Hoy en día la protección del medio ambiente consiste, además de la protección de las especies, en la protección de los ecosistemas de estas especies. Un ecosistema puede ser el Todo, todo el planeta, pero también
partes, como un bosque, un lago, un río…, es decir un conjunto de seres vivos condicionados por su medio, como es la topografía, la geología, el clima (viento, sol, lluvia…), características del suelo y del agua.
La protección del medio ambiente depende de la postura que tiene el ser humano frente a la naturaleza, de cómo vemos y entendemos la naturaleza. En la protección del medio ambiente orientada a la ecología profunda, el ecosistema va más allá de la forma racional del pensamiento, limitado a lo que es la materia. Así se integran los campos de vibración vital-energéticos o sea estructuras y fenómenos de la ecología profunda, que son una parte vital del Todo. Son ellos que respiran el hálito que aviva y vitaliza todo, tanto la materia como el ser humano.
Los seres humanos nos hemos reducido nosotros mismos a la materia, que es sólo una parte de lo que somos. El concepto del mundo que domina hoy en día, es racional y materialista, negando otras formas de vida definiéndolas como no-existentes. La ciencia actual ha negado y por lo tanto separado del ser humano, pero también de la naturaleza las diferentes fuerzas que nos componen y que hacen de nosotros lo que realmente somos, o sea, el alma, el espíritu, nuestra fuerza espiritual y nuestro cuerpo. El resultado de esta postura es que nos sentimos separados de la naturaleza. Nos encontramos completamente solos, sin conexión con la naturaleza como nuestro Yo mayor – y nos encontramos con un Yo menor que resulta muy limitado. De este modo hemos desarrollado un miedo ante la naturaleza aunque realmente se trata de un miedo ante nosotros mismos. El susto de que podríamos ser más de lo que es nuestro pequeño ego y el miedo al pensar en qué dimensiones nos movemos y que responsabilidad tenemos nos hacen retroceder rápidamente a nuestros límites conocidos. Las tradiciones espirituales y el arte pueden facilitarnos un camino de retorno hacia nosotros mismos.
Visión del mundo holístico
Nada y nadie que forma parte de un Todo mayor puede dañar a otra parte de aquel Todo sin dañarse a sí mismo. La destrucción del medio ambiente es a la vez la destrucción de nuestra propia naturaleza. Lo que destruimos en el exterior lo destruimos dentro de nosotros, destruimos nuestra fuerza de corazón, nuestra alma, nuestra percepción. No sólo extinguimos animales y plantas como materia sino también un principio de lo vivo. Podemos comprobarlo perfectamente en la cultura de los indios norteamericanos y en su relación con los animales que a la vez les son animales de poder y por ello parte de su ser. Si ampliaríamos nuestra conciencia seriamos capaces de empatizar con la tierra, y de ello resultarán actitudes responsables.
Pensamientos que van en esta dirección:
Klaus Michael Meyer-Abich, filósofo de la naturaleza, desarrolló la visión del mundo holístico y subraya la importancia de “concienciarnos de que formamos parte de la naturaleza, de que nos reconocemos como parte de la naturaleza y de que actuemos en este sentido”.
James Lovelock, biólogo e ingeniero, desarrolló la hipótesis Gaia según la cual, la Tierra, Gaia, es un organismo vivo que autoregula su metabolismo y su temperatura y donde los seres vivos pero especialmente los microbios aportan condiciones favorables y estables.
En colaboración con la microbiológa Lynn Margulis se creó la teória Gaia: la tierra se considera un sistema en el que la evolución de los seres vivos está estrechamente relacionada con la de su ambiente. La tierra misma regula su composición química y también el clima.
Peter Dawkins, arquitecto que practica la ecología profunda, desarrolló “Zoence“ – el saber vivir en armonía con nosotros mismos y nuestro ambiente y la conexión recíproca de tierra / cielo y cielo / tierra. Se puede considerar como la más amplia y moderna definición de la geomancia.
En el origen de todas las culturas se consideraba la naturaleza como un ser vivo, compuesto por cuerpo, alma y espíritu. Se consideraba divina, se le daba un carácter espiritual. Así los seres humanos sólo podemos reconocerla en estas tres dimensiones si nos reconocemos a nosotros mismos como seres espirituales. La protección del medio ambiente orientada a la ecología profunda regresa a las viejas raíces pero a la vez se dirige al futuro lejano: el ser humano evoluciona ampliando la conciencia y dará la oportunidad a la tierra de dejarse reconocer.
