“Premio Nobel” de ecología para un permacultor mexicano

No todo el mundo lo sabe, pero existe un premio parecido al “Nobel” de Ecología. La última edición la ha ganado Jesús León Santos, de 42 años, un campesino indígena mexicano que ha estado realizando, durante los últimos 25 años, un excepcional trabajo de reforestación en su región de Oaxaca, México.

El nombre de la recompensa es “Premio Ambiental Goldman”. Fue creado en 1990 por dos generosos filántropos y activistas cívicos estadounidenses, Richard N. Goldman y su esposa Rhoda H. Goldman. Se entrega cada año en la ciudad de San Francisco, California (Estados Unidos).

Hasta ahora ha sido otorgado a defensores del medioambiente de 72 países. En 1991, lo ganó la africana Wangari Maathai, quien luego obtuvo el Premio Nobel de la Paz en 2004.

A Jesús León Santos se lo han dado porque cuando tenía 18 años decidió cambiar el paisaje de Mixteca, la provincia donde vivía en México. Cuando llegó, la zona parecía un paisaje lunar: campos yermos y polvorientos, desprovistos de arboleda, sin agua y sin frutos. Había que recorrer grandes distancias en busca de agua y de leña. Casi todos los jóvenes emigraban para nunca regresar, huyendo de semejantes páramos y de esa vida tan dura.

Con otros comuneros del lugar, Jesús León se fijó el objetivo de reverdecer los campos. Y decidió recurrir a unas técnicas agrícolas precolombinas que le enseñaron unos indígenas guatemaltecos para convertir tierras áridas en zonas de cultivo y arboladas.

¿Cómo llevar el proyecto a cabo? Haciendo revivir una herramienta indígena también olvidada: el tequio, el trabajo comunitario no remunerado. Reunió a unas 400 familias de 12 municipios, creó el Centro de Desarrollo Integral Campesino de la Mixteca (Cedicam), y juntos, con recursos económicos limitadísimos, se lanzaron en la gran batalla contra la principal culpable del deterioro: la erosión.

En esa región, Mixteca, existen más de 50.000 hectáreas que han perdido unos cinco metros de altura del suelo desde el siglo XVI. La cría intensiva de cabras, el sobre-pastoreo y la industria de producción de cal que estableció La Colonia deterioraron la zona. El uso del arado de hierro y la tala intensiva de árboles para la construcción de los imponentes templos Dominicos contribuyeron definitivamente a la desertificación.

Jesús León y sus amigos impulsaron un programa de reforestación. A pico y pala cavaron zanjas-trincheras para retener el agua de las escasas lluvias, sembraron árboles en pequeños viveros, trajeron abono y plantaron barreras vivas para impedir la huida de la tierra fértil.

Todo eso favoreció la recarga del acuífero. Luego, en un esfuerzo titánico, plantaron alrededor de cuatro millones de árboles de especies nativas, aclimatadas al calor y sobrias en la absorción de agua. Después se fijaron la meta de conseguir, para las comunidades indígenas y campesinas, la soberanía alimentaria.

Desarrollaron un sistema de agricultura sostenible y orgánica, sin uso de pesticidas, gracias al rescate y conservación de las semillas nativas del maíz, cereal originario de esta región, sembrando principalmente una variedad muy propia de la zona, el cajete, que es de las más resistentes a la sequía.

Se planta entre febrero y marzo, que es allí la época más seca del año, con muy poca humedad en el suelo, pero cuando llegan las lluvias crece rápidamente.

Al cabo de un cuarto de siglo, el milagro se ha producido.

Hoy la Mixteca alta está restaurada. Ha vuelto a reverdecer. Han surgido manantiales con más agua. Hay árboles y alimentos. Y la gente ya no emigra.

Actualmente, Jesús León y sus amigos luchan contra los transgénicos, y siembran unos 200.000 árboles anuales. Cada día hacen retroceder la línea de la desertificación. Con la madera de los árboles, se ha podido rescatar una actividad artesanal que estaba desapareciendo: la elaboración, en talleres familiares, de yugos de madera y utensilios de uso corriente.

Además, se han enterrado en lugares estratégicos cisternas de ferrocemento de más de 10.000 litros de capacidad, que también recogen el agua de lluvia para el riego de invernaderos familiares orgánicos.

El ejemplo de Jesús León es ahora imitado por varias comunidades vecinas, que también han creado viveros comunitarios y organizan ocasionalmente plantaciones masivas.

Así funciona CEDICAM, el proyecto liderado por Jesús León:

Agricultura sostenible

Las acciones de las áreas agrícola y forestal se han integrado en agricultura sostenible, ante la visión de que se requiere un enfoque más integral en la preservación del suelo, la integración del árbol y los cultivos anuales, e incluso la ganadería a través de los sistemas agroforestales. Las acciones predominantes en este área han estado concentradas en:

Conservación y mejora de suelos
A través de zanjas-trinchera que permiten detener procesos erosivos y retener el agua, favoreciendo la infiltración y la recarga de mantos acuíferos, barreras vivas y muertas, abonos verdes, cultivos de cobertura y abonos orgánicos.

Aspectos productivos relacionados con los cultivos básicos (maíz, frijol y trigo)
Empleando para ello diversas prácticas agroecológicas como son: el control integrado de plagas, la diversificación productiva, la rotación de cultivos, la selección y mejora de semillas criollas, el abonado orgánico, reducidas aplicaciones de fertilizantes químicos y modificaciones al tipo de siembra, entre otras.

Fortalecimiento de la fruticultura
A través de la propagación, injerto e introducción de variedades injertadas. Reforestación con árboles de uso múltiple, y agroforestería.

Promoción de huertos familiares.

Nutrición y salud comunitaria

El área de salud y nutrición promueve la mejora de la calidad de vida de las familias mediante acciones colectivas e integrales de salud comunitaria, aprovechando y rescatando recursos locales y regionales. Sus actividades incluyen el huerto familiar integral; el establecimiento de jardines de plantas medicinales a escala familiar y comunitaria; la elaboración de medicamentos con ingredientes naturales; el establecimiento de botiquines comunitarios; la elaboración de conservas de frutas y verduras para aprovechar los productos agrícolas de temporada.

