10 lecciones de innovadores sociales que lo están haciendo hoy posible

Estuve el pasado viernes en la conferencia de Innovación Social organizada por la Cátedra Bancaja de Emprendedores (UIB) y Eticentre. El contenido y los ponentes de la jornada, y algunos comentarios sobre cómo fue, así como los audios de las conferencias (que realmente valen la pena!), los podéis encontrar en el post de Toni Roig y en el de ¿Quién ha muerto hoy?, ambos muy completos.

Lo que yo quería proponer hoy aquí son las principales reflexiones sobre innovación social que se desprenden, para mí, de lo que dijeron los ponentes, y una propuesta de acciones a tomar por los agentes de cambio que somos todos en este momento que tenemos la suerte que nos ha tocado vivir.

Ahí van las reflexiones:

1. Toda transformación individual o colectiva tiene dos formas de emprenderse: por compulsión (cuando se asume cuando ya no hay más remedio que asumirla) o por convicción (cuando se asume porque se cree que es lo mejor que puede hacerse).

2. Los elementos clave de los proyectos e iniciativas de innovación social son: sentido (responde a la pregunta, ¿para qué sirve?), vocación (sale del corazón), socios (no clientes), comunidad, transparencia, democracia, participación, autenticidad, apertura, intersectorialidad, organización en red, viralidad, cooperación, nuevos formatos de financiación, rentabilidad económica y social.

3. Para innovar socialmente, se necesita: fuerza interior, esperanza, resiliencia (capacidad de un individuo, entorno u organización de reponerse a los traumas) y longanimidad (constancia de ánimo en las adversidades).

4. Además de la cadena de valor tradicional, una iniciativa de innovación social debe tener una cadena de sentido, que incluye parámetros como pertenencia, utilidad social, transparencia, compromiso, simetría y ecología social y natural.

5. Si queremos ser innovadores sociales, tenemos que tener principios, consciencia, trabajo, carácter, ética y compromiso. Y tenemos que pensar bien, actuar bien y amar bien. Confiar en uno mismo, confiar en el otro y tener esperanza en la vida.

6. Existen herramientas digitales que nos permiten organizarnos socialmente, alrededor de conceptos como corresponsabilidad, retorno social y bien común.

7. Está muy bien hablar de valores, pero hay que aplicarlos y vivir con ellos, y esto no es tan fácil.

8. Cuando llega una oportunidad de hacer un proyecto con sentido, la pregunta es ¿con quién puedo colaborar? La endogamia, incluso en las organizaciones, no sirve. Las ideas no son de nadie, son de todos.

9. El concepto de “excedente cognitivo” parte de la base de que las personas despiertas tienen más ideas que tiempo para ponerlas en marcha, se trata de captar esa energía para un fin productivo para la sociedad y para el planeta.

10. La colaboración no es un fenómeno que espontáneamente se sostenga, hay que aprender a provocarla y manejarla.

Y, a partir de las reflexiones, me propongo:
- Hacer lo que creo que tengo que hacer.
- Utilizar las características de las iniciativas de innovación social para ver dónde pongo mi energía, mi tiempo y mi amor.
- Utilizar sistemáticamente los conceptos resiliencia y longanimidad, y mirar a largo plazo, a 100 años vista.
- Reflexionar sobre la cadena de sentido cuando observo una organización.
- Pensar bien. Actuar bien. Amar bien. Confiar en el otro.
- Aprender a utilizar las herramientas digitales, observar los prototipos de las iniciativas de las que aprendo.
- No sólo hablar, también hacer, hacer, hacer. Aceptar mis incoherencias cuando no haya más remedio.
- Colaborar, colaborar, colaborar. Apertura de mente y de corazón, dejar que la Vida me traiga a las personas que me van a ayudar a crecer.
- Dejar que otros utilicen mi excedente cognitivo para que todos vivamos mejor.
- Aprender a provocar y manejar la colaboración, ya que ya no vale con las actitudes individuales, el cambio es tan apremiante que hay que trabajar en equipo.
Por último, una frase con Wikipedia que creo que podemos generalizar: “El problema con Wikipedia es que sólo funciona en la práctica. En teoría, nunca podría funcionar”. Hagamos que la innovación social funcione en la práctica, qué más nos da, la teoría.

Al final, todo acaba saliendo bien, aunque “bien” no sea como uno espera…

Hablábamos el otro día de esta expresión: “Al final, todo acaba saliendo bien”, y sus posibles corolarios o matices que la hacen cierta. En mi opinión, al final, todo acaba saliendo “bien”, aunque “bien” no sea como yo esperaba, como me habría gustado, como yo quería. Y siempre acaba saliendo “bien”, porque la vida me trae otra cosa que no era lo que yo buscaba, pero que valoro mucho más que lo que buscaba: un íntimo aprendizaje, un nuevo camino, algo más adecuado para mí, una nueva experiencia,… En lo que siento como grandes pérdidas, cuando miro con la perspectiva que da el tiempo y la distancia, siempre acabo pensando “si esto hubiera salido como yo esperaba, esto otro no habría llegado”, y siempre, siempre, lo que ha llegado es mucho más interesante, constructivo, bonito, adecuado y prometedor que lo que yo esperaba.

Había quien hacía otro matiz interesante, sobre la frase “Al final todo acaba saliendo bien”. Decía que había que cambiarla por “Al final, todos los procesos acaban saliendo bien”. La idea es que tenemos tendencia a abandonar lo que no nos gusta, los proyectos que se nos complican, las relaciones difíciles. Simplemente, cerramos la puerta, listos. Pero lo que defendía quien comentaba este enfoque es que nada se acaba hasta que no se ha terminado dentro de nosotros, que mientras haya un mínimo interés en nuestro corazón hay que seguir el proceso, porque es ahí donde están los grandes aprendizajes del camino. Las mismas pruebas vuelven una y otra vez por los procesos no terminados, por las lecciones no aprendidas, por los desafíos no enfrentados.

Y hay un día en que realmente sentimos que un proceso se ha terminado, y entonces es el momento de cerrar.

Y hay procesos que no se terminan nunca, y está bien respetar que estén vivos para siempre en nuestro corazón, siempre que tengamos ecuanimidad suficiente para seguir caminando y aprendiendo del proceso eterno… y de todos los demás que nos trae la Vida.

La creatividad con la que conectamos en la búsqueda de aprendizajes derivados de seguir los procesos hasta el final es única, no perdamos estas oportunidades.

Entrevista a Jonathan Dawson, Director del área Ecónomica de Schumacher College

 

 

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Jonathan Dawson de Gaia Education y Schumacher College impartirá un curso sobre Economía para la Transición hacia un nuevo mundo, en Madrid el 26 y 27 de Enero. También se puede participar online, desde cualquier lugar.

 

 

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Jonathan Dawson director del área de Economía del Schumacher College y Gaia Education, es experto en estrategias económicas innovadoras. En medio de las fuertes turbulencias que atraviesa nuestra sociedad, Dawson apuesta por devolver la economía al control democrático y hacerla más inclusiva. Además, nos invita a preguntarnos cómo podemos movilizar los talentos de los jóvenes que ahora mismo no están trabajando. Lamenta que este sector de nuestra sociedad, uno de los más innovadores, sea desaprovechado.

Como Director del Area Ecónomica de Schumacher College y de Gaia Education, ¿cuál es tu análisis de la crisis actual?