Los fenómenos de ecología profunda son los órganos invisibles de la naturaleza. Ellos alimentan y dirigen la naturaleza materializada, por ello su protección es protección de medio ambiente.
Tan sólo el hecho de reconocer el espíritu de un lugar le protege y posibilita apoyar la identidad de este lugar, mediante construcción o paisajismo típica de este lugar, obras de arte, cosmogramas y todo tipo de sanación de la tierra.
Si se reconoce un ser vivo, sea hombre o tierra, en su identidad (esto es: en su voluntad, su espíritu, su ser, pero también en sus fuerzas, sus deseos y sueños…), éste ser se siente reforzado, reconocido y considerado como verdadero. Ya por ello está protegido en sí.
La protección de la naturaleza o protección del medio ambiente desde la ecología profunda actúa cuando la disarmonía en su totalidad, es decir en sus tres dimensiones cuerpo, alma y espíritu de un paisaje o de una persona se reconduce a la armonía. Según este principio debería planearse un paisaje. Los métodos de la ecología profunda, como la armonización de estructuras caóticas de vibraciones a través de terapias de resonancia es decir diferentes métodos de sanación de la tierra posibilitan una complementaria “re-naturación“ de paisajes o espacios dañados al apoyar sus fuerzas de auto-sanación.
El Dalai Lama, en el prólogo del libro de Joana Macy “Volver a la vida” pide no sólo aceptar los pensamientos de ecología profunda, si no también actuar en consecuencia.







La tarea principal del Feng Shui consiste en abastecer a las personas y todo lo que vive, con la energía de vida. A esta energía se la conoce como
Una manzana, por ejemplo, es la encarnación de la energía vital. Con el
Una regla básica del movimiento de Chi es que el
En nuestra propia casa tenemos la mejor posibilidad de favorecer el Chi. Aquí podemos desarrollar la concentración del Chi. La energía de vida para nuestra familia entra por la puerta principal de la casa. La calidad del Chi que llega está determinado por la ubicación de la casa, por los puntos cardinales y por la situación de la entrada.
Si estás interesado en el Feng-Shui ,existen muchos libros que te definen lo que es. En Internet puedes encontrar muchas páginas que te hablan de ello. No es el propósito de este artículo. Puede que esté de moda y hasta puede que leas en un catalogo de algún gran almacén algo referente a ello. En cualquier caso, lee todo lo que encuentres y después olvídate.
La energía, el Chi o como quieras llamarle, existe independientemente de las escuelas y de los maestros. Cada uno llega hasta donde llega y eso es lo importante, no debes fijarte donde llega el que esta a tu lado. Solo así avanzaras.
Dicen que si el 50% de toda la gente del mundo estuviera en el camino del conocimiento interior, de la tolerancia y respeto a los demás, no habría guerras ni hambre o miseria en el mundo. Si estas ahí, enhorabuena, pero no intentes forzar a los demás imponiendo tus ideas, pasarías a formar parte del otro 50%.
También conocido como el aliento del Dragón, es la energía que fluye por todo lo que nos rodea, incluido nuestro cuerpo y nuestro hogar. La medicina china afirma que la enfermedad surge cuando el Chi se estanca o se acelera. El Tai Chi y el Chi Kung cultivan la energía vital a fin de mantener nuestro cuerpo en salud y armonía.
La palabra
En todas las culturas podemos encontrar ejemplos de dibujos geométricos inscritos en un círculo o en un cuadrado que se ajustan perfectamente a lo que hoy conocemos como mandala. Por lo tanto, podemos deducir que es un tipo de representación universal, que se produce independientemente del contexto cultural y que se va repitiendo a lo largo de la historia. Los yantras de la India, los ruedas de sanación de los indios americanos, algunos diseños de origen celta, los rosetones de las catedrales góticas… todos se ajustarían a la definición de mandala.