Formación y capacitación

El área de formación y capacitación ha tenido un rol trascendental. Su objetivo es que los campesinos se apropien de una metodología de trabajo comunitario que ayude a elevar sus capacidades, habilidades y conocimientos para su desarrollo integral. Tiene un funcionamiento transversal, pues es parte integral del trabajo en las otras áreas. Su principio básico es “aprender haciendo”, porque es a partir de la práctica concreta en los días de campo, las visitas de intercambio, los encuentros entre campesinos, las reuniones comunitarias, los talleres y cursos de capacitación, donde se da el aprendizaje.


Tratamiento natural: dejar de fumar

Rompe con el tabaco para siempreEl tabaco es un producto agrícola originario de América y procesado a partir de las hojas de varias plantas del género Nicotiana tabacum. Se consume de varias formas, siendo la principal por combustión produciendo humo.
En la actualidad, el tabaco se ha convertido en una causa grave de muerte a nivel mundial: casi tres millones de personas mueren al año en todo el mundo por alguna enfermedad relacionada con el consumo del tabaco.
Su consumo conduce a la adicción, ya que el individuo no consigue controlar su impulso de fumar. La dependencia a la nicotina es física y psíquica, y si se deja de tomar la dosis habitual crea el síndrome de abstinencia. Considerado inicialmente como un posible medicamento, el tabaco ha resultado ser un producto que modifica gravemente las respuestas del sistema nervioso del organismo y provoca graves e irreversibles patologías cardiovasculares, pulmonares y cancerígenas. Las complicaciones más frecuentemente asociadas son el infarto de miocardio, el enfisema pulmonar, el cáncer de garganta y el de pulmón.

Consejos para dejar de fumar

  • Sustituir los cigarrillos por otras cosas que llevarse a la boca, como caramelos, a ser posible sin azúcar
  • Dejar de frecuentar locales o reuniones en las que haya presencia de fumadores
  • Hablar sobre el tema lo hace más soportable
  • Beber muchos líquidos
  • Hacer algún deporte

Jarabe anti-tabaco

Ingredientes:
1 puñado de berros
1 puñado de melisa
1 puñado de tomillo
1 puñado de lavanda
¼ kg de azúcar moreno
Preparación:
Poner a cocer los berros, melisa, tomillo y lavanda. Se deja hervir ½ hora y luego se deja reposar otra ½ hora. Colar la infusión, agregar el azúcar y mezclar bien.
Forma de uso:
Tomar 3 cucharadas al día. Y si lo prefieres, cuando tengas ganas de fumar tómate 1 cucharada.

Alimentación

Comer alimentos integrales, mucha fruta y verdura del tiempo, proteína de buena calidad, si puede ser vegetal. Beber mucho agua. El sabor picante (ajo, pimienta, jengibre, etc.) limpia el pulmón y con ello aumenta nuestra capacidad de oxigenarnos a la vez que eliminaremos antes la nicotina.

  • Vitamina C: Una ingestión de alimentos ricos en vitamina C ayuda a reponer la deficiencia de esta vitamina que el tabaco origina en el organismo: pimientos, acerola o escaramujo, naranjas, limones, pomelos…
  • Vitamina A: Ayuda a reparar los radicales libres: zanahoria, verdolaga , espinacas, berro, borraja, albahaca, calabaza, tomate, cilantro, espárragos, diente de león…
  • Zinc: Para combatir los problemas respiratorios, como el resfriado, a los que los fumadores son propensos: apio, espárragos, borraja, higo, patata, berenjena…
  • Selenio: Contra los radicales libres que origina el tabaco y para prevenir enfermedades del corazón: la avena y el arroz integral.
  • Regaliz: Chupar un pedazo de raíz de regaliz cuando se tiene el deseo de fumar sustituye el hábito reflejo de chupar el cigarro. Esta planta contiene principios que ayudan a desintoxicar el organismo y hacen que el gusto del tabaco resulte desagradable.
  • Girasol: Comer semillas crudas detiene la necesidad compulsiva de fumar.
  • Manzana: Cura a base de manzanas: comer un par de kilos de manzanas durante dos o tres días.
  • Zanahoria: Se puede paliar la necesidad de fumar comiendo zanahoria cruda.

Fitoterapia

Contra la ansiedad de fumar, toma 1 gota de aceite esencial de lavanda sobre un trozo de pan o galleta 1 vez al día, no más de 7 días seguidos. Descansa otros 7. Repetir si es necesario. También puede ayudarte a dejar de fumar la infusión de azahar, pasiflora, valeriana, amapola y celidonia (3 tazas/día).
Toma infusiones purificantes del hígado, la sangre y el riñón, como el diente de león, bardana, cola de caballo, zarzaparrilla, ortiga verde, boldo, abedul, grama o manzanilla.
Tomar al día un par de tazas de Kuzu favorece el abandono de las adicciones.
Plantas para ayudar durante el síndrome de abstinencia:

  • Manzanilla: Puede utilizarse para tratar los vómitos que nos pueden dar cuando dejamos de fumar, en infusión de una cucharada de la planta por taza de agua. Tomar un par de tazas al día.
  • Valeriana: con propiedades sedantes, ayuda a disminuir la irritabilidad del fumador y le permite dormir mejor. Infusión de unos 15 gramos de la raíz de la planta que se deja reposar durante toda la noche.

    Hidroterapia

    Toma baños de vapor o saunas. A través del sudor eliminamos muchísimas toxinas.

    Auriculoterapia

    Se aplican en la oreja una serie de pequeñísimas agujas en determinados puntos para disminuir la ansiedad y favorecer el drenaje del pulmón. No suele doler, es rápida y acostumbra a ser bastante eficaz.
    La acupuntura, la reflexología, el yoga y los masajes sedantes también te ayudarán.

Volver a la Tierra

Página web de Tornar a la TerraLa muerte puede ser una semilla, un principio; no tiene por qué ser sólo un final, una defunción. El cuerpo deja de funcionar, pero no de ser útil. Hay quien deja su cuerpo a la ciencia; otros, que nos consideramos más bien parte de la naturaleza, vemos la oportunidad de devolver a la tierra lo que hemos tomado de ella. En la naturaleza no hay desperdicios. Que nuestro cuerpo alimente a un árbol que dé sus frutos y cobije a la fauna, contribuyendo al ciclo de la vida, sería lo justo. Tal vez así la muerte no nos parecería tan tétrica. Hasta los niños podrían entenderlo. Pero el homo urbanus es la única especie en libertad cuyos desechos no devuelven a la tierra la fertilidad que le alimentó, y deja en manos de las funerarias esa responsabilidad.

