Polvo de estrellas

 

© Aina Climent http://ainacliment.tumblr.com/

 

 

Recientemente he tenido una experiencia trascendental nueva, ha sido tocar con las manos las cenizas del cuerpo del que fué mi padre, que murió hace unos años. Hicimos un ritual familiar y fuimos a enterrarlas a un lugar en el que el pasó bastante tiempo, una tierra que trabajo, cultivó y embelleció sobremanera. Esto me ha hecho reflexionar sobre su vida en particular y sobre el sentido de la vida y la muerte. Mi padre tuvo una vida plena y se trascendió a sí mismo. Desde tener 8 hijos y una veintena de nietos a plantar árboles, aprender astronomía, hacer Estudios Bíblicos, enseñar la Biblia tanto a grupos en la Iglesia como en un voluntariado con reclusos en cárceles. Para mí, un buen ejemplo de un hombre autorrealizado y trascendido. Ahora bien, su vida no estuvo exenta de dolor, desilusiones y frustraciones.

La Vida viene de lejos, nos atraviesa y trasciende. En uno u otro momento, todos podemos hacer el ejercicio de honrar lo que de nuestro padre, y de nuestros antepasados a través de él, hemos recibido como legado. Reconocer, apreciar y valorar con gratitud lo que recibimos del padre, y obviamente en primer lugar la propia vida. Yo sé lo que de mi padre he recibido, lo que soy gracias a él. Reconozco esa parte de mi “masculina” que se orienta hacia un objetivo, se enfoca en un proyecto con energía y direccionalidad, en la búsqueda de una verdad, una misión o visión trascendente.

Me pregunto, ¿qué es una buena vida, una vida con sentido, que realmente merezca la pena?

El escritor y premio nobel Hermann Hesse en su novela Demian escribe:

La vida de un hombre es un camino hacia sí mismo, el intento de un camino, el esbozo de un sendero. Ningún hombre ha llegado a ser él mismo por completo; sin embargo, cada cual aspira a llegar, los unos a ciegas, los otros con más luz, cada cual como puede.

(…) Todos tenemos en común nuestros orígenes, nuestras madres; todos procedemos del mismo abismo; pero cada uno tiende a su propia meta, como un intento y una proyección desde las profundidades.

(…)  Tuve una certeza fulminante: cada cual tenía una «misión» pero ésta no podía ser elegida, definida, administrada a voluntad. (…) No existía ningún deber, ninguno, para un hombre consciente, excepto el de buscarse a sí mismo, afirmarse en su interior, tantear un camino hacia delante sin preocuparse de la meta a que pudiera conducir. 

El destino es un camino que se recorre, brota del interior, del Sí mismo. Nuestra esencia busca encaminar nuestro destino, nos guía para que nos expandamos y lleguemos a ser quienes de verdad somos, muchas veces a través de circunstancias adversas. Un símbolo del Sí mismo es el diamante. Un diamante, inalterable como nuestra esencia, es carbono trasmutado dentro de la matriz de la Tierra en  condiciones muy extremas de presión y temperatura. De la misma manera, nos encontramos con determinados acontecimientos vitales o desafíos porque los necesitamos para llegar a ser lo que de verdad somos, para integrar cualidades o aspectos que no se desarrollarían si no los viviésemos, son el impulso para transformarnos.


Según El libro tibetano de la vida y la muerte de Sogyal Rimpoché Buda dijo:

Lo que ha nacido morirá,

lo que se ha recogido se dispersará,

lo que se ha acumulado se agotará,

lo que se ha construido se derrumbará,

y lo que ha estado en alto descenderá.

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Dicen que la muerte no existe. En una entrevista realizada por Oprah Winfred al maestro zen Thich Nhat Hanh dice: “Es como una nube en el cielo, la vida continúa en otras formas, la nube toma nuevas formas. No estés triste, el, ella, se ha convertido en lluvia, tu ser amado continua siempre. Nuestra naturaleza es la naturaleza sin nacimiento y sin muerte. Una nube no puede morir nunca, se vuelve granizo o nieve, o lluvia. Es impensable pasar de “ser” a “no ser”. Lo mismo pasa con los seres queridos, continuan en formas nuevas, puedes rerconocerlos alrededor”.

Tempus fugit. ¿Qué perdura? ¿Qué permanece? Si todo es transitorio y efímero, si todo es impermanente, ¿que sentido tiene la vida? Ojalá sepamos vivir una vida con la que estemos satisfechos y reconciliados. Una vida al servicio del amor, en sintonía con lo que ES. Muchos valoramos la humildad, la capacidad de transformación, el coraje, el entusiasmo, la creatividad, la serenidad, la búsqueda de la propia Verdad, la capacidad de ver y reconocer al otro, el equilibrio, la contemplación, la trascendencia. La voluntad de desarrollar un corazón cálido y un amor inclusivo que todo lo abarque.

