Winona LaDuke creció en Los Ángeles, California. Su madre fue una artista judía y su padre un actor y activista nativo americano, que fue quien le pasó el testigo de la defensa de los derechos de su pueblo. Es experta en desarrollo económico
y dirige un proyecto de recuperación de las tierras y la cultura de su pueblo, los Anishinaabeg. En 1994, la revista Time nombró a LaDuke como una de los 50 líderes más prometedores del país. Hoy es reconocida a nivel internacional como la voz de los indios americanos y las injusticias económicas y ambientales que padecen en EE.UU. Fue candidata a Vicepresidenta de EE.UU. del Partido Verde Norteamericano en 1996 y 2000 junto a Ralph Nader.
¿La globalización económica es una continuación del colonialismo por parte de las multinacionales?
La esencia del problema es el consumismo. El nivel de consumo de la sociedad actual requiere una intervención constante en las tierras de otras personas. Compañías europeas, chinas, francesas, españolas… están saqueando las tierras indígenas a ritmos muy acelerados. Luchamos contra ello, pero los orígenes históricos del colonialismo no desa-parecen tan fácilmente, existe una dinámica de poder. Hay diferentes herramientas, como la Declaración de los Derechos de los Pueblos Indígenas de la ONU o la Declaración de la Organización Internacional del Trabajo, que deben ser impulsadas por la gente de los países colonizadores además de por los pueblos indígenas. Si no hay alianzas, y sólo se desea obtener el conocimiento de los pueblos indígenas sin mejorar nuestra situación, no se están cambiando las cosas. Se necesitan alianzas y solidaridad que sean reales, no sólo intelectuales o espirituales. Tiene que ser un cambio real, no sólo de palabra.
La película Avatar ha puesto de manifiesto para el público global el choque del paradigma globalizador y el de los pueblos indígenas. ¿Cómo recibísteis la película en tu comunidad?
Yo fui con mi hijo y unos cuantos niños nativos. Al final los niños decían: “¡Ganamos, ganamos nosotros!” Y eso, desde mi punto de vista, tuvo mucho valor. Refleja el mercado de las materias primas del mundo, la guerra por obtenerlos y la devastación de pueblos y lugares. Todo por codicia. La película fue muy emocionante y políticamente muy simbólica.
Escuché a James Cameron, el director, en una conferencia de la ONU sobre los derechos de los pueblos indígenas. Dijo que la gente sufre una sensación de falta de poder y de desesperanza. Y lo que él quería hacer con la película era mostrar esperanza y capacidad, fuerza y determinación. Creo que eso es muy necesario y liberador, pensar que puedes vencer a los malos, aunque sean muy poderosos. Muchos sintieron que la película llenaba algo en su interior. ¿Te acuerdas cuando los militares le prometen al protagonista devolverle sus piernas? Y él dice que ya tiene piernas. Ese fue un gran momento: la tecnología podía salvarle, pero su espiritualidad ya lo había hecho.
Tú te has enfrentado a los tipos de la corporaciones. ¿Cómo es esa lucha en la vida real?
Sus ideas requieren mucho dinero, en una economía capitalista en colapso, y son realmente insostenibles. Quieren gastarse 100 mil millones de dólares en extraer petróleo de las arenas bituminosas: pues buena suerte, porque vamos a seguir luchando para que les cueste 500 mil millones y ya no les sea rentable. En mis 30 años de experiencia luchando contra estos tipos, veo que cuanto más peleas, más caro les cuesta, y van perdiendo inversores. Hemos visto ejemplos de ello y veremos más.
¿Sabes si la información sobre el pico del petróleo es cierta? Es difícil para los ciudadanos saber cuánto petróleo queda.
Lo cierto es que el petróleo que queda es cada vez más difícil y caro de extraer: está a 6 kilómetros de profundidad en el Golfo de México, o en los polos. Es un petróleo que debería quedarse donde está, porque el riesgo ecológico es demasiado alto y es muy costoso extraerlo. Hay un caso muy sangrante, que es el petróleo de las arenas bituminosas. El sistema de extracción implicado es devastador. Arrasan con todo. Además, se utiliza gas natural, un combustible relativamente limpio, para extraer combustible sucio. Hay arenas bituminosas en Canadá, Madagascar, Nigeria, Venezuela, y su extracción sería dramática para el medio ambiente. Aunque perfeccionen el sistema de extracción, lo único que conseguirán es alargar un sistema energético tremendamente ineficiente y obsoleto.
La realidad es que los EEUU, tu país, es la mayor economía basada en el petróleo del mundo.
Ya tenemos una guerra por petróleo demasiado costosa, no pueden permitirse otra. Los EEUU, que es donde yo trabajo, no son capaces de pensar en un plan B, porque están totalmente enganchados al petróleo. Y en realidad el plan B es bastante evidente: una economía basada en el alimento local necesita mucho menos combustible – mucho menos transporte, menos pesticidas, menos explotación. Se trata de una fuente de alimentos baja en emisiones de carbono, que es lo que necesitamos. El uso irracional de los vehículos es otro ejemplo. Se requiere toda una serie de estrategias. No sé cómo serán de eficientes vuestro sistemas y vuestra economía, pero en EEUU las plantas eléctricas de carbón malgastan casi la mitad de la energía en llevarla desde el punto donde es producida hasta donde va a ser utilizada. Pero el sistema está montado de tal modo que, por mucho que se malgaste y por ineficiente que sea, las empresas siguen ganando dinero. Hay que descentralizar la economía energética, porque te permite ser responsable en última instancia del consumo energético. Nos hemos vuelto más irresponsables que nunca: consumimos y desperdiciamos, y esperamos que alguien, por ahí, produzca, sin preocuparnos por las consecuencias. Y sentimos que tenemos derecho a ello. Es un drama que otras personas tengan que soportar grandes presas, o perder sus tierras ancestrales, o ser bombardeados… para que tú puedas tener petróleo. Es un desastre.
