Soy un verdadero escéptico

 

Un escéptico es la persona que no cree. Sin embargo, es preciso creer en algo para sustentar el juego de la vida y encontrar un motivo para salir de la cama por la mañana. Por lo menos, es preciso creer que existe un suelo que te va a sostener. Realmente, la experiencia de la vida exige que depositemos confianza en un sinfín de cuestiones. Tenemos que creer en que cuando hemos abierto los ojos por la mañana existe una coherencia entre nuestras comprensiones acumuladas en la memoria y la realidad que ahí fuera nos aguarda. Y aún más, confiamos en poder pensar, hablar, comunicarnos con los demás e independientemente de lo que pensemos, hablemos u opinemos, depositamos automáticamente nuestra confianza en una enorme base de creencias irrenunciable si queremos compartir la realidad con los demás. De modo que, como vemos, escéptico estrictamente hablando, no es posible ser, ya que la experiencia depende de la creencia.

Escepticismo para justificar la estrechez de miras

Habitualmente, se suele asociar el término escéptico a aquella persona que tan solo cree en lo palpable, lo verificable por los sentidos y en aquellas creencias e ideas tradicional o científicamente aceptadas como ciertas. En mi opinión, no es adecuado llamar escéptico a este tipo de persona, aunque esté tan extendido este uso, ya que más bien es una persona que cree profundamente en sus sentidos y que no cree inconscientemente en “lo de siempre”. Puede tratarse de una persona con un tremendo miedo a resultar ingenuo, engañado o dañado, también puede ser alguien atrapado en el temor al rechazo, personas que quieren encajar y por ello asumen las creencias “socialmente verificadas y demostradas”, las menos extravagantes. La mayor parte de las veces son personas que emplean esta sobriedad científica y escéptica para justificar su estrechez de miras y su miedo a la apertura mental –siempre perturbadora.

Muy familiar nos resulta considerar que lo verdaderamente cierto –o evidente- es tan solo lo que nos muestran los sentidos, lo palpable, se trata de una de las claves del materialismo imperante. Sin embargo, los sentidos alcanzan tan solo a una finísima capa de la realidad: un conjunto de frecuencias bastante escaso para la visión, un espectro de vibraciones sonoras verdaderamente limitado, y ya no hablemos de las limitaciones experienciales del resto de los sentidos tradicionales. De hecho, las investigaciones con microscopio y desintegradores de partículas nos hacen ver lo radicalmente distinta que se muestra la realidad según el “aparato” que se emplea para observarla. Es una primera noción de que los sentidos solo nos dan acceso a un muy limitado nivel de la verdad.

Mas allá de las vibraciones que recogen y traducen en electricidad nuestros sentidos, nuestra mente organiza la percepción. Ahora si que podemos olvidarnos de la evidencia que los mal llamados “escépticos” atribuyen a los sentidos. Las creencias profundas de cada persona, criadas durante toda su experiencia vital, afectan poderosamente a la experiencia de lo percibido, aunque nuestros transductores -los sentidos- sean mecánicamente similares.

Economía interpretativa

Además, y por si fuera poco, nuestro sistema perceptivo automáticamente “modifica” lo que recogen nuestros sentidos con el fin de simplificar y facilitar la comprensión de lo percibido –como está ampliamente demostrado por la Gestalt- y dedicar menos energía a la interpretación de la realidad. Esta economía interpretativa con la que está dotada nuestra percepción da como resultado que, en gran medida, se podría decir que nuestros sentidos nos engañan. Existe un sinfín de dibujos y ejercicios visuales que demuestran tales anomalías.

Para no profundizar más en este asunto, basta preguntarte: si realmente solo crees en los sentidos ¿cómo puedes saber que piensas, sientes o te emocionas? ¿Niegas tu realidad más humana?

La genuina corriente filosófica del escepticismo, lejos de conformarse con los paradigmas sociales y muy lejos de la habitual adoración a los sentidos propia de la era materialista, pretendía precisamente una revolución en la comprensión de la realidad humana. Desde el siglo IV a. de C., se enfrentaron a la religión y sus conceptos de un dios creado a imagen y semejanza de las debilidades humanas, desafiaron a las supersticiones, a la moral –la existencia de lo bueno y lo malo- y desconfiaron de todo discurso que tuviera como bandera “verdad” alguna. Estimularon el relativismo y el subjetivismo que hoy tanta relevancia tienen en el nuevo pensamiento. El escepticismo profundiza en las raíces de la humildad, el reconocimiento de que todo saber humano es parcial y se enfrenta radicalmente a las ideas establecidas.

Bajo un punto de vista más profundo y, por supuesto, sencillo, el verdadero campo de creencias al que se limita un escéptico es lo que podríamos llamar el “sentir de la evidencia”, aquello que se siente como evidente. Como vemos, se trata de un sentimiento, algo intangible, claramente personal e intransferible, lo que define lo auténticamente evidente. Son nuestro sentimientos, y no nuestros sentidos, los que nos conectan con “la verdad” –o mejor dicho, nuestra verdad accesible en el ahora- seamos o no conscientes de ello.

El escepticismo nos invita a profundizar en una sincera y revolucionaria búsqueda personal más allá de nuestros sentidos y más allá de la conciencia social.

Yo creía que era un creyente, una persona de fe. Ya no lo creo. Al profundizar, me he dado cuenta de que soy un terrible escéptico. Un verdadero escéptico. Alguien que no cree en lo aparente, en lo creado artificialmente, en lo tradicionalmente evidente. He cotejado mi “sentir de la evidencia” y he descubierto mi profundo escepticismo.