Todo es solo por un tiempo. Mi padre decía a menudo: “Somos polvo de estrellas”, recordando que estamos hechos de la misma materia que las estrellas. ¿Qué rastro dejaremos, que legado? Por por sus frutos los conocéis. El que tus descendientes te recuerden con cariño y gratitud, se rian con el recuerdo de tu más pura idiosincrasia. No estoy idealizando a mi padre, como todos tenía sus luces y sus sombras, el hecho de tener la valentía de aceptarlas e integrarlas es lo que nos transforma. Ahora tengo el privilegio de ver su vida con la perspectiva que da el tiempo, como el brillo radiante y fugaz, y también breve de un cometa. Sirva este texto como un pequeño homenaje y mi gratitud por lo mucho que de él he recibido, en el dia de su santo, San Fernando. !Arriba los corazones!

Hemos de asentir ante los ciclos de Vida/Muerte/Vida, ciclos de nacimiento, desarrollo, declive y muerte, y otra vez el renacimiento. Hay ciclos en todas las circunstancias existenciales, en el sol y en la luna, en el ciclo de estaciones que siguen una detrás de otra desde tiempos inmemoriales. Hay pequeñas muertes y la gran muerte. Muertes necesarias de expectativas, de nuestros velos ilusorios que nos impiden ver la vida en su desnuda esencia con un corazón dispuesto a a nacer y morir una y otra vez, así como morimos a cada respiración. Inhalamos, tomamos, es un inicio, exhalamos, soltamos, es un final. Amar es traspasar una serie de muertes y renacimientos, atravesar fases y umbrales. 

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Escribe Jung en su autobiografía Recuerdos, sueños, pensamientos: “La nada es lo mismo que la plenitud. En la infinitud hay tanto lleno como vacío. La nada es vacía y llena. La nada o lo pleno lo llamamos nosotros PLEROMA. Nosotros mismos somos el Pleroma, pues somos parte de lo eterno e infinito. Solo existe en principio una aspiración: la aspiración a la propia esencia”.

Por su parte, el Sutra del Corazón, texto sagrado del Budismo Mahayana dice: “Forma no es sino vacío, vacío no es sino forma. Las formas de todas las cosas son vacío. No nacen, no mueren, no hay vejez ni muerte, ni dolor, ni origen del dolor, ni destrucción ni camino”.

Los científicos reconocen ahora lo que los místicos comprendieron hace mucho tiempo, la energía es materia, la materia es energía y todo es Uno. Los astrónomos dicen que el universo está constituido por materia y vacío. El vacío es la nada. De las fluctuaciones cuánticas en el vacío parece que emerge todo. El todo es consecuencia de la nada. La gran explosión del Bing Bang dio inicio al universo, la creación de la nada.

Me explica Xavi Villanueva, compañero colaborador de la Revista Namaste, autor del Blog Ishtar Miradas al universo que todos los elementos químicos de los cuales estamos formados nosotros, los árboles, los animales, las rocas se forjaron en las estrellas. Son auténticos hornos donde se cuece la materia que forma todo lo que vemos y conocemos. A modo de ejemplo, si por casualidad tienes alguna pequeña joya de oro, es fascinante saber que ese oro procede de una explosión descomunal de una supernova: es una pequeña parte de sus cenizas.

¿Para qué estamos aquí? Si todo cambia, muere y renace, ¿qué es lo que al final permanece? La esencia, el diamante que somos. Hemos de dejar que emerja nuestra esencia confiando en el sentido y orden de los acontecimientos de la vida y hacer lo que hemos venido a hacer con libertad y desapego. Abrir el corazón a las experiencias y aprender a desprenderse, a estar cómodos con los cambios y fluir con ellos.

Podemos contemplar la vida como proceso de alquimia y transformación, como una preparación para la muerte. El ser humano caminando hacia la Luz, el proceso de evolución interior hasta el salto final para reencontrarse con la Luz. Ese es el sentido profundo de la terapia: favorecer el impulso hacia la luz, hacia la totalidad o conciencia superior.

 

Una buena vida es aquella que está al servicio del amor.  Darnos cuenta de que lo que de verdad importa es la entrega a los demás, la plena participación es el auténtico anhelo del alma, la esencia de la vida y la muerte. Solo en el devenir, en el constante fluir podemos ser, vivir y amar plenamente. Y, ¿no es hacia donde nos encaminamos, a despojarnos desapegarnos y abandonarlo todo? En última instancia, hemos de aceptar el misterio de la existencia, lo incognoscible, lo inesperado e incomprensible. Lo eterno en el ser humano. La vida es un milagro, un regalo, y el universo inconmensurable, infinito. Polvo de estrellas.

 

 

 