Las semillas caen donde caen y germinan cuando toca. Y la idea de “volver a la tierra” vuelve a germinar. Recientemente TVE2 mostró un “entierro verde” en un bosque de los EEUU –es una tendencia minoritaria, centrándose en ecologistas radicales, pero como opción está ganando popularidad.

Dignidad, economía y ecología

Todos deseamos morir en casa, pero la mayoría morimos en una anónima cama hospitalaria, desde donde entramos en la maquinaria funeraria. Se habla de una muerte digna pero, ¿para cuándo un entierro digno? ¿Somos desechos peligrosos, para ser incinerados o aislados en una caja homologada dentro de un zulo hermético?

Sigue usándose la palabra entierro (inhumación tiene la misma raíz, humus, tierra): habría que decir “encemento”. Sólo algún cementerio de pueblo abandonado puede ofrecer un entierro de pico y pala. Los demás, privados o municipales, disponen exclusivamente de nichos, producto de un pensamiento que consideraba la tierra cosa de pobres. Desde tiempos talayóticos, una sepultura de obra simbolizaba estatus, y hoy los cementerios privados o públicos, a pesar de ser “campos santos”, se gestionan como inmobiliarias.  Un nicho alquilado durante cinco años renovables genera ingresos de unos 300€ anuales. Un funeral cuesta desde los 1.500€ básicos hasta 12.000€, entre flores, embalsamamiento, esquelas, misas y ataúd “confort”. Podemos escoger una incineración “low cost”, pero los familiares desfilarán entre hornos abiertos y pilas de ataúdes. Un entierro ecológico, en cambio, combina dignidad y economía.

La legislación española exige la sepultura en un cementerio, no tanto por razones sanitarias como por la inercia religiosa de “tierra consagrada”. (La Ley de Memoria Histórica radica en que los fusilamientos en las cunetas servían, además de como escarmiento, para humillar a las víctimas negándoles sepultura cristiana). La ecología profunda considera la tierra entera como sagrada, y ‘consagrarla’ una redundancia. La ONU reconoce el concepto de “la madre Tierra”, y este reconocimiento tendría que reflejarse en una legislación  que permitiera devolver nuestros restos directamente a Gaia en vez de contaminarla más.

La industria fúnebre no es sostenible

Considera los efectos medioambientales de los líquidos de embalsamamiento cancerígenos (formaldehído), del ataúd de madera tropical, forrado de nailon y barnizado con productos sintéticos; añádase una tumba o nicho de hormigón, una lápida de mármol importado, un cementerio con una infraestructura complicadísima de evacuación de fluidos…. Tanta publicidad institucional para motivarnos a reciclar, compostar y ahorrar energía, pero nuestros cuerpos, ¿qué?

Los ecologistas comparten con el colectivo musulmán el deseo de volver a la tierra. El Islam insiste, sabiamente, en sepultar al muerto envuelto en un sudario, en una fosa cavada manualmente en la tierra e identificada sin ostentación. Pero, para conseguir su cementerio en una ciudad como Palma, con sólo 39 tumbas para 35.000 fieles, la Lliga Musulmana tuvo que adaptarse a las normas: un féretro homologado y el hoyo aislado de la tierra circundante por placas de hormigón. La “tierra” se limita a un puñado simbólico.

La cremación, común en el Hinduismo y el Mediterráneo precristiano, fue usada en nuestra Edad Media como castigo póstumo para criminales o herejes y sólo fue aceptada por la Iglesia Católica en 1963. Nos permite esparcir las cenizas de la persona difunta donde ella dispusiera en vida, pero se trata de minerales inertes, sin rastro de ADN y con poco aporte a la tierra.

La cremación gasta gran cantidad de combustibles fósiles, lanzando a la atmósfera unos 160 kg de CO2, dioxinas y dióxido sulfúrico, volatilizando los metales pesados que absorbimos durante la vida, como el mercurio de los empastes. (En la tierra, sin embargo, los metales se quedan inertes). Una cremación hindú, con sudario, quema a una temperatura menos contaminante. ¿Para qué incinerar un ataúd de madera noble importada, con sus aderezos metálicos y barnices contaminantes, cuando se usa sólo para el velatorio?  (Si fuera cierto que los crematorios reutilizan los ataúdes cobrados, por lo menos resultaría más ecológico). Una solución británica: colocar al difunto en un féretro de cartón, insertada dentro de una de madera sólo para los velatorios. Otra: el crematorio de la ciudad inglesa de Bath ya programa sus cremaciones “en grupo” para reducir su “huella de CO2”.

¿Y la huella ecológica de un nicho?

Si calculamos el hormigón, transporte del mármol y años de mantenimiento de las instalaciones, hay poca diferencia respecto a una cremación. Un pino mediterráneo tardaría unos 150 años en absorber el CO2 producido por una cremación o una sepultura en nicho. Pero un entierro ecológico apenas produce CO2; al plantar un árbol autóctono y evitar convertir otro tropical en féretros, incluso lo reduciría.

En España, la escasa oferta ecológica consiste en urnas biodegradables para cenizas, ataúdes con certificación FSC (Consejo de Administración Forestal, en inglés Forest Stewardship Council), barnices al agua y coches funerarios eléctricos.

Los entierros verdes se practican en EEUU, Nueva Zelanda, Reino Unido y otros países del norte de Europa. Las “funerarias verdes” británicas ofrecen ataúdes de cartón, juncos o bambú, mortajas o sudarios de fieltro biodegradables y disponen de 200 cementerios no consagrados en zonas boscosas. Además se permite el entierro “por libre” en propiedad privada, previo aviso a las autoridades y respetando ciertas normas. Si lo permiten los británicos, tan tiquismiquis en temas sanitarios, ¿por qué los españoles no? Combinando un cementerio verde con un programa de reforestación, zanjaríamos el argumento de la falta de espacio. Plantando un árbol cada 5 metros, la norma en el secano mallorquín, una quarterada (7.100 m) albergaría unos 350 árboles/personas. Con la posibilidad de enterrar hasta otros tres familiares más bajo el mismo árbol, se superarían las 1.000 personas. Una quarterada, que no basta para construir una vivienda, podría acoger entre un 6% y un 20% de los 6.000 muertos anuales en Mallorca.

