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	<title>Revista Namaste &#187; Viajes</title>
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	<description>La web que impulsa el cuidado de la Tierra, el Alma y la Sociedad</description>
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		<title>El día en que casi se perdió el Calypso</title>
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		<pubDate>Sun, 08 Jan 2012 11:30:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tito Rodríguez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Portada]]></category>
		<category><![CDATA[Tierra]]></category>
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		<description><![CDATA[Anclaron el barco cerca de la costa de Egipto y todos los hombres fueron al agua, en el barco sólo quedó la esposa de Cousteau, Simone. Mientras que los buzos estaban bajo el agua el cielo se cubrió de nubes, la superficie del mar se encrespó, comenzó a soplar un fuerte viento. Los buzos no pudieron volver al barco, nadaron hacia la costa. Una vez ahí contemplaron al Calypso que se sacudía con cada golpe de ola, tironeando el cabo del ancla que se rompería inevitablemente.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2012/01/cousto.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-15079" title="cousto" src="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2012/01/cousto.jpg" alt="" width="271" height="584" /></a>Jacques Yves Cousteau pasó toda su vida en el mar. No contento con inventar los equipos de buceo actuales recorrió el mundo, a bordo del Calypso, para enseñarle a la humanidad la grandiosidad de los océanos.</p>
<p style="text-align: justify;">Muchos hombres y mujeres crecimos entre sus imágenes, muchos fuimos contagiados por su “fiebre de mar”, jugábamos de chicos a ser buzos del Calypso, conocíamos todas sus historias, vivimos todas sus inmersiones.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero la mayoría de la gente jamás conoció la historia del día que el Calypso se perdió, de aquel día que pudo ser el último día de una historia que aún no había comenzado.</p>
<p style="text-align: justify;">Terminaba la década de los 40. No era una época fácil en Europa. La Segunda Guerra Mundial había dejado a Francia en ruinas. Jacques Cousteau, un joven oficial de la marina decide dar un vuelco a su vida, con la ayuda de sus amigos y un sponsor secreto, compra un viejo dragaminas fuera de servicio y lo bautiza “Calypso”, renuncia a la marina y convence a un grupo de buzos de acompañarlo en la gran aventura: Recorrer los mares del mundo filmando los fondos oceánicos.</p>
<p style="text-align: justify;">Todos sus ahorros se gastaron en equipamientos, vendió su casa para costear el viaje, todo su pasado y su futuro estaban puestos en ese viejo barco. Partieron rumbo al Mar Rojo donde planeaban filmar su primera película.</p>
<p style="text-align: justify;">Al llegar anclaron el barco cerca de la costa de Egipto y todos los hombres fueron al agua, en el barco sólo quedó la esposa de Cousteau, Simone.</p>
<p style="text-align: justify;">Mientras que los buzos estaban bajo el agua el cielo se cubrió de nubes, la superficie del mar se encrespó, comenzó a soplar un fuerte viento. Los buzos no pudieron volver al barco, nadaron hacia la costa. Una vez ahí contemplaron al Calypso que se sacudía con cada golpe de ola, tironeando el cabo del ancla que se rompería inevitablemente. Cousteau temía por su esposa, una mujer delgada que no tenía idea de barcos ni de navegación.</p>
<p style="text-align: justify;">Los buzos presos de impotencia esperaban la rotura del cabo del ancla para ver como todas sus ilusiones se hundían con el viejo buque.</p>
<p style="text-align: justify;">El cabo se rompió en un estallido seco e inmediatamente se escuchó el motor del barco que se ponía en marcha, viraba a babor y se internaba en el mar de frente a la tormenta, al timón estaba Simone Cousteau y no parecía estar dispuesta a dejar hundir al Calypso, como no sabía nada de náutica decidió ir mar adentro donde no podría chocar con nada. Viajaba hacia la tormenta.</p>
<p style="text-align: justify;">Ocho horas duró la lucha entre el viejo dragaminas y el mar, ocho horas donde una mujer sola, que nunca antes había estado en un barco, sacaba fuerzas de la nada para evitar que los sueños de su marido se hundieran ese día. Cuando la tormenta terminó llevó al barco hacia la costa que se veía a la distancia pero como no lo sabía atracar y ya no tenía ancla, simplemente lo dejó flotar a la deriva con el motor apagado esperando que los buzos, que miraban la maniobra desde tierra, se pudiera acercar a nado. Al llegar encontraron a una Simone sonriente que, ante la sorpresa de todos, los recibió con café caliente.</p>
<p style="text-align: justify;">Pasaron muchos años y el viejo dragaminas se convirtió en uno de los buques oceanográficos más famosos del mundo, navegó por todos los mares y visitó todos los puertos. Cousteau adquirió fama internacional. En 1980, en un reportaje un periodista le preguntó si era difícil comandar el Calypso, Cousteau contestó: “No si está Simone a bordo, ella es la cocinera, la madre de treinta marineros, la que aconseja, la que pone fin a las peleas, la que nos manda a afeitar, la que nos reta, la que nos acaricia, la peluquera de a bordo, nuestra mejor crítica, nuestra primera admiradora, la que salva al barco de las tormentas. Ella es la sonrisa cada mañana y el saludo antes de irnos a dormir. El Calypso podría haber vivido sin mí&#8230; pero no sin Simone”.</p>
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		<title>El monte Sinaí</title>
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		<pubDate>Fri, 30 Sep 2011 12:36:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuria Abad</dc:creator>
				<category><![CDATA[Espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Viajes]]></category>

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		<description><![CDATA[Tras varias jornadas de viaje por los áridos arenales de este triángulo estratégico que separa Oriente de Occidente, el mar Mediterráneo del Mar Rojo, dejando atrás, en el camino, tantos poblados legendarios, la llegada al Monte Sinaí, lugar de adoración para musulmanes, cristianos y hebreos -sin distinción-, esconde la promesa de una invitación a la reflexión. Un encuentro con la espiritualidad que esconde la montaña sagrada en la que, según el Antiguo Testamento, recibió Moisés las Tablas de la Ley con los Diez Mandamientos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><em><a href="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2011/09/MONTE-SINA%C3%8D-NORMALjpg1.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-14228" title="MONTE SINAÍ NORMALjpg" src="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2011/09/MONTE-SINA%C3%8D-NORMALjpg1.jpg" alt="" width="703" height="386" /></a>“¿Quién subirá al Monte de Yaveh?</em></strong></p>
<p><strong><em>¿Quién podrá estar en su recinto sacro?</em></strong></p>
<p><strong><em>El de manos limpias y puro de corazón ”</em></strong></p>
<p>(Salmo 24,3-4).</p>
<p style="text-align: justify;">El camino no está exento de ironía. Es agosto, medianoche y reposo sobre una roca en el enigmático y ardiente Sinaí, meca del misticismo. Observo con calma las decenas de peregrinos que junto al mayestático Monasterio de Santa Catalina, construido hace quince siglos, nos disponemos, decididos, a emprender la romería hacia el corazón del desierto: el monte de Moisés, Jebel Musa para las tribus beduinas que pueblan el lugar.</p>
<p style="text-align: justify;">Tras varias jornadas de viaje por los áridos arenales de este triángulo estratégico que separa Oriente de Occidente, el mar Mediterráneo del Mar Rojo, dejando atrás, en el camino, tantos poblados legendarios, la llegada al Monte Sinaí, lugar de adoración para musulmanes, cristianos y hebreos -sin distinción-, esconde la promesa de una invitación a la reflexión. Un encuentro con la espiritualidad que esconde la montaña sagrada en la que, según el Antiguo Testamento, recibió Moisés las Tablas de la Ley con los Diez Mandamientos.</p>
<p style="text-align: justify;">Iniciamos la travesía. Tortuosos y pedregosos caminos, y profundos precipicios, son durante horas nuestra única visión, exceptuando el embrujo de la bóveda explosivamente estrellada y algún descanso en el que regocijarse gracias a la hospitalidad árabe. Las linternas, aliadas de un camino sólo transitable de noche por las altas temperaturas del día y el implacable sol del desierto. El silencio casi eclesiástico de los caminantes, un acompañante más que invita al retiro con uno mismo.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Las Escaleras del Arrepentimiento</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Por obra y gracia de la divina providencia, tras horas de taciturna procesión, el camino se bifurca en un llano llamado Los Siete Ancianos de Israel. Una opción es continuar por un camino de idéntica orografía hasta la cima. Un camino asequible, aunque más largo, por el que transitar en una especie de duermevela. La otra, escoger la ruta conocida como Sikket Saiyidna Musa (el Sendero de Nuestro Señor Moisés) o, más comúnmente, como Las Escaleras del Arrepentimiento, talladas a mano muchos siglos atrás. A pesar del augurio de penitencia de tal denominación, la curiosidad puede. Siempre puede.</p>
<p style="text-align: justify;">Dicen que son 3.750 peldaños tallados en la propia piedra. No los conté, no me animé. Pero puedo dar fe de que hacen honor a su nombre. La desigualdad de los peldaños es una constante y algunos de ellos llegan a medir un metro de altura. Sumada la falta de luz, las siguientes dos horas se convierten en un espacio de expiación, casi un flagelo por lo fatigoso del trayecto. Pero, la filosofía del buen vagabundo se apoya en la no necesidad de nada y el talante de aceptar lo que venga sin queja alguna.</p>