La vía de la no-búsqueda

En la mayoría de las tradiciones, son necesarios muchos años de búsqueda antes de poder dar el paso decisivo que nos lleva a reconocer el absurdo de la búsqueda, porque la misma búsqueda de la verdad o de la iluminación erige la barrera que nos impide alcanzar lo que estamos buscando.
El proceso Big Mind nos permite descubrir nuestro “punto muerto”, ese lugar en el que nuestra mente no tiene ninguna marcha puesta y no se halla desesperadamente inmersa en ninguna búsqueda. Desde ahí, podemos cambiar de marcha y poner primera, segunda, tercera, cuarta, quinta, reducir o poner marcha atrás cuando sea necesario. Ésa es una capacidad muy valiosa y que nos proporciona una libertad completa. Cuando, en tal caso, estemos en el supermercado, podremos apelar fácilmente a la modalidad deseante de nuestra mente y encontrar lo que estemos buscando pero, cuando estamos sentados en una parada de autobús o tumbados en una playa de Hawaii, podremos desconectar esa modalidad y reposar tranquilamente.
Ésa es una forma de meditación, conocida con el nombre de “simplemente sentarse”, en la que no hay ambición, meta ni objetivo alguno.
Es como si, en el momento en que das el primer paso de un viaje, apuntases en la dirección correcta. Entonces cuanto más larga sea tu práctica, más se encarnará en tu vida la paz y la libertad. En tal caso, la meditación trabajará en tu favor, en lugar de hacerlo en tu contra.
Por ello me parece muy importante que, cuando las personas aprenden a meditar —o tan pronto como sea posible, si es que ya han aprendido—, se den cuenta de que su único objetivo consiste en cambiar cuanto antes la modalidad buscadora habitual de la mente por la modalidad de la Gran Mente o del Gran Corazón, es decir, la Mente que no Busca ni Desea, la mente que no tiene objetivo ni meta alguna, porque entonces su sentada es mucho más profunda. Lo que, en tal caso, hacen es soltarse, dejar de identificarse con todo lo que se presenta, abrirse y seguir abriéndose para que la mente, en lugar de contraerse y estrecharse permanezca, por el contrario, completamente abierta y expandida.
El lector debe saber que una de las principales razones que me han impulsado a escribir este libro y a impartir esta enseñanza es la certeza de que, de ese modo, puedo ahorrar a la gente años y años de sufrimiento y esfuerzo en la dirección equivocada.

Extracto del libro “Gran mente, Gran Corazón. Descubriendo tu Propio Camino”. Gempo Roshi

Leer artículo: ¿Qué es el Big Mind?

¿Qué es el Big Mind?

El proceso Big Mind ha sido desarrollado por el Maestro Zen Dennis Genpo Merzel después de treinta años de practica formal de Zen y veinticinco años como maestro de esta vía. La técnica proviene tanto de la tradición psicológica occidental como de la tradición Zen oriental. La técnica Big Mind es una forma muy simple, pero poderosa y rápida, de ayudar a una persona cambiar de perspectiva y encontrar la sabiduría que un meditador puede tardar muchos años en conseguir. Después de experimentar este cambio, es necesaria la practica continua de la meditación para profundizar en esa realización

Dennis Genpo Merzel empezó a trabajar con la terapia Gestalt en 1967 y en 1983 empezó a estudiar la técnica del dialogo de voces junguiano, bajo la guía de Hal y Sidra Stone. En 1999, después de una larga experiencia enseñando Zen tradicional y trabajando con grupos usando el dialogo de voces, Genpo Roshi desarrolló un método para trabajar con la gente que unía las aproximaciones de oriente y occidente. Trabajando tanto con sus estudiantes, tanto en el Zen “tradicional” como la exploración con técnicas terapéuticas occidentales, fue capaz de descubrir una manera de permitir a la persona apartar su ego y descubrir su naturaleza real o “Big Mind” (Gran mente).

Han tenido que pasar 2600 años desde la realización que el Buda tuvo de la Gran Mente para que la humanidad llegara a la presente encrucijada. Ahora Oriente y Occidente se están encontrando y gran número de personas están preparadas para apreciar ambas sabidurías. El poder de la técnica Big Mind es que permite a los participantes realizar un cambio rápido y sin sentirse amenazados de una posición estrecha y ego-céntrica a una perspectiva abierta, clara y libre  que permite identificarse con todas las personas y las cosas.

La técnica Big Mind funciona en cualquier occidental abierto al proceso. Puede usarse para trabajar sobre uno mismo u otras personas para sanar perspectivas o comportamientos  problemáticos, permitiendo a la gente asumir más responsabilidad de su vida y elecciones. También sirve para incrementar la compasión, y la capacidad de identificarse con todos los seres sintientes. Finalmente, cuando se usa adecuadamente, le permite a uno acceder a una perspectiva más allá del ego a voluntad en la vida diaria, y funcionar libremente en situaciones de la vida ordinaria, con menos apego al ego.


En un  taller de Meditación Integrativa, usando el proceso Big Mind de Genpo Roshi:

  • No nos sentaremos en silencio, si no que dejaremos que hablen nuestros diversos aspectos, voces o subpersonalidades, primero los personales y después los transpersonales. Ello permite:
  • Reintegrar voces que tenemos disociadas o en la sombra, recuperando y transformando la energía de esos aspectos, además de ahorrarnos la energía que usamos en mantener la represión de esos aspectos. Gracias a eso se produce un gran alivio, al sentirnos en paz con todos nuestros aspectos, incluso los que considerábamos negativos y nos hubiera gustado eliminar, en lugar de ello ayudamos a que se transformen en su correspondiente aspecto maduro y sabio
  • Gracias a ello el pequeño yo no se ve amenazado por el proceso de meditación, y entonces no solo no es un obstáculo para la meditación, si no que colabora en que ésta se dé. Por ello este proceso permite, incluso a gente que no ha meditado nunca, alcanzar estados meditativos que normalmente lleva muchos años conseguir. Es un regalo que Genpo Roshi nos ha hecho a los meditadores, porque permite atisbar desde el principio cosas que normalmente lleva mucho tiempo de práctica, si es que se consigue. Se puede usar el proceso para volver a ese estado cada vez que se sienten a meditar. Puede producirse un cambio radical en la práctica: de sentarse a tratar de meditar a sentarse, entrar en el estado meditativo y permanecer ahí abriéndose más y más.

