El placer de hacer pan
Una manera de devolverle el valor al tiempo
Por Melanie LeBlancEste alimento, tan básico en nuestra dieta, tan presente en todos los hogares… se merece volver al lugar que le corresponde. Para ello hay dos opciones, apoyar a los panaderos que lo hacen bien comprando pan de calidad, local y artesanal, o darnos el placer de hacer nuestro propio pan, una experiencia más satisfactoria de lo que puede parecer a primera vista.
La buena noticia es que cualquiera que sepa freír un huevo, es capaz de hacer pan. La mala es que nadie parece tener tiempo para hacerlo.
Escenario 1: Coges a los a los niños, los metes en el coche, conduces y gastas gasolina hasta el supermercado, eliges entre el pan Bimbo (con su amplio surtido de ingredientes que empiezan por E-) y las barras doradas que acaban de descongelar hace media hora, haces cola, pagas, pones el pan en una bolsa de plástico, vuelves al coche, conduces…
Escenario 2: Llega el domingo por la mañana, pones una música que te gusta y mientras se está haciendo el café, la masa recién elaborada de tu pan está creciendo debajo de un paño húmedo. Acabas tu café y ya está lista la masa para que la puedas amasar con tus manos, sentir su calor, su textura. Los niños se lo pasan pipa haciendo bolas acaban con la nariz empolvada de harina. Diez minutos y listo, la masa vuelve a subir y al horno. Poco a poco se va notando el olor inimitable del pan hecho en casa, este olor que a tus hijos se les quedará grabado en la memoria y les recordará durante toda su vida estos momentos familiares.
Si haces pan con tus hijos les regalarás algo más que un rato divertido.
Si todavía necesitas más argumentos para convencerte, podemos analizar el aspecto más simbólico del acto. Hacer pan es un acto de meditación. A través de esta acción tan simple conseguimos decelerar, estar atentos al momento presente y reconectar con la tradición. Es algo para compartir y celebrar.
Con las manos en la masa.
Necesitarás:
- Harina de trigo ecológica.
- 1 litro de agua.
- 1 cucharada de sal marina (al gusto).
- Levadura de panadería (3 cucharadas soperas si es fresca o 1 cucharada si es seca).
- Opcional: un toque de azúcar o miel.
- Aceite de oliva.
- Un recipiente grande, que no sea de plástico.
- Una cuchara de madera.
- Moldes o una bandeja para el horno.
Para empezar, hay un truco: puedes untar el recipiente y la cuchara (también tus manos) con un poco de aceite, para facilitar la limpieza.
- Calienta un litro de agua. Tiene que estar calentita pero sin que queme al contacto. Vierte el agua en el recipiente grande y añade la levadura. Deja que repose unos 5 minutos para que la levadura se active. Después, añade la sal y harina hasta conseguir una masa pegajosa con textura cremosa (como puré de patatas), que vas mezclando con la cuchara de madera hasta que sea homogénea. Cubre la masa con un paño húmedo y déjala en un lugar cálido de la cocina o al sol, (o cerca de la estufa en invierno), unos 45 minutos hasta que la masa haya doblado su volumen.
- Ahora toca amasar. Es necesario añadir más harina, hasta que la masa no sea tan pegajosa y se pueda manejar con las manos. También es el momento para incorporar más ingredientes si lo deseas (especias, frutos secos, tomates secos, etc.) Entonces se coloca sobre la encimera cubierta de una capa de harina y se amasa unos 10 minutos. (¡Este es el momento meditativo!). Hay que amasar con intención y cierto ritmo. Cuando vuelve a ser un poco pegajosa, se hecha más harina encima de la masa y se sigue amasando.
- Cuando la masa esté bien amasada, se notará una textura más compacta, sin burbujas de aire. Entonces hay que dividir la masa en dos y untar con un poco de aceite. Colocar en 2 moldes o en la bandeja, dándole la forma deseada. Colocar otra vez en un sitio cálido. Dejar que suba unos 20 minutos, otra vez incrementará bastante su volumen. ¡Y al horno! Dependiendo del tipo de horno, tarda entre 45-60 minutos. Se puede comprobar la cocción terminada por el color dorado y también si dando unos golpecitos al pan: Cuando está hecho suena hueco.
Con esta receta se hacen dos panes. Dependiendo de las necesidades de cada hogar, se puede aprovechar para tener pan durante toda la semana, o se puede hacer un regalo a un amigo con el pan que sobra.
En total, el pan tarda en hacerse un par de horas, pero el tiempo real de elaboración es de unos 30-40 minutos, incluido el tiempo de recoger y limpiar.
Un comentario para “El placer de hacer pan”
Dejar un comentario
Solo se publicarán mensajes que:- sean respetuosos y no sean ofensivos.
- no sean spam.
- no sean off topics
- siguiendo las reglas de netiqueta, los comentarios enviados con mayúsculas se convertirán a minúsculas.















Me ha encantado tu receta de hacer el pan y la manera de exponerla… Me ha recorda-
do lo bien que nos lo hemos pasado con nuestros hijos en la cocina cuando eran peque
ños. Ahora de mayores siguen haciendo sus cocas, sus guisados, sus postres y siguen pasandoselo pipa, ahora ya con sus hijas.
La cocina me recuerda un poco a veces un laboratorio de Alquimia, donde subjeto y
objeto se funden en el acto mismo.