Estimulando el cerebro

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23 mayo, 2011

Un niño nace. Es un milagro. Las primeras semanas el pequeño duerme mucho, se alimenta, a veces llora. Sus brazos y piernas se mueven, y su cuerpo se retuerce – todos movimientos involuntarios. Pronto su familia se da cuenta que hace cosas que era incapaz de hacer antes. Sostiene su cabeza erecta. Estira su brazo para tocar la cara de su madre. Se aferra a los dedos de su padre. Cuando han pasado dos años, esta pequeña persona puede caminar, hablar, incluso discutir, y continúa creciendo, aprendiendo y cambiando a un ritmo increíble.

Algunas veces este proceso espontáneo no sigue un curso normal. Parálisis cerebral, lesiones neurológicas, autismo, desórdenes de integración sensorial y una cantidad inmensa de causas pueden interferir en la habilidad del niño para crecer, aprender y actuar como los demás. Los padres de estos niños se enfrentan al reto de cómo ayudar mejor a su hijo.

Muchas modalidades tradicionales – terapia física, terapia ocupacional e intervención médica – abordan frontalmente las limitaciones del niño y tratan de lograr que haga lo que debería estar haciendo de acuerdo a su edad y etapa de desarrollo. Cuando un niño con parálisis cerebral no se puede sentar, probablemente será colocado de forma repetida en una posición sentado con la esperanza de que se fortalezca lo suficiente y desarrolle la coordinación muscular necesaria para hacerlo por sí mismo. Un niño de 10 años que no puede leer recibe horas extra de tutoría. El brazo de una niña con lesión en el plexo braquial es movilizado en un esfuerzo para aumentar su rango de movimiento.

Con el Método de Anat Baniel (ABM), el acceso tiene un enfoque muy distinto. El foco se desplaza hacia donde residen las soluciones más poderosas: el cerebro. Basado en el trabajo de Moshe Feldenkrais, trabaja comunicándose con el cerebro, facilitando la formación de nuevas conexiones y patrones, con independencia de la causa de las limitaciones del niño.

El niño con parálisis cerebral que no puede llegar con su mano a coger una botella tiene los mismos músculos, articulaciones y huesos que el niño que puede hacerlo. La diferencia estriba en lo que llamamos el “proceso de diferenciación en el cerebro”. En un organismo en desarrollo, diferenciación implica el proceso por el cual las células y tejidos desarrollan un funcionamiento crecientemente especializado y un aumento en la complejidad funcional y estructural.

Al principio, las percepciones y movimientos del bebé son mayormente indiferenciados. El cerebro envía mensajes de contracción de una manera indiscriminada a los músculos. Es el todo o nada. Existe muy poco control. A medida que el cerebro del niño comienza a percibir diferencias en las sensaciones provenientes de su propio cuerpo, de sus movimientos y de su entorno, su cerebro comienza el proceso de diferenciación. Crecen nuevas conexiones entre células nerviosas, desarrolla la habilidad para excitar a grupos musculares más finos y pequeños, más que muchos músculos a la vez, y crea configuraciones de una complejidad creciente. Alargar la mano con el brazo y coger y sostener la botella es un proceso complejo y refinado que conlleva relaciones complejas entre los músculos del brazo, hombro, cuello y la coordinación para activar estas distintas partes. Debido a que la mayoría de personas puede hacer este movimiento fácilmente, existe una falta de apreciación del proceso necesario para llegar ahí.

Los requerimientos esenciales

He identificado nueve requisitos que el cerebro necesita para poder transformar con éxito los estímulos en información y poder así diferenciar y crecer. Yo llamo a estos requisitos “Los Nueve Esenciales”. Los dos aspectos esenciales que examinaremos aquí serán variación y sutileza.

Variación: La variación crea oportunidades para que el niño perciba diferencias,, suministrando información nueva que el cerebro necesita para diferenciar y crear más patrones exitosos que los que ya conoce hasta ese momento. A mayor número de variaciones que el niño experimente, mejor y más rápido su cerebro va a diferenciar y formar nuevas soluciones. El niño aprende a aprender. Sin variaciones, privamos al cerebro de la información que desea. Si el niño es incapaz de hacer lo que el practicante intenta hacer que haga, entonces es necesario introducir algo nuevo. Si el niño ya puede hacer lo que le estás sugiriendo, es entonces el momento de hacer avanzar al niño a su próximo nivel de funcionamiento.

Sutileza: Al trabajar con un niño, es de absoluta importancia evitar el uso de excesiva fuerza como un medio para tratar de lograr que el niño realice una acción determinada. Elegir el uso de la suavidad significa que reemplazamos el uso de la fuerza, el empujar y el intento esforzado por una mayor habilidad, distinciones más finas y cambios ejecutados con suavidad. La sutileza es importante porque proporciona oportunidades al cerebro del niño para percibir distinciones sutiles a nivel emocional, intelectual y de movimiento. La habilidad para percibir diferencias sutiles es el fundamento de la inteligencia.

Los seres humanos estamos estructurados de tal forma que, a menor intensidad del estímulo, mayor es nuestra capacidad para percibir diferencias sutiles. De igual modo, cuanto mayor sea la intensidad del estímulo, menos capaces seremos de percibir ninguna diferencia. Cuando nuestros cuerpos realizan un gran esfuerzo, somos incapaces de sentir cambios y diferencias sutiles, y con ello el estímulo no llega a tener un valor de información para el cerebro. Los recién nacidos sanos y niños jóvenes tocan delicadamente. Se mueven gastando pequeñas cantidades de energía. Perciben y sienten vívidamente, lo que les permite aprender más que en cualquier otro momento de sus vidas.

   

1 comentario

  1. lorena dice:

    hola, queria interiorizarme acerca de este metodo que utiliza Ana. Tengo un niño con paralisis cerebral y prefiero optar por medicina alternativa ya que la kinesiologia tradicional ha ayudado, pero de modo muy escaso. gracias¡¡


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