Leer artículo: La vía de la no-búsqueda

La práctica de la Meditación

Chogyam TrungpaAquí entendemos por meditación algo muy básico y simple, que no está ligado a ninguna cultura. Estamos hablando de un acto muy fundamental: de sentarse en el suelo, tomar una buena postura y llegar a tener la sensación de su lugar, de su propio sitio en esta tierra. Es el medio de redescubrirnos a nosotros mismos y de redescubrir nuestra bondad fundamental, el medio de armonizar con la realidad auténtica, sin expectativa ni idea preconcebida alguna.

A veces se usa la meditación para referirse a la contemplación de un tema o de un objeto determinado: se habla de meditar sobre tal o cual cosa: al meditar sobre una cuestión o un problema, podremos hallarle solución. Otras veces, la meditación se practica también para lograr un estado mental superior, entrando en algún tipo de trance o estado de absorción. Pero aquí hablamos de un concepto de meditación completamente diferente: la meditación incondicional, que no tiene en mente ni idea ni objeto alguno. En este caso, la meditación consiste simplemente en entrenar nuestro estado de ser para que mente y cuerpo puedan estar sincronizados. Mediante la práctica de la meditación podemos aprender a ser sin engaño ni fraude, a ser totalmente auténticos y a estar totalmente vivos.

Nuestra vida es un viaje sin término; es una amplia autopista que se extiende infinitamente en la distancia. La práctica de la meditación nos permite percibir todas las texturas del camino, y en eso consiste el viaje. Mediante la práctica de la meditación empezamos a descubrir que no hay absolutamente nada en nosotros que sea una queja fundamental contra nada ni nadie.

La práctica de la meditación se inicia sentándose y cruzando la piernas a lo sastre. Uno empieza a sentir que el estar simplemente en el instante presente, su vida se vuelve maleable y puede incluso llegar a ser algo maravilloso. Descubre que puede meditar como un rey o una reina sentado en un trono. La majestad de esta situación le revela la dignidad que se da cuando se permanece tranquilo en un estado de simplicidad.

La importancia de la postura.

En la práctica de la meditación, la postura erguida es sumamente importante. Tener la espalda erguida no es una postura artificial; es lo natural en el cuerpo humano. Lo no habitual es encorvarse y desplomarse. Cuando uno se encorva no puede respirar bien, y una postura desgarbada es también signo de estar cediendo a la neurosis. De manera que al sentarse erguido uno está proclamando para sí y para el resto del mundo que va a ser un guerrero, un ser íntegramente humano.

Para mantener la espalda erguida no es preciso forzarse levantando los hombros; la posición erguida viene naturalmente al sentarse, simple pero orgullosamente, en el suelo o sobre un cojín de meditación. Entonces, como uno tiene la espalda erguida, no siente ni rastro de timidez ni de vergüenza, y por lo tanto no agacha la cabeza. Uno no está inclinado ante nada. Por eso, los hombros se enderezan automáticamente y uno empieza a tener la cabeza y los hombros bien plantados. Entonces puede dejar que sus piernas descansen naturalmente cruzadas a lo sastre; no es necesario que las rodillas toquen el suelo. Uno completa la postura apoyando ligeramente las manos sobre los muslos, con las palmas hacia abajo. Esta posición fortalece la sensación de estar ocupando adecuadamente su lugar.

En esta postura uno no se pone a dejar vagar la mirada al azar. Tiene la sensación de estar adecuadamente ahí; por eso los ojos están abiertos, pero la mirada se dirige ligeramente hacia abajo, quizá a un par de metros por delante de uno. De esa manera, la vista no se pasea de un lado a otro, sino que se tiene aún más la sensación de algo deliberado y definido. Esta pose majestuosa se puede apreciar en algunas esculturas egipcias y sudamericanas, como también en las estatuas orientales. Es una postura universal, que no se limita a una única cultura ni a un sólo lugar.

Más allá de los pensamientos

La práctica de la meditación sentada ofrece un medio ideal para cultivar la renuncia. En la meditación, mientras trabajamos con la respiración, vemos que todos lo pensamientos que van surgiendo son parte de proceso de pensar y nada más. No nos aferramos a ninguno de ellos. Consideramos a los pensamientos que surgen durante la práctica de la meditación como hechos naturales, pero al mismo tiempo no gozan de credencial alguna. La definición básica de meditación es mantener la mente estable. Al meditar, si los pensamientos suben, no subimos con ellos; si los pensamientos bajan tampoco bajamos con ellos; simplemente, observamos como suben y bajan los pensamientos. No importa que sean buenos o malos, interesantes o aburridos, felices o desdichados: los dejamos en paz. No aceptamos algunos para rechazar otros. Tenemos un sentido del espacio más amplio, que abarca cualquier pensamiento que pueda aparecer.

