Entrevista: José Luis Escorihuela “Ulises”

Si hay alguien en nuestro país que sabe de ecoaldeas y comunidades sostenibles, ese es José Luis Escorihuela, ‘Ulises’. Es licenciado en matemáticas y filosofía y se dedica a la resolución de conflictos y a la educación. Empezó hablando de ecoaldeas y ahora se centra en las relaciones, porque si no se trabaja a ese nivel, no hay comunidad posible.

Fundador de Selba Vida Sostenible, desde donde difunde estilos de vida más respetuosos con el medio ambiente y las personas, Ulises vive en Artosilla, una pequeña aldea en los Pirineos Centrales. Recientemente ha publicado su primer libro: “Camino se hace al andar: Del individuo moderno a la comunidad sostenible”. Próximamente visitará Mallorca para participar en el primer curso de Gaia Education que se impartirá en la Isla.

¿Qué puede motivar a una persona a querer vivir en comunidad?

En realidad siempre hemos vivido en comunidad. El individualismo más reciente tiene su sentido, al reconocer que tenemos derechos como individuos que no se pueden violentar y al ofrecer muchas posibilidades de expansión creativa. El problema surge cuando llegas al extremo de la individualidad: hace que todo sea mucho más difícil. La vida es muy dura cuando vives aislado y desconectado de los demás. Todo se multiplica en cuanto a trabajo, gasto energético y material. Esto afecta al medioambiente, ya que se consume más viviendo atomizadamente que en comunidad, y a nuestra felicidad interior. Lo que mucha gente necesita y está buscando es cómo satisfacer su ansia de expresión individual y autónoma, en el marco de una comunidad que le apoye y le permita mejorar esas posibilidades de desarrollo.

¿Cómo serán las comunidades del futuro?

Van a ser comunidades de individuos. No podemos renunciar a algo que tanto nos ha gustado, pero hay que integrar la parte de comunidad. Y eso está todavía por explorar. La fuerza de una comunidad consiste en conjugar muy bien las necesidades individuales y colectivas, a través de un proceso grupal permanente. Sin líderes dogmáticos, ni normas estrictas, sino con flexibilidad y un liderazgo de servicio a distribuir. Cuando tienes esa comunidad, las posibilidades del individuo son mayores, ¡y esa es la clave! Lo que tú no puedes hacer solo, en comunidad lo puedes hacer. Puedes conseguir mucho más en cuanto a tus capacidades de desarrollo y de plenitud en un marco grupal.

Ahora es un buen momento: hay muchos individuos cuyo nivel de conciencia les permite ver esa necesidad. Imagino que a partir de ahora saldrán muchas más comunidades de este tipo.

¿Cómo es el sistema en el que estamos inmersos y que queremos cambiar?

Todos formamos parte del sistema. Unos estamos empujando por un lado, y otros por otro. No abogo por crear algo al margen del sistema – yo estoy involucrado y soy parte del sistema. Ahora bien, dentro de las líneas dominantes, la más dañina es ese proceso de individualización extrema que se convierte en atomización, desconexión y separación: supone una forma de vida muy costosa en cuanto a recursos humanos y energéticos. Hay que tener una casa y comodidades para cada persona, con todo el impacto que conlleva. Establecemos relaciones que se basan sólo en el mercado. Todo eso es bastante pernicioso.

¿Cómo hemos llegado a este punto tan deshumanizado?

El capitalismo ha influido bastante. Si cada miembro de la familia es un consumidor los beneficios se multiplican por 3 ó más. Antes, una familia extensa consumía una cosa para toda la familia; si ahora cada individuo tiene que consumir, ¡genial para el sistema económico! Quienes se benefician de ello han empujado en esa dirección. No considero malo el mercado, pero el sistema basado en la especulación es un desastre. Y la religión oficial ha contribuido muchísimo a que se mantenga un status-quo que sólo favorece a unos pocos. Si juntas una cultura que favorece la expresión individual exagerada, un sistema económico que favorece la acumulación de la riqueza en manos de unos pocos y el consumismo exacerbado, y unos sistemas religiosos que mantienen el actual status-quo… el resultado es algo que merece la pena cambiar.

¿Qué hace que un grupo de personas pueda vivir juntos en un lugar?

En el pasado el principal aglutinante era la necesidad de enfrentarse a un ambiente externo hostil. La gente en su pueblo estaba segura, y si tenía fortaleza y murallas, mejor. Después aparecieron las primeras comunidades espirituales que encontraron un aglutinante en la religión, en un conjunto de creencias. En el siglo XIX se intentaron las primeras comunidades utópicas laicas, que fracasaron. ¿Puede ser la razón un aglutinante válido? Mi respuesta es: claramente, no. Los intentos de comunidades que se basan en la razón dicen: somos personas racionales, nos juntamos, discutimos nuestros problemas y encontramos acuerdos. Esas comunidades han fracasado todas. Hace falta buscar algún otro elemento que realmente nos lleve hacia la unión. Para mí, solamente hay un aglutinante válido cuando se habla de buscar la unidad por debajo de todas las posibles diferencias: amor, compasión, espíritu… Lo puedes llamar de muchas maneras, pero si no hay algo así, no se une a la gente.

Creo que los individuos más conscientes van a descubrir esa capacidad amorosa para verse como seres participantes en una red de relaciones que es más amplia que ellos mismos. Esa fuerza unificadora o amorosa será el aglutinante del futuro.

¿Es pertinente hablar de tribus cuando hablamos de ecoaldeas?

Hay mucho que aprender de las tribus. Es una buena palabra para una comunidad familiar extensa, pero no vale para ecoaldea. La ecoaldea es un conjunto de tribus. Las tribus primitivas no llegaron a ese nivel de conciencia de conocimiento del individuo. Con nuestra condición de individuos desarrollada, no podríamos soportarlo. Hay mucho que aprender de todas las tribus que hay en el mundo, pero no es un modelo válido. Sea lo que sea la comunidad, tiene que ser una comunidad de individuos. Y ese es el reto.

¿Cuáles son otros retos y dificultades comunes a los que se enfrentan las ecoaldeas?

Los retos son crecer y servir como modelo para un cambio social. Para ello hay que desarrollar todos los aspectos que forman parte de una ecoaldea: la ecología, los aspectos sociales, la economía, la parte cultural y espiritual… y hace falta un grupo de gente grande para que todo eso esté completo. No es fácil crear una comunidad sostenible, saneada, que permita construir casas. El principal problema es la vivienda, la construcción, la habitabilidad… Tendría que ser más sencillo cubrir la necesidad básica de la vivienda, sin tener que hipotecarse durante 50 años.

Todas las ecoaldeas quieren crecer y a la vez no pueden. Si no crecen lo tienen difícil a la hora de hacer una economía local consistente y no tener que depender del sistema exterior. Eso lo han conseguido muy pocos proyectos. Incluso los grandes, mientras haya sólo unas 100 personas, dependen del sistema. Crear una economía más fuerte a nivel local, a nivel interno, es otro gran reto.

¿Los temas de los conflictos entre personas también deben ser un reto?

Yo empecé hablando de ecoaldeas y ahora sólo hablo de relaciones, porque si no arreglamos ese paso previo no hay nada que hacer en realidad. Todo mi interés, al principio, era difundir las ecoaldeas. Cuando encontré gente que lo había intentado, todos me decían lo mismo: habían fracasado por los conflictos interpersonales. Entonces pensé que había que dar un paso anterior: nos tenemos que arreglar a nivel de relaciones. No podemos afrontar un cambio social si no cambiamos también la manera de relacionarnos. La viabilidad de un proyecto depende de que se tengan herramientas para hacer que los conflictos, decisiones, relaciones y comunicaciones internas funcionen mejor. Trabajar la convivencia… ese sí que es un gran reto.

Otro reto más es contar con una visión holística. No se puede crear una comunidad sostenible si no somos capaces de integrar lo local dentro de un marco global. Hay muy pocas ecoaldeas que tengan esta visión tan global, pero si no piensas en el futuro, en las siguientes generaciones, no eres sostenible. En algunos proyectos de comunidad se vive demasiado apegado a lo local, a lo presente… y falta una visión más amplia, holística, que es la parte más espiritual, o como quieras llamarlo. La fe en el espíritu te abre la mente, mientras el apego a una identidad te la cierra un poco.

¿Qué nos está fallando en las relaciones interpersonales que hace tan difícil la colaboración?

Lo primero es la comunicación. Podemos querer crear muchos mundos alternativos, pero hemos sido educados con unos patrones de comunicación y de comportamiento que, quieras o no, vienen del viejo paradigma. Si nuestro trabajo personal no va acompañado de un trabajo interrelacional, choca con nuestras respuestas automáticas… Cuando estamos muy presentes en nuestro ser, muy centrados, somos muy capaces de mantener una relación, digamos, sana. ¡Pero eso no es tan normal! En los momentos de dificultad es frecuente que salga ese “yo” que se creó con un tipo de comunicación bastante violenta y agresiva.

