22

abril

2011

El lago azul y el despertar sexual

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Supongo que todo el mundo tiene un despertar sexual. Ese día que en que el dique hormonal estalla y ya no hay vuelta atrás. Naces a la sexualidad. Está claro que no es un camino fácil y no sabes muy bien cómo transitarlo. Lo que es un hecho es que tiene un principio más o menos nítido. En mi caso tiene que ver con la película El lago azul.
Calculo que la debí ver en el año 1987. Porque me suena que estaba en 5º de E.G.B., por algunos cabos que he atado.
Es una película que ha hecho mucho daño a los adolescentes. Más que nada porque el mundo no está preparado para recibirte tras verla.
Lo de Brooke Shields no tiene nombre. Qué preciosidad.
Con el riesgo de ponerme cursi, siento que la inocencia y erotismo que transmite es fabuloso. Y te lleva a recordar el primer amor. Incluso te ayuda a decorarlo y a maquillar las partes menos románticas. Y si no lo has vivido aún, te invita a imaginarlo. Al mismo tiempo te lleva a evadirte en mundos que no te corresponden porque contiene sobredosis de estereotipos en el cine, esos que hacen que la realidad a veces parezca poco agradable y la perfección inalcanzable. Pero… verla a según que edades es un experiencia que marca.
Al impacto recibido por la película se le sumó que esa verano fui a Es Trenc con mi familia. Mis primos y yo nos fuimos a dar un paseo y llegamos a la parte nudista de la playa. Aquello acabó de empujarme a la adolescencia con todas sus consecuencias.
Al poco tiempo dejé de jugar al fútbol en el recreo de colegio.


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