<p style="text-align: justify;">Finalmente, llegas a la cima. Aún de noche. Y el frío cae implacable. Suerte, de nuevo, de la gentileza árabe, que no tarda en proporcionarme una regia y ajada manta para protegerme hasta que llega el sol. Me duermo. Alguien me despierta. Clarea en el horizonte. Ha llegado la hora de ver a Dios.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>La hora de ver a Dios</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Y Dios se presenta de madrugada para mostrar uno de los espacios más impactantes del mundo: cimas rojizas que rompen en multitud de formas el azul de un cielo inmaculado. Y convierte la inmensidad en un templo.</p>
<p style="text-align: justify;">El silencio da paso a los cánticos de los creyentes que se arremolinan junto a la pequeña capilla. Uno toma conciencia en sus entrañas de que cada sol tiene su ocaso. Que todo ocaso ofrece una ocasión.</p>
<p style="text-align: justify;">Y pronto el nuevo sol empieza a avivarse. Es necesario iniciar la bajada y ponerse a resguardo. Y deshacemos el camino, que de día se presenta lleno de esos contrastes que hacen del mundo algo fascinante.</p>
<p style="text-align: justify;">Como reza un proverbio árabe, “los que de veras buscan a Dios, dentro de los santuarios se ahogan”.</p>
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		<title>Bután, un reino en busca de la felicidad</title>
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		<pubDate>Fri, 11 Mar 2011 06:37:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto D. Fraile Oliver</dc:creator>
				<category><![CDATA[Portada]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[comunidad]]></category>
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		<description><![CDATA[Cada vez más gente está dirigiendo sus miradas a un pequeño reino del Himalaya: Bután, una joven democracia a la que algunos llaman “el reino de la felicidad”. Se trata de un laboratorio vivo del que están surgiendo ideas y acciones que bien pueden servir de inspiración en un momento en que los líderes de las sociedades consumistas están faltos de ideas y soluciones a la crisis sistémica que nos acecha. ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2011/03/4778560449_cb161c5ee5_b.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-10878" title="4778560449_cb161c5ee5_b" src="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2011/03/4778560449_cb161c5ee5_b-300x252.jpg" alt="" width="300" height="252" /></a>Cada vez más gente está dirigiendo sus miradas a un pequeño reino del Himalaya: <a href="http://http://es.wikipedia.org/wiki/But%C3%A1n" target="_blank">Bután</a>, una joven democracia a la que algunos llaman “el reino de la felicidad”. Se trata de un laboratorio vivo del que están surgiendo ideas y acciones que bien pueden servir de inspiración en un momento en que los líderes de las sociedades consumistas están faltos de ideas y soluciones a la crisis sistémica que nos acecha.<br />
Según la descripción que hace el economista Jeffrey Sachs tras hacer una visita a Bután, “La economía agrícola y monástica de Bután fue autosuficiente, pobre y aislada hasta hace pocas décadas, cuando una serie de monarcas excepcionales empezaron a guiar al país hacia la modernización tecnológica (caminos, electricidad, atención médica moderna y educación), el comercio internacional (principalmente con la vecina India) y la democracia política. Lo que resulta increíble es la actitud reflexiva con la que Bután aborda este proceso de cambio y cómo el pensamiento budista guía esa actitud. Bután se formula el interrogante que todos deben formularse: ¿cómo se puede combinar la modernización económica con la solidez cultural y el bienestar social?”<br />
Una fuerte tradición budista y el retraso en la modernización han permitido a Bután, un pequeño país de 700.000 habitantes encajado entre los dos Estados más poblados de la Tierra, la India y China, aprender de los errores de otros países y pasar de la Edad Media directamente al siglo XXI, sin cometer los errores de aquellos que se han centrado exclusivamente en el progreso económico. El modelo butanés no es exportable, pero sí que está siendo considerado una fuente de ideas y el laboratorio perfecto para muchos.</p>
<h3>El rey visionario</h3>
<p><a href="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2011/03/wangchuck0508.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-10879" title="wangchuck0508" src="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2011/03/wangchuck0508-300x200.jpg" alt="" width="300" height="200" /></a>Si tenemos que buscar al responsable del milagro butanés, pronto nos encontraremos a<a href="http://http://es.wikipedia.org/wiki/Jigme_Singye_Wangchuck" target="_blank"> Jigme Singye Wangchuck</a>, el padre del actual rey, considerado unánimemente como un sabio y visionario. En el año 1974, al ser coronado con tan solo 18 años, lo dejó meridianamente claro en su discurso: “La felicidad interior bruta es mucho más importante que el producto interior bruto”. Desde entonces, las decisiones políticas de Bután se toman en función de si conducen a la felicidad del pueblo, en vez de al puro crecimiento económico ciego, que guía a sociedades como la nuestra. Sus gobernantes se preocupan por las necesidades materiales de la población, pero también de las espirituales (no confundir con religiosas). La idea ha seducido hasta al propio presidente francés, Nicolás Sarkozy, que está trabajando en aplicar un índice de estas características en su país. Y premios Nobel de economía como<a title="Wiki Stiglitz" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Joseph_E._Stiglitz" target="_blank"> Joseph E. Stiglitz</a> avalan la idea.<br />
Este pequeño país asiático ha sido el primero que ha cuestionado los indicadores económicos tradicionales, en concreto, el PIB.  Y han creado el indicador de la Felicidad Interior Bruta (FIB). Este revolucionario medidor tiene en cuenta factores como el acceso de los ciudadanos a la asistencia sanitaria, la conservación de los recursos naturales del país o el tiempo que puede disfrutar una persona con su familia. En definitiva, es un corte de mangas al dogma del crecimiento. En Bután están dotando a la fría economía de la calidez que aportan variables como la educación, el afecto o la fortaleza de los ecosistemas.<br />
En el año 2005, Jigme Singye Wangchuck inició un proceso de democratización del país que lo convertiría en la monarquía constitucional que es hoy en día. Es curioso observar el proceso que llevó a este país que perseguía la felicidad a dotarse de democracia. Fue un empeño del rey, ya que la población no era partidaria de un cambio de régimen. Pero el monarca lo tenía claro. Y en 2008 se celebraron elecciones. Ganó el Partido de la Paz y la Prosperidad del actual primer ministro, Jigmi Thinley. Y Jigme Khesar Namgyel Wangchuck, de 28 años, hijo de Jigme Singye Wangchuck, se convirtió en el quinto rey de Bután, el primer monarca constitucional del país.</p>
<h3>¿Cómo se mide la felicidad?</h3>
<p><a href="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2011/03/32265.jpg.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-10877" title="32265.jpg" src="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2011/03/32265.jpg-300x199.jpg" alt="" width="300" height="199" /></a>Llama la atención del proceso butanés el pensamiento sistémico que avala la toma de decisiones. Evidentemente este proceso trata de satisfacer las necesidades básicas de las personas, incluso tratan de combinar el crecimiento económico con la sostenibilidad ambiental, pero lo que realmente destaca es su interés por crear mecanismos que ayuden a los individuos a mantener su estabilidad psicológica en una era de incertidumbre y constante cambio.<br />
El primer ministro de Bután, Jigme Thinley, explicó en el I Congreso Internacional de la Felicidad que todo su Gobierno centra sus esfuerzos en cuatro direcciones: desarrollo socio-económico igualitario y sostenible, conservación de la naturaleza, preservación de la cultura y el patrimonio cultural, y un gobierno responsable y transparente. Para lograrlo, entre otras acciones, el Gobierno hace una encuesta entre la población ordenada en los siguiente bloques:<br />
1. Bienestar psicológico.<br />
2. Uso del tiempo.<br />
3. Vitalidad de la comunidad.<br />
4. Cultura.<br />
5. Salud.<br />
6. Educación.<br />
7. Diversidad medioambiental.<br />
8. Nivel de vida.<br />
9. Gobierno.<br />
Y es feliz aquella persona que ha alcanzado el nivel de suficiencia en cada una de las nueve dimensiones. Los resultados de estas encuestas se emplean para orientar las políticas del Gobierno Butanés. Todo ello podría simplificarse diciendo que el Gobierno  ha asumido la responsabilidad de crear un entorno que facilite a los ciudadanos encontrar la felicidad.<br />
Tal y como recoge un excelente reportaje publicado en <a title="Reportaje El País sobre Bután" href="http://www.elpais.com/articulo/portada/reino/quiso/medir/felicidad/elpepusoceps/20091129elpepspor_8/Tes" target="_blank">El País por Pablo Guimón</a>, “En el Mapamundi de la Felicidad, una investigación dirigida por el profesor Adrian White en la Universidad de Leicester (Reino Unido) en 2006, Bután resultó ser el octavo más feliz de los 178 países estudiados (por detrás de Dinamarca, Suiza, Austria, Islandia, Bahamas, Finlandia y Suecia), pese a tener un PIB per cápita muy bajo (5.312 dólares en 2008, seis veces menor que el español). Y en 2007 Bután fue la segunda economía que más rápido creció en el mundo. La educación, gratuita y en inglés, llega hoy a casi todos los rincones del país. Y un estudio recogía que el 97% de la población se declaraba “muy feliz” o “feliz” y sólo el 3% dijo no ser feliz”.</p>
<h3>Hacia el verdadero turismo sostenible</h3>