¿Podremos cambiar la normativa funeraria? Habrá presiones comerciales en contra, pero pronto la emergencia climática nos obligará a revisar algunas leyes. Pongamos el tema sobre la mesa ya, para que se incluya entre las medidas a adoptar en el momento propicio. Un bosque-cementerio balear sería una opción minoritaria pero un gran paso para personas preocupadas por su legado vital. Lo podría gestionar una colectividad, empresa o un ayuntamiento progresista.

Como dijo Satish Kumar, en su última visita a Mallorca: “¡Que me entierren en la tierra y me planten un caqui encima!”

Tornar a la Terra

Cambiemos el Sistema, no el Clima

En Diciembre del año pasado, oímos hablar hasta la saciedad de Copenhague y el COP15,  la cumbre sobre el clima que allí se celebraba, con presencia de casi todos los líderes mundiales y Obama anunciando a última hora que se había alcanzado un acuerdo que en teoría rescataba algo de todo el tinglado que se había montado. El malestar de las organizaciones que representaban a la sociedad civil tocó fondo al constatar que este mal-llamado “Acuerdo de Copenhague” no fue un acuerdo del COP15 (la Conferencia de las Partes en la que todos los países tienen voz y voto), sino que fue redactado de forma no transparente y antidemocrática en reuniones cerradas y por parte de un pequeño grupo de gobiernos poderosos, para ser impuesto después al proceso global con el peligro de desestabilizar y descarrilar al organismo que tiene legitimidad internacional en este tema: la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC), en la que todos los países tienen derecho a ser escuchados.

CJN!Una alianza de la sociedad

Durante el encuentro en Copenhague se excluyó de las negociaciones a casi todas las entidades que representaban a la sociedad civil – es decir, a tí y a mí. Muchísimas de ellas se unieron bajo el nombre Climate Justice Now! (CJN!) y trabajan desde entonces bajo el eslógan “System Change, not Climate Change”, dejando claro que lo que necesitamos para hacer frente de forma real a los profundos problemas que está causando nuestro sistema de producción globalizado, así como nuestra creciente separación de la Madre Naturaleza, es precisamente cambiar el sistema de raíz, desde las bases – los parches ya no sirven.
La flagrante falta de inclusión de la gran mayoría de la población en decisiones que toma la ONU bajo la batuta de gobernantes presionados por grandes intereses capitalistas (decisiones que nos afectarán enormemente a todos) llevó al presidente Evo Morales a convocar, el 1 de Enero de este año, a gobiernos, ONGs y demás representantes de toda la sociedad a un encuentro en Cochabamba, Bolivia: la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra, que se celebró en Abril. A pesar de que coincidió con la desafortunada y mediática “nube volcánica”, acudieron 35.000 personas de 140 países, representando a gobiernos y a la sociedad civil, para debatir algunas partes de las negociaciones de la CMNUCC, así como temas exigidos por las organizaciones sociales y los pueblos indígenas del mundo. ¿A que no te enteraste de este evento tan crucial para los intereses de todos? Vaya con el poder de los medios, que realmente nos tienen “en las nubes”…
De este proceso resultó el “Acuerdo de los Pueblos” de Cochabamba, que incorpora temas como las causas estructurales de la crisis climática, la importancia de la agricultura y la soberanía alimentaria, la pérdida de la armonía con la naturaleza que sufrimos y todo lo que ello conlleva, o la necesidad de crear un marco vinculante que permita identificar y juzgar los crímenes climáticos y de desarrollar una democracia global para que los pueblos puedan decidir en un tema que afecta a toda la humanidad y a nuestro planeta.

El proceso de negociación ante la ONU

Durante las negociaciones climáticas celebradas en Bonn en Agosto se presentaron una serie de propuestas concretas extraídas del “Acuerdo de los Pueblos” ante la CMNUCC, con el fin de avanzar las negociaciones de una forma nueva y positiva. Así, las principales reivindicaciones de la sociedad civil fueron incorporadas al texto que estaba siendo negociado por un Grupo de Trabajo Especial de la CMNUCC, que se reunió a principios de Octubre en Tianjin, China.
En Tianjin hubo muchas presiones para que las propuestas del “Acuerdo de los Pueblos” fuesen eliminadas de los textos que se negociarán este Diciembre en Cancún, México, en el COP16 – una cumbre de la que seguramente oiremos hablar mucho una vez más. Por suerte, las entidades de CJN!, que representan a una parte significativa de la población mundial, se movilizaron para instar a sus gobiernos a apoyar los resultados de Cochabamba para que sean considerados como una propuesta más a negociar en Cancún – y lo consiguieron, lo cual es una excelente noticia, sobre todo teniendo en cuenta que incluyen:
·El reconocimiento de los Derechos de la Madre Tierra.
·Limitar el incremento de la temperatura a 1º C.
·Reducir la emisiones en más de un 50 % para el 2017.
·Pleno respeto a los derechos humanos y a los derechos de los pueblos indígenas y emigrantes climáticos.
·Constitución de un Tribunal Internacional de Justicia Climática.
·No permitir la creación de nuevos mercados de carbono, ya que transfieren la responsabilidad de reducir las emisiones de los países desarrollados hacia los que están en vías
de desarrollo.
·El 6 % del PIB de los países desarrollados deberá financiar acciones frente al cambio climático en los países en vías de desarrollo.
·Levantamiento de las barreras de propiedad intelectual para facilitar la transferencia
de tecnología.
·No mercantilización de los bosques.
·El impulso de medidas que cambien los patrones de consumo de los países desarrollados
·El impulso de políticas nacionales que puedan apoyar los mercados locales y la soberanía alimentaria en lugar de beneficiar a los mercados globales y la exportación.
La situación para Cancún, sin embargo, es extremadamente preocupante. Existe el peligro real de que a último momento se quiera imponer un texto que no fue negociado ni acordado por las partes. Además, existe el riesgo de que los temas referentes a la reducción de emisiones y la vigencia del Protocolo de Kioto se posterguen hasta la siguiente cumbre en Sudáfrica, o más tarde aún, lo que supondría perder un tiempo precioso. Por otra parte, hay una gran presión por parte de países desarrollados para que se dé luz verde a nuevos mecanismos de mercado de carbono, en particular en relación a los bosques.

¿Qué podemos hacer?