Existen paralelos entre este momento y crisis previas que ha sufrido el sistema desde la Revolución Industrial. La última vez fue la Gran Depresión de finales de los años 20-principios de los 30, que fue un periodo de gran confusión, cuando algunas personas se enriquecieron enormemente mientras se incrementaba el paro, las monedas soberanas peligraban… Un punto en común entre ambas opino que es la transición de una forma de tecnología y producción dominante a otra. En la crisis del 29, de la artesanía hacia los modos de producción en masa,  y había tanta confusión porque empezaba a verse el emerger de esos modos de producción, pero aún tardaría en verse su asentamiento. Hoy en día, vemos la lucha entre el modelo del siglo XX, altamente centralizado y a gran escala (no sólo en las corporaciones sino en todo tipo de organizaciones: partidos políticos, iglesia, sindicatos – todos ellos con modelos centralizados de “comando y control”) … y el nuevo modelo que está emergiendo, alimentado por el poder de internet, que permite compartir información y desarrollar formas de organización mucho más dispersa y a pequeña escala, tanto para empresas como para partidos políticos, gobiernos, organizaciones…  Se trata de una batalla por la supremacía entre el modelo del siglo XX y el del siglo XXI. Y si se parece al periodo de crisis de los años 20-30, tardaremos un tiempo en ver lo que sucede.
La gran diferencia entre ahora y entonces, es que entonces quedaba mucho territorio y muchos ecosistemas por descubrir y explotar. Hoy, nos estamos topando de bruces con los límites de la capacidad de carga del planeta. Cada dólar que araña la economía global es a costa de las personas más pobres  y de otras especies. Se trata de un momento sistémicamente mucho más grave ahora, precisamente porque la economía es un sub-sistema de la ecología, y la ecología está al límite mucho más que nunca.


¿Podemos confiar en nuestros gobiernos para guiarnos en esta situación de crisis sistémica, que además topa con límites ecológicos?

Por desgracia, no… ya que la democracia tal como la conocemos, y es terrible tener que decir esto, está mal equipada. La realidad es que los gobiernos, que esperan ser re-elegidos cada 4 ó 5 años, no van a tomar las decisiones estructurales que en realidad son necesarias para responder a la naturaleza del problema. Casi por definición, las personas dentro de esos partidos están totalmente absortas en ese sistema que hay que cambiar. Necesitamos líderes radicales (en el sentido de “distintos a lo establecido”) que puedan trascender esos sistemas, necesitamos cambios muy grandes… Hay algunos indicios de tal innovación radical, pero se ven de momento muy superados por el greenwashing (el lavado de cara con etiqueta verde), tanto de partidos políticos como de empresas. Esto se vio claramente en momentos como la Cumbre sobre el Clima en Copenhague.
Hay una inercia y un conservadurismo en el sistema por naturaleza, y es que en su mismo diseño está el hecho de que los partidos que llegan al poder son parte del sistema que está causando la crisis. La única parte del mundo donde el proceso político parece ser una fuente de inspiración y cambio es Latinoamérica, donde gobiernos como los de Ecuador o Bolivia han otorgado estatus y protección legal a la Madre Tierra. Las gentes indígenas están proponiendo enfoques e ideas muy interesantes… pero fuera de ello, está sucediendo bien poco que esté respondiendo a la naturaleza real del problema.
En España veo mucha innovación, pero ninguna que venga del Gobierno, corrígeme si me equivoco…

Ojalá pudiera… ¿Y qué pueden hacer los jóvenes españoles desempleados y frustrados?

Buena, hay toda una nueva cultura desarrollándose en torno a la tecnología “open source”, de código abierto, que supone compartir información y procesos de creación. El punto es encontrar cuáles son las herramientas emergentes del siglo XXI, y resulta que los jóvenes son los más conectados a internet y quienes más conocen estas tecnologías, al contrario que los sistemas de gobierno y empresa actuales.
La necesidad es la madre de la inventiva, así que existe ese rayo de esperanza. Gran parte de los jóvenes europeos se ven ahora excluidos del mercado laboral y de las mesas de decisión, y no es algo que les deseo a los jóvenes, pero es probable que tengan que crear sus propios mercados y sus propias mesas de decisión. Y creo que están mejor capacitados que nadie para hacerlo. Intuyo que los jóvenes se sentirán cada vez más desplazados y enfurecidos, y que, mientras algunos manifestarán eso de forma violenta, otros canalizarán su creatividad hacia formas completamente nuevas de negocio, de arte, de organización… que en realidad será lo que nos salve.
Observo que hay una parte del sector privado exitosa y floreciente, que construye ordenadores, aviones, puentes y cosas así… pero que será cada vez menos capaz de dar empleo a nuestros jóvenes.
Lo que resulta interesante es que, como contrapartida, en ciertas partes del mundo, como el Norte de Europa, más que en otras, está emergiendo el fenómeno de la empresa social: gente que en el pasado se hubiese conformado con un empleo aburrido en una gran empresa están creando pequeñas empresas y organizaciones que se dedican a la silvicultura sostenible, a la construcción de casas energéticamente eficientes, al cuidado de ancianos, a producir, procesar y vender alimentos sanos, etc. Pero una de las grandes tareas ante nosotros es desarrollar mecanismos de intercambio democráticos que permitan a estas empresas comerciar entre sí sin utilizar la moneda de la economía capitalista dominante.
La pregunta es si podemos – ¡y es que debemos! – encontrar maneras (e internet es una gran herramienta para ello) que permitan que las empresas innovadoras, creativas, guiadas por valores, que están siendo creadas por los jóvenes, puedan seguir proveyendo servicios dentro de una economía basada en valores morales, utilizando distintos mecanismos de intercambio aparte de los que están al servicio del euro.  Hay muchísimo espacio para la creatividad en este juego.
Volviendo a España, si viniese un extraterrestre y viese este país ahora y hace cinco años, no podría detectar la diferencia: la gente es la misma, sus talentos son iguales o mayores, el territorio es el mismo, el clima ha variado un poco… pero esencialmente todo está igual, excepto la crisis de la que nos hablan en los medios, que infunde temor.


Resúmenos entonces cuáles son esas tendencias económicas y laborales que detectas…
En mi opinión, convergen ahora dos economías claramente distintas: una que sigue basada en la maximización de beneficios para los accionistas, en la innovación tecnológica, en mejorar la rentabilidad a través de la sustitución de personas por máquinas – pero esta supondrá una proporción cada vez menor de la economía total. La economía paralela que emerge está formada por gente implicada en actividades ecológica y socialmente útiles, guiadas por valores, conectados a sus lugares de actividad y sus comunidades – personas que necesitan hacer esto porque ya no pueden encontrar empleo en el sistema dominante. Para mí es fácil decir esto, con un empleo casi fijo y un sueldo razonable, pero me pregunto si no miraremos atrás a este momento en la Historia como una bendición que nos obliga a ser creativos ante un sistema que está claramente en colapso y que puede causar el colapso del planeta.
Gran parte de nuestra economía, y lo digo con todo respeto, es muy chic – está basada en servicios y productos que no son realmente necesarios.  Si tuviéramos que sobrevivir en base a lo que uno puede encontrarse en las calles de muchas ciudades… ¡seríamos mucho más delgados, para empezar! Parte del reto actual es saber si podemos resistir un colapso económico como el de 1929. En ese momento, había gente pasando hambre y durmiendo sobre cartones, mientras en el otro lado de la ciudad se tiraba leche a la calle porque no había mercado para ella. Nuestro visitante extraterrestre diría: ¡estáis locos!
Creo que lo que estamos haciendo es depender de un monocultivo económico (no digamos ya en Mallorca, que depende totalmente del turismo), de forma que si la economía colapsa, no hay forma de poder seguir apoyándonos unos a otros. Necesitamos empezar a diversificar nuestras economías, para proveer cosas que realmente son necesarias – a partir de ahí crear unos sistemas de intercambio que vinculen a las personas será mucho más fácil.
¿Cuáles son los sectores en auge ahora mismo?