Dicho de otra manera, en la meditación podemos experimentar una sensación de existir, de ser, que incluye nuestros pensamientos, pero que no está condicionada por ellos ni limitada por el proceso del pensar. Vivenciamos nuestros pensamientos, los rotulamos pensamientos y volvemos a la respiración, a salir, a expandirnos y disolvernos en el espacio. Es muy simple y muy profundo a la vez. Tenemos la experiencia directa de nuestro mundo y no necesitamos poner límites a esa experiencia. Podemos estar completamente abiertos, sin nada que defender ni nada que temer. De esa manera, estamos aprendiendo a renunciar al territorio personal y a la estrechez de miras.

A partir del eco de la conciencia meditativa va creciendo una sensación de equilibrio, que es un paso en el camino que nos lleva asumir el mando de nuestro mundo. Sentimos que estamos bien montados en la silla, que dominamos al arisco caballo de la mente. Aunque el caballo que tenemos debajo se mueva, somos capaces de mantenernos en la silla. Mientras tengamos una buena postura en la silla, podemos dominar cualquier movimiento brusco e inesperado. Y cada vez que nos resbalamos por estar mal sentados, simplemente corregimos la postura, sin caernos del caballo.

Extractos del libro Shambhala. La senda del Guerrero. (Editorial Kairós)

La paradoja de nuestros tiempos

dalai_lama
Tenemos casas más grandes, pero familias más pequeñas;
más comodidades pero menos tiempo.
Tenemos más títulos, pero menos sentido común;
más conocimientos, pero menos juicio;
más medicinas, pero menos salud.
Hemos ido a la Luna y hemos vuelto,
pero nos cuesta cruzar la calle para conocer a los nuevos vecinos.
Hemos construido ordenadores que almacenan más información,
para producir más ejemplares que nunca,
pero gozamos de menos comunicación.
Nos hemos excedido en cantidad,
quedándonos cortos en calidad.
Es la era de la comida rápida y la digestión lenta;
de los hombres altos pero el carácter enano;
de los grandes beneficios pero las relaciones superficiales.
Es la era en que hay mucho en el escaparate,
pero nada en la habitación.

Su Santidad el 14º Dalai Lama

¿Qué es la paz verdadera?

Tich NhatLa paz verdadera siempre es posible. Sin embargo, requiere fuerza y práctica, especialmente en tiempos de grandes dificultades. Para algunos, la paz y la no-violencia son sinónimos de pasividad y debilidad. En realidad, practicar la paz y la no-violencia no es nada pasivo. Practicar la paz, hacer que la paz viva en uno mismo, significa cultivar de forma activa la comprensión, el amor y la compasión, incluso frente a los malentendidos y los conflictos. Practicar la paz, especialmente en tiempos de guerra, requiere coraje.

Todos nosotros podemos practicar la no-violencia. Se empieza por reconocer que, en las profundidades de nuestra conciencia, a la vez se encuentran las semillas de la compasión y las semillas de la violencia. Tomamos conciencia de que nuestra mente es como un jardín que contiene todo tipo de semillas: semillas de comprensión, semillas de perdón, semillas de atención, y también semillas de ignorancia, miedo y odio. Nos damos cuenta de que en cualquier momento podemos actuar con violencia o bien con compasión, dependiendo de la fuerza que tengan estas semillas dentro de nosotros.

HuellaCuando regamos las semillas de ira, violencia y miedo varias veces al día, crecen con más fuerza. Entonces somos incapaces de ser felices, incapaces de aceptarnos a nosotros mismos; sufrimos y hacemos sufrir a los que nos rodean. Pero cuando sabemos cómo cultivar las semillas de amor, compasión y comprensión, estas semillas se harán fuertes y las semillas de violencia y odio se harán cada vez más débiles.
Si entendemos esto, ya estamos de camino hacía la paz.

Articulo publicado en la revista Resurgence. No. 248 Mayo/junio 2008

Entrevista a Joan Garriga

La trayectoria de Joan Garriga está marcada por dos sabios de nuestro tiempo: Claudio Naranjo, desarrollador de la psicología basada en el eneagrama, y Bert Hellinger, impulsor del trabajo sistémico de las constelaciones familiares. Ser discípulo de estos dos pilares de la terapia contemporánea y su propia experiencia profesional le han llevado a desarrollar un gran conocimiento terapéutico. Una de las conclusiones que ha extraído sobre el ser humano es que cuanto antes aceptemos lo que la vida nos pone delante, mejor. Insiste en que hay que convertir los “noes” en “síes”. De lo contrario, sufrimos.

Es especialista en Constelaciones Familiares uno de los métodos terapéuticos más eficaces para ver con claridad cómo nos afectan nuestros vínculos y relaciones. En una constelación, el cliente posiciona simbólicamente a las personas para las soluciones que necesita. Por ejemplo, el padre, la madre, los hermanos, los abuelos, los hijos o la pareja. Se escenifica y se ve qué es lo que ocurre y cómo tiene que reconducirse.

Eres un terapeuta gestáltico. Y la Gestalt habla de vivir aquí y ahora. ¿Éso cómo rayos se consigue?