En este contexto, y según los expertos que trabajan representando a la sociedad civil, la única forma de avanzar hacia un resultado satisfactorio es fortalecer la organización y movilización de los movimientos sociales, ambientalistas, pueblos indígenas, mujeres, intelectuales, artistas, jóvenes y el pueblo en su conjunto para defender el “Acuerdo de los Pueblos” de Cochabamba y presionar a sus gobiernos. Para ello, es vital que la población conozca la existencia de este Acuerdo y sus contenidos: son un rayo de esperanza y una herramienta real de trabajo dentro del complejo sistema de la ONU que no podemos dejar de lado.
Pero no podemos esperar a los políticos: las personas de a pie, tú y yo, hemos de dar pasos decididos en el camino de transición hacia sistemas de producción y consumo locales. Informémonos, conectémonos, inspirémonos y seamos parte activa del cambio que queremos ver en el mundo.
Más información:
Sobre la alianza de la sociedad civil:
www.climate-justice-now-org/es
Sobre la Conferencia de los Pueblos en Cochabamba www.cmpcc.otg
Análisis y publicaciones de expertos en los mercados de carbono: www.carbontradewatch.org (ver sección Translations para material en español)

La bicicleta: no contamina, ni gasta gasolina

Congregación de Bicicletas

Cualquiera que se atreva a adentrarse en la ciudad con el coche se habrá dado cuenta de que es una locura. La ciudad se ha vuelto hostil: no hay quien aparque y el aire está cada vez más sucio. La causa está clara, hay demasiados coches. Podemos lamentarnos y seguir perdiendo el tiempo en los atascos o hacer un cambio divertido y limpio. Si la situación actual ha sido creada por los coches no podremos solucionarla con los coches. (El mundo no puede evolucionar más allá de su actual situación de crisis utilizando el mismo pensamiento que creo esta situación.Albert Einstein).

Tal vez sea el momento de rescatar la máquina verde por excelencia, la bicicleta. Es uno de los artefactos más sabios jamás creados por el ser humano: permite desplazarnos ágilmente, no emite ni una pizca de gases contaminantes, no supone un gasto de combustible y ayuda al usuario a mantenerse en forma. ¡Esto si que es tecnología!

Salud y rapidez

Un estudio realizado en Dinamarca a lo largo de 14 años y en el que se analizan 30.000 personas de entre 20 y 93 años de edad, aquellos que usaban la bici diariamente para ir a trabajar disminuían su tasa de mortalidad en un 40%.

También se ha constatado que en ciudades congestionadas y para distancias de hasta 5-7 km, la bici es el medio de transporte más rápido.

Merece la pena montarse en la bici en un día soleado por la ciudad para recuperar la sensación de libertad, notar el aire en la cara, y recuperar el contacto con nuestro cuerpo. La bicicleta humaniza la ciudad.

Cualquiera que haya visitado Ámsterdam o Copenhague se habrá dado cuenta no sólo es técnicamente posible, si no que es más que recomendable. En nuestro país, Barcelona está dando pasos importantes en este sentido. Ahora solo falta que los Ayuntamientos del resto de ciudades se lo tomen en serio y rediseñen las ciudades para que los ciudadanos que se mueven en bicicleta no se jueguen la vida en las calles. No es justo que quienes no contaminan ni obstruyen las ciudades estén indefensos ante la agresividad de los coches.

Masa crítica

CiclistasCon este nombre se conocen unos paseos en bicicleta, generalmente mensuales, de ciclistas urbanos para festejar y revindicar el uso de la bici.

El nombre viene de la película “Return of the Scorcher” de Ted White, en el que se enseñaba un fenómeno que se da en China. Dada la ausencia de semáforos y la irrupción de los vehículos a motor, para poder cruzar grandes avenidas, los ciclistas se paran y esperan hasta que sean suficientes como para poder cruzar todos juntos con seguridad.

A este fenómeno se le denominó “masa crítica”. En el año 1992, en San Francisco se organizó un paseo colectivo con ese nombre y desde entonces la iniciativa se ha extendido a muchas ciudades del mundo.

Consejos prácticos

Sea cual sea tu gusto y preferencia, una bici que quieras emplear para andar por la ciudad precisa algunos componentes indispensables que te detallamos a continuación:

El cuadro: Barra alta o barra baja…Depende de tus preferencias. Aunque sí es verdad que una bici con barra baja (lo que algunos llaman modelo de mujer) permite que podamos bajar y subir de la bicicleta con mayor comodidad y facilidad. Importante sobre todo cada vez que tengamos que parar ante un semáforo rojo.

Luces y reflectantes: Las luces delanteras y traseras son muy importantes. La luz dinamo tiene la ventaja de ser potente pero en la parte trasera conviene tener una luz que funcione con pilas. Así, cuando paras en un semáforo sigue encendida. Además de luz, es aconsejable que tu bici este equipada con reflectantes.

Parrilla trasera: Conviene que la parrilla trasera sea robusta y que nos permita llevar carga.

Cubre cadenas: Para que no te ensucies los pantalones y para que no se te enganchen.

Cambios: No necesitas tener 21 velocidades. El que te diga lo contrario seguramente no ha montado mucho en bici por la ciudad. Bastan 3, 5 ó 7 velocidades.

Guardabarros delanteros y traseros: En caso de lluvia evitan que te llenes de agua sucia.Paseando en Bicicleta

Sillín confortable: Se ofrece a la venta distintos diseños y anchuras. Lo importante es que estés cómodo, pero recomendamos uno que este bien acolchado.

Cubiertas: Las cubiertas deben ser resistentes a los pinchazos. También es recomendable que entre los radios tengan un reflectante que de noche te permita ser visto desde el lateral.

Timbre: Para avisar tu llegada. No es absolutamente necesario pero es un accesorio práctico.

Una buena rutina para comenzar a salir en bici

  • Elige por lo menos 2 días de la semana en los que estés dispuesto a invertir 1 hora en tu salud. Coge tu bici y paséate por las calles de tu barrio.
  • Si te animas, utiliza las obligaciones diarias para andar en bicicleta, visitar a alguien o ir de paseo.
  • Si mantienes el compromiso durante 1 mes, te vas a sentir mejor, te vas a ver mejor, tu cuerpo te lo agradecerá y querrás más.

Más información: www.mallorcaweb.net/massacritica y www.ciclismourbano.org

La cultura del surf

Bajo la OlaNingún surfista quiere chapotear en un mar contaminado, o mirar pasivamente mientras un trozo muy querido de costa prístina se desarrolla para convertirse en un puerto deportivo, y cada surfista que he conocido anhela la experiencia de hacer surf con delfines, o de ver tiburones peregrinos.