Bueno, para empezar, la asignación de fondos es uno de los puntos críticos. Casi todo el dinero está siendo manejado por los bancos, y ellos, por definición, invierten en las actividades que generan más beneficios. Así que el reparto de fondos está yendo en su gran mayoría a financiar auténtica basura. Tan solo el 1% de los productos que se generan siguen en uso 6 meses después, lo cual indica lo ineficiente que es todo el sistema. El taladro medio se utiliza durante un total de 12 minutos. ¿Necesitamos uno en cada casa? Sin embargo, actividades realmente útiles socialmente son cosas como cultivar comida sana y nutritiva, procesarla en forma de sabrosos alimentos, cuidar de nuestros mayores, dar una buena educación a nuestros niños, cuidar de nuestros bosques… Pero esto no da beneficios en el sentido convencional de la palabra. A la hora de plantearnos en qué sector introducirnos laboralmente, en lugar de preguntarnos cuáles son los sectores que están dando mayores beneficios, deberíamos preguntarnos si hay trabajo importante que tiene que hacerse. Y la respuesta es un sí rotundo. Parece que ahí no es donde se creará empleo, pero eso es porque no es donde están siendo dirigidos los recursos, porque son los bancos quienes los manejan. Así que podemos ir más allá, a la raíz de ese punto crítico, y cuestionar si hay formas en que podamos re-democratizar el proceso de asignación de recursos financieros. Algo que está sucediendo cada vez más, al menos en algunas partes del mundo, es la creación de estructuras cooperativas que permiten unir nuestras finanzas y utilizarlas colectivamente para crear empresas e iniciativas que sean socialmente útiles y creen riqueza real. España tiene el ejemplo de la Cooperativa de Mondragón, que aunque ha variado con el tiempo, fue un excelente modelo de desarrollo empresarial cooperativo. También están desarrollándose las plataformas de crowdfunding, a través de las cuales mucha gente puede poner pequeñas cantidades de dinero para hacer realidad proyectos que les parezcan útiles.

¿Y cuál puede ser el rol de las instituciones públicas en esta economía emergente?

Existe el excelente ejemplo de Curitiba en Brasil, donde desde el Ayuntamiento se hicieron la siguiente y muy inteligente pregunta: ¿cuáles son las necesidades de nuestra comunidad que no están siendo cubiertas, y cuáles son los recursos de nuestra comunidad que están siendo infra-utilizados? Entraron en un amplio proceso que empezó por pagar a la gente de las favelas para que recogieran las basuras que los camiones no podían entrar a recoger, a cambio de billetes de autobús en el excelente sistema de transporte público local (que estaba siendo infra-utilizado). Se crearon toda una serie de negocios para separar y procesar los residuos, que incluían una planta de compostaje que suministraba a unos huertos que producían alimento… todo ello dando empleo a mucha gente.
Aquí, se trata de ver cómo podemos movilizar los talentos de los jóvenes que ahora mismo no están trabajando, porque son uno de los sectores más innovadores de nuestra sociedad, y solo necesitan un poco de guía para poder canalizar de forma útil y productiva esos talentos. Además, las instituciones públicas locales pueden fomentar una moneda local aceptando que un porcentaje de los impuestos locales sean pagados en esa moneda. Históricamente, esto ha permitido a ayuntamientos seguir prosperando, ofreciendo servicios y creando empleo, en situaciones en las que otros ayuntamientos se veían paralizados. Hay que pensar de forma realmente original, fuera de lo establecido y de lo que venimos haciendo.


¿Cómo puede implicarse la gente de a pie, cómo puede ayudar a que su Ayuntamiento piense de otra manera a como se viene haciendo?

En primer lugar, estudiando cómo otros ayuntamientos han podido transitar por épocas de crisis con éxito. Curitiba en Brasil, Wörgl en Austria… son excelentes ejemplos de ello. Cuando no hay precedentes, es difícil convencer, pero existen estos precedentes y podemos aludir a ellos.
El mayor reto es pensar no ya como individuos, sino en términos de redes y apoyos, en cómo recaudar fondos y administrarlos en proyectos de interés para la comunidad. Debemos unirnos para crear las empresas que necesitan nuestras comunidades. Por ejemplo, no todos tenemos que hacernos hortelanos, pero podemos unirnos entre mucha gente para apoyar a quienes sí saben y están trabajando la tierra, y compartir con ellos tanto las cosechas abundantes como los riesgos de un mal año.  En lugar de hacernos auto-suficientes, se trata de construir estructuras de apoyo, que además nos permitan a cada cual hacer lo que nos gusta hacer. Debemos preguntarnos cada uno: ¿qué me gusta hacer realmente, y cómo podría esa función añadir valor al mosaico de actividades necesarias en mi comunidad?
La tarea de participar en la creación de una nueva economía social y comunitaria no es fácil, que nadie se engañe. El primer paso no es necesariamente crear una empresa, sino preguntarse qué es lo que mi corazón siente que falta en mi comunidad, que no va bien o que debería mejorarse. Qué anhelo ver… y preguntarme si ahí puede esconderse una oportunidad de negocio. Existen muchas oportunidades para crear soluciones a nuestros problemas. Se requiere innovación, y no pensar tan solo en términos de los empleos y funciones que ya existen en el sistema, sino ser mucho más creativos y pensar fuera de lo establecido.

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Jonathan Dawson de Gaia Education y Schumacher College impartirá un curso sobre Economía para la Transición hacia un nuevo mundo, en Madrid el 26 y 27 de Enero. También se puede participar online, desde cualquier lugar.

 

 

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¿Es posible otro sistema económico?

Todo cambia, es un principio eterno, pero existe una percepción muy generalizada de que es muy dudoso que el sistema económico que conocemos lo esté haciendo o lo vaya a hacer o pueda, siquiera, hacerlo. Es la pregunta que todos deberíamos plantearnos en estos tristísimos y oscuros momentos y parece que pocos se creen autorizados a formular: ¿es otro sistema económico posible? Es una pregunta que está relacionada pero que va mucho más allá del acuciante anhelo de identificar alternativas para la solución de los problemas económicos que vivimos en nuestro país y en el mundo en general. Vicenç Navarro, Catedrático de Políticas Públicas de la U. Pompeu Fabra, en su imprescindible obra “Hay Alternativas” pone en tela de juicio el dogma sobre las causas de las crisis/catástrofe actual y propone alternativas a las letales soluciones que se están tomando. Parece casi ridículo no sentir como obvio y seguro, más allá de cualquier duda razonable, que los recortes omnímodos que estamos sufriendo se van a traducir en retroceso, descapitalización humana a largo plazo del país, malestar social de largo aliento y de imprevisible calado, brutal inequidad en la distribución de la renta y cosas aún peores. El 99,99% de la población no puede desear eso. Los actuales decisores parecen saber sumar y restar, pero de los laberintos se sale por elevación, proponiendo modelos que trasciendan a los actuales esquemas reduccionistas e insatisfactorios de pensamiento, que notoriamente no pueden solucionar los problemas a los que se enfrentan. No cabe esperar menos de los servidores públicos, es obligado probar tratamientos experimentales en situaciones como la actual, hay que evolucionar o morir.

 

¿Puede haber vida más allá de la economía de mercado?