¿En qué consiste para ti la transición?
Las profecías de mi pueblo hablan de que tenemos dos caminos ante nosotros: uno está chamuscado, transitado por mucha gente y muchos camiones. El otro es verde y poco transitado, así que requiere más esfuerzo e intención recorrerlo. A mí me interesa trabajar para esa transición hacia el camino verde. Al final se trata de ser mejores personas, de ser las personas que debemos llegar a ser, seres humanos completos que puedan mirar a los ojos a la gente sin sentir que les estamos robando. Personas honestas. No queremos ser personas que quieren que todo se lo hagan otros, porque ya no seríamos personas reales.
¿Cómo es el lugar donde vives, la reserva de tu pueblo?
Tiene 58 kilómetros cuadrados, muchos lagos y bosques, y está escasamente poblada. Pero perdimos el control de nuestro territorio. Nuestras costas, a lo largo de los lagos, están en manos de gente no indígena que tienen casas vacacionales
ahí y vienen dos semanas por año. Hay agricultores, pero son sobre todo no-indígenas y se han pasado a la agricultura industrial. Así que los últimos 20 años nos hemos estado dedicando a recuperar territorio, alimentos, energía y cultura.
Nuestras religiones y ceremonias propias fueron abolidas durante un tiempo. Cuando llegó la hora de recuperarlas, tuvimos que ir a los museos a recoger nuestros tambores ceremoniales y otros objetos que nos pertenecían. También teníamos que recuperar los alimentos ceremoniales, como el arroz silvestre, o el maíz. Luchamos contra la manipulación genética y empresas como Monsanto para preservarlos.
Estoy intentando que nuestros jóvenes quieran trabajar el campo y no abandonarlo, como está sucediendo en muchos lugares. Me pasa con mis propios hijos: entienden el alimento, forma parte de sus vidas, trabajan el huerto… pero no sé si están dispuestos a ser agricultores, y esto es un problema, porque tiene que haber gente dispuesta a ello para poder crear una economía del alimento local. Es un reto en el que estamos trabajando.
En Mallorca la economía se ha basado en un monocultivo turístico que depende del petróleo y es muy vulnerable. ¿Qué se puede hacer para regenerar la diversidad económica en una isla y no ser tan vulnerables?
Lo primero es dar marcha atrás y marcar límites. En las islas es importante reducir la dependencia de una sola actividad económica y del petróleo, y marcar límites para luego ir reduciendo. Poco a poco, pieza a pieza. Hay que tener claro hasta dónde llega el uso turístico del territorio. Es necesario cobrar más por ello, darle valor a lo que hay en lugar de expandirlo. Más calidad y menos cantidad.
También es importante cultivar alimento local. Con las innovaciones de la agricultura ecológica y la permacultura pueden cultivarse muchísimos productos en espacios muy reducidos. Y, sin duda, hay que hacer que la economía turística sea más verde. El pico del petróleo y el cambio climático son temas clave que afectarán pronto al turismo.
El liderazgo masculino nos ha llevado a donde estamos. ¿Cuáles son los valores del liderazgo femenino?
Creo que las mujeres se centran más en cómo van a salir adelante quienes tienen menos. La visión de la mujer sobre lo que realmente es necesario es diferente. No es “a ver lo que puedo conseguir para mí”. Si hay más gente, hay que repartir el pan mejor, en lugar de excluirles, o ir a buscar qué otras cosas tienes en la despensa. Puede parecer muy simplista, pero creo que es algo básico.
Las mujeres pueden realizar múltiples tareas más fácilmente. Estamos más acostumbradas: estamos cocinando, trabajando, vigilando a los niños y haciendo la colada. Todo a la vez. Mientras tu hombre a veces dice: “Tengo que concentrarme, no puedo estar aquí”.
A menudo las mujeres son más capaces de escuchar, observar y actuar… a muchos niveles a la vez, lo que creo que es una buena herramienta de liderazgo.
Estamos viviendo en un mundo muy materialista y nos hemos desconectado de la espiritualidad en general. ¿Cuál es tu camino para reconectarse con la espiritualidad en el siglo XXI?
Es la pregunta clave, ¿verdad? En América la gente consume para llenar un enorme vacío. En nuestra reserva, un tercio de la gente es cristiana, otro tercio son de creencias tradicionales, como yo, y otro tercio se auto-medican, ya sea con alcohol, drogas, yendo de compras o viendo la tele. Totalmente desconectados. Este grupo es el reto – se trata de un proceso de extraer a la gente de esa visión. A veces hace falta un cataclismo para que alguien abra su conciencia espiritual. Esperemos que no sea así, pero es cierto: mucha gente conecta con su espiritualidad cuando se encuentra cara a cara con su propia mortalidad, o la pérdida de algo muy importante. Es vital crear movimientos de conciencia.
Obama proyectó al mundo mucha esperanza. Ahora parece que no está a la altura de las expectativas. ¿Cómo viviste este proceso y cómo vives ahora la vuelta a la realidad?
Creo que está en una posición muy difícil. Yo apoyé a Obama y le sigo apoyando. El sistema está podrido, corrupto, lleno de avaricia. Y creo que él en su corazón tiene lo que hay que tener. Pero opino que entre las multinacionales y la guerra lo están machacando. Así que espero que tenga fuerza para seguir avanzando. La gente pensó que él los salvaría. Y nadie te va a salvar. La gente que quiere que él arregle las cosas ahora dicen: “mira, es un perdedor, no nos arregla los problemas”. Pero la gente tiene que tomar responsabilidad por sí misma.
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