<p><a href="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2011/03/escuela_butan_mier.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-10880" title="escuela_butan_mier" src="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2011/03/escuela_butan_mier-300x168.jpg" alt="" width="300" height="168" /></a>En los años 70 empezaron a llegar los primeros turistas a Bután. Su filosofía es clara: quieren pocos turistas pero de calidad. Quieren evitar los desequilibrios ecológicos y sociales que, como bien sabemos por estas latitudes, provoca el turismo de masas.<br />
Una de las apuestas económicas de futuro de Bután son las energías renovables, concretamente la hidráulica que producen los ríos que bajan del Himalaya. Esperan aumentar la exportación de energía a India en los próximos años.<br />
Pero si por algo destaca Bután es por sus plantas medicinales. Es el paraíso para cualquier fitoterapeuta. Están trabajando en desarrollar una industria sostenible para exportar ese potencial. En el sistema de sanidad butanés existe la opción de elegir entre la medicina tradicional y la occidental.<br />
Bután tiene mucho futuro, ahora que ha encontrado la vía de en medio.</p>
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		<title>Apuntes bipolares de Goa, Kerala y Tamil Nadu</title>
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		<pubDate>Wed, 13 Oct 2010 07:30:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nurdin. Enric G. San Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Portada]]></category>
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		<description><![CDATA[Desperté en el tren y la primera visión fue una chica keralí muy joven, de piel atezada, ojos tizón, sonreír con unos dientes blanquísimos bajo una tez coralina. A su lado un hombre con mostacho muy cuidado lee un diario en Malayi. Al fondo una mujer israelí, que conocería posteriormente, conversa con su hija de apenas dieciocho años. Madre e hija viajan por el sur de la India descalzas, y el nivel de empatía amorosa que se profesan parece de cuento de hadas.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><em>Muy humildemente, dedicado a todos los que lucharon y luchan contra las fuerzas de la ignorancia y al poeta, in memorian, M. A. Velasco (Mallorca 1963-2010) Con amor (y Ave Cedario español).<a href="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/10/kikerala-168.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-8745" title="kikerala 168" src="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/10/kikerala-168.jpg" alt="" width="240" height="181" /></a></em></p>
<p>Desperté en el tren y la primera visión fue una chica keralí muy joven, de piel atezada, ojos tizón, sonreír con unos dientes blanquísimos bajo una tez coralina. A su lado un hombre con mostacho muy cuidado lee un diario en Malayi. Al fondo una mujer israelí, que conocería posteriormente, conversa con su hija de apenas dieciocho años. Madre e hija viajan por el sur de la India descalzas, y el nivel de empatía amorosa que se profesan parece de cuento de hadas. Pasa un hombre gritando Chai! (té) y a pesar de que todavía no ha amanecido me tomo uno. Al poco rato vienen a visitarme dos amigos polacos que conocí en Goa y que viajan unos días a Kochin (Kerala) para luego ir a Madrás donde tomarán un Ferry que les llevara a las Islas Andaman. J y H, ambos de 29 años, viven y trabajan en la Isla de Jersey (Reino Unido). Nos conocimos en un hostal de Anjuna (Goa) y nos reímos mucho. Como buenos occidentales dependientes, bebían desde que se levantaban hasta altas horas de la noche, fumaban y en un par de fiestas dionisiacas en la playa tomaron Budas, vendidos por ex-soldados israelís que habían abrazado la no-violencia en India, llevados por el furor del trance melódico, bellezas pálidas de muchas partes del mundo y el regalo postrero de la psiquedelia a orillas del Mar Arábigo. Me contaba H. que la última noche que estuvieron en Goa fueron invitados a casa de dos hermanas indias. Bebieron whisky hasta casi el amanecer y luego durmieron sobre esteras, entre cabras y águilas hermosas que vigilaban su sueño. Entrada la mañana con el sol ya alto, ellas prepararon chai y se retiraron a rezar a Dios. Está amaneciendo. Cocoteros, palmeras, papayas, flores y anacardos, verdor purísimo, lagos llenos de nenúfares, trasiego bendito de aves en el cielo. Hombres luminosos pescando, la luz filtrándose a través de los árboles más hermosos que hayan visto estos ojos. Joan Mascaró se entusiasmó con los árboles del Sur de la India y Ceilán. Se diría que la perfecta simetría de sus ramas singulares se parecieran al misterioso roce de unos labios bajo el viento del océano. Tal vez expresen la belleza del momento pasado y el tiempo futuro. En ese intervalo, en ese instante suspendido la belleza se transforma en pura meditación. El viaje interior se prolonga más allá de lo contemplado (1)&#8230;.<br />
Otro chai y seguimos hablando de Goa riéndonos a carcajadas. Recuerdo en voz alta el susto que me llevé en Panaji (Goa) cuando me da el alto un policía. Instintivamente me detuve, pese a recordar que me habían dicho que no lo hiciera, si esto sucedía. Yo conducía una Enfield y llevaba detrás un conocido australiano. Ya digo, me da el alto y me pide la licencia de conducir. A continuación saco mi pasaporte y cuando lo hago se me cae un libro de <a href="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/10/kikerala-038.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-8749" title="kikerala 038" src="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/10/kikerala-038.jpg" alt="" width="240" height="180" /></a>Smoking (2) al suelo. Un párrafo de mi guía en español viene a mi mente “&#8230;una pequeña cantidad de hachís puede costar diez años de cárcel. Hay un número significativo de extranjeros en la prisión de Fort Cochin (Goa)&#8221;. El policía me muestra un carnet de conducir de Goa y me dice que si no lo tengo, debo darle 1000 rupias. En caso contrario, no puedo llevarme la moto.<br />
- Sir I´m not a reach turist, I only got 200 (3) - Ok,  give it to me and Go.<br />
Cuando le doy el dinero y parece que todo está resuelto, al bisoño australiano se le ocurre pedirle un recibo. Entonces, el poli indio se altera y dice que si queremos recibo, son 1000 rupias.<br />
- No Sir, we don´t want any receive. He´s joking&#8230;<br />
Al arrancar la moto, aliviado, contemplé un instante cientos de ciudadanos indios observar con cara de asco al policía. La policía en India suele ser corrupta. En Goa se presentan en fiestas a medianoche y exigen cantidades desorbitantes a los organizadores. Éstos, muchas veces suspenden la fiesta porque las personas que hay no se gastarán lo que les demanda la policía. En la playa los vendedores ambulantes tienen mucho miedo de encontrarse con la policía. Recuerdo los caminos desconocidos que me llevaron una noche a Chapator (Goa). Descendía a través de un desnivel arbolado y vi al Baba meditando serenamente mientras cientos de occidentales bebían alcohol y fumaban charas en Xilum, al estilo Indio. Antiguos hippies, herejes buscadores, muchachas bellas y agotadas de esperar el Fin. Occidente en India pero sin cruzar la orilla del misterio sincrético indio, pensamiento de clanes como las sectas cristianas en tiempos del emperador romano  Constantino. El tren está llegando a Kochin (Kerala).Aunque los Ghats (largas cordilleras) detuvieron a muchos invasores, estas costas fueron conocidas por fenicios, romanos, árabes y chinos. Aquí en Kerala fue elegido democráticamente el primer gobierno comunista del mundo. Fue en 1957. Hay un 91% de alfabetización y, seguramente, muchos menos analfabetos funcionales que en España. Hubo mucho apoyo a la cultura y la educación. Goa y Kerala son los dos Estados más ricos de India. Es domingo y todo está parado porque la mayoría de los habitantes son cristianos. En mi tercer viaje a India, es la primera estación ferroviaria en la que no veo mendigos. Cojo un taxi, el taxista se hace llamar Marco Ferrari  y me pone en peligro varias veces adelantando cuando vienen camiones en dirección opuesta. Me cuenta un poco su vida. Está casado, tiene 34 años y dos críos. Pasa temporadas en Riad (Arabia Saudita) trabajando de conductor y cuando está allá lleva una vida austera, no como los filipinos que se gastan el dinero en teléfono, alcohol y, mujeres. Bastantes keralíes trabajan en Oriente Próximo. Al final, habilmente, <a href="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/10/kikerala-079.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-8748" title="kikerala 079" src="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/10/kikerala-079-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>me convence y me lleva al hostal de su hermana, una cristiana llena de Luz, que me trataría como un hijo cuando le pregunto por la hora de las misas en la Basílica de Santa Cruz. Ecléctico Kochin: Iglesias cristianas, Mezquitas, una importante comunidad judía y casas portuguesas de hace quinientos años, redes de pesca chinas, imágenes del Che que me hacen llorar y emblemas del Partido Comunista. Misas en inglés, fervor Cristiano. Mucha gente joven. Todos los fieles comulgarán. Reverencias a Cristo, y a Maryan al estilo indio; con música alegre y melódica espaciada entre las partes de la ceremonia. Todos los fieles las cantan. En el interior de la Basílica de Santa Cruz están presentes colores vívidos, celebratorios. Al contrario que en la inmensa mayoría de Iglesias europeas, ensombrecidas por la siniestra órbita vaticana cuyos orígenes hay que encontrarlos en el paganismo y la corrupción del Imperio romano, hay largas colas para ejercer el sacramento de la confesión. En una pequeña capilla adyacente al templo un grupo de mujeres recita el Rosario en malayí. Al salir del templo la gente conversa fraternalmente. Ahora y entonces, entonces no sabía que el profeta Muhammad está vislumbrado en la Biblia (4).</p>
<h3>Preámbulo de la Kerala sincrética</h3>