Otro punto clave es que podamos vivir con personas muy distintas a nosotros, y reconocer que bajo tantas diferencias hay algo que nos sigue uniendo. Eso que en la teoría nos parece cierto, en la práctica, no lo es. Podemos hablar de lo bonita que es la diversidad, pero luego queremos que se hagan las cosas como a nosotros nos gusta. Esa dificultad se supera si somos capaces de percibir continuamente la unidad, y no darle importancia a cómo se hagan las cosas, y decir: “pues yo lo haría así, pero no me importa que se haga asá…”.

Entre la mala comunicación y la dificultad que tenemos para concretar aquello que en teoría nos gusta, no es fácil gestionar la diferencia. Son dos puntos clave que hay que trabajar.

¿Las comunidades biorregionales son una posibilidad interesante donde hay dificultades para crear una ecoaldea?

El biorregionalismo se basa en difuminar las fronteras políticas y considerar otro tipo de fronteras, culturales o naturales. Si estoy en un lugar que se caracteriza a nivel geográfico por tener unos valles o unas montañas, a nivel cultural por una tradición, en vez de crear mi propia comunidad, voy a ocuparme de ese lugar, y buscar personas que, aunque no vivan conmigo, tengan interés en cuidar del lugar. Aunque hay que evitar los nacionalismos identitarios.

Establezcamos relaciones, creemos redes cuyo objetivo sea que la agricultura sea ecológica, que se respeten los ciclos naturales, que la contaminación sea cero… Así estamos creando una comunidad sin que sea una ecoaldea. Si las distancias no son grandes y existe un lugar de encuentro físico, la comunidad consiste en pequeños grupos dispersos en un espacio con capacidad de juntarse. Este es el modelo en el que estoy viviendo ahora mismo. En Artosilla (Huesca) somos 8 personas, al lado hay otro pueblo de 30 personas, otro de unas 10… y entre todos juntos podemos hablar de comunidad. Ese va a ser el modelo del futuro: una comunidad intencional o familia extensa con buenas y estrechas relaciones. En una finca, en un bloque de apartamentos, en una casa… creas el primer nivel de comunidad, que es una especie de familia extensa renovada. Si tenemos 3 ó 4 pueblos, y en cada pueblo hay 3 ó 4 familias conectadas creando su pequeña comunidad local, ya tenemos la comunidad biorregional donde las necesidades básicas se pueden satisfacer. En el nivel familiar satisfaces las relaciones afectivas, muy estrechas e íntimas; en el nivel local satisfaces otro tipo de relaciones, sobre todo con el trabajo, y después, en el nivel biorregional, satisfaces relaciones más sociales o espirituales.

Dada la imposibilidad de comprar tierras o de vivir juntas las personas, este es un modelo con mucho futuro.

Una visita al Barranc de Biniaraix

A los pies del Puig l’Ofre, en Sóller, se encuentra el Barranc de Biniaraix, una catedral sin bóveda, salvo la celeste, realizada por mil arquitectos que sin plano han ido conteniendo la naturaleza, encauzándola y creando con ella. El resultado es una obra de ingeniería popular que a través del esfuerzo y la tozudez de generaciones ha crecido de manera orgánica, combinando caos y armonía. Cada propietario en su parcela busca el punto justo entre adaptación y aceptación del medio hasta el punto de que las paredes de piedra y la propia montaña se recrean mutuamente. Estamos acostumbrados a valorar obras académicas o artísticas pero… ¿somos capaces de valorar una obra de tecnología popular?

Me acompaña en mi subida al Barranc, Antoni Font, biólogo y portavoz de la asociación Amics del Barranc de Biniaraix. Partimos desde Sóller por el camino de piedra y entramos en un paraíso acústico. Un escenario sonoro muy vivo donde cada día actúan muchos pájaros con el sonido de fondo de la caída del agua dulce. En el lugar se puede observar de cerca, casi con una lupa, como el ser humano y la naturaleza mantienen un pulso. Orden y caos. Una batalla que el ser humano se niega a perder y lucha desde que el tiempo es tiempo por contener y domesticar la creación. Lluvia, Viento y Fuego contra el trabajo de la hormiga humana que coloca piedras, poda árboles, retira pinos…

Ante la adversidad, factor 4

Este pulso eterno ha hecho que el Barranc sea considerado la Capilla Sixtina de la pedra en sec. La arquitectura popular se funde con la caída de dos torrentes. Uno que baja desde L’Ofre y otro desde Sa Font d’es Verger. Es un espacio de 166 hectáreas repartidas entre 70 propietarios. La mayoría sube a pasar el fin de semana para estar en contacto con la naturaleza, encontrar un espacio de contemplación, a recoger fruta o a cazar tordos con “filats”. O simplemente comer con los amigos. Cada casa es un pequeño barco de piedra que surca el mar de la montaña y los bancales, a veces, parecen olas. Son casas mínimas. Una cocina y apenas un espacio con chimenea. Pero el Barranc tiene algo que a primera vista no se ve y es uno de sus mayores valores: la cultura de ayuda mutua. Las propias características del lugar impiden que los propietarios sean individualistas. Tienen que abrirse, “yo te ayudo a ti y tu me ayudas a mi”.

Antoni Font, con quien camino por el lugar, me explica que la asociación es un colectivo que en tan sólo un año y medio ya reúne al 20% de los propietarios. Y que trata de llamar la atención de las instituciones para hacer pequeñas actuaciones de mejora paisajística que mejoren la visibilidad del lugar y eviten el riego de incendio. De momento cuentan cada tres años con una línea de ayudas del Paratge Natural de la Serra de Tramuntana, así como con el trabajo de los “margers” del Consell de Mallorca que mantienen el camino público.

La asociación quiere atraer a personas que no vengan tan solo a pasear, sino que también ofrezcan su colaboración y acudan a vivir la experiencia.

En el Barranc frente la adversidad, aplican el factor 4 para ganarle la carrera a la entropía. Esta teoría consiste en intentar duplicar el bienestar usando la mitad de los recursos. Sería como hacer el doble de kilómetros con la mitad de gasolina. O en el caso del Barranc: hace unos meses una ventolera arrancó la ‘atzerolera’ (acerolo) de Can Catí, la más grande del Barranc y quizá de Mallorca. Esta importante baja se ha suplido sembrando cuatro ‘atzeroleres’ en el Barranc provenientes del programa ‘fruiters d’un temps’ impulsado por Slow food Illes Balears. Y es que los árboles son protagonistas en el Barranc. Los pinos -como las cabras- son una invasión, que continuamente disputan el terreno a los olivos milenarios. Pese a que ha ido muriendo todo aquello que no era superresistente aún pueden verse algunos ejemplares de serbal, cerezo, nogal, boj, olmo, acerolo, murta…

Agrofitness, mover piedras con un enfoque lúdico

Cuenta Antoni que en el Barranc intentan regenerar el paisaje de nuestra infancia mediante la recuperación de los usos tradicionales y, al mismo tiempo, homenajean a nuestros antepasados

También quieren hacer una reflexión sobre la pérdida de los antiguos oficios. Recientemente han realizado una réplica de un arado para utilizarlo con tracción animal, es decir, con burros. No han podido localizar a ningún herrero ni carpintero que haya hecho un arado antes: la cadena de conocimiento artesano se ha roto. Pese a ello están tratando de recuperar el eslabón perdido. Pronto probarán el arado con las “someres” de Gori Reynés, para muchos el alma del Barranc. Y recuperarán la técnica tradicional y casi perdida de “llaurar amb bístia”.

Los actuales propietarios quieren llevar el testigo durante un tiempo y despertar el interés para que otros lo cojan después. Quieren provocar la apreciación emocional a través de la vivencia. Les gustaría crear un equipo permanente de mantenimiento que con métodos tradicionales de custodia del territorio (poda, restauración de paredes…) y siguiendo el ritmo de las estaciones ayude a los propietarios a mantener sus fincas. Quieren demostrar que las generaciones del siglo XXI, con toda su tecnología, pueden continuar la obra que sus antepasados hicieron con las manos desnudas. La idea es hacer un proyecto colectivo que permita hacer aquellas tareas que no se pueden hacer individualmente. No hay rendimiento económico: las cosas se mantienen por sus valores intrínsecos, por el placer y el compromiso de cuidar el territorio y por aprecio emocional. No es un sitio rentable y esa es su mayor fortaleza y su mayor debilidad. Para ellos, el patrimonio que nos dejó la gente que creó este lugar merece el  esfuerzo de luchar contra la entropía.

Salgo del valle convencido de que si en Mallorca hubiera Hobbits, habitarían este lugar…

TEMPS D’EXCURSIONS: AL BARRANC, EL REFUGI DE S’ALOVA

Una opció recomanable per fer alguna cosa més que ‘passar pel Barranc’: viure’l.
Provau el refugi de s’Alova i contribuireu a la conservació d’aquest espai únic.

