Embarazo y parto natural

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29 marzo, 2014

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El mismo día que comencé mis estudios de medicina, allá por 1949, entré en la unidad de cirugía del Hospital Cochin de París, donde pasé seis meses. Durante ese tiempo, nunca vi a ningún paciente con el brazo conectado a una botella de plástico. Más tarde, en el invierno de 1953 – 1954, durante mi estancia como rotatorio en la unidad de maternidad del Hospital Boucicaut, tampoco vi nunca a una mujer de parto recibiendo tratamiento intravenoso: ni la oxitocina sintética existía ni el nacimiento se había medicalizado. La historia de la medicina en los últimos cincuenta años se encuentra profundamente asociada a la historia de la utilización de material plástico.

 

La revolución del plástico ha tenido importantes consecuencias en las unidades hospitalarias de maternidad: es el prerrequisito de la actual medicalización del nacimiento. Hoy día, lo habitual es ver a una mujer de parto con el brazo conectado a una vía intravenosa con una bolsa de plástico y un catéter al espacio epidural de su espalda. La gente de mi generación somos conscientes de que nos encontramos ante una nueva situación. Y cuando nos encontramos ante una situación sin precedentes, la prioridad es cuestionarse nuevas preguntas.

 

¿La oxitocina sintética es natural?

 

Cuando una mujer de parto es conectada al gotero de oxitocina sintética, se siente confundida y ansiosa. La matrona le dirá que la oxitocina no es una droga, que es “natural”; quizás por este motivo, por la creencia de que la oxitocina sintética es “natural”, es por lo que hay tantas preguntas sin contestar a lo largo de los cinco continentes acerca de la medicalización del nacimiento. Recordemos que la oxitocina es la principal hormona del parto por diversas razones:

  • Provoca contracciones efectivas del útero, necesarias para el progreso del parto y el nacimiento del bebé.
  • Provoca las contracciones necesarias para el alumbramiento de la placenta.
  • Provoca el reflejo de eyección de la leche materna.

 

Actualmente, la inmensa mayoría de las mujeres da a luz vaginalmente con oxitocina sintética, y algunas, además, con forceps o ventosa, y también la inmensa mayoría de las que tienen una cesárea han recibido oxitocina antes y durante varias horas después de la intervención, según los protocolos hospitalarios, para facilitar la retracción uterina. También cada vez se inducen más y más partos con oxitocina sintética.

 

Debemos profundizar en la capacidad fisiológica de dar a luz de las mujeres, así como en la capacidad fisiológica de nacer del bebé. Se trata de un asunto de vital importancia para el futuro de la civilización, pues la oxitocina es la hormona por excelencia relacionada con la sociabilidad y la capacidad de amar, tanto de amarse a uno mismo, como al otro y, en última instancia, a la Madre Tierra.

 

La industrialización del nacimiento

 

¿Por qué la mujer moderna necesita un sustituto sintético de la hormona que segrega naturalmente desde la glándula pituitaria posterior? ¿Será porque su sistema oxitócico está alterado?

 

¿Se ha ido deprimiendo la capacidad para segregar oxitocina endógena de generación en generación, quizás por ciertos hábitos de la vida moderna, especialmente por la medicalización del nacimiento?

 

¿Nos encontramos ante un condicionamiento cultural provocado por la industrialización del nacimiento?

 

Ahora sabemos que la oxitocina sintética sí atraviesa la barrera placentaria y llega al cerebro del bebé a través de la vena umbilical. Podemos decir que, casi de manera global y rutinaria, y sin tener en cuenta las consecuencias a largo plazo, estamos interfiriendo en el desarrollo del sistema oxitócico del ser humano. Planteémonos ahora otras preguntas al respecto:

 

  • ¿Está asociado el incremento de ciertas alteraciones del sistema oxitócico —como el autismo, la anorexia nerviosa, la criminalidad juvenil, el suicidio y la adicción a las drogas— con el gotero intravenoso durante el parto?
  • ¿Cuál será el impacto de la evolución en nuestra civilización?
  • ¿Puede el uso rutinario de oxitocina sintética provocar una revolución cultural sin precedentes?

 

En general, hasta ahora nos hemos centrado en perspectivas de investigación a corto plazo, en un sistema de pensamiento a corto plazo que nos impide hablar en términos de civilización. Pero en el contexto científico actual, esto ya no vale; cada vez somos más los que conocemos el concepto de “período crítico de desarrollo humano”. Todas las disciplinas científicas —que cada vez son más— preocupadas por la “cientificación del amor” están empezando a entender que la capacidad de amar —a uno mismo y a los demás— se desarrolla a partir de las experiencias tempranas de la vida, y, especialmente, del período perinatal. En otras palabras, todos los que estamos implicados en el nacimiento estamos “obligados” a ampliar horizontes, a pensar a largo plazo, en términos de civilización. Disponemos de razones teóricas de peso que sugieren que tanto nuestra salud como nuestros rasgos de personalidad toman forma durante el “período primal”, etapa que incluye la vida fetal, el proceso del nacimiento y el primer año de vida.

 

¿Cuál es el futuro de una civilización nacida por cesárea, con anestesia epidural y/o con oxitocina sintética? ¿Cuál es el futuro de una civilización con un sistema oxitócico cada vez más debilitado generación tras generación por la oxitocina sintética?

 

El futuro de la hormona del amor

 

La oxitocina, hormona tímida, hormona del amor, no sólo está presente durante el nacimiento, la expulsión de la placenta y el amamantamiento. La oxitocina es la principal hormona del cóctel de hormonas que se segregan durante cualquier episodio de la vida sexual y reproductiva del ser humano.

 

La oxitocina es esa hormona que también segregamos en la intimidad, durante una cena romántica, en una conversación íntima y profunda, cuando miramos a los ojos a nuestros bebés y nuestros enamorados… cuando contemplamos un atardecer, al observar y oler una flor, al escuchar una música que nos fascina, al leer poesía…

 

¿Cuál es el futuro de las hormonas del amor? ¿Cuál es el futuro de la humanidad?

 

A pesar de las actuales dificultades, tenemos razones para ser optimistas: si durante el s. XX hemos sido capaces de redescubrir las necesidades básicas del bebé recién nacido —estar con su madre—, no tendría que parecer una utopía redescubrir, durante el s. XXI, las necesidades básicas de la mujer de parto.

 

El principal objetivo de las generaciones del s. XXI debería ser aprender a crear la situación adecuada para que la mayoría de las mujeres de este planeta pueda dar a luz a sus bebés y expulsar la placenta gracias a la segregación de un cóctel de hormonas del amor.

 

 



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