No creo que haya nadie bueno ni malo, lo cual implicaría que hubiera alguien mejor que otro, y no creo en el elitismo. No creo que nadie sea egoísta o altruista. Es un juego en el que se juega de diferentes maneras. No creo ni siquiera que nadie sea nada que se pueda definir. Lo que hagas o lo que dejes de hacer no te hará mejor ni peor. No creo que nadie se merezca nada, tampoco creo que merezcamos todo, más bien no creo en la existencia del merecimiento. No creo en el éxito ni en el fracaso, siempre son puntos de vista limitados y fragmentados.

No creo en el miedo, es un experimento. No creo en la muerte, ni siquiera en la muerte del cuerpo. Ni siquiera creo en la enfermedad. No creo que una corriente produzca un resfriado, ni que un despiste produzca un accidente. No creo en las causas que conocemos. No creo en la virtud del esfuerzo. No creo que esforzarse sirva para nada, si no es para reforzar otras falsas creencias hijas del sacrificio, en el cual no creo. No creo en el premio ni en el castigo. Es el juego de manipular las consecuencias según nuestras infantiles exigencias. No creo en la educación. Los niños crecen sanos si son libres, sin interferencia, sin más, ellos mismos. No creo en el compromiso, aunque haga sentir seguras a las personas, no creo en la seguridad, tan famosa hoy, no creo en limitación cualquiera de la libertad.

No creo en la manipulación encadenada de las estructuras sociales. No creo en las instituciones, ni en las leyes, aunque en nuestro juego se multiplican como una plaga. No creo en el trabajo. El hombre se ha hecho esclavo de si mismo, sin importar su condición financiera o social, en la cual no creo. No creo en la justicia, actuar en nombre de ella es arrogancia, solo tiene sentido para el que no puede verla en todas las cosas. Y si la ves en todas las cosas, entonces no existe justicia ni injusticia. No creo en los fuertes y débiles, en los ricos y pobres, en las víctimas y los verdugos, en los buenos y malos, en las diferencias que contemplamos y fabricamos. No creo que nadie sea más importante que nadie. Ni siquiera creo en la “importancia” que conocemos. No creo en la propiedad de ningún tipo. No creo que poseamos nada nunca, jugamos muchos juegos basados en la creencia del miedo y la carencia.

No creo que el amor de madre sea incondicional, condicionado a su hijo en exclusiva. No creo en la familia como algo más importante que otra cosa cualquiera. Otro grupo en el que nos resguardamos marcando el “nosotros” y el “ellos”. No creo en la inocencia de los niños mas allá de la inocencia de cualquier adulto, ya esté encarcelado, acusado de terrorismo o nombrado presidente de los Estados Unidos. Porque no creo en la inocencia ni en la culpa. No creo en las naciones, por supuesto, unidas o sin unir, desarrolladas o en “vías de desarrollo”, no creo que existan. No creo en las banderas, ni en los cargos, ni en las posiciones. No creo en los papeles que representamos.

No creo en lo que veo, ni en lo que oigo. No creo en tus ideas. No creo en las cosas que las personas me cuentan. No creo en mis pensamientos, juguetones, caprichosos y limitados. ¡Esto es verdaderamente ser escéptico!

No creo ni siquiera en mi escepticismo. Por ello vivo cada día empapándome de una realidad en la que no creo, cabalgando en la ilusión, arrojado a la aventura del misterio. Sintiendo cada una de estas cosas que no creo como si fueran las más reales partes de mí. Estoy entregado, rendido a mi papel en el juego. Todo me afecta, me hace reír y llorar. Y cuando llego al fondo de mi corazón, recuerdo que no creo. Entonces despierto, me libero y estoy en paz.

Sobre todo, no creas en lo que te digo.

 

Página web de Jorge Lomar

 

Editorial: Avatar y la trama de la vida


avatarEs cierto que esta película, la más cara de la historia del cine hasta la fecha, no tiene la profundidad filosófica de Matrix, pero ayer salí del cine con la sensación de haber visto una película comparable. Si la trilogía de los hermanos Wachowsky conseguía llevar al público masivo la filosofía no dualista, Avatar introduce dentro de un producto made in Hollywood muy bueno, la visión ecológica y sistémica del paradigma holístico y su conflicto con la visión actualmente imperante del paradigma mecanicista economicista.

Avatar, tal y como hiciera Matrix una década atrás, consigue el difícil equilibrio entre un producto puramente comercial y una historia con carga filosófica. Nos presenta una visión del mundo diferente a la de nuestra cultura y además nos ofrece la posibilidad de sumergirnos en ella. Avatar es un canto a la trama de la vida, a Gaia, en un atractivo envoltorio que permite que el espectador pueda palparlo, casi saborearlo. Es posible que pueda ser tachada de simplista y maniquea, lo es. Pero tiene el mérito de presentar en el lenguaje que atrae a las grandes masas conceptos profundos y de gran importancia en un mundo en el que la crisis ecológica ya es un problema vital.

Si para entender más y mejor Matrix había que recurrir a Ken Wilber, para profundizar en Avatar puede ser útil acudir a Fritjof Capra o Jerry Mander.

La trama de la vida

La extraordinaria carga ontológica que tenía Matrix queda compensada en este caso con una belleza visual que transporta al espectador a experiencias próximas a las que solo se alcanzan ingiriendo Ayahusca (esa planta que no debería haber salido de la selva). Los colores y la recreación del bosque primigenio son poesía pura. Y los paisajes nos transportan a un lugar más allá de los sueños que sin embargo nos resulta extrañamente familiar. Probablemente porque nos recuerda el mito de la expulsión del Edén.

Allí es precisamente adonde nos lleva Avatar, al corazón de la selva. Una selva hostil en apariencia pero que guarda en su seno una experiencia vital plena cuando se despierta la sensibilidad instintiva y se venera la vida a través de un corazón puro. Una selva que esconde el camino de regreso a casa.