Situació: Barranc de Biniaraix, a uns 45 minuts a peu de Sóller.
Descripció: Finca d’uns 10.000 m2 distribuïts en bancals d’olivar al bell mig de l’entorn del barranc de Biniaraix. La finca és propietat de la Fundació Maria Ferret.
Serveis: Refugi de muntanya distribuït en dos petits espais. Llar de foc.
Zona d’acampada: als bancals assenyalats.
Capacitat: 10 places al refugi. 50 places (en tendes, no incloses) a la zona d’acampada.
Observacions: En ser un refugi de muntanya, no hi ha electricitat, ni matalassos, ni aigua corrent, ni lavabos. Hi ha una font al Barranc de Biniaraix a 5 minuts.

www.fundaciomariaferret.org

Volver a la Tierra

Página web de Tornar a la TerraLa muerte puede ser una semilla, un principio; no tiene por qué ser sólo un final, una defunción. El cuerpo deja de funcionar, pero no de ser útil. Hay quien deja su cuerpo a la ciencia; otros, que nos consideramos más bien parte de la naturaleza, vemos la oportunidad de devolver a la tierra lo que hemos tomado de ella. En la naturaleza no hay desperdicios. Que nuestro cuerpo alimente a un árbol que dé sus frutos y cobije a la fauna, contribuyendo al ciclo de la vida, sería lo justo. Tal vez así la muerte no nos parecería tan tétrica. Hasta los niños podrían entenderlo. Pero el homo urbanus es la única especie en libertad cuyos desechos no devuelven a la tierra la fertilidad que le alimentó, y deja en manos de las funerarias esa responsabilidad.

Las semillas caen donde caen y germinan cuando toca. Y la idea de “volver a la tierra” vuelve a germinar. Recientemente TVE2 mostró un “entierro verde” en un bosque de los EEUU –es una tendencia minoritaria, centrándose en ecologistas radicales, pero como opción está ganando popularidad.

Dignidad, economía y ecología

Todos deseamos morir en casa, pero la mayoría morimos en una anónima cama hospitalaria, desde donde entramos en la maquinaria funeraria. Se habla de una muerte digna pero, ¿para cuándo un entierro digno? ¿Somos desechos peligrosos, para ser incinerados o aislados en una caja homologada dentro de un zulo hermético?

Sigue usándose la palabra entierro (inhumación tiene la misma raíz, humus, tierra): habría que decir “encemento”. Sólo algún cementerio de pueblo abandonado puede ofrecer un entierro de pico y pala. Los demás, privados o municipales, disponen exclusivamente de nichos, producto de un pensamiento que consideraba la tierra cosa de pobres. Desde tiempos talayóticos, una sepultura de obra simbolizaba estatus, y hoy los cementerios privados o públicos, a pesar de ser “campos santos”, se gestionan como inmobiliarias.  Un nicho alquilado durante cinco años renovables genera ingresos de unos 300€ anuales. Un funeral cuesta desde los 1.500€ básicos hasta 12.000€, entre flores, embalsamamiento, esquelas, misas y ataúd “confort”. Podemos escoger una incineración “low cost”, pero los familiares desfilarán entre hornos abiertos y pilas de ataúdes. Un entierro ecológico, en cambio, combina dignidad y economía.

La legislación española exige la sepultura en un cementerio, no tanto por razones sanitarias como por la inercia religiosa de “tierra consagrada”. (La Ley de Memoria Histórica radica en que los fusilamientos en las cunetas servían, además de como escarmiento, para humillar a las víctimas negándoles sepultura cristiana). La ecología profunda considera la tierra entera como sagrada, y ‘consagrarla’ una redundancia. La ONU reconoce el concepto de “la madre Tierra”, y este reconocimiento tendría que reflejarse en una legislación  que permitiera devolver nuestros restos directamente a Gaia en vez de contaminarla más.

La industria fúnebre no es sostenible

Considera los efectos medioambientales de los líquidos de embalsamamiento cancerígenos (formaldehído), del ataúd de madera tropical, forrado de nailon y barnizado con productos sintéticos; añádase una tumba o nicho de hormigón, una lápida de mármol importado, un cementerio con una infraestructura complicadísima de evacuación de fluidos…. Tanta publicidad institucional para motivarnos a reciclar, compostar y ahorrar energía, pero nuestros cuerpos, ¿qué?

Los ecologistas comparten con el colectivo musulmán el deseo de volver a la tierra. El Islam insiste, sabiamente, en sepultar al muerto envuelto en un sudario, en una fosa cavada manualmente en la tierra e identificada sin ostentación. Pero, para conseguir su cementerio en una ciudad como Palma, con sólo 39 tumbas para 35.000 fieles, la Lliga Musulmana tuvo que adaptarse a las normas: un féretro homologado y el hoyo aislado de la tierra circundante por placas de hormigón. La “tierra” se limita a un puñado simbólico.

La cremación, común en el Hinduismo y el Mediterráneo precristiano, fue usada en nuestra Edad Media como castigo póstumo para criminales o herejes y sólo fue aceptada por la Iglesia Católica en 1963. Nos permite esparcir las cenizas de la persona difunta donde ella dispusiera en vida, pero se trata de minerales inertes, sin rastro de ADN y con poco aporte a la tierra.

La cremación gasta gran cantidad de combustibles fósiles, lanzando a la atmósfera unos 160 kg de CO2, dioxinas y dióxido sulfúrico, volatilizando los metales pesados que absorbimos durante la vida, como el mercurio de los empastes. (En la tierra, sin embargo, los metales se quedan inertes). Una cremación hindú, con sudario, quema a una temperatura menos contaminante. ¿Para qué incinerar un ataúd de madera noble importada, con sus aderezos metálicos y barnices contaminantes, cuando se usa sólo para el velatorio?  (Si fuera cierto que los crematorios reutilizan los ataúdes cobrados, por lo menos resultaría más ecológico). Una solución británica: colocar al difunto en un féretro de cartón, insertada dentro de una de madera sólo para los velatorios. Otra: el crematorio de la ciudad inglesa de Bath ya programa sus cremaciones “en grupo” para reducir su “huella de CO2”.

¿Y la huella ecológica de un nicho?

Si calculamos el hormigón, transporte del mármol y años de mantenimiento de las instalaciones, hay poca diferencia respecto a una cremación. Un pino mediterráneo tardaría unos 150 años en absorber el CO2 producido por una cremación o una sepultura en nicho. Pero un entierro ecológico apenas produce CO2; al plantar un árbol autóctono y evitar convertir otro tropical en féretros, incluso lo reduciría.

En España, la escasa oferta ecológica consiste en urnas biodegradables para cenizas, ataúdes con certificación FSC (Consejo de Administración Forestal, en inglés Forest Stewardship Council), barnices al agua y coches funerarios eléctricos.

Los entierros verdes se practican en EEUU, Nueva Zelanda, Reino Unido y otros países del norte de Europa. Las “funerarias verdes” británicas ofrecen ataúdes de cartón, juncos o bambú, mortajas o sudarios de fieltro biodegradables y disponen de 200 cementerios no consagrados en zonas boscosas. Además se permite el entierro “por libre” en propiedad privada, previo aviso a las autoridades y respetando ciertas normas. Si lo permiten los británicos, tan tiquismiquis en temas sanitarios, ¿por qué los españoles no? Combinando un cementerio verde con un programa de reforestación, zanjaríamos el argumento de la falta de espacio. Plantando un árbol cada 5 metros, la norma en el secano mallorquín, una quarterada (7.100 m) albergaría unos 350 árboles/personas. Con la posibilidad de enterrar hasta otros tres familiares más bajo el mismo árbol, se superarían las 1.000 personas. Una quarterada, que no basta para construir una vivienda, podría acoger entre un 6% y un 20% de los 6.000 muertos anuales en Mallorca.

¿Podremos cambiar la normativa funeraria? Habrá presiones comerciales en contra, pero pronto la emergencia climática nos obligará a revisar algunas leyes. Pongamos el tema sobre la mesa ya, para que se incluya entre las medidas a adoptar en el momento propicio. Un bosque-cementerio balear sería una opción minoritaria pero un gran paso para personas preocupadas por su legado vital. Lo podría gestionar una colectividad, empresa o un ayuntamiento progresista.

Como dijo Satish Kumar, en su última visita a Mallorca: “¡Que me entierren en la tierra y me planten un caqui encima!”

Tornar a la Terra

Entrevista a Douglas Tompkins

Tras hacer una gran fortuna fundando las marcas de ropa deportiva The North Face y Esprit, decidió dar un giro en su vida y dedicarse a comprar enormes extensiones de tierra en Chile y Argentina, restaurarlas con especies desaparecidas y trabajar todo el entramado legal para, una vez restaurado el ecosistema, donarlo al estado como una zona protegida, como parque provincial o nacional. En los últimos 25 años sus fundaciones han adquirido un millón de hectáreas en Sudamérica y han aportado 300 millones de dólares a la filantropía.

Su método: compran grandes terrenos en lugares estratégicos para la protección de la naturaleza, y tratan de reconvertirlos en naturaleza virgen, mediante actividades de restauración y conservación. Su trabajo combina la conservación a gran escala de la protección de la vida salvaje y la biodiversidad, la recuperación de la tierra y la introducción de la agricultura orgánica. Después, aseguran legalmente la irreversibilidad de este procedimiento y donan las tierras a las administraciones a través de la Red de Parques Nacionales.

¿Cómo podemos romper la dualidad entre el mundo empresarial y el ecologista?

