12

agosto

2011

El verano que fui oso panda.

Por

Mi primera incursión en el mundo laboral fue de oso panda. Debía ser el año 1992, más o menos. Durante ese verano trabajé en Marinelad de mascota fotográfica. Pese a que la oferta de trabajo decía “ayudante de fotógrafo”, mis tareas y responsabilidades consistían en salir al paso de los visitantes que entraban en el parque para que un fotógrafo procediera a hacer una fotografía de la entrañable escena con el oso panda. La obras, posteriormente se imprimían y vendían (pocas de ellas, la verdad) a la salida.

Durante algunas horas del día habitaba el interior de un disfraz enorme y caluroso. Era como el traje de un astronauta, blanco y negro, con orejas y ocico. El artilugio disponía de una escafandra con forma de cabeza que me podía quitar para oxigenar el cerebro entre turista y turista. Daba igual mi estado de ánimo, el panda siempre sonreía.
A media mañana cuando la turba de familias ya había posado junto a mi, me refugiaba en una sombra cercana a la entrada. Allí me relacionaba con Momo, una cacatúa blanca de unos 4o años con un amplio vocabularío. Allí, el ave y el oso panda sin escafandra iniciarion una amistad interespecie. Ambos en cautividad, fuera de su hábitat. El panda le enseñó algunas palabras nuevas mientras la cacatúa comía pipas.
Una mañana me encontraba charlando con la cactaúa cuando el fotógrafo interrumpió nuestra conversación. Me indicó que había llegado una familia. Me puse el casco y salí raudo a posar con ellos. Aceleré el paso para que no se escaparan de la zona de fotografía. La familia estaba formada por una mujer que llevaba a una niña de unos tres años en brazos y un padre que cogía de la mano a una niña algo mayor. Conseguí salirles al paso y ponerme junto a ellos con mi mejor sonrisa de panda. Pero la niña pequeña se llevó un susto de muerte y comenzó a gritar y chillar como una posesa. Yo intenté calmarla torpemente con mi mirada tristona de panda, pero no lo conseguí. Ante la escena la madre empezó a golpearme. La niña gritaba, la madre pegaba al panda.
Aquel verano en el que fui oso panda pasé mucho calor. No entendí nada. Y Momo incorporó la palabra “patético” a su vocabulario.


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3 comentarios para “El verano que fui oso panda.”

  1. francisca dice:

    disfruté leer tu experiencia de panda. la cuentas de una manera graciosa.

  2. Excelente fue muy interesante y entretenedor que buena historia :) y nos sirve para poder inmaginar.

    Excelente te felicito

    Cindy Suarez

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