<p>Al día siguiente viajo en colectivo de cinco horas a Varkala. Varkala es una sencilla aldea con templos y playa. Muchos pescadores capturan piezas sorprendentes en pequeñas barcas de madera llevados por fuerabordas. Al anochecer, desde los acantilados sobre la playa podían atisbarse numerosas luces desparramadas a través del horizonte, eran los pescadores. El pescado fresco es muy barato y hay bastantes lugares donde se exponen las piezas, el consumidor escoge y luego se prepara tal como desee el interesado. Llegamos a la playa al atardecer. Un hombre occidental, de vuelta y greñudo, rectificaba -si era necesario- las asanas de un grupo de practicantes de yoga, muchos avanzados. Recuerdo la perfección con la que una bellísima mujer japonesa hacía la head-stand sobre la arena. Nos quitamos la ropa y entro lanzado al agua. Hace mucho calor y las olas son grandes. Es un placer inmenso dejarse llevar por la fuerza de las olas y arrastrarse por la furia suave del Mar Arábigo. El color del agua es más límpida que en Goa. Salgo del agua contemplando la mágica puesta del sol -tan espectacular como los atardeceres otoñales en el puerto del valle de Musa en la Isla-. Extranjeros concentrados haciendo yoga, el cielo transido de colores, bénditas máculas&#8230;. Cenamos dorada al horno con Mike, un amigo de Manchester (probablemente la ciudad occidental que ha aportado más a la música pop en las últimas décadas) que conocimos en el bus. Mientras cenamos en una terraza sobre el acantilado suena un D.J. de Nueva Delhi realmente bueno. Se llama D.J. Daaz (suena así pero no estoy seguro que se escriba de este modo). Reggae mezclado con Soul y otras músicas. Brillante, y muy difícil resistirse al baile, a la danza vital. En ese lugar bebí la última cerveza de mi vida. Todo formaba parte de un sueño originado en el secuestro, entre otros, al que fui sometido allá por el 98, en una celda psiquiátrica del camino de Jesús en Mallorca. Escribía versos en la unidad de agudos escuchando Mentira de Manu Chao y extasiándome con el acuerdo que Radiohead hizo con las computadoras. Allí viajé por primera vez a India&#8230; Al día siguiente tomo un rickshaw con Sandra al templo de Bhagavan Sree Narayana, probablemente el gurú más importante que haya existido en Kerala. Tagore lo elogia numerosas veces. Mahatma Gandhi vino a visitarle varias veces. Sre Narana Gurudev fue también un gran poeta, en total escribió 62 libros en Sánscrito, Malayi y Tamil. Traducimos algunas breves enseñanzas extraídas de un libro (5) comprado en la librería colindante al museo. &#8221;En esencia todas las Religiones son la misma&#8221;. &#8221;El alcohol es veneno. No lo vendas, no lo bebas&#8221;. &#8221;No preguntes, no digas. No pienses (en términos de) casta&#8221;. &#8221;El Amor de otros es mi felicidad. El <a href="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/10/kikerala-088.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-8746" title="kikerala 088" src="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/10/kikerala-088.jpg" alt="" width="288" height="216" /></a>Amor que es mío es felicidad para los otros, y así, verdaderamente los actos que benefician a un hombre deben ser causa para la felicidad de otros &#8220;. &#8221; A pesar de muros que dividen. De casta o raza. O de aborrecimiento de la Fe rival. Todos vivimos aquí&#8221;. &#8221;Sin el regalo de la Gracia, el hombre es un simple cuerpo de huesos y tejidos de piel, obstruidos. Como agua perdida en la arena del desierto. Como flor o fruto privado de aroma &#8220;.  Luego a la playa. Al menos dos horas haciendo Body Surf con bandera roja. Dejarse llevar por la fuerza de las olas hechiza. Es como si vivieses sobre las partículas esenciales que propagan la danza cósmica propiciada por la celeste calma otorgada por El  que da Paz (As-Salam) y Misericordioso (Rajmane) Señor de los Mundos. Dos días después viaje en bus de cinco horas a Kollam. Llegamos por la tarde y tomamos un barco que nos llevará varias veces por los anchos canales repletos de vegetación. Lo mejor de ese viaje fue que llegamos de noche a una pequeña isla donde los nativos hacían una pooja (ceremonia) espectacular con fuego e infinidad de niños dichosos absortos en juegos sagrados. Conmovedor y muy extraño. Al día siguiente vamos en canoa por los canales (backwaters) varias horas. Contemplamos cómo la vegetación, la naturaleza en estado puro otorga una vida preciosa a los habitantes de Kerala. Cultivan piña, ginger, curry, arroz, papayas, plátanos, anacardos, cocos&#8230; Tienen pesca, cítricos, animales domésticos. Viven en la naturaleza sobre cabañas o casas, algunas con estructura europea. Los animales, particularmente los pájaros están por todas partes. Días después bus a Munar, en las montañas de Kerala, seis horas de viaje y las dos últimas el colectivo subiendo despeñaderos, altísimos pinachos en carreteras frecuentemente invadidas por grandes piedras debido a desprendimientos. Pasamos del calor africano a la primavera europea. Montañas y valles llenos de plantaciones de Té. Las jornaleras y jornaleros cobran 92 rupias al día por recoger 20 Kg. de hoja. Sonríen sin perder la concentración en su trabajo. Cascadas de agua clara caen de la montaña y nos bañamos en un pequeño lago. Veo peces de río rojos y arañas acuáticas, vegetación diversa y abundante, pájaros con el lomo azul turquesa&#8230; Muchos árboles y por tanto industria maderera. Nos cruzamos con varios camiones repletos de troncos. Dos <a href="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/10/kikerala-084.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-8747" title="kikerala 084" src="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/10/kikerala-084.jpg" alt="" width="240" height="240" /></a>días después viaje en bus de seis horas a Madurai, una de las ciudades más antiguas del Sur de la India. El descenso de las montañas en colectivo es tan hermoso como escalofriante. Ningún nativo duerme, todos atentos. Esto da idea de la peligrosidad del viaje. Curvas y más curvas sobre precipicios en una carretera pésima a veces agrietada, e invadida por piedras muy frecuentemente. Durante el viaje vemos bajo las colinas varios buses accidentados con la carrocería oxidada. Desde las Ghats que cruzamos puede verse Tamil Nadu tan diferente a Kerala. Dentro del bus la televisión emite una película de Boliwood a un volumen ensordecedor. Estamos sentados en la parte de atrás y apenas podemos escucharnos. El revisor tiene mucho interés en hablar con nosotros. Es un hombre menudo, con barba blanca, y ojos negros. Aparenta 50 años. Va por el bus descalzo, con un cuaderno y un lápiz donde anota cada rupia que recibe. Apenas habla inglés pero me dice que nació en Malasia y que lleva 25 años en Madurai. Lleva un pito en la boca con el que avisa al chófer que todo el mundo ha bajado y que por tanto, el conductor puede proseguir. Vuelvo a reencontrarme en el camino a Madurai con la India profunda. Apenas coches, infinidad de motos, bicis y camiones, los mendigos y las vacas me recuerdan a lugares de Uttar Pradesh y Rajastán. Tamil Nadu (tierra de los Tamiles) es la cuna de la civilización dravídica. Parece ser que las civilizaciones hindúes tempranas se desplazaron al Sur en el 1500 A.C. Madurai fue descrita como la Atenas del Este. En el 302 A.C. Megasthenes llegó aquí y describió a su reina Pandai como &#8220;una hija de Herakles &#8220;. El geógrafo Romano Strabo se quejó de que las sedas, perlas y especias de esta ciudad estaban invadiendo Roma y arruinando a los proveedores locales. La dinastía de los Pandayas levantó el templo de Sri Menashki. Cada día cruzan sus puertas entre diez y quince mil personas, los viernes 25.000. Sus poojas y ceremonias se remontan a los tiempos del antiguo Egipto. El mercado está muy cerca del templo. Madurai es objeto de un extraordinario número de mitos. Sus orígenes vienen de cuando Indra, el rey de los dioses, se bañó en un estanque sagrado y adoró a Shiva. Al escuchar esto el rey de la dinastía Pandaya, Kulaskerharia mandó edificar un templo en este lugar e instaló un Shivalingam alrededor de la cual la ciudad creció. Madurai viene de la palabra tamil Madhuram que significa dulzura. Leticia en español, también significa dulzura. Según la leyenda Shiva desparramó sus enmarañados mechones de pelo sobre la ciudad rociados con armita unos cuántos, el néctar de la inmortalidad. La magnificencia bella y crepuscular de los gopuram (torres del templo), los mendigos omnipresentes implorando unas rupias, música muy hermosa en las calles con vacas y carros, bullicio perpetuo, mercado abarrotado. Cocina vegetariana riquísima, vasais, dosas&#8230; Dentro del templo hay estatuas esculpidas en piedra de los poetas celebrados de Tamil Nadu desde tiempos antiguos, una imagen terrorífica y quizás bella, que simboliza la actual era de Kali-Yuga, mandalas con colores muy bellos, arte dravídico hermoso  y muy antiguo. Al salir del interior del templo, en el ancho patio, contemplamos atónitos a Narcís Serra (ex ministro de la guerra español, &#8220;socialista&#8221;, y “atlantista” (sinónimo de imperialista), su mujer y, probablemente, un escolta. Un buen amigo mío (nada sospechoso de ser bipolar) mallorquín y que días después, se enrolaría en el buque de la Fura Dels Baus para regresar de Taiwan a Barcelona, le espetó: &#8220;Narcís, es viu bé a India amb el sou de ex ministre del franciscà Estat Espanyol, oi què sí?” Créanse que Narcís, imperturbable y alelado, no nos dijo nada y buscó la salida. Ni siquiera saludó a las chicas, españolas ellas&#8230; ¿Tan mal educada es la clase política?</p>
<p><span style="color: #000000;"><em><br />
</em></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><em> (1) Transcribimos unas reflexiones de Joan Mascarò extraídas de  su libro “La Creació de la Fe” (Ed. Moll). Una determinación absoluta es muy silenciosa: los movimientos de la mente se detienen. No hay miedo, ni excitación, ni cólera. Hay sensación de quietud y unidad interior.<br />