El cambio climático es una crisis que afecta al 100% de la gente. Hay una separación entre ecologista y empresarios pero debemos ser todos ecologistas porque todos vivimos en un planeta que está en peligro. Es irónico hacer estas separaciones porque a los empresarios también les afectará el cambio climático. No es inteligente ganar un euro cuando estamos cayendo al abismo. El valor de un ecosistema es incalculable. Si destruimos el planeta donde vivimos tampoco habrá economía. O nos enfrentamos al cambio climático o desapareceremos. Quizá ya estemos desapareciendo…

Se define como filántropo. La filantropía no está muy extendida en nuestro país ¿Puedes explicarnos en qué consiste?

En América Latina y en España la filantropía es muy rara. Pero en Inglaterra y EE.UU. hay más tradición. Los filántropos son un grupo social a quien le gusta donar su riqueza al bienestar social. Es el paso de riqueza del sector privado al sector público. Pertenezco a ese grupo porque siento una obligación moral. Acumulé muchos recursos financieros y es un deber social de mi familia compartirlo. Me gusta comprar fincas destruidas y repararlas. Me produce mucha satisfacción.

¿Por qué dejó sus empresas en medio del éxito?

Tras muchos años en la industria de la moda produciendo cosas que el mundo no necesita decidí trabajar en las cosas que me gustan. Abandoné una economía basada en un consumismo irrelevante que produce trastornos en el medioambiente.

El sistema corporativo de las multinacionales basa su empuje en que necesita más crecimiento y más recursos pero está topando con los límites de un planeta finito.

Ahora hago lo que me gusta: restaurar tierras para la recuperación de la biodiversidad.

¿Echa de menos algo?

Tengo la sensación de que es un sueño de hace años. Ya no se si fue mi vida o un sueño.

Mi vida ahora es mucho mejor en calidad. No tengo teléfono móvil. Soy más organizado porque no tengo que improvisar mi organización a golpe de llamadas de teléfono móvil.

Estamos en medio de una crisis sistémica ¿cómo hemos llegado hasta aquí?

La crisis es producto de la interrelación de tres factores: la explosión demográfica, las megatecnologías y el consumismo.

Nuestros hijos vivirán peor porque los desafíos que van a heredar son muy grandes, como el cambio climático.

¿Es deseable tener 8.000 millones de habitantes en el planeta o 5.000? Es necesario, con justicia social, iniciar una transición para reducir la población en las próximas generaciones.

¿Quién ha sido más responsable el sector público o sector privado?

La culpa es de todos: sector privado, público e individuos. Estamos todos en un sistema que requiere crecimiento y consumo de recursos constantes y eso ya no es viable. Ha habido una falta de respeto a los límites de la naturaleza. Ha caído nuestra visión global en la que tomamos como modelo la máquina y no la naturaleza. La arrogancia humana nos ha llevado a desarrollar la economía al margen de la naturaleza. Hemos desarrollado la civilización en la dirección equivocada y ahora recibimos las consecuencias del sobredesarrollo. Hemos superado la capacidad de carga hace 20 años. Nuestra huella ecológica es demasiado grande.

¿Necesitamos un cambio de paradigma?

Nos falta conciencia del mundo natural vivo en el cual nos encontramos. Somos parte indisociable de él pero hemos perdido esa percepción y hemos superado los límites.

Debemos recuperar el sentido de interconexión y vernos como un subsistema vivo dentro de un sistema mayor. En el mundo que viene recuperar esa conexión será clave para sobrevivir.

Cuando hablamos de un cambio radical en el modelo económico, no es muy buena idea ir directamente a las soluciones. Estamos programados con un modelo económico y para cambiarlo hace falta un renacimiento total. Ello requiere un análisis sistémico en profundidad. Las soluciones deben salir de ese análisis. Necesitamos frenar y gastar más tiempo en el análisis antes de improvisar soluciones falsas. Tenemos poco tiempo pero una falsa solución nos hará perder más tiempo que hacer un buen análisis sistémico.

Para escalar una montaña debemos saber primero donde está la montaña.

Por su palabras se intuye una apuesta por el decrecimiento

El crecimiento ad infinitud del consumo y la economía tienen que llegar a su fin. Vivimos en un planeta finito y los recursos son cada vez más escasos. Sobretodo los combustibles fósiles ahora que hemos alcanzado el pico del petróleo. Estamos chocando con los límites.

Falta visión. Tenemos una crisis de percepción. Hay limites pero nuestras economías están orientadas a un crecimiento sin fin. Estamos llegando al final de la abundancia de recursos. Hemos creado un monstruo voraz que come y come recursos. Es prudente y razonable frenar el crecimiento

En los últimos años hemos descubierto la fragilidad de la economía y la necesidad de reforzar la economía local. Es prudente pensar en otro paradigma en el que reducimos nuestros impactos y nuestra huella ecológica. Es absurdo querer mantener en movimiento todos los coches que hay con otra energía. Lo razonable es reducir el número de coches.

¿Está en contra del capitalismo?

Estoy en contra del capitalismo de las multinacionales que no entienden la conexión entre la economía y el mundo natural. Pero me gusta un capitalismo a pequeña escala.

Los estados debería prohibir la corporaciones agrícolas, el agrobussines.  En EE.UU. en los estado de Iowa y Dakota lo han hecho. No es un sueño de socialistas locos y de hippies. Si los países siguieran este ejemplo cambiaría el perfil de sistema alimentario.

Sus proyectos han estado plagados de polémica y ha recibido la oposición de diferentes sectores: propietarios, ciudadanos y gobiernos.

Hemos encontrado oposición de gente antiambientalista y ultranacionalistas que no están de acuerdo en que un extranjero compre tierras. Pero se callan cuando se dan cuenta de que donamos las tierras al estado a través de la Red de Parques Nacionales. Finalmente esas tierras son de soberanía argentina o chilena y de sus ciudadanos.

El acoso y presión forma parte de mi trabajo y lo llevo bien. Toda creación de un parque natural conlleva oposición y polémica. En EE.UU. hay 77 Parques Nacionales y todos han tenido oposición durante su creación pero son una gran idea. Mi único objetivo es proteger el patrimonio natural y promover buenas prácticas.

¿Qué tal se lleva con la tecnología?

El sistema nos obliga y si quieres ser activo y entrar en el choque entre naturaleza y economía estamos obligados a utilizar los mismos medios  que destruyen el planeta. Es una paradoja. Los gobiernos, empresarios y la sociedad miran la propaganda del progreso y el crecimiento pero nadie muestra el lado oscuro de la tecnología. El 95% de la tecnología es perjudicial. La pregunta que debemos hacernos es ¿quién saca partido de la tecnología? Las grandes multinacionales que se están comiendo vivo el planeta, están 24 horas al día, 7 días a la semana usando la tecnología. Los movimientos sociales usan la tecnología para luchar contra las multinacionales pero éstas tienen toda la ventaja. Cuando apareció la televisión todo el mundo dijo “¡Qué maravilla. Esto va a cambiar el mundo!”. Y lo cambió pero para mal.

Para mantener contacto y para abrir conciencia utilizo Internet pero estoy obligado porque no hay otros medios. Es una tecnología de aceleración y acelera el procesos a través del cual las multinacionales destruyen la naturaleza y el mundo humano. Se acelera la contaminación de la biomasa, del aire, del agua, de los suelos… y el uso y consumo de recursos que están matando al mundo. Se ha acelerado la destrucción.


Las fundaciones de los Tompkins

Hoy en día Douglas Tompkins y su esposa Kristine gestionan 4 fundaciones (The Conservation Land and Trust, Fundation for Deep Ecology, Fundación Pumalín y Conservación Patagonia) que están al cargo de la conservación de 810.000 hectáreas de tierra. Desarrollan 12 proyectos de restauración y protección, de los cuales 2: el Parque Nacional de Corcobado y el de Monteleón ya son Parques Nacionales completados y entregados a los gobiernos de Chile y Argentina respectivamente. Todo ello, tras muchas batallas jurídicas y mediáticas.

En esa gran extensión de tierra salvaje que gestionan se encuentra la reserva privada más grande del mundo: el Parque de Pumalín, de 300.000 hectáreas que representa el 18% del territorio de la provincia de Palena en Chile. “Aunque parezcan extensiones muy grandes, -dice Douglas- comparadas con las dimensiones del planeta son minúsculas. Aunque si mucha gente toma nuestro ejemplo podemos cambiar la faz del planeta.”

La transición que necesitamos

Del materialismo a la vida consciente.

Del consumismo a la sostenibilidad.

De la dependencia del petróleo a la resiliencia local

Del individualismo a la empatía.

De la agricultura a la permacultura.

Del turismo de masas al turismo responsable.

De la competición a la cooperación.

Del yo al nosotros.

El principio gana-gana

Si miramos el mundo como un todo, nos damos cuenta de que casi nada funciona como es debido. La Tierra está enferma. Y como, por ser humanos, también somos Tierra —hombre viene de humus—, nos sentimos asimismo en cierta manera enfermos.

Parece evidente que no podemos proseguir en ese rumbo, pues nos llevaría a un abismo. Hemos sido tan insensatos en las últimas generaciones que hemos construido el principio de autodestrucción, al que hay que sumar el calentamiento global irreversible. Esto no es una fantasía de Hollywood. Entre aterrados y perplejos, nos preguntamos: ¿cómo hemos llegado a esto? ¿Cómo vamos a escapar de esta situación global sin salida? ¿Qué colaboración puede aportar cada persona?