Me gustaría estar más aquí y ahora de lo que estoy. Me gustaría desarrollar más este sentido de estar en el presente, de la presencia. Este es el ideal de la Gestalt y de muchas tradiciones. La pregunta es: ¿cómo nos acercamos más al presente? Creo que ayuda hacer prácticas para estar más centrado en el cuerpo. El cuerpo está más centrado en la vivencia del presente, y lo que nos aleja del presente son los diálogos mentales que nos recuerdan el pasado, el futuro, las especulaciones. Por supuesto, los trabajos meditativos de aquietamiento de la mente y también ayuda todo trabajo de poner orden en la vida. Cuanto más orden hay en la vida, uno no tiene que estar enganchado en especular y pensar en asuntos pendientes.

El presente es el mundo de los niños, porque todavía no tienen cargas o responsabilidades, ni siquiera su formato fisiológico permite que puedan alejarse mucho del presente. Luego en la vida empezamos a proyectarnos, queremos ‘ser alguien’. Y querer ‘ser alguien’ -y esto es el proceso natural de la vida- son las tentaciones, el pacto con el diablo. La vida nos empuja a perder este paraíso. Queremos ser alguien, ser padres, ser maridos, ser buenos profesionales… Entonces empezamos a confiar más en estas posiciones que hemos tomado, estos personajes. Estamos constantemente luchando para defender estos personajes porque confiamos que son estos personajes que sostienen nuestra vida y esta lucha nos aleja del presente.

Y entonces, ¿qué pasa?

Entonces mucha gente evoluciona y se da cuenta de que estos personajes no tienen mucho que decir; han servido como vehículos durante algún tiempo para hacer un ego fuerte, pero llega un momento que uno dice: ¿Pero éso qué me da? Para muchas personas empieza entonces un camino de purificación o desidentificación. Empiezan a flexibilizarse las cosas y se acercan cada vez más al presente. El presente se expresa mejor cuando no hay nada que defender, ni nada que esperar, no estamos luchando ni por mantener ni por conseguir, cuando podemos entregarnos al ahora confiadamente. Pero quien se entrega al ahora es ese ser que no tiene muchas expectativas ni muchos temores. En el budismo sucede lo mismo: no tienes que aferrarte a algo ni tienes que rechazar algo, simplemente eres. Esto es un proceso de vida, también es un proceso de evolución personal, de ir comprendiendo que no somos aquello que creemos ser. No somos ni nuestro cuerpo ni nuestras identificaciones ni nuestros personajes. Para muchas personas hay un logro de volver a ser como niños. Esto ya lo decía Jesús.

Pero, ¿ésto cómo se consigue?

Si lo supiera estaría mucho más feliz.

Cada vez más gente hace constelaciones familiares, casi podría decirse que están de moda en el mundillo del crecimiento personal. Sin embargo, poca gente sabe lo que son. ¿Podrías ilustrarnos un poco sobre el tema y decirnos qué son?

A nivel técnico, una constelación familiar es una forma de exponer a la persona que está buscando explicaciones y clarificaciones en su camino desde la forma a las fuerzas de su sistema familiar. Este trabajo se fundamenta en la presuposición de que no estamos solos. Nos gobiernan los vínculos. Nos conmueve, nos proporciona sufrimiento o alegría la forma en la que estamos vinculados con las personas a las que pertenecemos, especialmente los padres, los hijos, los abuelos, los ancestros, las parejas. Es como si hubiera una gran red de amor que funcionara como una especie de bandada de pájaros y que tiene una conciencia común. Cuando vemos una bandada de pájaros en el cielo, de repente todos giran a la izquierda o a la derecha, pero no podemos afirmar que hay un pájaro que sea el capitán que da la orden.

Esto se explica con la hipótesis de que la bandada está recorrida por una conciencia que va más allá de los miembros individuales y que también los dirige según leyes precisas que están al servicio del grupo. En los sistemas familiares también hay una conciencia grupal que genera implicaciones, lealtades, conductas, destinos en las personas. Todo ello tiene mucho que ver con cómo estamos posicionados en el sistema, con los sucesos del sistema, y con los asuntos que no pudieron ser resueltos en el sistema. Personas que no fueron integradas, que no fueron lloradas, acontecimientos difíciles de la vida que no fueron asumidos, desamores o desarreglos de todo tipo quedan como asuntos pendientes; y los hijos que llegan después se insertan en el sistema y parte de sus vivencias, sentimientos, decisiones, posiciones en la vida, tienen que ver con el sistema en el que entran y con la posición que ocupan en él.

¿Y cuál es su utilidad?

Una constelación familiar es una exposición a estas imágenes y movimientos familiares, para poder detectar las dinámicas que mantienen las dificultades y poder generar movimientos que orienten a las personas a ciertas soluciones. Las soluciones siempre están en sintonía con la vida y con las verdades profundas de nuestros movimientos.

A veces es muy poderoso, en el sentido de que se producen cambios importantes en la persona y también se producen cambios en personas de la familia que no han asistido porque esta conciencia familiar va más allá de lo verbal y no-verbal, se extiende. En un sentido radical, podríamos decir que la conciencia está en todas partes. Una constelación es una forma de abrirse a esta conciencia, esto explica cómo los efectos de la constelación a veces son vividos por las personas de la familia aunque no hayan estado allí.

Estos vínculos que dices que nos gobiernan, también nos predestinan y nos limitan… ¿Con tantos vínculos, podemos ser libres?