Animismo

Con pocos preámbulos, James Cameron, nos sumerge en una cosmogonía en la que los seres pensantes (en este caso los Na’vi) conservan su lugar en el ecosistema y su espiritualidad se palpa en la cotidianeidad, envuelve su cultura y da sentido a su existencia. Viven en torno a lo que en sánscrito se conoce como RITA, los ciclos de la naturaleza.

Algunas escenas nos recuerdan claramente a “El último Mohicano”, la historia en la que un pueblo aborigen resiste frente al ataque de los bárbaros que quieren expoliar su riquezas naturales y expulsarles de las tierras en las que yacen sus antepasados. En el fondo se puede decir que es una película de indios y vaqueros. Y es cierto, aunque en la línea de “Bailando con Lobos”.

En una puesta en escena interplanetaria recrea el drama que aún hoy en día se vive en las selvas amazónicas. El pulso del progreso ciego que aplasta inexorablemente la visión animista de los pueblos tradicionales que aún mantienen viva la conexión, el vínculo, con el espíritu del resto de los seres vivos. Mientras los conquistadores arrasan la vida por los recursos naturales, ya sea oro, petróleo o coltán. Una historia también de plena actualidad en el África de hoy.

Otra referencia indiscutible de esta película es la “Carta del Jefe Seattle” el primer alegato ecologista atribuido a un líder indio norteamericano. Un documento imprescindible para entender la cosmogonía que presenta Avatar.

Aportaciones originales

Muy interesantes son los filamentos que los Na’vi tienen al final de su cabellera. Les permiten conectarse con otros seres vivos y establecer una comunicación íntima, un vínculo especial.

Así como Matrix nos presentaba dos realidades paralelas, dos mundos que se interconectaban a través de la tecnología, en Avatar, el personaje y su alter ego conviven en la misma realidad. La conciencia pasa de un cuerpo a otro en el mismo plano.

El mensaje de ecología reverencial está muy bien transmitido. Y la poesía visual que lo envuelve es extraordinaria. Los colores, la fauna y flora del planeta Pandora son una refrescante experiencia sensorial, casi alucinógena. Fondo y forma construyen un producto cinematográfico de alto nivel.

La presentación del paradigma mecanicista economicista con dos de sus serviles prolongaciones, la militar y la científica, y su enfrentamiento con una visión integral e integrada del ser humano.

Dos frases del guión:

“Solo hay una cosa que le guste menos a los accionistas que la mala presa, una cuenta de resultados negativa”.

“No tenemos nada que les interese. ¿Qué les vamos a ofrecer cerveza Light? ¿vaqueros?”avatar1

Entrevista: Jordi Pigem, autor de Buena Crisis

Jordi Pigem es el filósofo de nuestro tiempo. Así lo demuestra en su nuevo libro Buena Crisis (Ed. Kairós y Ara Llibres), donde realiza un fiel retrato del especial momento en que nos ha tocado vivir. Sus recetas a los grandes retos se pueden resumir en dos líneas: acabar con el divorcio entre el ser humano y el resto de la naturaleza y empezar a buscar la felicidad en la creatividad, la solidaridad y las relaciones humanas. El consumismo y el materialismo son el pasado, ha llegado la época del postmaterialismo. Pigem ha sido profesor del Schumacher College, colaborador de Raimon Panikkar, Fritjof Capra… Y lo más importante: es muy buena gente.

jordi pigemBuena Crisis es el título de tu último libro. Normalmente crisis se suele asociar a algo negativo pero tú apuntas a algo positivo.

La palabra crisis viene de un término médico empleado para describir el momento en el cual el paciente se sana o empeora. Si se sana, se decía tradicionalmente que el paciente había tenido una crisis feliz, favorable o una buena crisis.

Estamos en un sistema que ya estaba enfermo y ha entrado en crisis, es decir, puede empeorar y volverse más hacia la sed de control, la violencia, la alienación o bien puede transformarse hacia un mundo más sano, más sensato, más ecológico, más justo y más sabio.

Es útil darnos cuenta de que esto nos da un poder de actuación que antes no teníamos. En una situación estable puedes intentar cambiar cosas y nada se mueve. En cambio en una situación de crisis todo está en transformación y  es mucho más fácil incidir en el curso de las cosas.

Ahora todo está fluyendo y es mucho más fácil orientar los cambios en el sentido que creamos que son positivos. La única certeza que podemos tener es de que nada se quedará igual.

En un mundo en donde cada vez hay más desigualdades y formas de explotación cada vez más sutiles, el hecho de que llegue una crisis como esta es una campanada que nos despierta. La bonanza económica y la posibilidad de consumir cada vez más eran como un soborno a nuestra consciencia que nos hacía ignorar los problemas terribles del mundo, a nivel de derechos humanos y de crisis ecológica, por ejemplo.  Creíamos que como yo cobro a final de mes y me puedo comprar lo que quiera, el sistema funciona.

Del mismo modo que hemos creído que la economía es la clave del bienestar de una sociedad, creíamos que el consumo era la clave del bienestar humano. Ahora sabemos que no es así. Y al desmontarse todo este sistema de creencias, todos los problemas que ya estaban ahí, pero que la sociedad prefería ignorar, ahora nos miran a la cara.

Es una medicina amarga…

Sí, pero nos despierta de un estado de sopor. El sistema era como un gigante sonámbulo que avanzaba estrujando ecosistemas, comunidades y el equilibrio del planeta bajo sus pasos. Ahora el sistema se desmonta y nos damos cuenta de que tenemos la oportunidad insólita, increíble y privilegiada de poder cambiar el mundo.

Pocas generaciones han podido sentir que sus decisiones pueden afectar el futuro, no solo de su comunidad local sino del conjunto de la Tierra. Estamos en un momento muy duro y muy difícil pero también podemos pensar que es un gran privilegio haber venido a la Tierra en este momento. Tener una vida humana en esta época de transformación enorme, con todas las posibilidades ilimitadas que ello conlleva, es la experiencia más interesante que se puede pedir.