En primer lugar, hay que entender cuál es el eje estructurador de la sociedad-mundo, principal responsable de este peligroso itinerario. Es el tipo de economía que hemos inventado, con la cultura que la acompaña, que es de acumulación privada, de consumismo no solidario al precio de saquear la naturaleza. Todo se ha hecho mercancía para el intercambio competitivo. Dentro de esta dinámica sólo el más fuerte gana. Los otros pierden, o se agregan como socios subalternos o desaparecen. El resultado de esta lógica de competición de todos contra todos y de la falta de cooperación es la transferencia fantástica de riqueza para unos pocos fuertes, los grandes consorcios, al precio del empobrecimiento general.

Hay que reconocer que durante siglos, este intercambio competitivo ha conseguido abrigar a todos, mal que bien, bajo su paraguas. Creó mil facilidades para la existencia humana. Pero hoy, las posibilidades de este tipo de economía están agotándose como lo ha puesto en evidencia la crisis económico-financiera de 2008. La gran mayoría de los países y de las personas se encuentran excluidas. Brasil mismo no pasa de ser un socio subalterno de los grandes, para el cual se reserva la función de ser un exportador de materias primas y no un productor de innovaciones tecnológicas que le darían los medios de moldear su propio futuro. Todavía no nos hemos descolonizado totalmente.

O cambiamos o la Tierra corre peligro. ¿Dónde buscar el principio articulador de otra forma de vivir juntos, de un sueño nuevo hacia delante? En momentos de crisis total y estructural debemos consultar la fuente originaria de todo: la naturaleza. Ella nos enseña lo que las ciencias de la Tierra y de la vida hace mucho nos están diciendo: la ley básica del universo no es la competición, que divide y excluye, sino la cooperación, que suma e incluye. Todas las energías, todos los elementos, todos los seres vivos, desde las bacterias a los seres más complejos son interdependientes. Una urdimbre de conexiones los envuelve por todas partes, haciéndolos seres cooperativos y solidarios, contenido mayor del proyecto socialista. Gracias a esta urdimbre hemos llegado hasta aquí y podemos tener futuro por delante.
Aceptado este dato, estamos en condición de formular una salida para nuestras sociedades. Hay que hacer de la cooperación, conscientemente, un proyecto personal y colectivo, cosa que no se vio en Copenhague en la COP-15 sobre el clima. En vez del intercambio competitivo donde sólo uno gana y los demás pierden, debemos fortalecer el intercambio complementario y cooperativo, el gran ideal del «bien vivir» (sumak kawsay) de los andinos, mediante el cual todos ganan porque todos participan. Hay que asumir lo que la mente brillante del Nóbel de matemáticas John Nesh formuló: el principio gana-gana, por el cual todos, dialogando y cediendo, salen beneficiados sin que haya perdedores.

Para convivir humanamente inventamos la economía, la política, la cultura, la ética y la religión. Pero hemos desnaturalizado estas realidades «sagradas» envenenándolas con la competición y el individualismo, desgarrando así el tejido social.

La nueva centralidad social y la nueva racionalidad necesaria y salvadora están fundadas en la cooperación, en el pathos, en el sentimiento profundo de pertenencia, de familiaridad, de hospitalidad y de hermandad con todos los seres. Si no realizamos esta conversión, preparémonos para lo peor.

Fuente: www.alainet.org


Gunter Pauli. Sistemas económicos inspirados en ecosistemas naturales.

Supongamos que somos unos empresarios y nuestro negocio consiste en producir cerveza. En nuestra fábrica, como en el resto del sector, solo se emplea el almidón de la cebada y desechamos la proteína y la fibra, es decir, ¡el 92 % de la biomasa del cereal se va a la basura! Algo falla.

Si aplicamos la manera de funcionar de los ecosistemas a nuestro negocio, lo primero que haremos será preguntarnos ¿Quién está interesado en comerse estos desechos? Y pronto averiguaremos que las setas digieren la fibra y producen más proteína que, por cierto, es ideal para los cerdos, que a su vez generan excrementos que producen biogás. Y el pH del excremento del animal genera lodo que es ideal para alimentar a las algas. Con los desperdicios de nuestra industria cervecera hemos producido setas, cerdos, biogás y algas. Nuestro negocio ha dejado de ser lineal y además de ser más rentable ya no produce desperdicios. Estamos en el camino de la sostenibilidad y somos más competitivos.

Esta es la filosofía empresarial de Gunter Pauli, escritor y economista que se define a sí mismo como un emprendedor sistémico. Una de sus influencias más importantes ha sido  Fritjof Capra (“La trama de la vida”, “El tao de la física”). De él aprendió que cuando aceptamos que queremos vivir dentro de la trama de la vida, tenemos que ajustar nuestras acciones. Mientras mucha gente lo puede considerar un límite, él rápidamente descubrió que era la gran oportunidad. La retroalimentación que en la naturaleza y en la trama de la vida es lo más normal no existe en el mundo de los negocios y Pauli se dedicó a traducir esta lógica del ecosistema al mundo empresarial.

1o años, 100 innovaciones, 100 millones de empleos

El último fruto del trabajo de Pauli acaba de ver la luz, se trata del libro “The Blue Economy” en el que recoge 100 casos prácticos de la sabiduría de los ecosistemas aplicada al mundo de la empresa. Todos estos ejemplos de éxito en innovación y sostenibilidad han sido identificados e inventariados durante los últimos años por Zero Emissions Research & Initiatives (ZERI), la fundación que preside Pauli desde 1994. Y Pauli afirma que representan una filosofía que puede ser el cambio de modelo económico que todos estamos buscando. Sus previsiones son ambiciosas: pueden generar 100 millones de empleos sostenibles en 10 años.

Un proyecto impulsado por ZERI que ya está en marcha consiste en la conversión de los gases contaminantes de una hidroeléctrica de carbón en nutrientes para el alga espirulina cuya producción se destina a combatir la malnutrición y para fomentar la producción de biocombustibles. La primera planta ya está operativa en Brasil. Reúne todos los ingredientes que la convierten en un negocio verdaderamente sostenible: genera empleo, absorbe emisiones contaminantes, apoya las energías renovables y aporta capital social. “Cuando operas dentro de un sistema tienes la posibilidad de ser generoso y ofrecer componentes de alto valor añadido gratis”, explica Pauli. En este caso, una parte de la espirulina producida, en lugar de usarse para fabricar biocombustibles, se entrega a los habitantes de la zona como suplemento alimenticio para acabar con la malnutrición bajo el paraguas de los planes del Gobierno Brasileño para acabar con el hambre en el país.

A comienzos de los años 90, este belga de 54 años miembro del club de Roma, consultor permanente de gobierno de Japón y de la O.N.U y profesor de diseño sistémico de la facultad de Torino fundó la conocida fábrica de jabones ecológicos Ecover. Su empresa fue tomada como ejemplo ya que tanto sus productos como la propia fábrica eran biodegradables. Pero en su experiencia en Ecover descubrió que biodegradable no es lo mismo que sostenible. Mientras el consumo de jabón biodegradable amentaba y ganaba más y más dinero se dio cuenta de que la creciente demanda de aceite de palma como materia prima provocaba la destrucción de millones de hectáreas de selva tropical de Indonesia, el hábitat de los orangutanes. Llegó a la conclusión de que nunca llegaremos a ser una sociedad sostenible haciendo lo menos malo. En el terreno de la ética tenemos que pasar “del mal menor al mejor bien posible”. Siguiendo esta reflexión decidió vender sus acciones e ir un paso más allá: multiplicar el empleo sin dañar la naturaleza.

 

Para llegar a esta conclusión fue decisivo otro encuentro importante en su vida, en este caso con Elie Wiesel, el Premio Nobel de la Paz que sobrevivió al holocausto nazi. Él le mostró que ni lo empresarial ni lo sistémico valen la pena si no hay ética. Es decir, alcanzar el equilibrio entre poder, dinero y ética. Si tú eres un emprendedor exitoso, vas a adquirir poder y dinero, pero ¿dónde está la ética? Para Pauli “la ética empresarial consiste en generar un capital social. El emprendedor no puede tener como objetivo únicamente la acumulación de dinero que luego mete en cuentas bancarias para que generen más dinero de lo que ha generado como emprendedor con sus innovaciones.”

La naturaleza también ha sido una escuela de ética para Pauli. Para ilustrar esta afirmación nos habla de una planta muy especial que crece en el desierto de Namibia, la Welwitschia Mirabilis, que es capaz de captar el rocío cada mañana antes de que se evapore y que generosamente se deja comer por los ratones porque es la única fuente de agua y de minerales. Se deja devorar para dar vida a otros, pero gracias a este proceso se convierte en la planta más vieja de la tierra, pudiendo alcanzar los 2.000 años. “La moralidad y la ética que tiene esta planta es tan espectacular que nosotros como seres humanos deberíamos inspirarnos en ella”, afirma Pauli.