La libertad es un mito. ¿Quién es libre? No somos libres de estar en otro lugar cuando estamos aquí. No somos libres ni siquiera de elegir nuestros afectos. Cuando nos enamoramos nos empuja una fuerza interior y esta fuerza encuentra también su caldo de cultivo en todas las experiencias anteriores. En realidad nos gobiernan los vínculos, pero nos gobierna la vida también y la vida está mucho más allá de nuestros deseos personales.

En mi opinión, hay dos tareas que tenemos que hacer en la vida. Una es esforzarnos en la dirección de lo que deseamos, de lo que nos mueve, de lo que nos impulsa. Si queremos pintar, pintamos. Si queremos casarnos, nos casamos. Si queremos tener hijos, vamos en esta dirección. Todos queremos cosas diferentes aunque todas las cosas apuntan al bienestar. Nuestra obligación y nuestra tarea es caminar en esta dirección. Tal vez una noche, nos damos cuenta de que todo está bien. Tenemos los hijos que queríamos, la pareja está bien, el trabajo. Sonreímos y decimos que todo está bien porque encaja con nuestros deseos personales. Esto es como si fuera la primera variable de la ecuación de la felicidad. La otra variable es que la vida tiene propósitos propios que son independientes de nuestros deseos personales. Enfermamos, alguien muere, tenemos el cuerpo distinto de lo que quisiéramos, deseamos, nos tocan unos padres y quizás hubiéramos deseado que fueran otros. La vida se mueve y no nos pregunta nuestra opinión.

La vida nos manda, no sabemos con qué propósitos, aquello que luego se convierte en el material con que hacer algo útil con nuestra vida. Todo es aprovechable. Pero no lo decidimos. En esta segunda variable de la ecuación de la felicidad ¿qué podemos hacer? Pues simplemente ponernos en sintonía con los propósitos de la vida, aunque no encajen con nuestros deseos personales.

Es decir, ¿aceptar lo que la vida nos trae?

Esta es la otra parte que te quería contar. Lo esencial en el trasfondo de las constelaciones familiares es transformar ‘noes’ en ‘síes’. Transformar rechazos en aceptaciones. La mayoría de los sufrimientos consisten en que cerramos nuestros corazones a algo o a alguien o a nosotros mismos. A nuestros padres, por ejemplo. La vida tiene su lado cruel, difícil, y allí cerramos nuestro corazón. Pero justamente porque cerramos nuestro corazón en un intento de protegernos, esto tiene como consecuencia que sufrimos y nos limitamos. Entonces, en realidad el trabajo consiste en integrar a los padres tal como fueron, o las cosas difíciles que pasaron: un aborto, perder a un hijo pequeño, una separación y poder integrarlo y aprovecharlo al servicio de la vida. El gran reto es hacer el proceso emocional de ponerse en sintonía, de decir que sí y aprovecharlo también como fuerzas para la vida.

Encontrar el interruptor para transmutar este rechazo en aceptación es un proceso personal de cada uno. Hay mucha gente que no encuentra este interruptor y vive enfrentada a la vida. ¿Qué tiene que suceder para que se pueda hacer ese clic?

Mucha veces las personas se prestan a hacer el proceso emocional cuando ya no les queda otro remedio, cuando sufren intensamente. El sufrimiento intenso les abre las puertas para que puedan decir sí a lo que decían que no. Por ejemplo, los padres. ¿Cuánta gente sufrimos porque decimos que aquello que vivimos con nuestros padres no fue lo correcto? “Deberían haberme tratado distinto, deberían haberme dado más amor, o más cariño, más atención o menos, o no deberían haber sido crueles, o violentos”. Pero nos tocaron los padres que nos tocaron. Y los padres en realidad simplemente son los representantes de la vida, es a través de los padres y de la sexualidad de los padres que la vida actúa. Y no pregunta, simplemente nos toca. Los hijos espontáneamente aman a los padres. Pero cuando se sienten abusados o en peligro, se protegen cerrando su corazón: “Con la herencia emocional que me dieron mis padres, no voy a ningún sitio, no la quiero.” Edifican su vida en la fuerza del rechazo y acaban sufriendo porque la fuerza del rechazo está hecha de victimismo, de juicios, de resentimiento. Viven en un tormento de manera que lo que no encontraron en los padres lo van buscando en las parejas, en los hijos o en otras personas y acaba siendo un fracaso. Tarde o temprano suelen entrar en una crisis y entonces hay una apertura emocional que les reconecta con las heridas de los padres. La solución muchas veces tiene que ver con abrirse al dolor. El dolor es el sentimiento que más nos cuesta, pero es el más rentable terapéuticamente porque cuando nos abrimos al dolor, el dolor realmente es lo mismo que el amor, es la otra cara del amor, nutre el amor. Las personas tratan de cambiar cuando sufren intensamente; es el mejor fertilizante para tratar de cambiar. Hay dos tipos de fuerza: la fuerza que se pone en sintonía con la vida y la fuerza que se opone. La fuerza que se opone tiene la cualidad de que nos hace sufrir y hace sufrir a los demás. Por eso hay personas que se ponen en posiciones manipulativas y dicen: “No quiero saber nada más de los padres.” Entonces están en un victimismo y dicen a la vida: “La vida me debe algo. Aquello que mis padres no me dieron, la vida me lo debe.” Establecen relaciones donde le piden y exigen a los demás aquello que no tuvieron de sus padres, pero extrañamente no se permiten recibirlo. Es una paradoja porque lo exigen, pero no permiten que se les de.

