Me encontré con Leo Bassi en la plaza de Campanet (Mallorca). Es un tipo peculiar. Viene de una saga de artistas circenses y, ahora, que el circo ya no es lo que era, lo que ha hecho Leo es convertir todo el planeta en una carpa.
Es difícil clasificarle aunque la etiqueta más acertada puede ser la de agitador de conciencias. Es un payaso con mensaje que sabe provocar a la autoridad como pocos. Logra que policías, políticos, militares, obispos, y lo que haga falta, se conviertan, les guste o no, en sus obligados compañeros de función. A este bufón le han intentado partir la cara más de una vez, pero lo que poca gente sabe de Leo Bassi es, que a su manera, también es espiritual.
Eres una persona muy peculiar que no deja a nadie indiferente. ¿Crees que es porque naciste en el circo? ¿Cómo era el ambiente en el que te criaste?
En realidad he vivido una vida muy normal de circo, aunque es una vida muy diferente a la del resto de la gente. Los circos como en el que yo me he criado ya no existen. La televisión, el cine, el fútbol… han quitado el público y los circos de hoy son un pálido reflejo de lo que fueron.
Era una vida nómada. He viajado toda mi infancia, una semana aquí otra allí. He estado en muchos países diferentes pero siempre con la idea de que mi familia no era de ningún país en particular.
Los hijos de los acróbatas eran chinos, los trapecistas eras mejicanos, y así todos. Jugábamos juntos cerca de la carpa sin ninguna conciencia de diferencia racial o cultural. Todos éramos hijos de personas que compartían las mismas ambiciones, el mismo público, la misma manera de vivir y de comer. Mi familia era toda la gente del circo. Estoy muy orgullos de haber vivido en un lugar sin racismo de ningún tipo, ni distinción de clase. Era una vida muy comunitaria, en un mundo dedicado al arte. Todos intentaban tener ideas nuevas para sus espectáculos. Por la mañana cuando me levantaba veía a mi padre que pintaba las pelotas de malabarismo o intentaba algo nuevo. La bailarina que bailaba… en definitiva gente muy creativa y que hacía su trabajo con todo el corazón.
Algunos nacíamos en el circo y estábamos muy felices de estar allí pero había otros que dejaban sus trabajos para ir al circo, en aquella época era una utopía. Yo he vivido rodeado de gente que vivía su propia utopía.
¿Cómo defines el trabajo que haces ahora? ¿Eres un bufón? ¿Un payaso?
Creo que me estoy inventando un trabajo que no existía antes. El mundo ahora es diferente y la televisión ha creado otro concepto del mundo del ocio y del espectáculo. Hago cosas que nadie ha hecho antes en el circo pero lo hago con el mismo espíritu. El mundo ha cambiado pero trato de mantener el mismo espíritu de libertad, de anarquía y de juego del circo. Para mi la carpa del circo es el planeta y lo que antes hacía en la pista del circo ahora lo hago delante del Parlamento o al lado de la casa de Aznar. Estoy en sintonía con mi época.
¿Por qué tu trabajo está siempre rodeado de polémica? ¿Por qué siempre tratas de provocar a los poderosos?
Para mí la provocación es solo una herramienta para llamar la atención y después transmitir un mensaje. Busco hacerme oír utilizando la misma estrategia que Greenpeace, que ponen a cinco personas en una barca hinchable delante de un portaaviones nuclear. Solo son cinco personas pero consiguen que su mensaje dé la vuelta al mundo.
Hay polémica alrededor de mis espectáculos porque yo no provengo de ninguna cultura soy una mezcla de muchas culturas y voy diciendo cosas que sorprenden.
Por ejemplo, hace unos años he promovido en España la Meca-Cola, una cola árabe. He hecho de todo para darla a conocer porque pienso que el mundo árabe, que conozco bien, ha sido colonizado y maltratado por el mundo occidental cristiano durante muchos años y he pensado que era justo hacer algo por ellos. También ha levantado mucha polémica que me haya puesto de parte de la causa palestina. Pienso que la razón está del lado de Palestina, y que es una humillación no hacer nada para ayudarles.
Hace poco has tenido un buen choque con la Iglesia Católica…
Ha sido por mi espectáculo “La Revelación”. Vivimos una época donde las religiones monoteístas: cristianismo, islamismo, judaísmo… nos están llevando a una crisis gigante mundial, a un conflicto de civilizaciones. Todo esto es del pasado. Yo pensaba que toda la superstición y el oscurantismo estaban acabados, pero me equivoqué.