Innovación: hacer nuevas conexiones con lo que ya tenemos

¿Por qué las zebras tienen rayas negras y blancas? No parece que sea por motivos de camuflaje. Se trata más bien de un regulador térmico. Gracias a la peculiar pigmentación de su superficie la zebra consigue reducir hasta 9ºC la temperatura del cuerpo simplemente por las microcorrientes de aire que se generan por la diferencia de temperatura entre las rayas negras y blancas. Todos sabemos que el color blanco repele el calor y que el negro lo absorbe, pero lo que sabe la zebra es que combinando ambas propiedades se genera una diferencia de presión que produce una refrigeración envidiable. Y existe una empresa en Japón que ha tomado a las zebras como maestras. De momento han conseguido que en verano la temperatura de la casa se reduzca hasta 5ºC. No han alcanzado la maestría de la zebra, pero hay que reconocer que el animal lleva miles de años utilizando la técnica… aunque la simple combinación de blanco y negro en la fachada de un edifico puede reducir un 20% el consumo de energía.

Si hablamos de refrigeración hay que acudir a las termitas, maestras en arquitectura bioclimática desde hace millones de años. En el interior de sus termiteros, que son una combinación de bioconstrucción y granja de hongos, la temperatura y la humedad están perfectamente reguladas, lo que les permite un más que eficiente cultivo de micelios. En los años cincuenta el arquitecto sueco Bengt Warne estudió los nidos de las termitas desde el punto de vista arquitectónico y quedó deslumbrado. Observó que estos insectos desarrollaban unas chimeneas que calentaban el aire con exactitud matemática y que la humedad siempre se mantenía al 60%. La primera lección que aprendió fue que es muy poco eficiente (y sano) calentar o enfriar el aire ya que hay más posibilidades de contaminación o enfermedad, y que lo óptimo era renovar el aire de una estancia con oportunas corrientes reguladas por el aumento y disminución de la humedad. Tuvo que llegar Anders Nyquist, otro arquitecto para codificar matemáticamente las observaciones de Warme. El modelo resultante dejó a los sistemas automáticos de control de temperatura obsoletos. En los años 80 se construyó el primer edificio utilizando las enseñanzas de las termitas, el Eastgate Shopping and Office Centre se encuentra en Harare, la capital de Zimbabwe. Tiene 10 plantas y es capaz de mantener el edificio fresco en verano y cálido en invierno sin gasto energético alguno, únicamente con corrientes de aire naturales. Pura física.

Otros ejemplos recogidos en el libro de Pauli son la posibilidad de disponer de teléfonos móviles sin baterías gracias a la diferencia de temperatura entre el cuerpo y el teléfono, y la conversión de las ondas de sonido de la voz a corriente eléctrica. O que gracias al uso del vórtice es posible ahorrar energía y eliminar productos químicos en el tratamiento de aguas. Un dispositivo con forma de huevo que permite liberar la sal y el aire del agua, sin la utilización de productos químicos, ni membranas, únicamente haciendo uso de la física.

“Lo más importante para mi –dice Pauli- es convertir la escasez en abundancia. El único ser en la tierra que no es capaz de vivir en abundancia es el ser humano, y esta es la verdadera estupidez de nuestro conocimiento”. Para lograrlo, Pauli hecha mano de la biomímesis, o lo que es lo mismo, se pregunta cómo ha resuelto la naturaleza un desafío e imita sus soluciones. Una ciencia a caballo entre la ingeniería y la biología. Cualquier cosa que queramos implementar, seguro que la naturaleza ya lo ha resuelto. Un pequeño cálculo puede servirnos como orientación. Se calcula que a lo largo de la historia de la vida han existido 100 millones de especies que han resuelto problemas durante 2,5 millones de años, el número de soluciones obtenidas es casi infinito. ¿Acaso vamos a enseñar a una luciérnaga como fabricar luz sin perdida de energía, a una araña a producir un tejido resistente y dúctil o a un tiburón como vencer la resistencia al agua?

De la escasez a la abundancia

El libro de cabecera de Pauli para desarrollar su modus operandi ha sido “Los cinco reinos de la naturaleza” de la bióloga Lyn Margulis. En él, Margulis explica cómo la naturaleza realiza la autopoiesis (crear algo de la nada) y lo hace produciendo nutrientes con un sistema que integra los 5 reinos naturales: bacterias, algas, hongos, plantas y animales. Cualquier proceso vivo genera deshechos y lo entrega a otro reino que lo utiliza como alimento. El árbol entrega sus hojas a las bacterias y hongos. El deshecho del animal es alimento para las bacterias. El deshecho de la bacteria es alimento para el alga. Este principio aplicado al mundo empresarial nos indica que el punto de partida de un negocio sistémico es un deshecho y el objetivo es generar valor añadido integrando múltiples niveles.

Hay un proyecto de ZERI en Zimbabwe al que Pauli le tiene especial cariño y en el que la innovación tiene como objetivo crear un sistema sostenible e incluir a los más vulnerables de la comunidad. Desde hace 14 años la fundación trabaja para dar el poder de la autosuficiencia a huérfanas de África. Intentan que una mujer pobre que no tiene ni dinero ni poder, ni siquiera un padre que pueda aportar una dote para que se case, sea quien marque la diferencia y pueda ser el cambio en la sociedad a la vez que disponen de un trampolín para salir de la pobreza. Estas chicas, lideradas por Chido Govero, son las encargadas de dirigir un proyecto en el que se produce café y con la biomasa restante (¡el 99,8 %!) se producen setas shitake que se importan al primer mundo con un alto valor añadido. Al igual que sucedía en la cervecera del principio han generado también proteína para alimentar animales y disponen de una cascada de nutrientes que les han permitido diversificar su negocio. El proyecto es sostenible desde los ángulos económico, ecológico y social. Según explica Pauli, “el punto de partida de una innovación sistémica es algo que no tiene valor. Y lo que tiene una función debe tener varias porque la naturaleza siempre es multifuncional”.

Más información:

Zero Emissions Research and Initiatives

www.zeri.org

Entrevista a Miquel Ramis. Maestro constructor

¿Has leído el libro los Pilares de la Tierra de Ken Follet? Si es así, lo que cuenta Miquel Ramis te resultará familiar. Este cantero de familia de canteros se ha propuesto montar una escuela de formación para devolver la dignidad al oficio de albañil y que las casas en las que vivimos vuelvan a tener alma. Su apuesta es clara: recuperar la construcción honesta. Tender un puente entre la tradición y el futuro. Una combinación entre el legado de los maestros constructores de catedrales y el futuro de la ecología. Las dificultades que se encontraron los protagonistas de Ken Follet para levantar su catedral pueden también compararse a las que se encuentra este constructor a la hora de montar su escuela.
En medio del caos desatado por la explosión de la burbuja inmobiliaria es el momento de parar un momento y escuchar a este hombre. La Escuela de Arquitectura de Madrid, la Universidad de Cambridge y en el MIT de Massachussets ya lo están haciendo…

¿Cómo se vive la crisis desde el punto de vista de un constructor?

Antiguamente en las cajitas de papel de fumar había una hoja roja que te avisaba de que te quedaban solo 5 cigarrillos más. Con el pico del petróleo hemos sacado la hoja roja. La hoja roja de la energía nos dice que nos queda poco tiempo. Tenemos que reorganizar nuestra visión y ver que alternativas tenemos, necesitamos un plan B. Pero resulta que el plan B siempre estuvo allí, y es el plan de la construcción con materiales locales con mano de obra local, y con relación a lo que centenares de constructores han ido depurando a base de prueba-error durante generaciones.
Y ahora redescubrimos que eso funciona. Hasta ahora suplíamos ese desprecio por el pasado con derroche de energía. Tenemos frío, ponemos un calefactor; tenemos calor, ponemos un aire acondicionado.
Nos conformábamos con la tecnología. Pero nuestra tecnología es una tecnología cautiva, es una tecnología que depende del petróleo y depende del transporte.
Los sistemas de construcción tradicionales funcionan a base de que tengas que depender lo menos posible del exterior.

Pero renunciar a la tecnología tampoco parece muy buena idea…

No podemos seguir matando moscas a cañonazos. No podemos seguir poniendo un aparato de aire acondicionado, simplemente porque está de oferta. Nos olvidamos de que derrocha energía, que ha sido transportado en un contenedor que emite mucho CO2…
Necesitamos tecnología apropiada que es el paso intermedio entre la tecnología sofisticada y la tecnología mínima.
Una tecnología mínima sería hacer fuego con dos palitos y una tecnología sofisticada sería hacer fuego con un mechero láser.

¿Cuál es la tecnología apropiada?

Un mechero como el que tenían nuestros abuelos. Con una cuerda que puede encender miles de fuegos, con un conocimiento tecnológico básico y con una elaboración, que si bien no es completamente artesanal, es una cosa que podemos reproducir a un nivel accesible.
Además, podemos reparar ese mechero en lugar de tirarlo y comprar otro cada mes. No podemos seguir generando tanta basura.
Hasta ahora se ha procurado fijar precios de venta competitivos, a costa de que luego el mantenimiento sea insostenible. Como las ofertas de impresoras que parecen baratas pero con el coste de la tinta de un año hubiéramos podido comprar tres impresoras. Y en ese momento se rompe y hay que tirarla. Es una especie de timo. Compramos aquello que parece muy económico, pero luego te conviertes en esclavo de un sistema.

Después de miles de años de diseño y creatividad en el Mediterráneo ¿Hemos perdido la inspiración?