Yo he surfeado con delfines, focas, tiburones y serpientes marinas. He sentido como de repente se detiene el tiempo – sensación que buscan todas las técnicas de meditación – en las profundidades del tubo, cuando la cortina de agua cae con el sonido de un aplauso divino. He estado a punto de ahogarme por el poder de las olas, y he salvado a una persona que se estaba ahogando. He visto cómo hombres y mujeres se curaban con el surf.

He buceado debajo de la ola en arco producida por un buque que pasaba mientras yo chapoteaba en el océano abierto, y con frecuencia me he bañado en los arco-iris que se reflejan en la espalda de las olas peinadas por los vientos del interior. Cuando me subo a una ola, resistiendo sobre una astilla frente a un océano inquieto que se estira en el horizonte, me siento a la vez pez y pájaro, atrapado entre la gravedad y la levedad.

Cada ocasión de éxtasis, miedo y simple satisfacción ha contribuido a mi educación sobre el mar – las relaciones complejas entre los vientos, las corrientes, las formas de las playas, los tipos de olas y el movimiento lunar y de las mareas. Esta conciencia de los surfistas ofrece un conocimiento colectivo poderoso – pero ¿cómo podemos aplicar este conocimiento holístico de la naturaleza y belleza del mar y transformarlo en acción para el bien colectivo?

Oleaje libertadLos surfistas son amigos del océano y tienen un imperativo ecológico para proteger este ecosistema complejo y vital. Ya están fichados, manchados por los residuos de sal, pero como siempre existen contradicciones. Los surfistas tienen fama de proteger su zona local de los visitantes, pero por supuesto, ningún grupo de personas es dueño del océano de esta forma, y los surfistas tienen que aceptar esta realidad. Los admirables surfistas que se niegan a seguir este tipo de comportamiento agresivo permiten que la ola y las condiciones den forma a sus respuestas.

El psicólogo norteamericano James Gibson describió la percepción no como la acción de los humanos sobre el medio ambiente, sino como el medioambiente educándonos a nosotros. El mundo natural nos impacta y nosotros respondemos. Cuando entendemos esto, ya no tenemos la necesidad de moldear el mundo según nuestros deseos, sino que apreciamos la forma que tiene el mundo de enseñarnos su presencia y su belleza. Surfeando, los que tratan de imponerse a la ola suelen caerse. Como dijo el poeta Wallace Stevens, el mundo es presencia, no fuerza.

Refugio MarinoA finales de los años ’50, cuando ocurrió el primer boom del surf en California, los surfistas no solo eran considerados unos rebeldes arquetípicos, sino también gente no trabajadora y marginados, gente sin mucha utilidad para la economía americana frenética de la post-guerra. Medio siglo después, parece que poco ha cambiado. No obstante, el estereotipo no está acertado: la mayoría de las personas que hacen surf lo hacen en su tiempo libre y tienen empleos, pagan sus impuestos y mantienen sus familias. Para unos pocos con mucha suerte, como yo, el surf es una profesión a tiempo completo. Con años de experiencia y mucha devoción, los surfistas adquieren conocimientos que incluso los mejores geógrafos de costas no tienen: un conocimiento intuitivo y holístico del medioambiente.

Muchas personas implicadas en la cultura del surf están sacando a la luz el tema de la ecología en relación con esta actividad. Los surfistas fueron los primeros en notar la cantidad de aguas residuales que flotaban cerca de la costa británica, y protestaron a gritos.

InmersiónLa industria de las tablas de surf tiene un pasado muy tóxico; se trabajaba con químicos con base de disolventes de la industria aeroespacial de los años ’60. El poliuretano y la fibra de vidrio, materiales carcinógenos, son baratos y versátiles, de aspecto atractivo, toleran temperaturas extremas, son fáciles de construir y permitieron elaborar diseños efectivos que fueron evolucionando con rapidez.

Sin embargo, el manufacturero líder americano en tablas de poliuretano fue cerrado después de unos años porque el producto infringía las leyes relativamente relajadas de aquella época. Como consecuencia, una oleada de nuevas producciones más pequeñas y más ecológicas ha surgido – con tablas de surf hechas de cáñamo, madera de balsa, bambú y madera de paulownia, reflejando las raíces polinesias del surf donde los hawaianos fabricaban sus propias tablas con este árbol.

Como surfista profesional que se gana la vida escribiendo sobre el viaje, he tenido la bendición de surfear los océanos del mundo, pero también he tenido la desgracia de ver playas abiertamente convertidas en basureros, llenas de plásticos. Todos estamos familiarizados con las noticias de extinción de especies por la pesca excesiva, de la desaparición de los arrecifes de corral y de los problemas de vertidos de petróleo y contaminación por aguas residuales. Lo que no se comenta tanto es la creciente cantidad de residuos que los barcos tiran al agua.Descanso acuático

Recientemente, una fuerte tormenta invernal provocó el amontonamiento de cientos de bolsas de suero fisiológico y de glucosa en las playas del suroeste británico. El contenido era relativamente inocuo, pero los plásticos son mortales. Estos pueden haber sido lanzados al agua desde un barco contenedor, simplemente abandonados como basura al estar cerca de su fecha de caducidad. Ver este tipo de catástrofes ecológicas de primera mano ha sido para muchos surfistas el catalizador para convertirse en activistas ecologistas.

Los surfistas seguirán haciendo acciones para proteger el medioambiente que tanto aman, y están muy equipados para hacerlo, como grupo. El surf sigue atrayendo a la gente joven que prefiere el desafío y el divertimiento de las olas al tipo de entretenimiento tecnológico. Insistimos en que las tecnologías que sostienen el surf – las manufacturas de tablas y de trajes – tienen que seguir explorando futuros sostenibles.

Los surfistas tienen que conciliar su deseo intenso de olas prístinas en aguas vivas con los retos ecológicos a los que estamos enfrentados. Ya no es simplemente un caso de surfistas contra las aguas residuales; son surfistas a favor de la sostenibilidad – y de la salud pública, encabezado por el movimiento del gimnasio azul que llama a la gente joven en particular para que reconecten con las actividades del océano en lugar de quedarse sentados frente a una pantalla de ordenador.