El orgullo, la agitación, el miedo y la ira no existen. Hay un estado de alerta curioso y la mente parece más despierta que de costumbre.<br />
(2) Smoking es la marca conocida de una empresa dedicada a la producción de papel de fumar. Hace algunos años se descubrió mediante el análisis de las aguas del rio Llobregat (Barcelona) que esta empresa utilizaba productos prohibidos y tóxicos. Llamo a los que todavía fumen y usen este producto a boicotearlo.<br />
(3) Diálogo en inglés traducido al castellano.<br />
&#8220;Señor, no soy un turista rico, sólo tengo 200 rupias.&#8221;<br />
&#8220;Vale, dámelas y lárgate.&#8221;<br />
&#8230;&#8230;.</em></span></p>
<p><em>&#8220;No señor, no queremos ningún recibo. El está bromeando&#8230;&#8221;</em></p>
<p><em>(4) El Profeta Muhammad es anunciado en la Biblia (buscador webislam.com). Recomendamos también consultar: “EL mensaje liberador del Islam” (vídeo) www.musulmanesandaluces.org. y “Harun Yahya Una Invitación a la Verdad”.<br />
En ese momento también desconocíamos la reveladora anécdota que empujó a Anselm Turmeda a dejar Mallorca, convertirse al Islam y viajar a lo que hoy es Túnez. Con posterioridad la Iglesia Católica intentó por todos los medios que volviera.</em></p>
<p><em>(5) 2 Bhagavana Sree Narayana Gurudev. Satchidanda Swami Guru Pranaman Books 26.</em></p>
<p><em> </em></p>
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		<title>Camino de Santiago</title>
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		<pubDate>Wed, 26 May 2010 08:00:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rafael Vives</dc:creator>
				<category><![CDATA[Viajes]]></category>
		<category><![CDATA[Espiritualidad]]></category>

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		<description><![CDATA[Camino hacia uno mismo]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/05/girl.png"><img class="size-full wp-image-6935 alignleft" title="girl" src="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/05/girl.png" alt="" width="300" height="457" /></a>Y en un momento dado, sin ser quizá conscientes de cómo ni porqué sucede, empezamos a absorber. Absorbemos cada paso, cada cambio de superficie, cada campo, cada animal, cada persona y cada vetusto edificio de aquellas minúsculas poblaciones que no aparecen en los grandes mapas. Nuestra cabeza se ha vaciado y convertido en una esponja virgen a empapar con todo lo que encontramos a lo largo del Camino. Es una sensación indescriptible. Un vaciado natural del pozo oscuro de la memoria. Un volver a empezar humilde pero tan gratificante que comenzamos a avanzar envueltos en una sonrisa.</p>
<p>No sabría decidir si el Camino nos cambia o sólo deja aflorar la humanidad que reposaba latente, a veces no requerida en un mundo superficial y ajetreado. Pero de alguna forma, como un imán de altruismo, nuestro recorrido nos presenta, jornada a jornada, grados de generosidad que ya no olvidaremos. En un contexto así, mezcla de reto, dificultad y descubrimiento, todos avanzamos bajo un designio común. Así, desaparece el concepto de desconocido pues cada nueva cara se convierte en un conocido al que aún no habíamos encontrado. De ahí valores como el compañerismo, la ayuda incondicional y la gratitud que se convertirán en el mejor regalo de este viaje.</p>
<p><a href="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/05/church.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-6934" title="church" src="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/05/church.png" alt="" width="300" height="457" /></a>Relativizar consiste en atenuar la importancia de las cosas. El Camino, de un modo tan natural como firme, se encarga de ello. Tensiones y dificultades de nuestra mochila inicial, la que no pesa en la espalda sino en la cabeza y en la naturaleza etérea que algunos llaman alma, van menguando, esparciéndose por el suelo con cada paso. La introspección obligada se convierte en una efectiva terapia que nos obliga a discernir entre lo que realmente es estructural y lo que sólo es accesorio. Aprendemos de nosotros mismos, de lo que somos y de lo que deberíamos ser. Reestructuramos necesidades y valores y, de alguna forma, mejoramos.</p>
<p>Sucumbimos felizmente ante el paisaje y el mosaico de gentes que éste nos depara. La variedad y la riqueza de lo que experimentamos nos abre los ojos y nos obliga a mimetizarnos con un universo excepcional e inexplorado. Con una sinceridad incuestionable, agradecemos y compartimos la humildad de las gentes de cada lugar y la existencia de cada árbol o animal que se cruza en nuestro camino. Cada uno de ellos nos da una pequeña lección. Cada río, bosque, viñedo o paisaje de montaña nos oxigena, conectándonos a un entorno del que, aunque lo desconocíamos, descubrimos con satisfacción que formamos parte.</p>
<p>La experiencia es, en toda su acepción, intensa. Debemos aprender a saborear todo momento y lugar para llegar a reconocer miles de instantes de verdadera magia. Debemos olvidar la prisa y dejar que nuestro cuerpo se dosifique. Así veremos, jornada a jornada, como las piernas se adecuan a la dureza del recorrido, nuestra espalda se acostumbra al peso del equipaje y cuerpo y mente se abandonan al sueño sin mayor problema cada noche en un nuevo pueblo o ciudad sobre una litera, cama o estera diferente. Simplemente, aunque al principio lo dudábamos, a medida que avanzamos, todo fluye.</p>
<p><a href="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/05/backpacker.png"></a>Al llegar a la Plaza del Obradoiro nos invade una riada de sentimientos opuestos. Por un lado la explosiva felicidad de haber superado el reto y por otro el ligero pesar por el final de la aventura, por la conclusión de un nómada día a día al que nos habíamos gustosamente acostumbrado. Recordaremos con nostalgia cada vivencia, cada saludo y cada despedida. Guardaremos en la retina las miles de postales que nuestra mirada ha fotografiado y retendremos los sabores y olores de cientos de pueblos. Con cuidado, lo alojaremos todo en un lugar privilegiado de la memoria. Y al volver a casa, soñaremos con repetirlo.</p>
<p>Fotos: <a title="web white studio" href="http://www.whitestudio.es/" target="_self">Javi de Esteban.</a></p>
<p><a href="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/05/backpacker.png"><img title="backpacker" src="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/05/backpacker.png" alt="" width="300" height="438" /></a></p>
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		<title>Buenos Aires (II): el arte sigue vivo</title>
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		<pubDate>Fri, 21 May 2010 08:00:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Natalia Blanes</dc:creator>
				<category><![CDATA[Viajes]]></category>

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		<description><![CDATA[El tango me atrajo hacia Buenos Aires. Lo vi vivo, sin edad, en la sala La Viruta del Centro Cultural Armenio, donde cualquiera puede ir a mirar o a aprender. También lo vi ajado y nostálgico, en la Confitería Ideal, donde la música sonaba tan rayada como el suelo, de puro uso. Lo viví intensamente [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/05/Buenos-Aires-8_top.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-6883" title="Buenos-Aires-8_top" src="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/05/Buenos-Aires-8_top.png" alt="" width="650" height="488" /></a></p>
<p>El tango me atrajo hacia Buenos Aires. Lo vi vivo, sin edad, en la sala <em>La Viruta</em> del Centro Cultural Armenio, donde cualquiera puede ir a mirar o a aprender. También lo vi ajado y nostálgico, en la <em>Confitería Ideal</em>, donde la música sonaba tan rayada como el suelo, de puro uso. Lo viví intensamente en un concierto de tango lunfardo, interpretado por el grupo <em>34 Puñaladas</em>, en el alternativo e interesantísimo <em>Centro Cultural Konex</em>, en pleno barrio judío, muy cerca de la casa de Carlos Gardel. Y lo rechacé en el legendario barrio de La Boca, donde jóvenes bailarines intentaban sacar los cuartos a los turistas danzando y posando para ellos con un clavel en la boca y los trajes deshilachados. Porque La Boca tiene dos caras. Una es la que sale en las guías turísticas, que se limita a las dos calles de postal de Caminito. La otra es la real. La de la miseria y los problemas sociales que te cuentan sus vecinos si les preguntas. La del Riachuelo infestado por los vertidos industriales y fecales de décadas de desconsideración, donde ver un animal posado en un neumático flotante puede ser el pequeño milagro del día. No me extraña que esta ciudad alumbrara el tango.</p>
<p><strong><a href="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/05/Buenos-Aires-10_inside.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-6878" title="Buenos-Aires-10_inside" src="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/05/Buenos-Aires-10_inside.png" alt="" width="400" height="300" /></a>Cafés, teatros y librerías</strong></p>
<p>Para quien viene de fuera es una gozada que exista la Avenida Corrientes, donde hallé los grandes teatros, cines y librerías de toda la vida en plena forma. Incluso algún café, como el <em>Gato Negro</em>, que tiempo ha acogió a grandes de las letras y las artes, aunque hoy acoja sobre todo a señoras de bien y botes de especias de todo el mundo. Para encontrar algo del efluvio literario-artístico de antaño, probé también el <em>Café Tortoni</em> y el <em>London</em>, ambos cerca de la archiconocida Plaza de Mayo. Ambos un acierto porque te transportan a otra época y otro estado mental, si te dejas. Como, si lo buscas, puedes acabar también paseando por el barrio de San Telmo, donde viven muchísimos artistas que venden su obra en la calle, especialmente los domingos, cuando también es posible escuchar tantos estilos de música a la vez como manzanas tiene la barriada.</p>