Digo claramente y lo más alto posible las cosas en las que creo. Son temas universales, yo me considero una persona universal porque tengo muchas culturas dentro de mi. Y, además, no arrepiento de ser idealista.
¿Cuáles son tus causas?
La primera es que soy laico y mi lucha es contra todos los oscurantismos. El aspecto arbitrario de vivir bajo el miedo de un dios. De ello viene mucha de la violencia que estamos viendo. Los principales conflictos no son económicos, son religiosos. La segunda lucha es a favor de los pueblos humildes, tengo mucha simpatía por las luchas de los pueblos indios del sur y del norte de América. O de los pueblos aborígenes de Australia. Me duele pensar que hay culturas muy ricas que estamos destrozando porque no entran en la gran cultura globalizada. Pienso que es un deber de todos luchar para salvar las pequeñas culturas. Cuando una cultura desaparece se pierde mucha información. También soy un gran amante de la naturaleza. Otra de mis causas es que no haya tanto cemento y se planten el mayor número de árboles y plantas posible en las ciudades. Me duele ver a la naturaleza machacada por un campo de golf. Ver crecer el césped en un lugar donde no tenía que crecer y todo esto en nombre del lujo de algunos pocos. Es un insulto a la miseria que hay a nuestro alrededor. Hice un espectáculo en Mallorca contra los campos de golf, me machacaron por ello. Aparecieron hasta insultos fuertes contra mi en los periódicos. Pero ¿hasta cuándo puede durar este planeta si llenamos el paisaje mediterráneo, donde no hay agua, y regamos los campos de campos de golf con agua de desaladoras que funcionan con petróleo? Mientras, a tan solo unos kilómetros de aquí, en África, hay gente sin trabajo que está desesperada por salir. Yo digo esto en mis espectáculos y lo intento hacer de la manera más provocadora posible, no para provocar simplemente sino para que el mayor número de personas pueda escuchar mis ideas.
Cuanto más hago esto más tengo una reacción contraria. Soy la bestia negra para muchos. Continuamente distorsionan lo que estoy haciendo porque lo que digo molesta muchas a ciertas personas. Utilizan hasta las calumnias para que la gente no escuche lo que digo. La cosa más increíble fue lo que paso con mi ultimo espectáculo, “La Revelación”, no era un espectáculo para nada blasfemo ni insultante. Para mi, es insultante que cada domingo haya un tío en la iglesia diciendo tonterías a la gente y, sin embargo, yo no voy a quemar la iglesia.
Tú hablas de defensa de los derechos humanos, de las culturas indefensas, la naturales… todo eso tiene cierto sentido espiritual.
Por mi propia experiencia he visto que cuando se llega al fondo de la visión racional de las cosas, es decir, intentar descubrir cómo funciona el Universo, cuáles son las relaciones entre una cosa y otra, te das cuenta que al final hay una fuerza. Esa fuerza que hizo estallar el Big-bang y que ha formado el Universo. Es misma fuerza que hace que una semilla crezca cuando la siembras, la misma que hace que del esperma nazca una persona. Esa fuerza no tiene nada de racional. Hay que constatar que hay una energía que, de un modo u otro, está relacionada con el amor. Confundir esa energía con un señor con barbas con el que tienes que arreglar cuentas, que te ayuda si eres bueno y te castiga si eres malo, es una visión paternalista y mafiosa. Es algo absurdo que pertenece al pasado.
Esta fuerza que uno descubre utilizando la racionalidad no es ni positiva ni negativa. Es un fuerza difusa y las reglas que la rigen no pretenden ni favorecerte ni joderte. Cuando reconoces que existe esta energía neutra, y que la vida es un enorme juego con unas reglas, te das cuenta que no tiene nada que ver con un Dios con barba que castiga. Recientemente he podido hablar con el teólogo de la liberación brasileño, Leonardo Boff, que está en la lista negra del Vaticano y ha sido excomulgado por el Papa. Él se considera católico y es un hombre espiritual y creo que el también me considera una persona espiritual a mí.
Si existe esa “energía neutra” que sostiene el Universo, ¿No crees que una persona puede conectar con esa energía en su interior sin necesidad de intermediarios y tener una experiencia espiritual?
Es cierto, de la misma manera que una persona puede desarrollar su razón, es decir, su capacidad de comprender las cosas. Y creo que es un deber de todos hacerlo.