Sam Beakley es surfista profesional y escritor de viajes

Artículo publicado en la revista Resurgence número 255. Julio-Agosto 2009

Adiós a la bolsa de plástico

Helen and Diane carrier bag action¿Has visto la película American Beauty? En una escena el protagonista filma una bolsa de plástico volando por el aire como si estuviera bailando… la imagen es extraña y bella al mismo tiempo. Sin embargo, si multiplicas esta imagen por millones, el resultado es nuestro planeta cubierto de bolsas de plástico. Esto ya no tiene nada de bello, es un peligro para el medio ambiente y, lo peor, es nuestra situación actual.

Producir las bolsas es extremadamente barato, por eso nos las dan gratis. Por esta razón y porque son muy fáciles de usar, nuestro consumo de bolsas de plástico se ha incrementado dramáticamente. Según datos de Greenpeace, cada español utiliza una media de 238 bolsas comerciales de plástico al año, lo que supone una cifra de 10.500 millones de bolsas anuales en España. Esto genera casi 100.000 toneladas de basura de un producto derivado del petróleo, no biodegradable, muy tóxico si es incinerado y peligroso para la fauna, sobre todo la marina. Las ultimas estimaciones dicen que a nivel mundial consumimos alrededor de 5 billones de bolsas al año. (¡5.000.000.000.000!).

El uso que normalmente le damos a una bolsa de plástico es de escasos minutos, el tiempo que tardamos en recorrer el camino entre el súper mercado y nuestra casa. Sin embargo, ¡cada bolsa tardará entre 400 y 1,000 años en deshacerse! Todo ese tiempo permanecerá ensuciando una playa, el mar o un campo, y poniendo en peligro la vida de númerosos animales que pueden ingerirla por error.

Un gran porcentaje del espacio de nuestros saturadísimos vertederos lo ocupan las bolsas de plástico. Se deshacen poco a poco convirtiéndose en trozos tóxicos más y más pequeños que contaminan la tierra, los ríos y el mar.

Para el mundo marino la bolsa de plástico es todavía más letal. La organización Planet Ark dice que cada año mueren 100.000 pájaros, ballenas y tortugas a raíz de la ingestión de bolsas no biodegradables ya que las confunden y las tragan pensando que son comida.

Movimiento mundial

La buena noticia es que es un problema fácil de resolver: simplemente hay que utilizar otro tipo de bolsa para llevar la compra. Para lograrlo ha surgido un movimiento mundial que apuesta por la eliminación de las bolsas de plástico. Los ayuntamientos de grandes ciudades como Londres, París y San Francisco y países enteros como Dinamarca, Irlanda, Australia, Bangladesh, Taiwán, Italia, y Sudáfrica están tomando acciones para prohibirlas o reducir su consumo.

En Irlanda, un impuesto medio ambiental de 15 centavos gravando el uso de cada bolsa de plástico ha podido reducir su uso en un 90% en solo un año. Este cambio dramático ha ahorrado millones de euros para el gobierno Irlandés en acumulación de plásticos en los vertederos y en el reciclaje de bolsas de plástico.

En Taiwán, una nueva ley requiere que los restaurantes, supermercados y las tiendas cobren a los clientes por el uso de bolsas y cubiertos de plástico y hasta ahora ha resultado en una reducción de su uso en un 69%.

Los críticos decían que los impuestos y las prohibiciones no cambiarían el comportamiento del consumidor y que las alternativas a la bolsa de plástico eran caras. Pero los hechos dicen otra cosa, en Irlanda, un estudio del Ministerio del Medio Ambiente demuestra que la gente ha vuelto a usar bolsas de tela y mochillas sin mayores problemas y que la ley ha despertado la sensación en los ciudadanos de que sus acciones individuales sí que pueden cambiar su entorno.

Por otro lado, ciudadanos y comerciantes están tomando la iniciativa de prohibirlas sin la acción legal de los gobiernos. En Inglaterra, empezó en el pueblo turístico de Modbury en el sur de Inglaterra y ahora más de 50 pueblos ya han iniciado este proceso de prohibir la bolsa de plástico por iniciativa propia.

Vuelta a la senalla

En Balears tenemos la alternativa perfecta para solucionar varios problemas de un cestazo. Si reduce el uso de las bolsas de plásticos, como está ocurriendo en muchas otras partes del mundo, y, al mismo tiempo, se potencia el uso de la cesta de palma (senalla de llata), se está evitando un problema medioambiental de primer orden y se está potenciando la producción de un producto artesanal de gran belleza y utilidad. Una solución redonda.

Hasta que el turismo irrumpió, en pueblos como Artà, Pollensa, Capdepera o Andratx, se confeccionaban artesanalmente las cestas y otros magníficos productos realizados con palma. Unos productos que pueden durar ¡más de 80 años! Ahora que este oficio ya no es rentable a nadie le interesa dedicarse a esta actividad. En la actualidad, la mayoría de cestas provienen de Marruecos donde se producen a muy bajo coste. Tan sólo un par de comunidades de mujeres en Artà y Capdepera mantiene la llama viva. Merece la pena verlas trabajar con sus manos, trenzando la palma y ver de cerca su cestas, obras de arte para la vida cotidiana. Los productos de estas mujeres reúnen tres características que les hacen excepcionales: son bellos, limpios y duraderos. Más que suficiente para que su fabricación se potencie y la vuelta a la senalla sea la solución a la plaga de bolsas de plástico que padecemos.

Qué hacer

  • Volver a usar tu cesta ¿sabes que nuestras cestas de palma (senallas de llata) están hechas de una palmera autóctona y que la cesta, si la cuidas puede tener una vida de 80 años?
  • Usa bolsas de tela, mochillas y cualquier otra cosa reutilizable para llevar la compra.
  • Cuando las usas, usa bolsas de plástico mas duraderas y reutilizables.
  • No uses bolsas de papel: en 1999, se tallaron 14 millones de árboles solo para producir los 10 billones de bolsas de papel para la compra que se usaron en Estados Unidos.
  • Habla con los comerciantes, las asociaciones de vecinos y el ayuntamiento de tu localidad para hacer de tu pueblo un lugar limpio de bolsas de plástico.
  • Organizar reuniones con tus parlamentarios para pedir que ellos inicien un proceso legislativo para reducir el uso de bolsas de plástico en nuestra Isla.

