Una aproximación al eneagrama

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16 febrero, 2012

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Desde la antigüedad diferentes escuelas han establecido diversas tipologías según el carácter, temperamento, tipo fisiológico o modo de reaccionar. Hoy se halla en auge por su perspectiva transpersonal o espiritual de la personalidad el eneagrama, tipología sistematizada y difundida por el psiquiatra Claudio Naranjo.

El eneagrama es un modelo de interpretación antiguo procedente de la filosofía Sufí, introducido en Occidente por Gürdijeff, que recoge la sabiduría cristiana, musulmana, budista y judía, especialmente de la cábala.

El eneagrama es un sistema de tipos de personalidad que define nueve modos fundamentales de formas de pensar, sentir y actuar. Cada uno de ellos es como un filtro o unas gafas coloreadas que tiñen nuestra manera de percibir la realidad. Todos desarrollamos un tipo determinado en la primera infancia, cuando se va estructurando nuestra personalidad, que configura las motivaciones inconscientes que rigen nuestros actos.

Cada eneatipo es la reacción del niño ante las necesidades que experimenta, un modo de protección ante circunstancias adversas y una respuesta creativa para sobrevivir. Se trata de un mecanismo de adaptación, una estrategia de vital importancia para la supervivencia. Si bien en un principio el eneatipo cumple funciones protectoras, posteriormente ocasiona una autolimitación de experiencias y una perturbación en la manera de vivir que impide obtener precisamente aquello que más se anhela, lo que se convierte en un círculo vicioso causante de sufrimiento.

Los miedos infantiles

El tipo de personalidad se desarrolla en base a los principales miedos infantiles, cuando al no ser satisfechas las necesidades en la infancia se generan defensas. Es el miedo a no ser digno de amor, no ser perfecto, no tener valor, no ser importante, ser inútil, no tener apoyo, estar desvalido, ser dañado. En función de estos miedos básicos se generan unos deseos también básicos, lo que el ego se esfuerza por conseguir, que es precisamente lo que configura el programa de cada tipo de ego. El deseo básico es de integridad, ser amado, sentirse valioso, competente, seguro, no pasar inadvertido y estar en paz. Ahora bien, todos eligen un camino destructivo al tratar de una manera poco efectiva y equivocada de satisfacer el deseo básico.

Cada número se organiza según una forma fundamental de defensa, tiene una pasión dominante y una estrategia para tratar de conseguir cuanto necesita, pero en la búsqueda no se obtienen los resultados que se desean porque se trata de un autoengaño, una ilusión, un bucle que sólo lleva a perpetuar la personalidad condicionada con el consiguiente sufrimiento. Se busca la llave que abre la puerta del corazón donde no está, en el lugar equivocado.

Cada número, tipo de ego o personalidad es una manera de estar en el mundo que explica por qué ante la misma experiencia o circunstancia las personas percibimos, sentimos y actuamos de forma diferente. Es más, la atención de cada eneatipo se enfoca hacia determinados aspectos con el consiguiente olvido de otros.

Evidentemente, todos tenemos rasgos o reacciones de ira, orgullo y envidia, momentos de duda y pereza, sin embargo el eneatipo constituye nuestra manera preferencial de posicionarnos, el color del cristal a través del cual vemos el escenario de la vida. En realidad, mientras no lleguemos a trascenderlos, somos «adictos» a determinados estados emocionales. Nos dominan y mueven como a actores que representan un papel, con un guión teñido del color de la emoción que nos tiene subyugados.

El eneatipo es el mismo durante toda la vida. Ninguno es mejor o peor, todos poseen sus aspectos fuertes y débiles, ventajas y desventajas, capacidades y limitaciones. Se trata de reconocer con honestidad (y no siempre es fácil) en cuál de ellos nos situamos de forma predominante, la esclavitud a la que estamos sometidos a pesar del malestar o dolor que nos pueda suponer.

Adictos a emociones

A cada eneatipo lo mueve una pasión dominante, en cierta manera es «adicto» a determinadas emociones, aunque también existe un «antídoto» o virtud correspondiente, que constituye el camino hacia la liberación del patrón condicionante. De ahí la necesidad de conocer el tipo de personalidad, porque muestra también la salida de la cárcel egoica que nos hemos construido para sobrevivir.

El valor del eneagrama radica en que es una herramienta muy eficaz para el crecimiento personal. Su función es la de ayudarnos en los procesos de transformación interna hacia un camino espiritual, siendo útil para iluminar zonas oscuras de la personalidad. Es un instrumento que favorece el despertar pues fortalece la observación interna y la toma de conciencia de ciertos automatismos incrustados. Mediante la observación de la personalidad en acción va ampliándose la percepción de uno mismo, para ir poco a poco soltando actitudes y mecanismos de defensa y experimentar los atributos de nuestra esencia.

En efecto, la desidentificación con el patrón personal posibilita la emergencia de las cualidades del alma. El hecho de reconocer el eneatipo constituye con frecuencia un punto de inflexión fundamental en el proceso terapéutico a través del cual se da un salto liberador hacia la integración y autorrealización, una transición a una etapa más espiritual, menos condicionada por mecanismos inconscientes.

Como siempre que se utiliza un sistema de clasificación, ha de hacerse buen uso de él en el sentido de no encasillar a los demás o creer que sabemos más del otro que él mismo, así como no utilizarlo para justificar nuestro comportamiento. El eneagrama no es un juego, sino de un instrumento de autoconocimiento y autoobservación que posibilita descubrir el tipo al que pertenecemos, nuestra compulsión o pasión, y aprender a trabajar sobre ella a fin de lograr mayor apertura y libertad, y ser más permeables a nuestra esencia.

La fundación Claudio Naranjo facilita desde hace más de dos décadas una formación sobre el eneagrama que consta de un taller introductorio y cuatro talleres denominados SAT (seekers after truth, buscadores de la verdad), que son un trabajo terapéutico muy completo, profundo y recomendable.

   

2 comentarios

  1. E dice:

    Falta mencionar a Oscar Ichazo y la Escuela Arica, creo que de ahí parte todo señor naranjo…

    1. Eduarcoatl dice:

      Totalmente de acuerdo, que felices seriamos sin religiones.
      Finalmente pienso que la búsqueda debe ser dentro de nosotros basado en nuestras creencias y valores…practico lo que me da paz y los que me llena…eso es todo!!!
      Gracias.


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Un viaje hacía el corazón
Ascensión Belart, Psicóloga terapeuta




Nací en Madrid y vine a Mallorca hace más de 25 años en busca del mar. Aquí nacieron mis dos hijos. El sentido de mi vida ha sido conocerme a mi misma. Ahora sé que conocerse es ir más allá del ego o personalidad, es tomar conciencia de nuestra naturaleza original, el sol irradiante de nuestro corazón. Mi perspectiva de la psicología ha ido evolucionando y como la tierra está formada por diferentes estratos: psicología humanista, sistémica, gestalt, fenomenológico-existencial, el eneagrama y la psicología transpersonal. Soy practicante de Budismo zen desde 2000.


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