<p>No muy lejos de San Telmo se encuentra Puerto Madero, sello del lujo y la vanguardia arquitectónica de la capital argentina. Cruzando esta zona llegué a la Reserva Ecológica Costanera Sur. Es un enorme parque natural que, tras años de acecho de los especuladores, finalmente ha sido protegida y se ha asilvestrado de nuevo. Da cobijo a una rica fauna avícola. Sin embargo, aún hay desaprensivos que, de tanto en tanto, incendian alguna parte de la reserva para ver si cuela algún proyecto urbanístico por ahí. De momento, aún sobrevive. Y es de los pocos sitios de la ciudad donde se puede dar una larga vuelta en bicicleta. Espero que también exista aún el <em>Mercado de Bien Común</em>, en Palermo Viejo, una iniciativa de economía solidaria, comercio justo y ecología impulsada por cooperativas rurales. El ecologismo no sobra en Buenos Aires. Pero me sobran razones para volver allí.<a href="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/05/Buenos-Aires-4_inside.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-6877" title="Buenos-Aires-4_inside" src="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/05/Buenos-Aires-4_inside.png" alt="" width="400" height="300" /></a></p>
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		<title>Buenos Aires (I): la huella porteña</title>
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		<pubDate>Fri, 21 May 2010 08:00:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Natalia Blanes</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Apenas llevaba unas horas en Buenos Aires cuando, mientras intentaba despojarme de los efectos del cambio horario y térmico sobrevenido, una persona se acercó a la mesa de la terraza del bar de Palermo Soho en el que me encontraba y, tras intercambiar un par de impresiones livianas, me pidió amablemente si se podía sentar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/05/Buenos-Aires-11_inside.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-6888" title="Buenos-Aires-11_inside" src="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/05/Buenos-Aires-11_inside.png" alt="" width="375" height="281" /></a>Apenas llevaba unas horas en Buenos Aires cuando, mientras intentaba despojarme de los efectos del cambio horario y térmico sobrevenido, una persona se acercó a la mesa de la terraza del bar de Palermo Soho en el que me encontraba y, tras intercambiar un par de impresiones livianas, me pidió amablemente si se podía sentar a mi lado para charlar un rato. Y eso hicimos. Conversamos sobre Argentina, sobre España, sobre libros, amigos y familia, sobre la Historia y otras historias particulares… Se despidió dejando abierta una invitación a un café en otra ocasión durante mi estancia en la ciudad, simplemente para volver a charlar.  Cuando llegué a Buenos Aires este tipo de comportamientos entraban aún para mí en la categoría de “ligoteo”, sin más. Cuando regresé a Mallorca un mes después, me llevé pegado a la memoria ese y otros encuentros similares porque me habían enseñado que vale la pena perder el miedo a los extraños y dedicar tiempo a las relaciones humanas desinteresadas.<a href="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/05/Buenos-Aires-12.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-6890" title="Buenos-Aires-12" src="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/05/Buenos-Aires-12.png" alt="" width="400" height="300" /></a></p>
<p>Mucha gente con la que la vida me cruzó durante mis días en la capital argentina dejó en mí un poso imborrable. Para no aburrir, añadiré sólo la mención al sastre Jorge Williams, vicepresidente de la Asociación Latinoamericana de Modistas, un loco artista de las telas que se considera una especie de Dalí austral. Topé con él por casualidad. Más bien, por curiosidad, al quedarme parada ante el escaparate de su local en el barrio de Palermo Nuevo, al norte de la ciudad. Le pedí una foto y me regaló la historia de su vida. El septuagenario seguía entregado a su pasión: la confección artesana de trajes masculinos con telas de coloridos y estampados imposibles. Me confesó que hoy en día ya nunca vende ninguno, que sólo se los pone él porque nadie tiene el coraje de lucirlos. Pero su taller de la calle Lafinur sigue abierto porque es también lugar de encuentro con los amigos de toda una existencia.</p>
<p><strong><a href="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/05/Buenos-Aires-6.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-6887" title="Buenos-Aires-6" src="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/05/Buenos-Aires-6.png" alt="" width="400" height="533" /></a>De las aceras y la Psicología</strong></p>
<p>Cuando pisas Buenos Aires por primera vez te asaltan, literalmente, las aceras rotas, rotísimas, en todos los barrios. Una vez te acostumbras a andar sobre ellas, puedes elevar la vista y reparar en los edificios que la pueblan. A ratos puedes tener la impresión de estar paseando por una urbe mezcla de París, Roma, Madrid y Barcelona, barnizada por una decadencia encantadora. Quizá sea fruto de la crisis, o las sucesivas crisis que han castigado al país. Desde luego, su efecto aún se nota en la inflación galopante y en otros detalles curiosos, como la falta de monedas. Muchos establecimientos, sobre todo los pequeños, dan caramelos en lugar de monedas para devolver el cambio a sus clientes. Puede que circunstancias como esta hagan que los porteños conserven su fina ironía y su afición por la Psicología, la Psiquiatría y afines. De hecho, en los kioscos se vende <em>Actualidad Psicológica</em>, una publicación periódica especializada. La misma crisis puede ser la razón que explique la proliferación de nuevos oficios en las calles bonaerenses: paseadores de perros profesionales y cartoneros. Estos últimos son, en gran parte, indios venidos de suburbios y zonas rurales muy pobres que se dedican a recoger y revender cartones por una miseria. Cuentan que una joven india cartonera fue descubierta por una agencia de modelos que la hizo rica y que, desde entonces, otras muchachas de la calle se arreglan mucho cada mañana por si se repite la suerte. Por cierto, 9 de cada 10 porteños se despiden al grito de “¡Chau, suerte!”.<a href="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/05/Buenos-Aires-1.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-6886" title="Buenos-Aires-1" src="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/05/Buenos-Aires-1.png" alt="" width="400" height="300" /></a></p>
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		<title>Turismo de masas vs. Turismo Responsable.</title>
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		<pubDate>Tue, 11 May 2010 08:00:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier Tejera</dc:creator>
				<category><![CDATA[Portada]]></category>
		<category><![CDATA[Tierra]]></category>
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		<description><![CDATA[¿Alguna vez has bajado a comprar el pan y te has encontrado de frente con un grupo de 50 jubilados en viaje del Imserso sitiando literalmente el portal de tu casa? ¿Has intentado dar un paseo por una avenida de tu barrio y te has encontrado con algo más parecido a una cabalgata de carnaval que a otra cosa? Si vives en el centro de Barcelona, no sólo te habrá pasado más de una vez, sino que puede que estés más que acostumbrado. Y quién dice Barcelona, dice muchas otras ciudades de la geografía española, europea y mundial, cuyos habitantes tienen que lidiar día a día con la industria limpia más contaminante de nuestro tiempo: el turismo de masas.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/05/Turismo1.png"><img class="aligncenter size-medium wp-image-6507" title="Turismo1" src="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/05/Turismo1-300x128.png" alt="" width="300" height="128" /></a></p>
<p>¿Alguna vez has bajado a comprar el pan y te has encontrado de frente con un grupo de 50 jubilados en viaje del Imserso sitiando literalmente el portal de tu casa? ¿Has intentado dar un paseo por una avenida de tu barrio y te has encontrado con algo más parecido a una cabalgata de carnaval que a otra cosa? Si vives en el centro de Barcelona, no sólo te habrá pasado más de una vez, sino que puede que estés más que acostumbrado. Y quién dice Barcelona, dice muchas otras ciudades de la geografía española, europea y mundial, cuyos habitantes tienen que lidiar día a día con la industria limpia más contaminante de nuestro tiempo: el turismo de masas.</p>
<p>En épocas de crisis como la actual, el turismo se presenta como la solución a todos los males. Se trata de un instrumento generador de empleo y riqueza, dicen unos, o de eliminación de las desigualdades sociales y económicas, dicen otros. En muchos casos, nada más lejos de la realidad, ya que la industria turística se convierte en un agente destructivo, colonizador y que sólo produce beneficios para unos pocos. La razón es que los destinos cambian su naturaleza y dan un giro de 180º con tal de satisfacer las necesidades del turista, por encima de las de la población local. El objetivo es atraer más y más turistas, priorizando las cifras por encima de la búsqueda de un término medio entre todos los que participan en él.</p>
<p><a href="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/05/turismo31.png"><img class="alignright size-medium wp-image-6510" title="turismo3" src="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/05/turismo31-206x300.png" alt="" width="206" height="300" /></a></p>
<p>El problema radica en que, en la mayoría de casos, la realidad turística dista mucho de la realidad cotidiana del que vive en el lugar de forma permanente. El turismo, en realidad, no debería mirarse como el enemigo, sino como una forma de obtener una vida mejor, buscando una sostenibilidad posible desde el punto de vista social, económico, medioambiental y cultural.</p>