¿Cabe una evolución real en el sistema o debemos resignarnos a vivir a expensas de su extraña pero poderosa e ineludible lógica, tan claramente inhumana con mucha frecuencia? A priori se antoja imposible pergeñar un camino que posibilite salir de este modelo, no cabe imaginar una hoja de ruta creíble para trascender, para parir uno nuevo y hacer una transición natural, la dictadura de los mercados es perfecta como tal por cuanto inevitable y anónima, es como el aire que respiramos, parece absurdo luchar o resistirse a ella, sólo cabe adaptarse. Las resistencias ante un modelo alternativo al de mercado serían -todo parece indicar- infinitas, inimaginables, podría ser la madre de todas las guerras, la más cruenta… Tal vez no sea exagerado decir que parece más fácil llegar a la galaxia más lejana. La aparente inmortalidad de la economía de mercado es digna de observación. El propio condicionamiento cultural nos autocensura en nuestra crítica al modelo: en este mundo social regido por etiquetas de aceptabilidad, hacerlo es ser antisistema ; ciertamente en los medios masivos de comunicación este debate no aparece en absoluto, luego no existe y, por lo tanto, sólo cabe hablar de ello si eres utópico, extremista=peligroso, indocumentado ,outsider, etc, ergo, no debes ser escuchado. Que nos estemos dando cuenta de que este sistema no funciona no es el primer paso para cambiarlo: es que se institucionalice esa percepción, que sea pública y aceptable esa visión.

 

Las semillas de un modelo mejor

Lo cierto es que esta” inexistencia de tema” en los mass media contrasta marcadamente con numerosos y muy variadas aportaciones críticas y sensatamente alternativas que desde todos los ámbitos y también desde la Economía como disciplina no cesan de generarse, sin duda las semillas de un modelo mejor. En Internet los debates sobre la cuestión están en un muy marcado auge, bullen tópicos como el fin del capitalismo, capitalismo 3.0.
Autores como David Harvey introducen la crisis del capitalismo al gran público, como hace apenas dos años y de una forma sorprendente en el ámbito mainstream norteamericano lo hacía Michael Moore con su último documental “Capitalismo, una historia de amor”. La Economía, como ciencia y como estamento, también se mueve, puede hacerlo, y no dejará de hacerlo. Es cierto que la muy tenue, superficial, básicamente ortodoxa y tímida voz de los economistas en estos años de zozobra sistémica y/o la exclusión de voces críticas en los mass media han podido crear una sensación en las sociedad de que somos un colectivo innecesario y/o incapaz de promover cambio social positivo, resurgiendo el viejo debate de para qué sirven los economistas. Es innegable que desde la función de expertos y asesores, muchos economistas han favorecido, tolerado y certificado las políticas y prácticas económicas que han llevado a la crisis actual y a la economía más inmoral y desigual desde el crack del 29 y ello ha colocado a la economía, como ciencia y profesión, justamente bajo escrutinio. Sin embargo es justo pensar que los economistas sirven o deben servir para contribuir a configurar el mundo, para hacerlo mejor, así fue históricamente y así debe serlo ahora. El origen etimológico del término economía está en Grecia: “oikos” (casa) y “nomos” (ley, norma), o sea, se trata de regir nuestra casa común, se entiende que con principios humanos y para humanos que la inspiren. En España, la publicación de obras como “Economía contracorriente” (2010) editada por el catedrático de Economía R. Muñoz del Bustillo o o “¿Para qué servimos los economistas?” de J.F. Martín Seco (2010), la aparición de la publicación académica Revista de la Economía Crítica y una cierta profusion de talleres y congresos académicos sobre economía critica marcan un hito y son señales de cambio y de no aceptación creciente (pero no dominante) también en la academia de la ortodoxia económica que nos rige.

El paradigma del libre mercado en tela de juicio

En este contexto y más allá de lo local, es extraordinario constatar que desde hace décadas, un considerable número de referentes en la Economía, incluyendo varios Premios Nobel de esa disciplina están haciendo aportaciones cuyo eje es poner en tela de juicio el paradigma del libre mercado. Es enormemente esperanzados que una leyenda de la Economía como John K. Galbraith publicara en el 2004 una obra –a la postre su último ensayo- como “La Economía del Fraude Inocente”, que incide en uno de los elementos más terribles modelo: el entramado social de la economía de mercado (que él prefiere bautizar como sistema corporativo, al fin y al cabo el sistema está hecho para ellos) y en la manipulación de los agentes. Para el autor “Tanto votantes como compradores pueden ser manipulados, y la gestión de la respuesta pública es formidable y cuenta con una excelente financiación, en especial en la era de la publicidad y en las modernas técnicas de promoción de ventas”. Todo es un fraude legal que inocentemente aceptamos, “siendo la creencia de que en una economía de mercado el consumidor es soberano uno de los mayores fraudes de nuestra época”, pues las connivencias entre sector público y grandes corporaciones crean ineficiencias y burlas al consumidor de forma sistemática. En un sistema falsamente democrático –con especial incidencia en el control de los medios- como en el que vivimos, las posibilidades de controlar estas connivencias/complicidades y la identificación de manipulaciones son muy limitadas. En paralelo, autores galardonados con el Nobel como Joseph Eugene Stiglitz -conocido por su visión crítica de la globalización, de los economistas de libre mercado (a quienes llama “fundamentalistas de libre mercado”) y de algunas de las instituciones internacionales de crédito como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial- o como Paul Krugman –cuya obra “El gran engaño” (2003), es una recopilación de sus artículos periodísticos, donde denuncia la sumisión del sistema político, judicial y económico a los poderes fácticos, uno de los ejes de su trabajo- han centrado también parte de sus trabajos en el entramado social ineficiente que crean los agentes económicos. Sin embargo tal vez las aportaciones críticas más determinantes en la configuración de modelos alternativos futuros son aquellas que focalizan la investigación en plantear nuevos esquemas microeconómicos o que expliquen lo que realmente mueve a las personas a actuar en el plano económico, yendo más allá del paradigma tradicional de racionalidad -e implícito en ello- y de interés propio . Nobeles como Amartya Sen –autor del paradigma del Desarrollo Humano- o John Nash muestran que los intereses de los agentes, agregadamente, no suelen coincidir con el bien común, se demuestra y hace más notorio cada día. Sen observa que las personas se mueven motivados no sólo por el egoismo sino también por sentimientos morales, compromisos, normas, principios, valores y ello debe estar en el eje del modelo económico para así realmente poder contribuir a satisfacer nuestras necesidades como seres humanos. Para el autor, la teoría de la racionalidad económica es uno de los mayores problemas de nuestro tiempo, algo que debemos superar como paradigma para poder avanzar como especie,reconociendo e institucionalizando esquemas que contemplen nuestra complejidad como seres humanos.

¿Qué necesitamos realmente?

