28

marzo

2011

El tío Chema

Por

Hoy me gustaría hablaros de mi tío abuelo, un hombre sabio y valiente a quien lamentablemente la historia no ha hecho justicia. Su nombre era José Manuel Ventura, pero en la familia todos le conocíamos como el tío Chema.

La suya fue una época de liberación, aquella en la que el mundo occidental corría de un lado hacia otro en busca de la libertad, el progreso y la prosperidad, tras dos guerras y sorteando situaciones sociopolíticas sumamente heterogéneas y conflictivas. Nadie conocía el camino correcto, ni siquiera los líderes, por lo que la gente improvisaba buscando caminos para alcanzar cierta estabilidad y confort, en todos los aspectos de la vida.

En cambio el tío Chema centró sus esfuerzos en recorrer otro tipo de caminos, de modo que sustituyó la búsqueda del amor terrenal por la pasión por el conocimiento, el progreso económico por el científico, el desarrollo de las ideas políticas y sociales por la investigación y divulgación de los sistemas y procesos biológicos, y la satisfacción de alcanzar cierto estatus económico y social por el secreto placer del deber cumplido.

Ya desde niño el tío Chema fue un visionario. Era un buen estudiante, inteligente y aplicado, que muy pronto tuvo muy claro adónde quería llegar. Dirigió su formación académica por la senda de las ciencias naturales: geología, biología, botánica… pero aún conservando la autoexigencia por una valiosa educación multidisciplinar, lo que a él siempre le apasionó realmente fue la zoología. Y es en este campo donde encontramos sus auténticas, y nunca bien conocidas ni comprendidas, aportaciones a la ciencia moderna.

Recuerdo cuando, siendo aún niños, nos reunía a todos los primos entorno a su vieja butaca y nos deleitaba con sus mil historietas y descubrimientos, mientras jugueteaba con su pipa. Competíamos por el privilegio de sentarnos en su regazo, al tiempo que nos relataba sus múltiples viajes hasta los límites de la realidad cotidiana, en los que se adentraba peligrosamente en la confusa Zona Gris, una jungla que por aquel entonces él ya conocía.

Qué fácil era imaginar al tío Chema Ventura con su inseparable amigo Alex Plorador (íntimos desde que coincidieron en la universidad) y su fiel sirviente checoslovaco Petar Deitor. A menudo les acompañaban la eminente botánica Elsa Lacot y su esposo, el prestigioso vulcanólogo Serafín Trépido. Pagaría una fortuna por encontrar el diario de sus expediciones… pero por desgracia solo conservo algunos apuntes manuscritos con la descripción de unos pocos ejemplares de la fauna que descubrieron.

Los científicos ortodoxos difícilmente van a reconocer jamás ninguno de los hallazgos del tío Chema y su equipo, pues muy pocos tienen el valor de permanecer en la Zona Gris el tiempo suficiente para comprobarlos con el debido rigor. Ello sumado a cierta dosis de celos y un mal entendido y orgulloso corporativismo, han generado una evidente tendencia a arrinconarle, e incluso a acallar su mera existencia. En consecuencia, José Manuel Ventura es uno de los grandes olvidados de nuestro tiempo, y el trabajo de toda una vida dedicada a una generosa labor de investigación ha sido denostado de forma premeditada y terriblemente injusta.

No obstante, en un acto de rebeldía y como clamoroso homenaje para honrar su esfuerzo y su memoria, he decidido hacer públicos en ulteriores posts algunos de sus descubrimientos, que la historia juzgará y situará en el pedestal de transcendencia que merecen: la fauna de la Zona Gris.

Va por ti, Tío Chema!


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La zona gris


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