<p>Pero al final, lo que tendría que convertirse en una oportunidad de progreso para todos, acaba por transformarse en un arma de doble filo. Desde la perspectiva del que recibe, puede provoca rechazo social por tener que sufrirlo todos los días. Muchos antropólogos relacionan esta “turistofobia” con el rechazo que igualmente se suele manifestar hacia los inmigrantes. Todo lo que tenga que ver con los cambios o con la novedad suele estar mal visto y, en este contexto, se puede relacionar igualmente al turista y al inmigrante como un intruso que viene a trastocar el orden normal de las cosas.</p>
<p>Desde la perspectiva del que visita, la visión no es más alentadora. Que el turismo tradicional de masas refuerza los estereotipos es algo que queda fuera de toda duda. En la mayoría de casos, los destinos y los lugares que visitamos se han convertido en productos hechos a la medida de lo que busca el viajero, empujado a su vez por motivaciones creadas en torno a estos productos prefabricados. Algo así como un círculo vicioso, en donde los estereotipos se refuerzan en tres vertientes: el de las agencias y tour operadores, que buscan atraer a la mayor cantidad de turistas posible; el los propios turistas, que no se molestan en integrarse y descubrir la realidad del destino en el que se encuentran; y, por último, el la propia población local que, bien por imposición o bien por necesidad, acaban asumiendo ciertos comportamientos y costumbres como propias. Sólo tenemos que ver la cantidad de sombreros mejicanos que llevan turistas anglosajones por toda España, para darnos cuenta de que algo está fallando. Realmente, ¿ese es el tipo de turismo que queremos promover?</p>
<p>El problema es que todo va demasiado rápido. Vivimos en la era de la velocidad, el mundo se mueve con más rapidez que nunca y el sector turístico no ha sido una excepción. La evolución de la capacidad de alojamiento en las Islas Baleares en los últimos 19 años es una buena prueba. De los 1.674 establecimientos hoteleros y extrahoteleros y las 229.000 camas con las que contaba el archipiélago en 1980, se han pasado a los 2.623 establecimientos y casi 423.000 camas en 2009. La mayoría de estos establecimientos están situados en zonas costeras, a pesar de que hablamos de un territorio de reducidas dimensiones, pero al final es un fiel reflejo de que el binomio turismo-construcción siempre ha ido muy de la mano, sobre todo en la última década. Como ejemplo, un dato que no deja lugar a las dudas: entre 2000 y 2005 se ha construido en España el 25% del total de los últimos 2.000 años, y no hace falta sino echar un vistazo a la mayoría de destinos españoles de costa para ver una muestra de ello.</p>
<p>¿A dónde puede parar este crecimiento desmedido? Volvemos a la disyuntiva calidad vs. cantidad, ya que de alguna manera se tiene que mantener en niveles aceptables la ocupación de la gigante planta hotelera con la que contamos en la actualidad. Y más teniendo en cuenta la estacionalidad de la oferta en nuestro país que, exceptuando Canarias y su benigno clima, sólo dispone de la mitad del año estival y primaveral para atraer al grueso de visitantes. La consecuencia, en muchos casos, es una guerra de precios que dificulta cualquier atisbo de giro hacia un turismo de mayor calidad y en donde prima llenar los hoteles por encima de cualquier otro aspecto. Así, no es nada complicado encontrar por Internet ofertas para estancias, con pensión completa en plena costa, por 20€ por persona y día. Si con ese precio hay que dar de desayunar, comer y cenar, además de la habitación, ciertamente queda poco margen de beneficio y, menos aún, cantidad alguna para reinvertir en la renovación del hotel o en la mejora de la calidad de vida en el destino.</p>
<p>Pero, ¿está todo perdido? Desde luego que no. Igual que en otras actividades el ser sostenible o no depende de medidas a nivel sectorial y corporativo, en el mundo del turismo se ha de apelar más a la responsabilidad del propio turista a la hora de viajar, dando ejemplo allá donde vaya. En contraposición a las cámaras de fotos, los paquetes turísticos encasillados, las pulseritas del todo incluido o las visitas programadas hasta el último minuto, se trata de fomentar una perspectiva mucho más romántica del concepto de viajar y de hacer turismo. Algo que recuerde a esos antiguos viajeros que se lanzaban a descubrir el mundo, mochila a la espalda, descubriendo nuevos destinos, integrándose en sus costumbres, palpando centímetro a centímetro y convirtiéndose en uno más del lugar, sin prisa pero sin pausa. Un concepto que dista mucho de lo que solemos estar acostumbrados hoy en día en gran parte del mundo.</p>
<p>En realidad, está en nuestras manos cambiar el rumbo de las cosas. El viaje responsable, como forma de crecimiento personal y de integración, como una inmejorable oportunidad de conocer culturas diferentes a la nuestra, debe ser el eje en torno al que se desarrolle un turismo mejor y más sostenible con los destinos y ecosistemas donde se desarrolle. Si desechamos los paquetes cuadriculados y las ofertas baratas que sólo buscan convertirnos en un número más que engorde la cifra, cambiando así los hábitos del consumidor, la oferta no tendrá más remedio que adaptarse si no quiere perder irremediablemente cuota de mercado. Sólo entonces podremos hablar del turismo como un verdadero elemento generador de riqueza, no sólo económica, sino también personal, social, cultural y medioambiental.</p>
<p>Más información:<a href="http://www.ecotumismo.org/">www.ecotumismo.org</a></p>
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		<title>Slow Travel: Un paseo por Florencia</title>
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		<pubDate>Thu, 01 Apr 2010 09:00:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Xisco Fuster</dc:creator>
				<category><![CDATA[Recomendaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Viajes]]></category>
		<category><![CDATA[Arte]]></category>

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		<description><![CDATA[Pronto mi amiga y yo aprendimos a frenar. A comprender que, si lo sabes dominar, el día es dócil. Sólo debes ir a su ritmo.
Alojados en un bed &#038; breakfast, a las afueras de Florencia, nuestra habitación contaba con vistas a la cúpula de il Duomo. La ciudad es arte en sí misma, más allá de sus museos, se derrama en las calles y en los campos. ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El turista que acude a Florencia no puede dejar de visitar il Duomo, cruzar el Ponte Vechio, o deleitarse con lo que rodea la Piazza de la Signoria: el Palazzo Vecchio, la galería de los Uffizi con en Nacimiento de Venus de Botticelli colgada en una de sus salas o la réplica del David de Miguel Ángel frente al Pórtico dei Lanzi.<a href="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/03/ponte_vechio.jpg"><img class="derecha size-medium wp-image-5653" title="ponte_vechio" src="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/03/ponte_vechio-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a><br />
Del mismo modo que en Palma un día lluvioso, en Florencia hay turistas por todos lados. Cuando el sol luce esplendoroso también. Turistas. Colas en las taquillas de la Galería de los Uffizi y en la entrada. Grupos frente a la escultura de Neptuno con los sátiros y las ninfas a sus pies. A todas horas turistas. Grupos de japoneses siguiendo a guías señalizados a sí mismos con antenas a las que han atado en su extremo un pequeño pañuelo. Turistas españoles, británicos, alemanes, norteamericanos, australianos. Turistas suecos rodeando el punto que marca el lugar exacto donde en 1498 fue ahorcado y quemado Savonarola, el inventor de la hoguera de las vanidades. Turistas frente al gran Hércules, con Cacus a sus pies. Tanto turista. Recuerdo a una mujer que lucía con orgullo una camiseta donde se leía: “I’m not a tourist”. Yo, también, traté de aislarme; fui tomando apuntes:<br />
“Hace tres días que estoy de vacaciones. Mi amiga y yo llevamos la mañana entera callejeando por las calles de Florencia. Ella ha leído esa palabra en una guía turística. Callejear. Así que callejeamos. Para arriba y para abajo. Llevamos tres días callejeándolo todo. Una calle y su paralela. Y las perpendiculares que las unen. Calle arriba, campanario arriba, edificio arriba, calle abajo, escaleras abajo, callejuela abajo. ¡Yo no sé dónde me encuentro!, suelta ella una y otra vez”.<br />
Pronto mi amiga y yo aprendimos a frenar. A comprender que, si lo sabes dominar, el día es dócil. Sólo debes ir a su ritmo.<br />
Alojados en un bed &amp; breakfast, a las afueras de Florencia, nuestra habitación contaba con vistas a la cúpula de il Duomo. La ciudad es arte en sí misma, más allá de sus museos, se derrama en las calles y en los campos. Nos movíamos en moto, surcando el aire de Florencia, un detalle de libertad, ajeno al metal carcelario del automóvil, trenzando un paseo entre sus puentes. Y un aperitivo antes de comer.<br />
<a href="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/03/Foto0531.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-5654" title="Foto0531" src="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/03/Foto0531-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>En la Casa del Vino, enoteca antigua junto al mercado de San Lorenzo. Gianni, muy elegante, nos atiende como si fuera nuestro tío. Los rayos de sol se cuelan hasta el mostrador del fondo en el que la que parece su mujer prepara paninis con anchoas, y diferentes quesos y tomates secos. Italia no era como la había imaginado. El italiano es educado, gentil, desenfadado. Dentro y fuera de la ciudad.<br />
Dentro y fuera, el ciprés es un señor en la Toscana. En una excursión a Siena, montados en nuestra moto, con las bufandas coleteando al viento, topamos con un bosque de cipreses. Ni tan sólo había imaginado que pudiera existir un bosque de árboles que normalmente se encuentran solos. Y tristes. ¡Un bosque de cipreses! Enormes.<br />