Lo que realmente necesitamos y lo que realmente tenemos en cuenta para tomar decisiones económicas son las cuestiones claves que debemos reformular. En este empeño se están proponiendo diversos modelos a modo de vías alternatives que aspiran a ser paradigmas futuros: la economía del regard/consideración/prestigio, la economía del care /cuidado, la economía del gift/don o incluso la del bien común. ¿Qué factores de estos son los que realmente contribuyen a nuestro bienestar y felicidad? Son, indiscutiblemente, elementos más relacionados con nuestras necesidades reales y profundas y con nuestra realización que el interés propio, que el propio Mark Twain señalaba que es algo que acaba siendo malo para uno mismo (de una forma holística). Sin embargo incentivos basados en factores como el prestigio o el bien común tienen un largo camino para ser aceptados masivamente, se podría decir que nuestra crisis es una de consciencia: al final todo es una cuestión de autoconciencia y de empatía, y, ligado a ello, de capacidad de conectar con tus verdaderas necesidades y con las de los demás, las materiales nunca lo son, son realmente una droga que en poco tiempo te deja tan vacío como antes. Hace apenas una semana, solicitaba a mis alumnos de Ingeniería en la asignatura de Empresa en la Escuela Politécnica de la UIB –los alumnos con mayor nota de corte en su acceso a la universidad- que se imaginaran con 35 años y, si en ese punto preferirían haberse convertido en promotores sociales de gran impacto tipo Jimmy Wales (fundador de Wikipedia) o en empresarios anónimos y de aportación social incierta pero con un beneficio acumulado de un (miserable y triste) millón de euros. La respuesta elegida, de forma abrumadora, era la segunda: el impacto y mejora social que implicaba la primera opción fue menos valorada. Al final todo radica en eso, en los incentivos, en lo que uno cree desear como prioritario y clave. Cabría señalar que en esta cuestión el condicionamiento cultural es clave, incide mucho sobre nuestra percepción de lo que realmente necesitamos, pero es incuestionable que la crisis de consciencia y la desconexión con nuestro ser y con el universo es real –falta de inteligencia espiritual- y sólo en la medida en que se eleve ese nivel de consciencia emergerá un sistema económico con otro paradigma microeconómico que sea sentido como el adecuado y que, agregadamente, garantice nuestra felicidad. Ciertamente el sistema actual no ha sabido gestionar la codicia humana, ponerle freno, reconducirla, saberla canalizar de una forma inteligente, pero el problema no es de sistema económico, es de consciencia como especie. Mientras prime lo materialista sobre el asombro o la sabiduría, la economía no puede evolucionar realmente. Cabe esperar que los valores postmaterialistas –término acuñado por Ronald Inglehart- tales como autorrealización, unión o participación sigan ganando peso en la sociedad, si bien la actual crisis, con el pánico y schock/parálisis que genera en las personas, pueda suponer un retroceso en esta necesaria evolución en la consciencia colectiva, es una gran prueba para todos en ese sentido.

 

Hay una base para una reformulación del modelo. Donde no hay claridad es en los caminos para hacer tangibles estas aportaciones teóricas. Infinidad de iniciativas –la mayoría testimoniales y/o underground/fuera del sistema- no dejan de aparecer en relación al trueque, a incentivos basados en el prestigio, incluso en lo relacionado a la economía sin dinero (Economía basada en Recursos de Jacque Fresco). Sin embargo el reto es institucionalizar ciertas prácticas, hacerlas accesibles y aceptables por todos, y eso es muy notorio y esperanzador con la creciente cultura del sharing en la red (y códigos abiertos) y también fuera de internet, siendo quizás el mayor logro hasta la fecha en todo este empeño y probablemente el embrión de un modelo aceptado que aúne lo mejor de la actual economía de mercado, con aportaciones de sistemas como los citados (regard, gift, care), así como de los sistemas planificados y de los libres o de anarquía. ¿Es posible fusionar planteamientos tan aparentemente incompatibles? Sería un bello reto

 

¿Estamos hablando de utopías?

No en el sentido negativo del término, como sinónimo de insensatez ¿Cómo debemos denominar a las utopías viables y urgentemente necesarias? Las utopías nos anticipan y abren caminos a las transformaciones, es el principio de todo progreso. Probablemente es razonable afirmar que cualquier avance y humanización en la economía que rige nuestras vidas no debería calificarse jamás como utopía, más bien habría que decir que el mundo y el sistema actual es una distopía, la antitesis de lo posible y deseable en mil aspectos, un fracaso catastrófico. G. García Márquez afirmaba creer que todavía no es demasiado tarde para construir una utopía que nos permita compartir la tierra. Nunca lo debe ser. La economía debe proporcionar lo necesario a todo el mundo, eso no debe ser negociable y la economía de mercado, crecientemente, no lo hace ¿Qué cabe hacer ? ¿Cómo contribuir en esta transición? Nadie puede responder con total seguridad a esta pregunta. El camino podría ser seguir trabajando proactivamente por un cambio, certificando cada día nuestra insatisfacción con el sistema actual, siempre desde la serenidad, contribuyendo desde cada ámbito a elevar el nivel de consciencia en uno mismo y en los demás. Se llega sintiendo que nuestras necesidades reales –más allá de nuestros deseos y delirios- no son una exigencia caprichosa, han de ser la base de todo sistema económico.

 

 

Christian Felber: “Los mercados violan estructuralmente la Constitución”

El debate para trascender el modelo económico y financiero que nos ha llevado a la crisis actual está abierto. La refundación delcapitalismo especulador que tanto se mencionó en 2008, tras la caída de Lehman Brothers y el infarto del sistema sanguíneo global, quedó en agua de borrajas. Y en vista de los hechos, puede decirse que íbamos refundar el capitalismo y el capitalismo nos fundió a nosotros.

Tras 4 años de replicas del tsunami financiero que está asolando a los países del sur de Europa, cada vez más miradas se posan en modelos alternativos completos y no simples parches. El apoyo socialmayoritario al movimiento #25s en nuestro país deja claro un descontento mayoritario entre la población. Ya no se trata solo de una minoría de sectores alternativos, sino que la mayoría de ciudadanos ya expresan la necesidad de un nuevo modelo económico completo.

Y ahí es donde el economista Christian Felber ha abierto una brecha. Bajo el nombre de la “Economía del bien común” presenta un modelo económico post-crecimiento, que permite la desglobalización y la democratización de los mercados. Y, sobretodo, pone la dignidad y la felicidad de las personas, el progreso social y la sostenibilidad de los ecosistemas en el centro de la actividad económica. Todo ello medible a través de indicadores.

Todo empezó el 6 de octubre de 2010 cuando una decena de empresarios austríacos decidieron impulsar los estudios que este profesor de economía y bailarín venía desarrollando en la Universidad de Viena. A partir de ahí Felber desarrolló una aplicación práctica para implementar el modelo en empresas y organizaciones.

En 2 años la mecha ha prendido y en la actualidad 822 empresas presentes en 15 países están desarrollando el balance del bien común y un tercio de ellas han adquirido el compromiso de implementarlo. Dicho balance tiene 5 valores fundamentales que contrapesan el balance puramente monetario: la dignidad humana, la solidaridad, sostenibilidad ecológica, la justicia social, la transparencia y participación democrática.

Las ventajas que están experimentando las empresas que han iniciado el proceso son: la recuperación del sentido de su actividad al poner el énfasis en el fin y no en el medio, se convierten en plataformas de cooperación, atraen a consumidores responsables y a mano de obra cualificada con sentido ético.

Según cuenta el propio Felber, el fundamento teórico tiene 2 vías de aproximación basadas en la resolución de ciertas contradicciones del modelo capitalista:

1. Existe un conflicto evidente entre los valores del mercado capitalista globalizado y los valores que permiten florecer las relaciones humanas sanas. (Basta echar un vistazo a los documentales Inside Job y The Corporation, para despejar cualquier duda sobre esta afirmación). Y está contradicción no se debe al programa genético del ser humano (“somos así, y es lo que hay”) sino al programa político-económico que permite e incluso premia las práctica inhumanas de ciertas empresas. Para Felber, existen dos rasgos del modelo económico imperante que recompensa “las debilidades del ser humano en lugar de potenciar la cualidades que permiten las relaciones sanas”:

  • Afán de lucro
  • Competencia entre empresas

Son rasgos que se pueden cambiar con un marco legal incentivador del bien común en el que las empresas empáticas, ecológicas y democráticas se ven recompensadas. Y, en consecuencia, las empresas irresponsables, egoístas y contaminantes son penalizadas.

El proceso del bien común se trata de una discriminación positiva que permite poner en concordancia las leyes del mercado con los valores de la sociedad y el espíritu de las constituciones occidentales. El resultado: invertir la relación de precios en beneficio de los productos y servicios éticos.