La ecoalfabetización

La ecoalfabetizaciónEl concepto de sostenibilidad ecológica fue introducido hace más de veinte años por Lester Brown, quien lo definió una sociedad sostenible como aquella que es capaz de satisfacer sus necesidades sin reducir las oportunidades de las futuras generaciones. Esta definición clásica de sostenibilidad es una exhortación moral importante, pero no nos dice nada sobre cómo realmente construir una sociedad sostenible. Por esta razón, todo el concepto de sostenibilidad sigue siendo complejo para muchas personas.

Lo que necesitamos es una definición práctica de sostenibilidad ecológica. La clave para esta definición es darnos cuenta de que no necesitamos inventarnos comunidades humanas sostenibles a partir de cero, sino que podemos emplear como modelo los ecosistemas de la naturaleza, que son las comunidades sostenibles de las plantas, animales y microorganismos. Puesto que la característica mas destacada de la bioesfera es su habilidad innata de conservar la vida, una comunidad humana sostenible debe estar diseñada de tal manera que su forma de vida, negocios, economía, estructuras físicas y tecnologías no interfieran con la habilidad innata de la naturaleza para sustentar la vida.

Esta definición de sostenibilidad implica que en nuestra lucha por construir comunidades sostenibles, debemos entender los principios de organización que han desarrollado los ecosistemas para sostener los hilos de la vida. Entender esto es lo que llamamos ecoalfabetización. En las próximas décadas la supervivencia de la humanidad dependerá de nuestra habilidad para entender los principios básicos de la ecología y vivir en consecuencia.

Necesitamos enseñar a nuestros hijos -¡y a nuestros líderes políticos y corporativos!- los hechos fundamentales de la vida, por ejemplo, que la materia gira continuamente a través de la red de la vida; que la energía que mueve los ciclos ecológicos fluye desde el sol; que la diversidad nos asegura la elasticidad; que el desperdicio de una especie es el alimento de otra especie; que la vida, desde sus comienzos hace más de tres mil millones de años, no se hizo cargo del planeta combatiendo sino hilando y trabajando. Enseñar este conocimiento ecológico, que es igualmente una sabiduría ancestral, será el papel mas importante de la educación del siglo XXI.

Un nuevo paradigma

La ecoalfabetizaciónEntender por completo los principios de la ecología requiere una nueva manera de ver el mundo y una nueva forma de pensar en términos de relaciones, conexión, y contexto. La ecología es primeramente y sobretodo una ciencia de relaciones entre los miembros de las comunidades del ecosistema. Para entender completamente los principios de la ecología necesitamos pensar en términos de relaciones y contexto. Este pensar contextual o sistémico implica varios cambios perceptivos que van en contra de la corriente de la ciencia occidental tradicional y la educación.

En lugar de ver el universo como una máquina compuesta por bloques de construcción elementales, los científicos han descubierto que el mundo material, finalmente, es una red de patrones de relaciones inseparables; que el planeta en su totalidad es un sistema viviente, y autoregulador. La visión del cuerpo humano como una máquina y de la mente como una entidad separada se está reemplazando por una que no solo ve el cerebro, sino también el sistema inmunológico, los tejidos corporales e incluso cada célula, como sistemas cognitivos vivientes. Esta visión ya no considera la evolución como una lucha competitiva por la existencia, sino que en cambio, la ve como un baile cooperativo en el cuál la creatividad y el constante emerger de novedades son las fuerzas conductoras.

Cuando estudiamos los principios básicos de la ecología en profundidad, encontramos que están interrelacionados. No puede existir ningún organismo individual aisladamente. Los animales dependen de la fotosíntesis de las plantas para sus necesidades energéticas; las plantas dependen en el dióxido de carbono que producen los animales, así como también del nitrógeno que produce las bacterias en sus raíces; y conjuntamente, las plantas, los animales y los microorganismos regulan toda la biosfera y mantienen las condiciones que posibilitan la vida. La sostenibilidad, por tanto, no es propiedad individual sino propiedad de una red completa de relaciones. Siempre implica a toda una comunidad. Esta es la lección profunda que necesitamos aprender de la naturaleza. La manera de sostener la vida es construyendo y alimentando la comunidad.

Todo está relacionado

La ecoalfabetizaciónCuando enseñamos esto en nuestras escuelas, es importante para nosotros que los niños no solo entiendan la ecología, sino la experimenten en la naturaleza – en un huerto escolar, en una playa, o en el nacimiento de un río- y que también experimenten la comunidad mientras estudian. En caso contrario, podrían dejar la escuela y ser ecologistas teóricos de primera línea pero importarles bien poco la naturaleza, la Tierra.

La comunidad es esencial para comprender la sostenibilidad, y también es esencial para la enseñanza de la ecología de la manera multidisciplinaria que requiere. En las escuelas, hace falta integrar varias disciplinas para crear un curriculum orientado ecológicamente. Obviamente esto solo es posible si los profesores de las distintas disciplinas colaboran, y si la administración escolar hace posible dicha colaboración. En otras palabras, las relaciones conceptuales entre las distintas disciplinas se pueden hacer explícitas solamente si hay relaciones humanas correspondientes entre los profesores y administradores.

Diez años de trabajo nos ha convencido de que la educación para la vida sostenible se puede practicar mejor si toda la escuela se transforma en una comunidad de aprendizaje. En dicha comunidad, los profesores, alumnos, administradores y padres están todos interconectados en una red de relaciones, trabajando juntos para facilitar el aprendizaje. La enseñanza no fluye de arriba hacia abajo, pero existe un intercambio cíclico de conocimiento. El enfoque está en aprender y todos, dentro del sistema, son tanto profesor como alumno.

En la visión convencional de la educación, los alumnos aparecen como aprendices pasivos, y el curriculum es un conjunto de información predeterminada, fuera de contexto. Nuestra pedagogía educativa para la vida sostenible rompe completamente con este convenio, involucramos a los alumnos en el proceso educativo con ayuda de proyectos basados en la vida real. Esto genera una fuerte motivación e involucra a los alumnos emocionalmente. En lugar de presentar información fuera de contexto predeterminada, fomentamos el pensamiento crítico, las preguntas y experimentación, reconociendo que el aprendizaje implica la estructura del significado según la historia personal del alumno y su antecedente cultural.

La Tierra es nuestro hogar común y crear un mundo sostenible para nuestros hijos y para futuras generaciones es nuestra tarea común.

Más información: www.ecoliteracy.org