Si cerráis la puerta a todos los errores, también la verdad se quedará fuera. — Rabindranath Tagore

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El primer paso para un cambio de modelo energético

Las grandes eléctricas obstaculizan la eficiencia y la sostenibilidad

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El influyente economista y sociólogo Jeremy Rifkin afirma que “nos encontramos en la tercera revolución industrial de la energía y la comunicación. Durante el siglo XXI, cientos de millones de personas transformarán sus edificios en centrales productoras de energía que producirán in situ fuentes renovables, almacenándolas e intercambiándolas a través de redes locales, regionales, nacionales y continentales de funcionamiento similar al de Internet.” Este interesante planteamiento, muy necesario en el escenario energético en el que nos movemos, choca directamente con el sistema de red centralizada del que disponemos en este momento.

En nuestro país, un “monopolio natural” llamado Red Eléctrica Española es el transportista único y gestor de la red. Esta red se encarga de distribuir la energía que generan unas pocas empresas: Endesa, Iberdrola, Gas Natural Fenosa y HC… cuyo negocio no deja de crecer incluso en tiempos de crisis (obtuvieron un beneficio de 8.283 millones de euros en 2010). En este escenario, las aportaciones de pequeños operadores no son bienvenidas. Por si fuera poco, el nivel de eficiencia de las centrales que ofrece este esquema es muy bajo y no alcanza el 20%. Es decir, que de la energía que puede aportar una fuente como el carbón, gas o petróleo se pierde el 80% del potencial. Pese a ello, este oligopolio impide el cambio de modelo y frena el desarrollo hacia fórmulas más avanzadas y ecológicas.

Para llegar al escenario, hoy utópico, de red distributiva que nos propone Rifkin, es necesario un paso previo: la red descentralizada. Es decir, en lugar de pocas megacentrales ineficientes, sucias y peligrosas, características de la red centralizada que padecemos, tendríamos un modelo intermedio, menos piramidal, que ofrece un modelo de más centrales locales, pequeñas, eficientes y limpias, con mucho menos impacto ambiental ya que se pueden integrar en el paisaje, y mayor eficiencia, alcanzando el 80% ya que hasta el calor que se produce en la generación se reutiliza.

En un momento en que el ahorro de energía es una prioridad, el modelo de pequeñas centrales distribuidas garantiza la optimización y reduce los riesgos, ya que este modelo es más resiliente y encaja mucho mejor los impactos.

El debate del cambio de modelo energético tiene un obstáculo que beneficia a las grandes compañías eléctricas en detrimento de los ciudadanos: el cortoplacismo de nuestro partidos políticos. El hecho de que nuestros políticos tomen decisiones a 2 ó 3 años es incompatible con la perspectiva que necesita un nuevo modelo energético acorde con el siglo XXI. La política energética y su consiguiente modelo necesitan una visión a 20 años como mínimo.

Libro “La civilización empática: la carrera hacia una conciencia global en un mundo en crisis”. Jeremy Rifkin. (Ed. Paidós)


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Un comentario para “El primer paso para un cambio de modelo energético”

  1. goto dice:

    lo quiero! y lo quiero para ayer!
    espero que iniciativas, como ésta de Rifkin, sean llevadas a cabo cuanto antes por personas “eficientes y limpias”.
    Caminando hacia el futuro.
    Salud!

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