2. Pese a que el pensamiento occidental (Aristóteles, Tomás de Aquino) y las constituciones de los países europeas reconocen que el fin de la actividad económica es la satisfacción de necesidades y la creación de bien común, el éxito económico se mide por el “medio”: los indicadores puramente monetarios. Felber es tajante: “Este hecho está provocando una violación estructural de la constitución por parte de los mercados”. Y señala que “existe una necesidad de dejar a un lado los indicadores que miden exclusivamente el “medio”, el dinero, cuyo máximo exponente es el P.I.B e introducir indicadores que tengan en cuenta la calidad de vida de los ciudadanos”, un ejemplo claro es el Gross National Happiness de Bhután (Felicidad Interior Bruta), un indicador que supedita el beneficio económico al respeto de los valores relacionales.

Un ejemplo concreto de empresa de estas características es Sekem, una red de empresas egipcia que tiene en cuenta la responsabilidad en el entorno que acoge su actividad y compatibiliza el éxito económico y la expansión con el desarrollo holístico de la región en la que opera.

Aquí puedes ver la entrevista que le hicimos para Namaste TV

Más información:

Felber, Christian.  “Economía del Bien Común” (Ed. Debate)

Confianza y… Responsabilidad!

Esta mañana pensaba que es el momento de recuperar la confianza en las demás personas, de volver a trabajar más en base a la palabra y menos a los contratos, a las firmas, a las autorizaciones. Tengo la impresión de que las leyes se han hecho para el 10% de la población que engaña, manipula, actúa con mala fe, y que el sistema judicial no responde porque está colapsado, anquilosado, incapaz.

Creo que tiene que ver con trabajar a un nivel mucho más local, mirar a los ojos a las personas con las que hacemos negocios, y confiar, confiar en que el interlocutor hará lo que dice que hará, en que nosotros actuaremos como se espera que actuemos…

Y asumir la responsabilidad. La responsabilidad de todo lo que nos llega, tanto si lo hemos elegido como si no. Porque cuando hay alguien que engaña, hay alguien que se ha dejado engañar; cuando hay alguien que abusa, hay alguien que se ha dejado abusar. Creo que hay que asumir la responsabilidad de lo que dijimos, de la palabra que dimos, y de la que no dimos. Creo que somos mayoría la gente que vamos de buena fe, y que en un intento de protegernos de los que no van de buena fe, hemos creado un sistema que promueve la mala fe… Porque hay veces que cumplir la ley no significa hacer las cosas bien. Porque “legal” no significa “bien”.

Voto por recuperar la consciencia de lo que está “bien” y lo que no lo está, asumir la responsabilidad cuando nos equivocamos y dejar de delegar nuestra protección y calidad de vida en un papá-estado que se está demostrando incompetente cada día.

Voto por crear comunidades y movernos en un entorno donde prime la buena fe, la confianza, el compromiso, la consciencia, la capacidad de tomar decisiones propias, el centrarse más en qué puedo aportar y menos en qué puedo ganar, una comunidad capaz de asumir que la Vida no siempre nos trae lo que queremos, capaz de entender de forma madura que la muerte es parte de la vida, capaz de caminar sin dejarse vencer por el hastío, la servidumbre y la mansedad que ha caracterizado los últimos tiempos.

Observemos. Pensemos. Innovemos. Decidamos. Confiemos. Responsabilicémonos. Vivamos.

Entrevista a Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique


La ola de calor veraniega cae a plomo sobre Mallorca, mientras España arde literal y metafóricamente, me encuentro con Ignacio Ramonet. Charlamos cobijados bajo una sombra junto al mar. El entorno provoca una conversación tranquila y el director de Le Monde Diplomatique habla pedagógicamente de lo que sucede en nuestro mundo, un mundo que da la sensación que está implosionando ante nuestros ojos sin que apenas nos de tiempo a reaccionar. Hablamos del tsunami de la crisis española cuya réplica parece que ahora tiene forma de crisis institucional, del Banco Central Europeo y sus tecnócratas todopoderosos, de crecimiento y consumo, de desobediencia civil…
Las imágenes del líder sindical Sanchez Gordillo llenando carros de alimentos en el Mercadona marcándose un “simpa” anticapitalista me obligan a preguntarle si se dan elementos suficientes para un movimiento de desobediencia civil en España. Ramonet, con su leve acento francés y protegido por unas gafas de sol con cristales violetas, descorcha la conversación (al final puedes ver el video con la entrevista íntegra):

- “La desobediencia civil se justifica en la medida que se está imponiendo un castigo inmerecido a la sociedad. Tenemos una crisis y los responsables de esa crisis son aquellos que han aceptado una teoría económica, el neoliberalismo, como si fuese una verdad fundamental. Son aquellos que han impuesto esta verdad como si fuese un dogma y finalmente tienen que asumir que esa teoría y su aplicación nos ha conducido a un naufragio. Son los dirigentes políticos del PSOE y del PP, que han gobernado en un largo periodo que comienza en 1982 y que ha naufragado ahora. Y, por otra parte, todo el mundillo financiero: los banqueros, los responsables de las cajas de ahorros, el Banco de España… Todos esos responsables, hoy día no están siendo responsabilizados. No están rindiendo cuentas ni pasando por los tribunales. Cuando este tipo de comportamiento se produce, cuando hay un fracaso de la clase política dominante y una situación catastrófica y se hace pagar a la sociedad las consecuencias de eso, creo que hay justificación para que surja un movimiento de desobediencia civil”.

Y de un icono hispano a otro global, Assange y WikiLeaks…

- “WikiLeaks que ha demostrado que el mejor periodismo de investigación ignoraba muchas cosas y no tenía posibilidad de saberlas porque no podía acceder a los archivos hiperprotegidos pero WikiLeaks, amparado en las nuevas tecnologías, pudo entrar. Todos los métodos son buenos cuando se trata de exponer un verdad que nos escondían y que dañaba a la democracia y a sus principios éticos. El poder es como Drácula, si recibe un rayo de Sol se transforma en polvo. WikiLeaks ha enviado varios rayos de Sol sobre las manipulaciones en las guerras de Irak y Afganistán o las manipulaciones que se hacen con los pesticidas, la contaminación o los bancos. Por eso persiguen a Assange, como un mártir de nuestro tiempo.”

- ¿Puede ser que las redes que se están tejiendo en este momento en Internet están dando lugar a una capa de inteligencia supraindividual, algo así como el estornino y la bandada de estorninos?

- “Esto funciona como un enjambre en el que todos estamos aislados pero si empleamos las redes sociales y la mensajería en una dirección precisa es evidente que conseguimos algo. Hoy más que en otros momentos podemos afirmar que los nuevos instrumentos están permitiendo crear el embrión de una inteligencia colectiva o supraindivual. Lo que no podemos hacer cada uno de nosotros aislado si que lo podemos hacer de manera colectiva. Igual que un equipo de científicos que individualmente no pueden pero todos juntos consiguen enviar Curiosity a Marte. Los nuevos instrumentos no son la solución a todo y tienen aspectos positivos y negativos, pero nos han hecho avanzar. Igual que la fotocopiadora hizo avanzar en los años 60 y permitió el Mayo del 68 donde para lazar una octavilla ya no tenías que ir a una imprenta.
No cabe duda de que Internet ha transformado en los últimos 20 años el universo de la comunicación. Ha transformado la forma de hacer periodismo y añade una dimensión nueva al universo de la información que hasta hace poco descansaba exclusivamente en la prensa, la radio y la televisión. Internet es ahora un actor tan importante o más que estos tres medios tradicionales. La generación de menos de 30 años ya solo se informa a través de las pantallas, ya sea del teléfono inteligente, la tableta o el ordenador. La televisión aparece como un aparato de salón y para muchas personas simboliza el inmovilismo y otras pantallas son sinónimo de nomadismo, de red y comunicación.