A través del tiempo, los mandalas han sido una herramienta para la meditación y la oración, un símbolo de sanación y también un instrumento para diagnóstico y el seguimiento de ciertos trastornos psicológicos. Hoy en día se utilizan también para aliviar el estrés y la ansiedad, y los neuropedagogos coinciden en que trabajar con mandalas contribuye al desarrollo del hemisferio derecho del cerebro, desarrollando por lo tanto facultades intuitivas y creativas. Entre otros efectos beneficiosos, colorear mandalas mejora la concentración, la atención y la memoria; nos ayuda a construir una imagen positiva de nosotros mismos; estimula la creatividad, la autoestima y la afectividad; nos ayuda a organizar y comprender el mundo que nos rodea; nos proporciona una sensación de seguridad, bienestar y armonía; sirve para expresar de forma creativa pensamientos y emociones que quizá no podríamos expresar de otra manera. En definitiva, se puede considerar que el mandala constituye un espacio terapéutico en sí mismo, ya que el hecho de enfrentarse a un dibujo centrado, con pautas, límites y reglas, proporciona una seguridad y un orden ausentes en el dibujo libre.
Antes de empezar es importante observar el mandala y analizar su simetría y sus formas. Así seremos conscientes de lo que significa para nosotros y de las emociones que queremos expresar. No hay una forma correcta de colorear un mandala, siempre que respetemos orden y simetría. Para unos predominarán los círculos que se abren desde el centro; para otros, los radios; mientras que otros combinarán ambos elementos. En cualquier caso, es importante que antes de empezar identifiquemos esa simetría y nos ajustemos a ella, y que se establezca una relación entre cada uno de nosotros y el mandala, de manera que sea, en definitiva, una parte y una proyección de nuestro yo, aquí y ahora.
Tanto los colores como las formas tienen su simbolismo. Por una parte hay que contar con el simbolismo que proporciona a cada uno su cultura, y por otra parte hay que tener en cuenta el que cada uno de nosotros atribuye a cada color y que nadie conoce mejor que nosotros mismos. Al colorear mandalas asiduamente uno se da cuenta de ciertas cosas: veremos que cada mandala se puede colorear de infinitas maneras, sin embargo, lo más probable será que cada vez que nos enfrentemos a un mandala tengamos muy claro, de entrada, cómo queremos pintarlo. También nos daremos cuenta de que en estados de ánimo similares tendemos a escoger mandalas parecidos y a colorearlos de forma similar. Es importante por lo tanto escoger cada vez el mandala que realmente queremos hacer, y también colorearlo como lo sintamos. En cuanto a las técnicas y materiales que podemos utilizar para colorearlos, seguramente lo mejor será que al principio utilicemos técnicas y materiales con los que nos sintamos a gusto, que manejemos bien. Más adelante seguramente sentiremos la necesidad de experimentar con otras técnicas y con otras formas de expresión.
Además, conviene favorecer la experiencia tanto como sea posible. Así pues, escogeremos un momento en el podamos desconectar durante el tiempo que estemos trabajando con el mandala y nos instalaremos en un lugar donde estemos cómodos y no nos molesten. Lo mejor es no romper la concentración y acabar el mandala de una sola vez. En este caso, acabar el mandala significa, al menos, establecer la pauta de color para poder terminarlo en el futuro. No conviene empezar un mandala sin haber terminado el anterior, así que convendrá dejar la pauta de colores completa, o destruir ese mandala antes de iniciar otro. También es posible llevar un registro escrito en el que anotemos nuestras impresiones y nuestras sensaciones antes, durante y después de colorear el mandala, aunque no conviene abusar de ese registro: solo hay que volver sobre las cosas cuando sea necesario, es importante aprender a pasar página. Quizá la regla primordial sea dejarse llevar y ser uno mismo, hay que olvidarse de lo que
Durante su primer año de vida mi hijo creció feliz en este aprendizaje mutuo que se instaura entre padres e hijos.
No importa lo que gastemos, lo que compremos para recibirlos. Sólo importa acoger a los niños en el lugar adecuado. Ellos llegan absolutamente perceptivos. Debemos acompañarlos. Elijamos el sitio. Imaginemos que tenemos un espacio exclusivo para el bebé. Hagamos Feng Shui ahora. El C’hi (energía vital) que deberá fluir por toda la casa llegará y entrará por la puerta de la habitación para salir luego por una ventana. Observar que serpentee y que no salga sin haberlo “inundado todo”. Colocar el niño en oposición a la puerta y en algún ángulo donde no sea “atravesado” por el C’hi.

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