Yo he descubierto de manera racional que dentro de esta enorme energía neutra, que no está ni a tu favor ni en tu contra, tú mismo, como entidad, tienes libertad para hacer una acción en una dirección o en otra. Puedes vivir odiando o amando, puedes vivir siendo un ladrón o siendo un asceta, regalando todo lo que te llega a las manos. He llegado a la conclusión de que desde el momento que decido compartir mi vida con otras personas y me comporto con ellas con amor, de un modo o de otro me lo devuelven. De manera racional he llegado a la conclusión de que se vive mejor sin robar a nadie, viviendo el amor con los demás e intentando ser una buena persona. Si eres buena persona es como si lanzas un boomerang, luego tu vives mejor. He oído lo mismo en muchos pueblos indígenas. He pasado mucho tiempo de mi vida conviviendo con ellos y los conozco bastante. He vivido con los indios de Canadá y en Australia. Cuando puedo voy a Sudamérica. Muchos de estos pueblos no tienen una noción del bien y el mal como nosotros. Para ellos hay normalidad y locura. Es normal amar, es normal no robar, es normar tratar al otro con respeto y si no lo haces eres un loco. Yo tampoco tengo una idea tan fuerte del bien y del mal, para mi solo hay flujo de la energía.
Una persona como tú que ha vivido en tantas culturas ¿qué diagnóstico haces de nuestra cultura? ¿Crees que está enferma?
La tecnología ha llegado tan velozmente, que no sabemos aún como está afectando a nuestras cabezas. Estamos al principio del desarrollo de la tecnología. Tal vez dentro de 100 años ya no existamos y todo esto haya sido una gran equivocación, y el desarrollo de la tecnología que nos parece un gran avance a lo mejor no nos conduce a nada. Nos estamos alejando de nuestros instintos y esto crea grandes desequilibrios psicológicos. A lo mejor pronto tendremos que recurrir todos a la química para sobrevivir. Todos tomaremos Valium, Prozac, estimulantes, antidepresivos… es una posibilidad espantosa porque ya no seremos seres humanos autónomos sino que dependeremos de sustancias químicas para sobrevivir psicológicamente… Quizá la modernidad sea la meditación. Estuve en Argentina, hace dos o tres años, en la época del corralito, cuando la gente no podía sacar el dinero del banco. Se organizaron sistemas de bonos, se intercambiaba trabajo y se hacia trueque. Seguro que vamos a pasar por ahí. Yo fui a Porto Alegre hace dos años al Foro Social Mundial. Durante 4 días, 250.000 personas discutieron sobre las utopías y hablaron de ideas que serán los normal dentro de 30 años. El sistema económico actual, basado en el neoliberalismo, no está funcionando. Esta formando un pirámide de riqueza. El abaratamiento de los precios abarata también los sueldos y comete grandes injusticias. El mundo no puede vivir al ritmo que está viviendo ahora. Otras soluciones con más imaginación, más inteligencia se van a imponer. Habrá otra espiritualidad que traerá otro sistema de valores y eso generará otra economía.
¿Esa otra espiritualidad que mencionas en qué consiste para ti?
Tiene dos pilares. Por un lado, un amor por la justicia y por otro lado que sea lo más racional posible, es decir, ver los problemas tal y como son. Sin evadirnos. Tenemos que romper viejas maneras de pensar como la noción ridícula del bien y del mal.
Hay que ser valientes para buscar la justicia y la verdad.
A mí me han inspirado algunas personas en mi vida y a lo mejor tengo la suerte de inspirar a alguna persona que acude a mis espectáculos. No para que crea que mis soluciones son las únicas soluciones, sino inspirarle en el sentido de que existe la posibilidad de vivir de una manera valiente y que de pueden buscar las verdades. Esto es lo máximo que yo puedo hacer.
Ser valiente en este momento tiene una dificultad añadida. Mantener todos nuestros bienes materiales nos hace ser muy sumisos. Las hipotecas atan a muchos…
Todas las filosofías hablan de intentar desprenderse de las cosas terrenales. Vivir con las menos posesiones posibles. Yo soy una persona que trabaja mucho y mi sueldo es mucho más alto que la media pero nunca me he comprado un coche nuevo, mis coches son viejísimos. Me parece muy sorprendente que una persona tenga que hipotecarse para tener un coche. Hay muchos jóvenes que se compran grandes coches, creo que se hipotecan como una extensión de su frustración sexual.
El consumismo es hijo de la frustración cuando vivimos en una sociedad donde los instintos están castigados. Poseer un coche es un pálido sustituto de las fuerzas verdaderas. Yo no estoy contra la belleza y el lujo pero no quiero ser su esclavo. No quiero perder mi libertad. Ni dejar de dormir pensando en cómo voy a pagar la casa y el coche nuevo a fin de mes.
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