El Mediterráneo siempre fue un foco de innovación. Egipcios, griegos, romanos, bizantinos, árabes, gótico mediterráneo, etc…
En un momento determinado, los bárbaros del norte, los alemanes, los ingleses, los estadounidenses, han empezado a coger carrerilla y ya no son tan bárbaros, nos han pasado por delante mientras nosotros nos miramos en el espejo encantados con nuestro glorioso pasado. Simplemente nos hemos quedado atrás.
En los últimos 50 años nos hemos quedado completamente atrasados y, además, fascinados por lo exterior. Cualquier cosa que viniera de fuera era mucho mejor que lo local, de hecho se repudiaba lo local. Lo de España era una porquería y lo americano, maravilloso. Hasta ahora daba lo mismo porque la economía iba bien. Con el boom económico del turismo durante los últimos 40 años, nadie se preocupaba de sembrar. Tenemos dinero y lo compramos todo. Pero eso llega a su fin.
Pasó también en España con el dinero de América, como llegaba la plata de América no hacía falta montar fábricas, comprábamos todo de fuera porque lo podíamos pagar con el oro y la plata de América. Hasta que se acabó la plata y nos hundimos.
Y ahora estamos igual, nos hemos pasado años viviendo de un dinero que se generaba por negocios que se montaban muy rápidamente y no por negocios que requieren de una cultura empresarial y una visión más a largo plazo.
¿Cómo se puede recuperar la construcción honesta?

Hoy en día todo el mundo considera imposible avanzar en la física o en la química sin partir de los conocimientos históricos. En cambio, la construcción pretende evolucionar rechazando y despreciando 4.000 años de maestros constructores.
Hay que recuperar esa cadena de conocimiento. Para ello, lo primero es la formación, conocer el patrimonio y la cultura del oficio. Ahí se descubre una cantidad impresionante de conocimientos y soluciones técnicas que están absolutamente ausentes en la construcción contemporánea.
Al estudiar ese patrimonio y descubrir que están escritas en piedra la mayoría de soluciones para cualquier problema técnico que podemos tener hoy en día, te das cuenta de que la recuperación de la cultura de la piedra deja de ser algo nostálgico, algo heroico, para convertirse simplemente en una herramienta de trabajo de cara al futuro.
No estamos aquí por recuperar algo romántico, aunque también es un proceso romántico. Estamos aquí para buscar soluciones reales a problemas reales que tenemos hoy en día y que vamos a tener en el futuro; esas claves están escritas en piedra.

¿Por qué insistes tanto en la protección del patrimonio?

Después de este proceso de locura económica de los últimos 30 años, nos hemos olvidado de que el origen del turismo en Mallorca fue por gente que vino atraída por la arquitectura y el paisaje de Mallorca. El Archiduque Luis Salvador y toda una serie de gente que vino aquí, se quedó impactada con esta belleza arquitectónica y natural. Ahí es donde pusieron a Mallorca en órbita y cuando empezó a venir el turismo culto. Escritores y poetas como Rubén Darío. Ahora, es un momento de reconsiderar ese paso olvidado y si realmente queremos algo que sea sostenible y algo que tenga futuro nos tenemos que concentrar en ese mismo turismo culto, ese turismo que viene a apreciar algo más que la simple jarra de cerveza y la playa. Y en unas cantidades que nuestra tierra lo pueda absorber, no podemos seguir teniendo una industria desorbitada. Tendríamos que buscar otras fuentes de financiación, de generar economía más allá del turismo.

¿Cómo se puede devolver la dignidad al oficio de constructor?

Tenemos que distinguir entre el salario económico y el salario emocional. El salario emocional consiste en sentir que lo que hacemos sirve para algo y que podemos mejorar día a día.
El primer problema es que el director de la obra, sea arquitecto, sea promotor, sea empresario o incluso el propio cliente no tienen contacto ni comunicación con quienes hacen físicamente el trabajo. Es un caso atípico, una especie de capitán de barco que no habla con los marineros. La consecuencia es que el obrero se siente como una “basura” ya que nadie considera importante preguntarle nada. Su reacción es trabajar de una manera mecánica y hasta despreciando lo que está haciendo. Y esto obviamente es una energía negativa que influye en una obra negativa.
El director de obra tiene que llevar a la gente a su potencial, así la gente empieza a ser creativa. Y es ahí donde está la posibilidad de recuperar algunos de los secretos de la construcción gótica. El maestro de arte gótico adjudicaba a cada cantero un trabajo práctico en la obra. Una columna, un capitel, una escultura, pero no les daba un plano detalladísimo punto por punto, sino que le decía tu tienes que tallar un capitel con un diablo con dos cuernos sonriendo… y lo dejaba trabajar. Al darle pie a un albañil a que pueda hacer una talla, descubres que hacen obras de arte, hacen piezas escultóricas que al final son una pieza estructural. El único objetivo de una gárgola es que desagüe agua, pero se puede convertir en una obra de arte. Ahora, al obrero contemporáneo no se le da la posibilidad de que cree nada. Se le da todo preparado, ni siquiera se le considera capaz para mezclar adecuadamente el cemento con la arena. Se le dice sutilmente: “tú eres un subnormal y te lo voy a dar todo masticado porque no eres capaz de nada”.

¿Cuáles son las características principales de la construcción tradicional mallorquina?

Está basada en los materiales locales, en la mano de obra local, es auto-construcción y en el ajuste a la climatología local. Es igual a toda la construcción vernacular: una adaptación a los paisajes, a la gente, a los materiales.
En nuestro caso como en el resto del Mediterráneo, nuestro principal problema es en verano el sol y en invierno los días fríos.

El hecho de que las casas tengan poca luz quita el calor en verano, pero hace que en invierno sean un poco deprimentes. Y la humedad famosa que te hiela los huesos…

Es correcto. El verano lo sacamos con sobresaliente pero el invierno, lo suspendemos. Por ejemplo, la chimenea mallorquina es ineficiente cien por cien. Lo del verano lo hemos resuelto bien, a base de muros gruesos, ventanas pequeñas, orientación al sur y una pantalla que en verano da sombra pero que en invierno no existe: el emparrado.

¿Y cómo es una verdadera casa mallorquina tradicional?

Es un solo bloque, como una caja de cerillas, con ventanas pequeñas orientadas al sur. Hay un tejado que mira hacia la fachada principal o bien un doble tejado a dos aguas. No existen esos cincuenta tejaditos que están poniendo en las supuestas casas mallorquinas; no existe la parafernalia de arquitos que van colocando alrededor de la casa.
Luego hay detalles como el ‘batiport’. Una especie de cámara de descompresión, con lo cual no accedes directamente al interior de la casa, sino que tienes una puerta de entrada, entras en esta pequeñísima área, cierras la puerta de entrada y abres la puerta real de entrada a la casa. Con eso eliminas el viento en la casa y el aire tan frío o tan caliente del exterior.
Luego tienes los postigos interiores de madera que trabajan como material aislante muy efectivamente, los cristales son pequeñitos, son cuatro cristales pequeños porque en aquél tiempo eran muy caros y era más fácil reponerlos si se rompía uno; y por otro lado la cruz de madera reforzaba más la ventana, era un poco más robusta y resistente.

¿Y los materiales?

Depende de la zona geográfica. En la montaña tenemos unas casas de piedra con unas juntas muy pequeñitas. En el centro de la Isla, una casa que se hace con la mitad de piedra que se saca al labrar, piedra del campo, y la mitad de morteros de tierra. Y en el levante, la parte de la costa, tenemos las casas de marés que es el material tradicional que se extrae de las canteras de la zona.
Por lo tanto tenemos tres casas tradicionales y una cierta confusión en que no se respetan esas tipologías y se van colocando casas de mucha piedra en zonas donde tradicionalmente nunca las hubo.

¿Tienes en cuenta la relación energética entre la construcción y la Tierra?

Todo el mundo sabe que la catedral de Chartes tiene un grandísimo potencial energético y que la pirámide de Keops es impresionante a nivel energético, pero esto sucede también con la iglesia del pueblo, con aquella ermita que está en la cima de una colina, sucede en el norte de España en cualquier humildísimo hórreo. Esto es así porque las iglesias son lugares que invitan al recogimiento y el constructor quiere potenciar esa capacidad de trascender, de llegar a una cierta espiritualidad.
Y sucede lo mismo en el hórreo, porque es el lugar de almacén de las cosechas. Es decir, el futuro de tu familia. ¡Cómo no van a elegir un lugar en donde haya la máxima energía si ahí está el futuro de tu familia, este invierno y el futuro de tu linaje en el futuro!
Nada que ha durado 40 o 50 generaciones puede ser vulgar, puede que pase desapercibido por aparentemente sencillo, pero nunca será vulgar. Siempre tiene que haber diferentes lecturas. De la misma manera, cuando llegas a una catedral gótica, primero te impactará la luz, el espacio, si sabes más apreciarás la belleza en una escultura, esto ya es un nivel superior, si sabes más te darás cuenta que esa escultura es de San Cristóbal, que es el patrón de los conductores y viajantes y si sabes más, te darás cuenta que San Cristóbal también está relacionado en la alquimia con el mercurio de la piedra filosofal, etc.
Estamos en una especie de cebolla, y a medida que avanzas en el conocimiento descubres capas, capas y más capas de progresiva sofisticación. Pero nunca despreciemos una cebolla por ser una cebolla.