El materialismo ha tenido una serie de manifestaciones políticas, como el capitalismo y el comunismo. ¿Qué tipo de organización social puede emanar de este nuevo paradigma holístico?

La visión holística del mundo lleva por naturaleza a sistemas de gobiernos mucho más descentralizados. El poder está en las comunidades locales. Se trata de una sociedad en donde no hay estructuras jerárquicas, no hay personas que lideran al conjunto de la población, sino que cada uno es capaz de tomar mayor responsabilidad por lo que hace y consume, por su impacto en la comunidad local y en el conjunto de los ciclos de la tierra.

Creo que esta crisis marca el principio del fin de la globalización económica y eso abrirá espacios de diversidad cultural que hasta ahora se habían ido sofocando. Permitirá una mayor diversidad de maneras de actuar en sintonía con  los ritmos de cada ecosistema. De hecho, es así como las culturas han ido evolucionando siempre: en sintonía con los ritmos climáticos y biológicos del ecosistema que las acoge, cosa que ahora prácticamente no tenemos en cuenta.

Ahora mismo lo que tenemos a nivel político es la gran transición desde estructuras rígidas y jerarquías centralizadas a toda una serie de iniciativas participativas que van a ir surgiendo a nivel local.

Todo esto comporta fomentar la participación ciudadana y la recuperación de maneras autosuficientes de vivir. Recuperar oficios que se estaban perdiendo, recuperar variedades agrícolas locales que se estaban abandonando. Hay que fortalecer estas comunidades locales y dejar que las estructuras más globales sean solo como un paraguas protector, no como una pirámide que acumula el poder en su cúspide. Sería un poder que emerge de abajo a arriba, no  de arriba a abajo.

Jordi Pigem y Alberto Fraile durante la entrevista

¿A nivel simbólico estaríamos hablando de pasar de la fórmula piramidal al trabajo en red?

Sí, exacto. La pirámide es una metáfora que vale mucho para los sistemas que hemos creado hasta ahora, tanto políticos como empresariales. Pero la naturaleza no funciona así. El concepto de pirámide puede asociarse con nociones teológicas que proclaman un dios superior que está por encima de la Tierra. La versión del cristianismo que ha triunfado (que no es por ejemplo la de San Francisco) es muy jerárquica y se ha vuelto compatible la visión del mundo hasta ahora hegemónica, en la que destaca la competición y la lucha por la supervivencia, todo se rige por leyes mecánicas y lo que tiene más fuerza triunfa.

La visión holística nos revela que todas las cosas están íntimamente relacionadas y todo depende de todo lo demás. Es una visión mucho más compatible con la idea de red. Cada acto, como una piedra que cae en un estaque, genera ondas que luego se van expandiendo. En esta crisis, las pirámides se derrumban y las redes se fortalecen. Todos sabemos que las estructuras piramidales ya no funcionan.

Inventar estructuras piramidales es un experimento de la humanidad que hemos comprobado que no funciona. Y no funciona ni siquiera para los que están arriba, muchos de los cuales están colmados de insatisfacción.

Ahora nos toca probar formas nuevas de organización. Sabemos que el cosmos y la vida funcionan en red. Cuanto más funcionemos en red nosotros, más fluiremos con la naturaleza y mejor nos irá.

¿Es el universo un lugar acogedor?

Los pueblos indígenas tradicionales se han sentido parte de su ecosistema inmediato y del Universo. Cuando miran a la Luna y al Sol, los ven no solo como parte de su cosmología, sino de su mitología y de su propia familia… De esa percepción primordial del mundo, en la cual nos sentíamos instintivamente hermanos de  las plantas, los animales y los astros… hemos pasado a una visión mecanicista en la que consideramos que lo único real es lo que se puede medir, lo que se puede cuantificar. Eso da lugar a un mundo que puede ser controlable y eficiente en muchos sentidos, pero donde todo lo que no es cuantificable, todo lo que tiene que ver con la creatividad, la imaginación, el arte, la espiritualidad, nuestras relaciones, el amor… todo ello se percibe como una cosa accesoria y poco importante. Si creemos que lo más propiamente humano es un añadido, creamos un mundo inhumano y hostil.

Es curioso que las conclusiones a las que está llegando la ciencia de vanguardia coinciden con las  filosofías espirituales más tradicionales. Parece que los científicos y los místicos acaban entendiéndose al final del trayecto.

Dos premios Nobel de Física del siglo XX, Schrödinger y Wigner, independientemente llegaron a la conclusión de que ciertos experimentos de física contemporánea solo podían explicarse satisfactoriamente si pasamos a considerar que el fundamento de la realidad no es la materia y la energía, sino la conciencia y la percepción. Eso significa un giro de 180 grados en cómo vemos el mundo desde hace siglos. Y esto no lo dicen maestros espirituales, sino premios Nobel de Física. Hay, como mínimo, paralelismos entre la visión del mundo que han cultivado las filosofías no dualistas de diversas escuelas budistas, taoístas e hinduistas, y la visión que nos presenta la física contemporánea.

La física ha descubierto cosas que los propios físicos no son capaces de asimilar en su vida cotidiana. La visión del mundo que emerge de la física cuántica borra la visión de que existen entidades separadas. La mayoría de los físicos viven en una especie de doble vida. Cuando están trabajando con la física cuántica, abrazan la visión de radical interdependencia de todas las cosas, pero cuando están en su vida cotidiana, todo vuelve a estar fragmentado y muchas cosas se siguen rigiendo por los valores tradicionales.

Nuestra cultura todavía no ha sabido integrar lo que hace ya cien años comenzó a emerger de la física cuántica y más recientemente de la neurobiología.