Visitamos San Gimigliano, un pueblo detenido en la Edad Media. Yo, que leía a Shakespeare en las horas muertas, pude localizar perfectamente en ese pueblo cómo sería la casa de Romeo, la de Julieta, las calles en las que se baten a espada los Montesco y los Capuleto. Y otra cosa que me llamó mucho la atención: las torres despuntando más allá, mucho más allá de los tejados. Torres sin ventanas. La familia más poderosa había levantado su torre más alta, más alta que la del vecino. Las torres de la vanidad, yo las llamé así, riéndome, pensaba que esos medievales estaban locos. No percibí que hoy en día&#8230; también estamos locos.<br />
Una moto es la mejor idea para ir, venir e impregnarse del efluvio perfumado de enjambre de flores blancas que flanquean las autopistas de la Toscana, para trazar con plácido esmero la línea estrecha de las carreteras que atraviesan las hondonadas vestidas de vides y de cebada. Y, en la ciudad, el vehículo sin cristales es ideal para jugar a tantear los dientes de león (fiori de gelso según tío Gianni) que revolotean empachados de antojos alrededor del río Arno cuando sopla la brisa.<br />
A mediodía la ciudad parece reposar. Quizá para recuperar la forma. Más tarde, cuando oscurece, numerosos bares ofrecen música, una copa de vino y picoteo, pero picoteo de verdad (cous cous, arroces, pinchitos, rebozados, todo muy cuco, cuanto quieras) por siete euros. La excusa perfecta para tomar un vino, cenar y entretenerte con los amigos. ¡Lleno de gente! Más tarde, por la noche nos encantaba meternos en una librería con bar donde se representaban números poéticos los martes y musicales los lunes, o se bailaba tango los jueves, todos los días organizaban un espectáculo artístico.<br />
Tanto que ver y que sentir, no cabe todo en 1000 palabras. No he hablado del David de Miguel Ángel, ni de il Duomo, <a href="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/03/Foto0475.jpg"><img class="derecha size-medium wp-image-5655" title="Foto0475" src="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/03/Foto0475-224x300.jpg" alt="" width="224" height="300" /></a>edificio coronado en uno de los extremos con una majestuosa cúpula de cuarenta y cinco metros de diámetro rematada con una linterna que llega a los cien metros de altura. No he hablado de la Galería de los Uffizi. De los candados sujetos a una reja que los amantes abandonan seguros de su relación en el centro del Ponte Vechio. No he hablado de la cantidad ingente de adolescentes norteamericanos que llenan la ciudad como premio a su graduación, ni de las puestas de sol sobre el río Arno vistas desde la escalinata de la Piazza Michelangelo. No he hablado del jardín con cientos de especies de rosas. Ni de que Leonardo da Vinci vivió allí desde los 14 años. Tampoco he hablado de Stendhal, quien supo describir el síndrome de la locura que produce la belleza tras visitar la basílica de la Santa Croce: &#8220;Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme&#8221;.<br />
Florencia. Visítala por lo menos una vez. Mira que sea en primavera. Dante, dijo hace casi mil años, que no hay mejor paisaje que el del cielo sobre nuestras cabezas. Quizá lo dijo porque no soportaba la belleza de la ciudad en la que nació.</p>
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		<title>Slow Travel: Oporto II. El valor de las cosas sencillas</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Feb 2010 09:04:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Dani Tugores</dc:creator>
				<category><![CDATA[Recomendaciones]]></category>
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		<description><![CDATA[Comenzamos nuestro segundo día callejeando en dirección a la Ribera del Duero, bajando por la Rúa das Flores y poco a poco caemos hipnotizados por las coloridas y demacradas fachadas de las encantadoras callecitas. Teníamos un itinerario previsto pero lo olvidamos, sencillamente.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Comenzamos nuestro segundo día callejeando en dirección a la Ribera del Duero, bajando por la Rúa das Flores y poco a poco caemos hipnotizados por las coloridas y demacradas fachadas de las encantadoras callecitas. Teníamos un itinerario previsto pero lo olvidamos, sencillamente. Olvidamos el futuro sorprendidos gratamente por el pasado vivo y todavía presente en cada rincón que, exhultante, se revelaba igual que un regalo inesperado. Mi cámara de fotos saltaba de emoción tratando de captar algunos de los efluvios poéticos que aparecían como cuadros de luz a cada paso. Las mágicas calles del casco antiguo son una impensable maravilla para los sentidos. No en vano ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. <a href="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/02/Tejadinhos_web.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-5212" title="Tejadinhos_web" src="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/02/Tejadinhos_web-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a></p>
<p>Oporto es una pequeña maravilla visual para el viajero que quiera verla, que vaya con la intención positiva de apreciar su belleza dentro de tanto edificio abandonado, de calles sombrías, húmedas, de ventanas rotas y ropas tendidas, de escaparates antiguos y callejuelas torcidas, angostas, de marineros silenciosos y gaviotas surcando los tejadillos&#8230;</p>
<p>A los vetustos edificios todavía no ha llegado la compulsión consumista tan típicamente occidental de embellecerlo todo, de darle un nuevo valor, una nueva cara, una nueva imagen… En Oporto muchas cosas siguen siendo viejas, viejas, viejas. Y eso es lo que la hace encantadora y distinta. Supongo que le llegará su hora, como a otras ciudades les llegó en su día. Por eso mismo es tan romántico, por qué no, andar suavemente y ver que en sus antiguos nichos, desconchados y ruinosos, todavía viven gentes de Oporto, familias añejas, que regentan pequeños negocios a la misma Ribera del Duero… En uno de ellos decidimos reponer fuerzas y comer algo de la tierra.</p>
<p>En un pequeño local situado frente a las barcazas que surcan el río llenas de turistas. Fotos antiguas del puerto cuelgan de sus paredes (Porto-Oporto). Minúsculo restaurante familiar con fotos del Ché Guevara, del David de Miguel Angel, teléfonos y relojes antiguos, planchas de carbón, una máquina de escribir sobre el muro que da al río, una mandolina vieja para sonar viejos fados, una televisión con películas americanas subtituladas al portugués, fotos de familia y un Buddha enorme sobre las cabezas de la barra.</p>
<p>El camarero sonríe (muchos camareros sonreían en Oporto). Es un hombre de edad avanzada. Se acerca nos trae álbumes de fotos y muros de firmas. Su mujer cocina el arroz de marisco que hemos pedido. Nos lo sirven con la cazuela incluida sobre la mesa. Pasamos más de tres horas viendo llover sobre las bodegas del otro lado del río, atrapados en el cálido bienestar que se respiraba en aquel pequeño oasis, sintiendo una melancolía lejana que invitaba a recordar algo que muchas veces perdimos por el camino: el valor de las cosas sencillas…</p>
<p>Aquellos tres días en Oporto, disfrutando de cada momento, parecieron convertirse en una semana… El Tiempo se detiene cuando consigues zambullirte en la sintonía que palpita tras la piel de su misteriosa apariencia: es como una melodía sutil que te lleva…</p>
<p>Impresionante el puente de San Luiz sobre el Duero, otra pequeña y curiosa joya arquitectónica diseñada<a href="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/02/Puente-St_web.jpg"><img class="derecha size-medium wp-image-5215" title="Puente St_web" src="http://www.revistanamaste.com/wp-content/uploads/2010/02/Puente-St_web-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a> por Gustavo Eiffel, sí, el mismo de la torre parisina. Cruzarlo de noche, hasta la otra orilla, pasear por las antiguas calles de las bodegas porteñas, escuchar el silencio de la lonja, antigua, sin restaurar, como tantas cosas en Oporto. Lo viejo se mezcla a la vez con lo moderno: un complejo puzzle de restaurantes y locales nocturnos a modo de Box interrumpe el paseo y es torpe y falto de armonía, como otras tantas de las cosas modernas que hemos creado en las últimas décadas… Esos contrastes se perciben muy claramente al pasear por  la angosta Oporto.</p>
<p>No nos engañemos: también hay publicidad para móviles, señales de tráfico, parking tarifado, antenas de telefonía móvil, anuncios en las paradas de autobuses, McDonald’s, Coca-cola, centros comerciales, aberraciones urbanísticas… Pero en Oporto aún palpita lo antiguo. Lo que perdimos por el camino. La palabra que me viene al recordarlo es: humildad… Se mantiene vieja pero a la vez joven, viajando despacio en el tiempo, sin caer bajo el aparatoso engaño del capitalismo voraz y absurdo. Precisamente por esa humanidad que suscita, por su humildad.</p>
<p>Hay puntos que no hay que dejar de ver, como son todas las calles del centro, la iglesia de San Ildefonso, las confiterías típicas atiborradas de dulces artesanos, la antigua librería Lello con unos 200 años de antigüedad y el Museo de Fotografía, que es un antiguo centro penitenciario reutilizado, de lo más impresionante por su belleza. Y, sobre todo, esas iglesias embaldosadas, escondidas como pequeñas flores raras en pequeños rincones de la urbe. Cada una de ellas es un monumento precioso digno de admiración.</p>
<p>Cuando partíamos, el amable y sonriente conserje del hostal nos preguntó si habíamos disfrutado del viaje. No hizo falta decir una sólo palabra. Él, muy atento, sonrió de nuevo y nos preguntó si pensábamos volver. Al unísono respondíamos: Sí, sí, sí.</p>
<p><a href="http://www.revistanamaste.com/slow-travel-oporto-la-ciudad-que-viaja-despacio-en-el-tiempo">Slow Travel: Oporto (I). La ciudad que viaja despacio en el tiempo</a></p>
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