No solo han transformado la comunicación sino la propia vida política y ciudadana. Son instrumentos que permiten la organización de la desobediencia civil absolutamente fantástica y lo poderes deben saber que cada ciudadano tiene actualmente una arma considerable, el arma de la comunicación.
Hemos visto surgir la primavera árabe principalmente en Túnez y Egipto donde varios grupos pudieron conectarse de formas impensables con los medios convencionales. O en España donde el Movimiento 15-M ha sido muy estimulado por la existencia de estas redes.”

- En España se van sucediendo las olas del tsunami de la crisis y ahora parece que nos encontramos ante la crisis institucional. En lo últimos meses se han cuestionado la Monarquía, el Tribunal Constitucional, los partidos políticos, las autonomías… ¿De qué manera se puede transitar por este escenario sin que colapse el Estado y se ponga en peligro la incipiente Democracia Española?

- “El problema no es poner en causa la democracia, los ciudadanos siempre piden más democracia. Todos sabemos que cualquier experiencia que sea un callejón sin salida para la democracia no da resultados. Llegados este momento, la historia nos demuestra que o hay una convulsión en forma de incendio social, que nadie debe desear, o bien hay que cambiar la reglas del juego. Cuando estamos en una situación como la actual en la que todo el edificio institucional, desde lo más elevado, la Corona, pasando por la Iglesia, la Justicia, el Parlamento, el Gobierno, la Autonomías, las instituciones financieras, el Banco Central… está cuestionado, evidentemente hay que cambiar la reglas del juego. Hay que volver a repartir las cartas. Hay que plantearse la necesidad de cambiar de Constitución. Este sistema que tenemos, una Monarquía Constitucional está agotado, quizá haya que ir hacia una Tercera República. Cuando las familias veían que con el trabajo sus hijos iban a vivir mejor que los padres… es posible que no fueran cuestiones tan pertinentes, pero hoy estamos ante un sistema carcomido que no funciona. Si los hijos, que tienen mejor formación que los padres, van a tener mayores dificultades para vivir y una parte importante van a tener que emigrar, es evidente que el sistema no funciona y ha involucionado.”

- ¿El Problema del Banco Central Europeo se debe a un mal diseño que le impide actuar adaptado a las necesidades o se trata de una institución que beneficia a determinados actores económicos y por eso se frenan esas reformas?

- “Beneficia todos aquellos que quieren tener una Europa que tenga como modelo genético el modelo alemán. Ese es el modelo que los alemanes quisieran implantar para el resto de Europa apoyados sus aliados que son esencialmente Finlandia, Países Bajos y Austria. Lo que yo llamo el “Gang de la triple A”. Países que tienen la Triple A y que consideran que han hecho sacrificios y que ahora todo el mundo tiene que sacrificarse aunque eso cueste la existencia de la UE. Hay algunos que proponen que al igual que los Estados soberanos han abandonado cualquier pretensión de soberanía respecto a la moneda, como sucede actualmente con el Euro que depende de un Banco gobernado por tecnócratas no elegidos, habría que hacer lo mismo con los presupuestos y el resto de la economía. Es decir, que los Parlamentos no voten los presupuestos nacionales, sino que estos presupuestos y las políticas fiscales o económicas sean decididos por una instancia europea de tecnócratas. A ese régimen están hoy sometidos los países que han pedido el rescate, por ejemplo, Grecia ya no tiene soberanía sobre su moneda, como el resto de países del Euro, sino que tampoco tiene soberanía sobre sus políticas económicas que son dirigidas por la Troika. Lo mismo sucede en Irlanda o Portugal. Si España mañana pide el rescate de su economía, por el momento ha pedido el rescate de sus bancos, perdería también esa soberanía. La idea es que hay que hacer concesiones y aceptar ser un estado secundario en el marco de un estado federal en el que el centro va a tener la decisión principal y no vas a estar seguro de ser un actor determinante en la decisiones.”

- ¿Qué se hizo en la última gran crisis que no se está haciendo ahora?

- “Solo la Segunda Guerra Mundial permitió que hubiera crecimiento, una cosa totalmente terrorífica. Si para salir de esta crisis, que según los economistas es peor en términos de amplitud de lo que fue la del 29 y una de las crisis más grandes de la historia del capitalismo, hace falta una guerra, ¡imagínate la dimensión de esa guerra! Nadie puede desear semejante horror”.

- Después de la Segunda Guerra Mundial se potenció el consumismo para transformar la economía de guerra y reactivar el empleo. Los políticos apelan al consumo para salir de la crisis, pero en la actualidad el consumismo se ha convertido en un hábito peligroso por la destrucción de recursos que provoca ¿Tenemos alternativa al consumo?

- “Va a ser difícil construir un deseo que permita pasar del consumo. Actualmente el consumo es la respuesta a todo. Si preguntas qué es la felicidad, la mayoría de ciudadanos europeos van a responder en términos de consumo. Tener más, de lo que sea, pero tener más. Elaborar una idea para que la felicidad no sea tener más, sino tener mejor requiere hacer un esfuerzo de educación. Tener mejor es obligatoriamente tener menos. O tener lo suficiente para que no tengas que extraer de la naturaleza elementos que no van a poder ser sustituidos. Para consumir de una manera sostenible y crecer de tal forma que no comprometamos a las generaciones futuras. Teniendo en cuenta que estamos en un mundo finito y ya no responde en términos de abundancia masiva como la ciencia y el progreso lo concibió en el siglo XVIII, cuando se veía la naturaleza tan abundante. Los océanos eran infinitos y se podía pescar todo lo que se quisiera y el subsuelo era infinito y se podía extraer todo lo que se quisiera. Hoy hemos llegado al final de eso. No hay recursos suficientes y hay que dejar de consumir aquello que no es renovable como las energías fósiles y pasar a las renovables. Hay que tener un visión holística y que sepamos que cada vez que consumimos algo lo estamos retirando de un conjunto con las consecuencia que eso tiene. Cada vez que consumimos carne debemos saber que eso tiene un consumo masivo de agua, de pasto, de tierra… no cabe duda que esto va a tener que dar lugar a una nueva educación.
Mucha gente está sufriendo psicológicamente porque no puede tener muchos objetos inútiles que el discurso dominante ha dicho que son indispensables.

 

Video con la entrevista íntegra. Agosto 2012.

 

El momento de ver el bosque

Llegan (para algunos) las vacaciones de Verano. Unos pocos irán de viaje, otros simplemente cambiarán la rutina de trabajo-casa-familia-amigos por otra que no incluya trabajo entre sus variables. Los que están en paro seguramente no tendrán vacaciones, pero igualmente pueden iniciar el proceso de ver el bosque porque es verano, porque sus amigos están de vacaciones y pueden verlos con mayor frecuencia, porque pueden tener más input (más entradas, más visitas, más opiniones, más visiones, más respuestas, más preguntas,…) desde fuera que el que se tiene habitualmente, cuando el invierno nos encierra hacia dentro, en nuestras casas y rutinas…

Un artículo recurrente después del verano trata de la estacionalidad del número de divorcios: hay un repunte en los meses de Septiembre y Octubre debido (dicen) a que las familias en verano pasan más tiempo juntas y se ven más los problemas que tienen y cómo los enfrentan, y hay mayor probabilidad de desenlace.

Para mí, el verano es el momento de intentar ver el bosque. No fijarnos en los árboles, sino distanciarnos lo suficiente de nuestro día a día para conseguir ver el bosque, y emprender las acciones y proyectos necesarios para que el bosque sea como nos gustaría que fuera cuando seamos mayores. Porque vamos a ser “mayores”, el año que viene.