Tenemos la base científica para una visión holística, en la cual nos damos cuenta de que todas las cosas son interdependientes y en la que la actitud más natural y más efectiva es cooperar y no competir. De ello puede nacer espontáneamente una actitud que no es de control sino de participación de los ciclos de la naturaleza.

Del control, al fluir. ¿Cómo podemos aprender a fluir? Supongo que la confianza es la clave ¿no?

Sí, la confianza es parte de este proceso. Si nos sentimos separados del mundo y separados los unos de los otros, la única manera efectiva de actuar es controlar y competir. Es una actitud basada en la desconfianza. Pero la palabra confianza puede tener la connotación de ingenuidad. Yo usaría la palabra participación, en el sentido de que nos sentimos parte de una red de ciclos, de una red inagotable de múltiples ciclos y de ese modo podemos sentirnos parte del conjunto del universo y parte del milagro continuo de renovación de la vida.

Pasar de esta actitud de control a una actitud de fluir es lo que te permite dejarte guiar por tu creatividad. También es una actitud mucho más sana. Se puede medir fisiológicamente cómo una persona que intenta controlar tiene mucha más tensión que una persona que siente que participa en el fluir de las cosas, que está naturalmente más relajada.

En una visión del mundo en la cual las cosas están separadas hay que unirlas con vínculos de control o con leyes mecánicas que rijan su funcionamiento. Una visión más participativa nos lleva a fluir con los ciclos de la naturaleza y con los ciclos de las relaciones humanas.

Hay pensadores que opinan que los humanos ya no podemos reintegrarnos en los ciclos de la naturaleza, que la expulsión del Paraíso es definitiva

La raíz del problema que tenemos hoy en día es el dualismo entre nosotros y el mundo, que se manifiesta por ejemplo como dualismo entre la humanidad y la naturaleza. La clave para conseguir un mundo que funcione es superar ese dualismo.

Hay actitudes que parten de la idea de que los humanos estamos aquí para administrar el planeta. Parten de la arrogancia de creer que saben cómo funciona el planeta.

Pero tal como nosotros respiramos sin ser conscientes de todos los procesos ligados a nuestra respiración y tal como nuestro corazón late sin que nosotros sepamos cómo, nadie sabe en detalle cómo funcionan los innumerables ciclos en continua transformación que constituyen la naturaleza.

La naturaleza es líder en tecnología porque todo lo que crea es mucho más complejo, mucho más bello y mucho más eficiente que lo que creamos nosotros. Creer que nosotros podemos controlar artificialmente el equilibrio ecológico de la Tierra es de una gran ingenuidad y arrogancia.

Los seres humanos de los países ricos y de las elites ricas de los países del Sur hemos vivido de un modo que nadie nunca antes había vivido. Volar, adaptar la temperatura de cada sala a lo que nosotros queramos y regular todo lo que ocurre a nuestro alrededor, importar comida de la otra punta del mundo y disponer de todo tipo de artilugios electrónicos… son comodidades que ni siquiera los grandes emperadores tenían, pero hemos terminado creyendo que esta era la manera natural de vivir.

¿La solución pasa por vivir con menos?

La economía convencional sigue ignorando que depende de la naturaleza. La inminente escasez de recursos energéticos clave nos obliga a reconocer que la vida que hemos estado llevando en las últimas décadas no es sostenible. Si queremos perdurar como una especie integrada en los ciclos de la tierra, hemos de consumir menos energía y hemos de aprender a vivir mejor con menos, ser más felices con menos.

No hay ninguna alternativa energética viable que sea capaz de proporcionar el nivel del consumo que hemos tenido hasta ahora. Pero eso no es una mala noticia, porque esta sociedad de consumo es una fuente de adicciones y de problemas psicológicos que antes no existían. Hay que reaprender a vivir mejor con menos energía externa y en cambio potenciar nuestras energías interiores: la creatividad, la solidaridad…

Hemos de limitar nuestro impacto en el medio, pero hay mil cosas que son ilimitadas: la amistad, la solidaridad, la imaginación, la creatividad, el arte, la capacidad de aprender… siempre las podemos potenciar.

Todo lo que no depende de una base material, no tiene límites. Darnos cuenta de que estamos en un mundo de posibilidades ilimitadas abre la puerta a darnos cuenta de que el mundo que podemos crear tampoco tiene límites. Tal vez nos espera un mundo que ahora mismo no podemos imaginar. Tiene el potencial de ir a peor o a mejor. Podemos vivir una mala crisis o una buena crisis. Nos espera un mundo que no será como este. Contribuir a que sea un mundo mejor está en nuestras manos, y en nuestro corazón.

6º Aniversario Namaste

Primera portada Revista NamasteEn el mes de octubre de 2003 salía a la calle el número 0 de Namaste. Era un sueño con pocas probabilidades de materializarse. Sin embargo, aquí estamos, 6 años después. Más maduros, algo menos ingenuos, pero con las mismas ganas de aportar nuestro granito de arena para que este mundo sea un poco más sano, más consciente y más pacífico. En nuestro aniversario queremos reiterar algunos de nuestros compromisos.

La intención principal de esta revista es aportar a nuestros lectores testimonios, ideas y recursos inspiradores en el ámbito de la espiritualidad, el contacto con la naturaleza y los movimientos sociales de vanguardia. Queremos proporcionar palancas que permitan hacer cambios para que entre todos podamos trasladarnos del mundo egocéntrico en el que vivimos a otro más ecocéntrico.

Queremos que Namaste sea una herramienta que ayude a tejer una red, que sea útil a la sociedad, que contribuya a que todos tengamos una vida digna y satisfactoria.

Los retos de nuestro tiempo no se solucionan con simples acciones externas, es necesario un cambio de conciencia. Para ello hay dos elementos que pueden jugar un papel fundamental: la educación y los medios de comunicación.

