su interior nos señala con cierto desprecio.
Hace años me fui a vivir a América, más exactamente a México, en el Estado de Veracruz. Todos mis amigos dijeron que sería una experiencia inolvidable. Yo pensé que jamás tendría nuevamente una experiencia similar, de tal magnitud. Regresé a ésta mi tierra y empecé a comprender que el peso de una moneda destruye el carisma de nuestras calles. Ahora que soy un ‘transeúnte’ y suspiro día a día por un plato de comida que llevarme a la boca, por una cama donde poder recostar mi cabeza, por una atención primaria que me alivie el malestar y la congoja, se que hay experiencias más fuertes.
No podemos hacer oídos sordos a esta situación, cuando hay muchos de los nuestros, jóvenes y más entrados en años, aislados por completo de la sociedad, y ante la necesidad de una ayuda se lanzan al vacío buscando remedios en la droga, el alcohol y demás.
Por tanto, te pido, amigo lector, que dejes de criminalizar a nuestros amigos los “transeúntes”, no los desprecies porque, al fin y al cabo, sólo sirve para ridiculizar más nuestro propio estado. Busquemos su cara amable. Recuerda que a nuestros compañeros caminantes menos afortunados la vida un día les sonrió como te sonríe hoy a ti.
No menciono ni nombres ni instituciones, pues la ayuda hacia este grupo que cada día aumenta, no depende de uno sólo. Más bien, es labor en conjunto de todos. No corresponde emitir juicios de valor sobre los problemas que esta situación conlleva, pero sí corresponde solicitar esa mano de unión que tanto se necesita.
Desde estas líneas, y en nombre de todos los inestimables compañeros a los que he querido representar voluntariamente, te hago un ruego querido lector. Hagamos que el que está en las calles, en los albergues, en los comedores, en los centros de acogida… se sienta mínimamente cómodo, y al mismo tiempo, apoyado por todos. Evitemos nuestras expresiones desagradables y huyamos de la indiferencia. Les puedo asegurar que eso duele y provoca la lejanía de todo un sistema, ante la imposibilidad de un retorno a lo que un día fue. Les puedo asegurar que no es fácil alcanzar la estabilidad psicológica en medio de las dificultades, pero si a eso le añadimos el desprecio, es casi imposible.
Acerquémonos a ellos siempre que podamos, ellos se verán recompensados. Veamos la amabilidad que algunos de ellos tienen, sin temor a encontrarnos de vez en cuando algunos compañeros poco expresivos y comunicativos. Tengamos en cuenta que están acostumbrados a sentir frío, dolor y tristeza. Y están acostumbrados a verse relegados a un segundo plano, ante personas que jamás han tenido palabras de comprensión.
Me despido proponiendo que no olvidemos jamás que en un tiempo, muchos de ellos fueron personas con una vida completamente diferente a la que actualmente puedan estar viviendo. Y la dificultad para adaptarse a ese cambio ha conseguido que a veces se les considere marginados. Y esa es una etiqueta difícil de quitar sin un poco de ayuda y buena voluntad por parte de todos.
Que nadie pase hambre en el ciudad
3 comentarios para “El drama de vivir en la calle contado en primera persona”
Dejar un comentario
Solo se publicarán mensajes que:- sean respetuosos y no sean ofensivos.
- no sean spam.
- no sean off topics
- siguiendo las reglas de netiqueta, los comentarios enviados con mayúsculas se convertirán a minúsculas.
















Es triste pensar en los miles de personas que convierten la calle en su lugar de habitación. Hace falta que la sociedad y los gobiernos sean mas unidos para ayudar a tantos que lo necesitan. Podemos vivir en un mundo mas justo y equitativo. ¿Que falta? ¿En que podemos ayudar? ¿Porque nos hemos vuelto tan indolentes? ¿No sentimos nada por nuestros hermanos mas vulnerables que sufren?
¡Dios ayúdanos a reflexionar!
Acabo de leer el magnifico reportaje acerca de los que son relegados a vivir en la calle, por que yo, el viernes 19 de agosto de 2011, me tiro a la calle por razones economico-familiares.
Estoy terminando de hacer la mochila para emprender mi nueva situacion… El miedo se apodera de mi por momentos, sin saber que encontrare en esas carreteras y calles de este mi pais, y sobre todo es con quien me encontrare… mejor morirse solo en un rincon.
El viernes me hare a la calle pensando solo en la idea de morir y desaparecer, ya que no eres útil a nadie, en el entorno familiar todo es un infierno o casi y asi no se puede criar a los niños, la relacion de pareja a terminado por desaparecer, las amistades se han ido quedando descolgadas de ti ya que sus circustancias son diferentes y no deseean estar todo el rato escuchando como les cuentas tus penalidades.
Pero tengo bastante claro que la vida en la calle sera muy dura y no solo por el maltrato que recibire por el resto de personas, sino por el resto de personas que se alimentan de hacer daño a los demas se llamen como se llamen y tengan las circunstancias que tengan
Asi que la recomendacion sera facil… por el día intentando cambiar un poco de mi tiempo por un plato de comida, si esa busqueda no fuera exitosa queda la opcion de pedir puerta a puerta un pedazo de pan sobrante.
Para la tarde noche, y atendiendo a mi propia seguridad y comodidad, sera buscar un sitio alejado de cualquier tipo de personas para poder dormir sin temor a que te roben, a que te den una paliza o ambas cosas…
Y para evitar males mayores lo mejor sera estar siempre en constante movimiento, llendo de aca para alla, buscando trabajo para comer, o pan de dias anteriores.
Y cuando todo esto falle y la cosa se ponga negra del todo, llevo un buen plantel de medicamentos acompañadas de varias pastillas de valium. De una tragantada las primeras y minutos despues el valium, asi cuando digan de hacer efecto los medicamentos, los efectos me pillen durmiendo y hacer el transito lo mas sereno posible.
Solo deseo morir solo y tranquilo y no lo hago ahora ni aqui en casa por que bastante sufrimiento y amargura he dejado aqui. No quiero que mi hijo guarde un ultimo recuerdo de mi viendome tirado por el suelo ni creo que mi mujer se merezca despertarse una mañana y encontrar un difunto en la sala… Eso no se lo merece.
Me cansé de luchar… tres años en paro me han mermado como persona. Como marido he fracasado, como padre (vaya un ejemplo), como hombre no soy nada.
Gracias a todos los que han conseguido esta sociedad del bienestar… Desde lo mas profundo de mi corazon os doy las gracias.
Cuando veais a un indigente, vagabundo, sin techo, andrajoso, pordiosero o como querais llamarlo, pensad que antes eramos personas que trabajabamos, teniamos coche, pagamos impuestos y nos tomabamos las uvas a final de año. No nos pageis con una mirada de desprecio, una sonrisa amable nos puede reconfortar para poder pasar un dia mas.
José Francisco, espero que alcances a leer este mensaje, sea la peor de las situaciones por la que estés pasando por favor no tomes decisiones absolutas y definitivas que ya no tengan vuelta atrás, siempre queda esperanza, SIEMPRE, en algún momento la luz vuelve a aparecer, si solo resistimos y nos sostenemos un día más para verla. Si te hace falta con quien hablar escríbeme, aunque solo sea para desahogarte y quejarte todo lo que haga falta, echa mano de una extraña que te la tiende sinceramente. LO DIGO EN SERIO! Un abrazo a la distancia!!!