Es el momento de analizar qué tenemos, qué nos llega, cómo nos llega y cómo respondemos, para cambiar lo que sea necesario en nuestra actitud de forma que lo que nos llega construya un bosque que sea suficiente para nosotros. Puede que queramos un encinar y al final sólo podamos obtener un pinar, la Vida nos trae lo que nos trae, pero en nuestras manos está apreciar nuestro pinar y hacer que se convierta en un bosque resistente, sostenible y hermoso.

A nivel profesional, algunas son las preguntas que puede uno hacerse para elevarse a ver “su” bosque:

  • - ¿Disfruto, lo que hago?
  • - Esto que hago, ¿me da suficientes ingresos para vivir? ¿tiene que ver con mi contribución a la Sociedad? ¿Me satisface?
  • - Si no hiciera esto, ¿qué me gustaría hacer?

A partir de aquí, se trata de diseñar un plan para ir hacia algún sitio, al sitio que elijamos, y buscar la ayuda que necesitamos. Recordar que tengo la libertad de elegir, cada día, me da las claves para ir caminando hacia mi lugar en el mundo, aunque siempre deberíamos tener presente que cada decisión que tomamos tiene un coste: el coste de no haber tomado todos los otros caminos posibles.

¿Spain for sale?

El personaje principal de esta historia es Prem Garg. Un perito industrial indio que hizo fortuna desde los treinta años. Ahora, a los sesenta años, ya con nietos, su mundo está más globalizado y sus negocios se extienden fuera de Mumbai, lugar donde reside en la India.

A menudo realiza viajes hacia la capital de la India, Nueva Delhi para sus negocios. Le han ofrecido puestos en empresas europeas, por ejemplo en Suecia con sueldos de 10.000 euros al mes, casa y coche.

Se considera a sí mismo como un tecnócrata. A mí, este término, me sonaba a que era un persona técnica. Es cierto que es un perito industrial pero tecnócrata es otra cosa: “gobierno de los técnicos”

Para ir al grano os diré que Prem tiene una empresa de Reciclaje Industrial de Metales. Es decir, lo que hace en la práctica es comprar chatarra y maquinaria industrial de segunda mano en grandes toneladas por todo el mundo. Pero vamos más allá porque Prem nos puede dar pistas de cómo funciona nuestro mundo.

Buscando negocio, buscando carroña

A Prem lo conocí por Linkedin. Allí me propuso que buscara empresas en quiebra en España. Como buen tecnócrata, Prem está al tanto de los periódicos y las televisiones de noticias globales. Me comentaba que sabía que en España había violencia y altercados refiriéndose al 15-M. Yo le respondí que era manipulación televisiva y que en realidad era una manifestación pacífica y no violenta.

Es obvio que empresas como las de metal se vieron afectadas por la burbuja inmobiliaria. Tienen deudas con los bancos y muchas de ellas entraron en concurso de acreedores en 2010. El oportunismo de tecnócratas, como Prem, consiste en buscar la “ganga” en países afectados por la crisis. Es algo así como “piratería” aunque no deja de ser un negocio totalmente legal.

Prem está muy interesado en Grecia. Me preguntó si tenía algún contacto allí, porque sabe que la Unión Europea “no ha dado el apoyo a Grecia” por tanto sabe que las empresas que no puedan pagar a los bancos tendrán que vender su maquinaria a precio quizá cinco veces inferior al normal de mercado. Una oportunidad de negocio perfecta…

Como a Prem le gusta decir a él le interesan las “bankrupt companies” aquellas que ahogadas por las deudas venderán sus empresas a precio de saldo.

Prem acudirá a cualquier ciudad europea, desmantelará la empresa llevando a sus propios hombres y meterá la maquinaria que le interese en un barco hasta el puerto de Mumbai (India) o venderá la chatarra a un empresario local o de un tercer país. Ese es su negocio.

A Prem le interesa España igual que Grecia, porque intuye que entrará en un período de rebajas o liquidación. Son ciclos, se dice. España ha vivido su período de desarrollo industrial y sobre todo inmobiliario. Y ahora la burbuja se ha pinchado. De esto se pueden aprovechar industriales y empresarios de países en vías de desarrollo. Es el mismo mecanismo por el que “empresarios” como “ el Pocero” se han ido a África a construir casas.

Para Prem está claro, nuestra salida pasa por liquidar, vender nuestro stock como una tienda en rebajas de un centro comercial. Para poder comprar nuevo material para el año próximo. La cuestión es ver como serán nuestras rebajas, ¿llegaremos al 70% o más? Lo que es obvio es que ahora mucho material que tenemos ya no nos sirve y quieto no produce nada, así que o se lo vendemos o alquilamos al que lo use para así nosotros poder empezar de nuevo. La alternativa es criar polvo en naves industriales.

¿Personas o cosas?

Países como India y Brasil aprovecharán la situación de países como Irlanda, España, Portugal y Grecia. Allí verán reflejado en nuestras máquinas de saldo lo que podría ser su destino. De momento, los tecnócratas hacen su trabajo.

¿Es esto lo que llamamos ciclo económico global? ¿Cometerán los países emergentes los mismos errores que nosotros? Hay una diferencia, en el sistema económico internacional no hay dinero suficiente para sufragar su crecimiento como había sucedido hasta ahora. Es decir, se tienen que conformar con un riego por goteo en vez de a chorros como lo hicimos nosotros. Quizá ahí tengan una oportunidad que nosotros no tuvimos.

¿Quiénes son estos tecnócratas en el mundo? ¿Qué empresas están usando para ir de país en país llevando mercancía a un precio mejor en base a si el Euro sube o el Euro baja?

Viendo en Wikipedia las principales características de los tecnócratas, deberíamos vigilarlos mejor: “Reemplazo de la política por la ciencia de la producción, sustitución del gobierno de los hombres por la administración de las cosas”.

Desde luego esto se merece una reflexión más profunda porque comparar gobierno y administración puede pasar, pero equiparar hombres y cosas no suena bien.

 

 

Sostenibilidad: viabilidad económica, máximo impacto social,mínimo impacto ambiental

Empiezo un post de carácter técnico para ir introduciendo los conceptos que me parecen interesantes para la reflexión sobre las organizaciones del futuro. Y me gustaría empezar planteando el concepto de Sostenibilidad como el futuro deseable para cualquier empresa, entidad y sociedad. Sostenibilidad, siguiendo la definición empresarial de término y simplificando los matices, implica viabilidad económica, mínimo impacto ambiental y máximo impacto social.

Si queremos que nuestra entidad sea sostenible, los criterios para la toma de decisiones en nuesta entidad pasan, de ser uno (rentabilidad económica), a ser tres (rentabilidad económica, impacto social e impacto ambiental).

Tres criterios que pueden ser valorados por igual, o con pesos diferentes (en función de si se prima la rentabilidad económica, el impacto social o el impacto ambiental).

Si queremos liderar una entidad sostenible, posiblemente no dará tanto dinero a los inversores como una cuyo único criterio de decisión es la rentabilidad, con lo que tendremos que buscar personas y entidades financiadoras comprometidas con la sostenibilidad, capaces de valorar el impacto social y ambiental de las actividades que financian.

Lo que observo es que cada vez hay más personas que entienden que no sólo hay que invertir en base a la rentabilidad, sino también en base al impacto de lo que se pone en marcha con su inversión.

Pensar en qué pasa cada vez que invertimos, qué estamos apoyando cuando gastamos nuestro dinero, me parece también una buena manera de innovar.