A veces hay entornos familiares patológicos o insanos que son muy difíciles de aceptar.

En realidad no hay familias sanas y familias insanas. Todas las familias están recorridas por las mismas pasiones, pero es cierto que en algunas familias hay hechos crueles. Hay desordenes. Una de las ideas de las constelaciones es que el amor pueda desarrollarse dentro de un orden. El orden principal es que cada uno esté en su lugar: los padres en su lugar, los hijos en el suyo, que los hijos no se entrometan dentro de los asuntos de los padres y de los abuelos. Hay que trabajar con las personas que han sufrido traumas para que puedan liberar la angustia, la confusión, la rabia acumuladas y hacer un trabajo emocional para que en algún momento pueda decir: Esto es lo que le me tocó vivir cuando tenía 10 años y esto forma parte de mi destino, abro mi corazón a estos hechos y hago algo útil con ellos.

¿Qué se puede hacer con un abuso que sea útil?

Conozco a mujeres que han sufrido abusos sexuales y que ahora son trabajadoras sociales, ayudando a personas que han sufrido este mismo tipo de problemas.

A veces hay que aprender que los padres pueden ser seres perdidos en sus problemas y en sus implicaciones. En realidad desde una perspectiva panorámica o espiritual, no hay malos y buenos. Hay personas que tienen conductas muy dañinas. Este es su destino y tienen que acarrear con ello.

¿Merece la pena preguntarse por cuál es el sentido tiene la vida? ¿Para qué todo este montaje?

Quizás sea innecesario. Es lo que nos toca. La vida avanza, es algo biológico. Es así. Nos toca representar con dignidad un papel en esta danza, en este tiempo en que danzamos entre la vida y la muerte y si podemos gozarlo, aprovecharlo, dar y recibir, desarrollar nuestras inclinaciones. En realidad creo que para las personas que se desarrollan más, también es ponerse en sintonía con el latido del ser de la vida, que es independiente de las formas. Decir: Yo soy Joan y me toca hacer lo que hago, pero esto en realidad no tiene ninguna importancia porque el latido de la vida y la presencia del ser es la misma para todos y está en todas partes.

¿Qué es eso del latido de la vida?

Si ahora pudiéramos poner todo en suspenso, todas nuestras ideas acerca que quienes somos o de qué hacemos, o de los padres que tenemos, de nuestros hijos y quedarnos en un silencio absoluto, ¿qué queda? El latido, la presencia, el ser, el vacío. Una manera de trabajar es acercarse a este vacío donde no existe más el bien y el mal; simplemente existe la vida desplegando sus formas. Te conviertes en alguien contemplativo que no juzga nadie sino que trata de dar un buen lugar a todos. Yo creo que hay la perspectiva de vida en la que tenemos que estar aquí y nos toca vivir eso o aquello, pero muchas personas sienten el contacto con una grandeza mayor; algo que nos trajo, algo que nos llevará y algo que nos sostiene. Este algo que nos sostiene es independiente de si nos va bien o si nos va mal. Creo que es el fruto que obtiene la gente que medita, que se ancla en un lugar que ya no tiene tanto que ver con si nuestros padres fueron buenos o malos, si nuestra pareja nos quiere o no nos quiere. En este lugar hay un gran asentimiento.

Inter-existencia

En esta hoja de papel que sostienes entre tus manos flota una nube.

Sin nubes no hay lluvia, y sin lluvia los árboles no pueden crecer; sin árboles, no podemos elaborar papel.

La nube es esencial para que exista el papel. Si la nube no está allí, la hoja de papel tampoco puede estarlo, de modo que la nube y el papel inter-existen.

Si miramos más profundo en esta hoja de papel, podemos ver cómo en ella brilla el Sol. Si no hay luz solar, el bosque no crece. De hecho, nada puede crecer sin ella. Ni siquiera nosotros podemos crecer sin sol. Por tanto, sabemos que en esta hoja de papel también brilla el Sol; el papel y el Sol inter-existen.

Y si seguimos mirando, veremos al leñador que cortó el árbol y lo llevó al molino para convertirlo en papel. Y veremos el trigo.

Sabemos que el leñador no puede sobrevivir sin su pan cotidiano, y por tanto el trigo del que hizo su pan también está contenido en esta hoja de papel. Y también están presentes los padres del leñador.

Si profundizamos todavía más, veremos que nosotros también estamos en ella, porque cuando observamos una hoja de papel ésta forma parte de nuestra percepción. Por tanto, en esta hoja de papel está todo.

No puedes encontrar una sola cosa que no esté en ella: el tiempo, el espacio, la tierra, la lluvia, los minerales del suelo, la luz del sol, la nube, el río, el calor. Todo coexiste con esta hoja de papel. «Ser» es «inter-existir».

Tú no puedes existir por tu cuenta, aislado. Debes inter-existir con todo lo demás. Esta hoja de papel existe porque existe todo lo demás. Aun siendo tan fina como es, esta hoja de papel contiene en su interior todo lo que hay en el universo.

Thich Nhat Hanh es un mestro zen

Artículo publicado en la revista Resurgence nº241. Marzo/Abril 2007