Portada Noviembre 2009 Revista NamasteEs necesario que estos dos ámbitos evolucionen porque su repercusión en las mentes de los individuos es demasiado importante. En gran medida contribuyen a conformar el campo de conciencia. El cerebro es simplemente un procesador de datos que se conecta a ese campo de conciencia y de ahí obtiene la información. Es como una gigantesca bolsa. Y en esa bolsa, a la que se conectan nuestros cerebros, durante demasiado tiempo se ha depositado basura. Lo que aspiramos a hacer, humildemente, desde esta revista es subir a esa gran bolsa, a ese campo de conciencia, algunas flores en forma de valores, ejemplos inspiradores y soluciones positivas para que podamos conectar nuestros cerebros a algo más elevado y obtengamos la información para construir un mundo mejor.

Desde Namaste queremos contribuir a la consolidación de una visión del mundo que devuelva la dignidad al ser humano. Queremos que en esa gran bolsa a la que se conectan nuestros cerebros haya cosas bellas.

Como dice Satish Kumar, uno de los referentes de esta revista, para atender las necesidades profundas de nuestro tiempo, un cambio de paradigma fundamental es necesario: un cambio del materialismo a la vida consciente.

Esta frase resume a la perfección las motivaciones de Namaste. Para ello trabajamos, para que nosotros y nuestros hijos podamos vivir en un mundo más consciente.

Nuestro mundo tiene que vivir una transición desde el despilfarro y la ignorancia a un modo de vida elegante, sencillo y respetuoso. Como afirma Satish Kumar, una transición de la dependencia del carbón, nuclear y petróleo a una relación con de agua, el sol y el suelo. La transición de un deseo de controlar y dominar a la intención de relacionarse, participar y celebrar.

Nos gusta creer, y eso nos da energías para continuar, que esta revista hace un trabajo de fondo: prepara el terreno y lo abona. Así cuando se lance alguna semilla, si se dan las condiciones, germinará.

Anima Mundi

AnimalesFue E.F.Schumacher quien dijo que estamos en guerra con la naturaleza, y que si alguna vez ganábamos la guerra descubriríamos que estamos del lado de los perdedores. La idea principal por la que se lucha es la noción de que la Tierra y sus formas enredadas de vida: rocas, atmósfera y océanos no son mas que una colección de recursos insensatos mecanizados que solo tienen valor cuando se extraen y son convertidos en productos para la venta en el mercado global.

Anima Mundi

Nuestros antepasados tribales sentían que vivían dentro de una gran psicología, la psicología del mundo en sí mismo: el anima mundi. De acuerdo con sus enseñanzas, este alma del mundo les afectaba profundamente con extraños dictados desde las profundidades desconocidas y a su vez respondía a sus oraciones y formas de ser en el mundo. La gente tribal era gente del sueño, mientras que nosotros en occidente nos vanagloriamos de ser gentes de la mente, la razón y del intelecto.

Siguiendo los dictados de Descartes, el conocido filósofo del siglo XVII que proclamó que la razón humana está completamente desconectada de un universo mecánico y aburrido, nuestra civilización está rápidamente siguiendo su paso hacia la inconsciencia a medida que la naturaleza comienza su contraataque utilizando el arma letal del cambio climático. Así pues, ¿cómo podemos empezar a encontrar el camino hacia una relación mas armoniosa con la Tierra sin abandonar los importantes logros de la cultura occidental?

Las maneras de saber de Jung

Quizás en estos tiempos de crisis, anima mundi, manifestándose como la Tierra viviente, está intentando desesperadamente alcanzarnos a través de lo que el gran psicólogo suizo, C. G. Jung, llamó nuestras cuatro funciones psicológicas, o maneras de saber, que trabajan como pares opuestos: La Intuición y el Sentido, el Pensamiento y el Sentimiento.

La Intuición nos da comprensión en cuanto a la naturaleza y al significado más profundo de las cosas, mientras que el Sentido deja una impresión directa del mundo que nos rodea a través de nuestro cuerpo físico. El Pensamiento interpreta lo que hay, de una manera un tanto lógica y racional, mientras que el Sentimiento nos ayuda a acreditar un valor positivo o negativo a los fenómenos y las situaciones. Este es el dominio de la ética. El Pensamiento y el Sentimiento son evaluadores, mientras que el Sentido y la Intuición son perceptivos. Jung descubrió que cada uno de nosotros tiene una función dominante, mientras que la función opuesta permanece mayoritariamente inconsciente y subdesarrollada. Las otras dos funciones son sólo parcialmente conscientes; sirviendo generalmente a la función dominante como auxiliares.

Actuar para reparar el equilibrio.

Animales¿Y si en nuestra relación con la naturaleza hay una disfunción debido a una evolución retorcida y pervertida de estas maneras de saber dentro de nuestra cultura global? ¿Y si sólo podemos intuir en nuestro interior el estímulo del anima mundi trayendo estas cuatro maneras de saber a la balanza individual y colectiva? ¿Y si en estos tiempos de crisis profunda la propia alma del mundo está intentando alcanzarnos desde las profundidades de sus sueños para inspirarnos e informarnos por medio de nuestras cuatro maneras de saber?

Si fuese así, entonces cuando trabajamos por medio de nuestra intuición, la Tierra viviente nos da ciertos conocimientos de que todo es sensible.

En palabras del filósofo Christian de Quincey, la materia siente hasta sus raíces más profundas y el mundo que nos rodea es intensamente inteligente y, quizá, despierto a cada herida profunda que infligimos sobre él con las escavadoras y sierras mecánicas en nuestra loca codicia para tener más y más materia prima. Parafraseando las palabras del geólogo Thomas Berry, el mundo no es una colección de objetos sino mas bien una comunión de sujetos.