Editorial: Salimos juntos de la crisis

No podemos resolver problemas pensando de la misma manera que cuando los creamos. (Albert Einstein).

Una crisis es un período de cambio. Una transición de la que se sale reforzado si se aprende la lección.

Ética

La crisis que estamos experimentando no es solo una crisis de la economía, no es solo una caída del PIB. La verdadera crisis reside en que nuestra forma de pensar ha quedado obsoleta. Si tratamos de resolver la crisis con las mismas ideas que nos llevaron al colapso, tendremos nuevas crisis.

Cada vez más gente está asumiendo que necesitamos una nueva forma de ser y estar en el mundo y ese es el síntoma de que estamos preparados para encarar el camino de salida de la crisis. A medida que más gente abre los ojos a la forma de visión holística, más cerca estamos de la salida.

Nuestra sociedad ha recibido un aviso serio. Hemos mirando de frente al abismo. Es el momento de rediseñar los sistemas que nos han conducido hasta aquí y cambiar el rumbo.

Para recorrer la recta final de la crisis hay que incorporar definitivamente el pensamiento holístico, la ética y la ecología. Son los regalos que nos ha traído esta crisis colectiva. El camino ya no puede pasar por hacer las cosas de una manera menos mala, ha llegado el momento de hacer las cosas lo mejor posible. Quienes apuestan por desarrollar sus proyectos de forma integral y ética no están en crisis. Más bien todo lo contrario, se están convirtiendo en polo de atracción y referente para transitar por los nuevos caminos de futuro.

La filosofía se tiene que convertir en realidad. Ha llegado la hora de implementar las buenas ideas y eso pasa inevitablemente por la transformación del mundo de la empresa. Es el momento de crear empresas basadas en la nueva forma de pensar. Empresas cuyos residuos son alimento para otras empresas. Empresas que crean productos útiles, duraderos y limpios. Empresas capaces de aportar bienes comunes a la sociedad. Empresas capaces de imitar a la naturaleza en sus procesos.

Las grandes innovaciones en el siglo XXI son la ética y la capacidad de hacer nuevas conexiones con los elementos ya existentes. Debemos dejar paso a la gente que tiene una mirada nueva y limpia, a la gente capaz de ver oportunidades donde otros ven problemas. A los que son capaces de hacer conexiones inéditas. A los que de verdad creen en el servicio. A los que de verdad creen que se puede conseguir una sociedad sostenible que incluya a los más vulnerables. Es la hora de apoyar las buenas ideas y de que los cínicos le hagan un favor a las generaciones del futuro y se retiren.

Destapan las vergüenzas de la hotelera Barceló

Joan BuadesCuando uno piensa en transnacionales psicópatas pronto le vienen a la cabeza las mega-corporaciones petroleras que generan guerras para obtener el control de la materia prima o las grandes marcas de ropa que no se inmutan en fabricar sus productos en maquilas donde se explota a los trabajadores. Sin embargo, pocas veces se incluye en este listado de empresas de rapiña a las grandes transnacionales del turismo. Sin embargo, la historia de algunas de estas empresas está asociada a corrupción, dictaduras, destrucción del medio ambiente, explotación laboral, paraísos fiscales…

Cuando se habla de estas empresas hay que mirar hacia casa ya que de las 70 empresas turísticas más importantes del mundo 5 han nacido en Balears. Sol Melià es la más importante en la posición 15; Barceló la segunda, en la 24 y le siguen Riu, Iberostar y Fiesta del Grupo Matutes.

Aparentemente son un orgullo y la locomotora de nuestra economía pero en realidad este milagro económico está basado en la explotación laboral y en la destrucción de todo el litoral del Caribe y de otras zonas bajo la protección de gobiernos corruptos. Prácticas que en Europa, a día de hoy, serían inaceptables, inmorales e ilegales son habituales en otras partes del planeta.

Si hay alguien que conoce a fondo esta realidad es Joan Buades, investigador especializado en la relación del turismo y la globalización. También conocido porque fue diputado verde en el Parlament de les Illes Balears entre 1999 y 2003, desde donde fue impulsor de la Ecotasa. El malogrado impuesto que consiguió provocar tal cabreo en el sector hotelero de las Islas que les hizo perder las formas y mostrar si tapujos como pueden quitar y poner gobiernos autonómicos. Para despejar cualquier duda, posteriormente se vio como esos mismos hoteleros también podían contratar a un President de Govern desempleado. (Quizá siempre estuvo contratado aunque trabajando en negro…).

De Felanitx a Washington (arrasando con todo)

Precisamente la empresa que contrató al President Jaume Matas y que le permitió huir a Washington tras perder el poder en Balears, la hotelera Barceló, ha sido el objeto de investigación de Joan Buades durante los últimos meses. El fruto de ese trabajo es el libro Do not disturb Barceló (Ed. Icaria). Una investigación implacable y lúcida cuyo objetivo es sacar a luz los desmanes llevados a cabo en diferentes puntos del globo por esta empresa nacida en Felanitx (Mallorca) y que está conectada a las zonas más oscuras del capitalismo especulativo que ahora están siendo puestas en entre dicho.

Si bien todas las empresas citadas se llevan mal con el medio ambiente, los trabajadores y las comunidades, Buades, se ha centrado en su investigación en el Grupo Barceló. Según sus propias palabras destaca porque no tiene escrúpulos para usar cualquier medio para crecer. La familia Barceló ha sido muy hábil atrayendo capitales, blanqueándolos y convirtiéndolos en macrourbanizaciones y campos de golf por todo el mundo sin ningún miramiento hacia el medio ambiente o las comunidades del lugar.

El origen de esta empresa, al igual del resto de grandes empresas turísticas de Balears, es el franquismo. Con la dictadura tuvieron buenas condiciones ya que los touroperadores europeos prestaban dinero, a través de paraísos fiscales, a empresas locales con buenas relaciones con el régimen franquista para actuar sin que hubiera democracia, sindicatos ni protección medio ambiental.

A este proceso se le conoció como la Balearización. Cuando llegó la democracia y los sindicatos y los grupos ecologistas comenzaron a ser molestos en Balears, empresas como Barceló pusieron el ojo en destinos menos protegidos. En los años 80, Canarias, que tenía un régimen económico especial y en los 90, el Caribe, un paraíso listo para ser expoliado. Las condiciones que se habían dado en Balears durante el franquismo se presentaban ahora en República Dominicana, Costa Rica, México y otros países en las últimas décadas. El objetivo es claro: zonas en las que los gobiernos les garantizan que nadie les pueda decir nada en materia ambiental ni en derechos de los trabajadores ni de las comunidades.

En este momento, la expansión de Barceló tiene como objetivo EE.UU., no porque allí exista desprotección legal sino porque es el trampolín perfecto para saltar a los mercados del siglo XXI: China, India, Emiratos Árabes… lugares que sí reúnen las condiciones óptimas para que las transnacionales apliquen su política de rapiña.

Paraísos turísticos y paraísos fiscales.

Otra cosa que queda clara en Barceló. Do not disturb es la relación de estas empresas con el blanqueo capitales y los paraísos fiscales. Y es que según Buades el sector turístico y el residencial son un negocio ideal para limpiar dinero negro. Los capitales que Barceló capta en los diferentes países acaban en paraísos fiscales caribeños que no controla nadie.

Según Buades, la actuación de Barceló ha sido siempre buscar socios de primer nivel entre políticos y fuerzas económicas, sacar dinero de procedencia oscura y usarlo para construir hoteles que llevan añadidos todo un entramado inmobiliario y comercial. Y añade: Participan de un sistema corrupto en el que las empresas hacen negocios a costa de los derechos de la gente y con la connivencia de los políticos locales. Lo han construido para que nadie meta las narices.

La riqueza que se genera no se queda aquí. Si declararan sus impuestos en España, México, Cuba, Costa Rica… el dinero iría a escuelas, hospitales, protección del medio ambiente… pero al evadirlo a paraísos fiscales la riqueza no se queda en el lugar que se genera. Es exactamente lo que aparece cuando se estudia el progreso de Balears en materia turística. Se pone el foco en el éxito macroeconómico, destacando que somos una comunidad supuestamente muy rica, pero no se han analizado los costos que eso ha supuesto. El dinero se va a puertos, aeropuertos o incineradoras. La estrategia es la de toma el dinero y corre.

El Blomkvist mallorquin

En este momento el Grupo Barceló se ha desprendido de muchas de sus inversiones de la Islas y solo tiene una presencia de prestigio en Balears, la tierra que vio nacer al emporio. Según se desprende de la investigación de Buades dos son sus objetivos: el emblemático hotel Formentor y el Palau de Congressos.

El trabajo que hace Buades recuerda al del protagonista de las archifamosas novelas de Stieg Larsson, el periodista de Millenium, Mikael Blomkvist. Él no cuenta con la ayuda de la hacker Lisbeth Salander pero tampoco le hace mucha falta. Desde su casita en el campo de Ibiza, este profesor de instituto, se apaña bastante bien para obtener la información.

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