Cuando trabajamos mediante nuestros sentidos, la Tierra viviente permite que nuestro cuerpo animal sienta el hormigueo con el mero placer de una comunicación sensual con el mundo animado y consciente que nos rodea, con la luz de la luna sobre un tranquilo lago o el rugir del ancho mar, o con el relajante gotear del agua resbalando por las copas de los árboles de un bosque después de una breve lluvia.

Cuando actuamos mediante nuestras mentes pensantes, la Tierra viviente inspira a los científicos, como James Lovelock, con la idea de que nuestro planeta consiste en un conjunto de interacciones fuertemente acopladas entre la vida, las rocas, el aire y el agua y que debido a estas interacciones, el planeta en su totalidad, tiene la habilidad emergente para regular sus propias condiciones en su superficie, dentro de los estrechos márgenes adecuados para la vida.

¿Podría ser que el anima mundi inspirase a Lovelock a ponerle el nombre a esta teoría en recuerdo a Gaia, la antigua divinidad Griega de la tierra? El estilo de pensar de Lovelock, conocido para algunos como pensamiento sistémico, nos enseña que no hay entidades aisladas de un modo inherente; que las relaciones son primarias; que las interacciones dan lugar a sorprendentes propiedades emergentes que con frecuencia desafían el análisis racional; y que no podemos predecir y controlar muchos de los fenómenos naturales. Cuando trabajamos a través de nuestros sentimientos, la tierra viviente nos instruye que cada ser tiene un valor intrínseco simplemente porque existe, independiente de su utilidad para los humanos, y que no tenemos derecho, en principio, a destruir la gran diversidad de seres vivos. Este es el camino de ecología profunda que desarrolló el gran filósofo noruego, Arne Naess.

Haciendo las paces con la naturaleza.

Cuando nos dejamos sensibilizar por la tierra viviente mediante nuestras cuatro maneras de saber, empezamos a hacer las paces con la naturaleza volviendo a aprender el arte de vivir la vida con sentido dentro de la gran masa que nos envuelve, nuestro planeta. Una contribución a esta tarea es desarrollar nuevas maneras de hablar sobre nuestra percepción de la naturaleza interior de la tierra que permite que sus dimensiones animistas emerjan sin ofender a la mente racional, para evocar en nosotros un profundo sentido de que pertenecemos al gran ser planetario que nos dio vida.

Artículo publicado en la revista Resurgence. Número 236.

Cómo nace un paradigma

Un grupo de científicos colocó cinco monos en una jaula, en cuyo centro colocaron una escalera y, sobre ella, un montón de bananas.

Cuando un mono subía la escalera para agarrar las bananas, los científicos lanzaban una descarga eléctrica sobre los que quedaban en el suelo. Después de algún tiempo, cuando un mono iba a subir la escalera, los otros lo golpeaban. Pasado algún tiempo más, ningún mono subía la escalera, a pesar de la tentación de las bananas. Entonces, los científicos sustituyeron uno de los monos.

La primera cosa que hizo fue subir la escalera, siendo rápidamente bajado por los otros, que le propinaron tremenda paliza.

Después de algunas palizas, el nuevo integrante del grupo ya no subió más la escalera, aunque nunca supo el por qué de tales golpes. Un segundo mono fue sustituido, y ocurrió lo mismo. El primer sustituto participó con entusiasmo de la paliza al novato. Un tercero fue cambiado, y se repitió el hecho, lo volvieron a golpear. El cuarto y, finalmente, el quinto de los veteranos fue sustituido.

Los científicos se quedaron entonces con un grupo de cinco monos que, aún cuando nunca habían recibido una descarga eléctrica, continuaban golpeando a aquel que intentase llegar a las bananas.

Si fuese posible preguntar a algunos de ellos por qué le pegaban a quien intentaban subir la escalera, con certeza la respuesta sería: No sé, aquí las cosas siempre se han hecho así.

¿Te suena conocido?

Solo hay dos cosas infinitas en el mundo: el universo y la estupidez humana.

La sintergética del Dr. Jorge Carvajal

SintergéticaHoy tengo la sensación de que entre todos aquellos que buscamos integrar las diferentes medicinas, en un meta-paradigma que restaure su perdida integridad, estamos asistiendo a un nacimiento. Es el nacimiento de una medicina integral, de una nueva ciencia, que es a la vez filosofía y arte. Parece nacer también hoy, con esa nueva cultura de la salud, una nueva humanidad. Somos nosotros los que nacemos. Parteros de nosotros mismos. Ahora la invitación es a nacer, desde nosotros, a esa genuina humanidad que en cada uno espera revelarse.

Dr. Jorge Carvajal Posada

Sintergética es el término que ha elegido el Dr. Jorge Carvajal para denominar su propuesta de sabiduría y salud. Deriva de la bioenergética y engloba todos los sistemas terapéuticos que trabajan con la energía, por tanto, esta propuesta incluye las medicinas y filosofías de oriente y occidente.

Se ha desarrollado en Medellín, Colombia, de la mano de este médico; quien con un gran grupo médicos tradicionales, lleva practicándola más de treinta años.

La Sintergética integra los opuestos, haciendo de la unión de la medicina occidental y de las sabidurías milenarias de oriente una síntesis de salud, muy científica y muy humana a la vez.

El paradigma reduccionista que ha marcado la pauta durante los últimos años nos ha llevado al separatismo en su obsesión por analizar; de tal forma, que las personas hemos sido tratadas como órganos y síntomas en vez de cómo seres integrales que somos. La Sintergética propone recuperar la visión integral.

Actualmente, desde la biología y la física sabemos que somos patrones de información, en el universo todo es información y la información es conciencia. Desde esta nueva perspectiva el Dr. Jorge Carvajal ha recurrido a la Medicina china de la cual toma los conocimientos de los cinco elementos, los meridianos y puntos de acupuntura (sin que sea necesario el uso de agujas), al Ayurveda con las doshas (vata, pita y kapha) de donde extrae la relación con el paciente a través de los pulsos, además de los nadis y los chakras. También integra conceptos de la Medicina antroposófica y, sobre todo, tiene en cuenta toda la sabiduría de la Teoría de biocircuitos y biorresonadores, además de la Auriculoterapia del Dr. Paul Nogier.

Como la Sintergética trabaja con las leyes de la conciencia tratando de facilitar la correcta distribución de la información, ha de utilizar para ello modernas herramientas, como son los sistemas RAM (amplificadores de resonancia mórfica), el softlaser, que es un láser blando de baja frecuencia, el autonosode, campos electromagnéticos, el color, el sonido y el desarrollo de la neurosintergia. Una herramienta más que utiliza la Sintergética, quizá una de las más importantes, es la sanación. En la sanación se reúnen terapeutas y personas de buena voluntad para, en un acto de servicio, intentar restaurar la energía con amor y ciencia.

SintergéticaTodo lo anteriormente citado va unido a un conocimiento profundo de lo mejor de la psicología humana, tiene en cuenta los sistemas de creencias y valores, el entorno sociocultural y, sobre todo, la historia de vida de la persona. Esto es así ya que el síntoma o la enfermedad es, simplemente, un señalador, una alarma que indica que algo falla en el conjunto del ser humano. Tratamos de ver la enfermedad como un mecanismo de aprendizaje para crecer como seres humanos y aportar a la vida aquello que se espera de nosotros. Esto convierte al paciente en protagonista tanto de su enfermedad, como de su recuperación. Convierte al terapeuta en un acompañante, en un guía que ha de poner al servicio del paciente todo lo que conoce para poder ayudarle en su camino. Esto conlleva, por parte del terapeuta, un adecuado trabajo con su carácter para poder ayudar desde una correcta visión, correcta escucha y correcta palabra. Como bien dice el Dr. Carvajal, el terapeuta ha de ayudar a elevar los ojos del paciente al alma.

En definitiva, la Sintergética va más allá de una propuesta terapéutica, es una filosofía de vida aplicable a todos los campos de interacción humana: salud, educación, economía, política, … proponiendo correctas relaciones a través de un crecimiento personal que nos permita evolucionar de manera armónica con la cambiante cadena de acontecimientos cada vez más rápidos e imprevisibles que nos está tocando vivir, pudiendo convertirnos en cocreadores de realidades, en vez de ser víctimas de los acontecimientos.

Editorial: ¿El final de la búsqueda?

Cuando un hombre común adquiere conocimiento,
se convierte en un sabio;
Cuando un sabio adquiere conocimiento,
se convierte en un hombre común.

Proverbio Zen

¿El final de la búsqueda?Cuando uno inicia una búsqueda espiritual suele hacerlo desde la premisa de que puede alcanzar un objetivo mayor en el futuro, para ello se esfuerza enormemente tratando de parecer más santo, más pacífico, más inteligente, más puro, más espiritual… es un trabajo muy duro. Sin embargo, es solo un juego egocéntrico más. Una forma de desenvolverse en el mundo de la espiritualidad similar a la de quien trata de estar en forma, quien persigue un premio de belleza o a quien busca una buena inversión. Toda esa búsqueda está dirigida por el ego que es quién se esfuerza por ser mejor y finalmente obtener un premio en el futuro: la iluminación.

Después de un tiempo esforzándote en esa dirección, no queda más remedio que reconocer que solo estabas intentando alimentar tu propio ego, independientemente de que fuera a través de la devoción, el altruismo, la oración, la disciplina o la comprensión.

Creías que la iluminación era algo que podías alcanzar con mucho esfuerzo y que te haría especial, algo que te haría sobresalir de la multitud. Algo que te haría entrar en el club de los elegidos. Pero es justo lo contrario…

Muchos profesores espirituales siguen proponiendo la idea de un camino personal de purificación que puede llevar a un objetivo situado en un horizonte lejano. Éste es un mensaje que puede atraer a grandes audiencias. Pero cualquier buscador honesto debe reconocer, tarde o temprano, la futilidad de buscar la iluminación proyectada en el futuro. No hay que ir a ninguna otra parte ni convertirse en ninguna otra cosa. Cuando estamos interesados en un cambio de estado, cuando buscamos un estado de dicha, nos distraemos de lo que realmente somos.

Cuando la búsqueda espiritual deja de ser importante, es posible descansar en la inmediatez de lo que Es. Allí, tal vez, podamos reconocer que buscando lo extraordinario hemos pasado por alto la grandiosidad de la vida normal de cada día.

Lo primero en caer son los aspectos ritualistas, jerárquicos y dogmáticos de la religión formal. Pierden su importancia al quedar claro que son construcciones mentales. Y después también cae la magia de seguir una vía o de imitar a un líder espiritual… son una parte necesaria del proceso pero forman parte de las ambiciones espirituales.

No se trata de criticar a estas organizaciones o afirmar que sus seguidores están equivocados. Simplemente se trata de constatar que cuando se dejan de lado todas las autoridades y tradiciones espirituales puedes simplemente ser, sin ningún plan, fórmula o respuesta y aparece lo que Es.

Cuando dejas de ponerte etiquetas a ti mismo sobre quién eres o lo que necesitas hacer para ser feliz, cuando los conceptos se deshacen, aparece el silencio. Lo único que bloqueaba la conciencia de esa libertad era el apego a ciertos pensamientos sobre quién soy yo o sobre quién quiero ser. Esos pensamientos son los que nos impiden Ser.

Cuando caes en la cuenta de este pequeño detalle, regresas al juego de la vida dándote cuenta de que no había nada que buscar. ¿Para qué buscar el Infinito si estamos dentro de Él?

Menudo alivio.