Slow Travel: Una visita a Auroville

Alquilamos una moto para ir a Auroville que está a 10 Km. al norte de Pondicherry. En éste lugar  Sri Aurobindo recibió amparo bajo el protectorado francés. Fue fundado en 1968 inspirado por la Madre, la esposa espiritual de Sri Auribondo y sucesora de su legado espiritual. Alrededor de 1.700 personas viven allí en comunas (dos tercios de los cuales no son indios) llamadas Sinceridad, Revelación, Transformación, etc. Está pensado para albergar a 50.000 personas. La arquitectura es experimental mezclando modernas tradiciones occidentales con elementos indios. Los beneficios vienen de la agricultura ecológica, la artesanía, la comida casera, la tecnología alternativa, las oportunidades educativas y el desarrollo de productos como una compañía de software. Auroville tiene la más alta concentración de sistemas energéticos alternativos en India, que incluye energía solar, eólica y sistemas generadores de biogás. Destaca el colector instalado en el techo de la cocina solar capaz de realizar 1.000 comidas al día. El objetivo de la comuna es la armonía. Hubo disputas entre la comuna y la Sri Auribondo Society (SAS) después de la muerte de la Madre en 1973. Rechazando la llamada de los aurovillianos para gobernarse de manera autónoma, la SAS cortó los fondos a las comunidades forzando a sus miembros a ser financieramente independientes. La tensión estalló en los 70 con irrupción de violencia en la que la policía intervino varias veces. Durante ese tiempo algunos países occidentales ayudaron a los ciudadanos de Auroville. Sin embargo, el Alto Tribunal Indio dictaminó que la fundación de Auroville pasase  la responsabilidad de la administración del asentamiento a manos de un consejo de 7 miembros con representantes del gobierno del estado, las SAS y residentes de Auroville.

Una de las acusaciones hechas a los miembros de Auroville en aquel tiempo fue que aunque Auroville era una comunidad supuestamente igualitaria el status de los indios residentes era el de trabajadores. Los aurovillianos respondieron a estos ataques subrayando la mejora de muchos miembros de las castas más bajas de tamiles que habían llegado de aldeas cercanas. Ellos habrían encontrado trabajo manufacturando textiles, en la construcción, en la compañía de software…

Artistas residentes

El primer día habíamos visitado el museo, la librería, el Baniano, un árbol de más de 150 años impresionante por su forma y la extrañeza de sus ramas y  el Matrimandri, un gigantesco centro de meditación, muy bello, galáctico y amoroso, situado en el corazón del asentamiento. Su construcción comenzó en 1970 y fue concebido como “un símbolo de la divina respuesta del hombre por la perfección”, contiene tierra de 126 países puesta simbólicamente en el lugar.

El segundo día nos adentramos con la moto por los caminos llenos de follaje, entre muchas clase de árboles que los residentes han plantado estos años. Podría ser un bosque de cualquier lugar del mundo. Los residentes se mueven por el lugar en motos o bicis, el gobierno indio tiene un centro de investigación, el Bharat Nivas y numerosos centros que se están construyendo con mano de obra tamil.

Visitamos el centro de exhibición de artistas residentes aquí. Me gustan mucho las obras de un artista llamado Louise, Lolitas divinas en una orgía de colores y mundos esbozados poéticamente que se sobreponen. En la parte de arriba veo unas postales antiguas de un par de fotógrafos que me conmueven. Compro dos y saco fotos de copias. La primera foto es de Frederic Payet. Se trata del momento en que una tormenta eléctrica en el cielo nocturno despliega arborescentes rayos. La fotografía muestra la belleza del caos, su luminosa estructura. Asistí hace años a una espectacular tormenta una noche de verano que dormí al raso y tomé LSD en Mallorca en la terraza del que fue el primer hotel de la isla, el Príncipe Alfonso. La fotografía me trae a presencia la magia y el poder visionario de aquel momento.

La otra es de un fotógrafo llamado John Stember y es una foto perteneciente a una serie sobre mujeres de Polinesia en paisajes arcádicos. La original que compré es una mujer a la que no se le ve el rostro, sólo su dorada cabellera, parece contemplar el musgo de las rocas mientras el agua fluye a través de la montaña. Atrás, el instante suspendido del agua de la cascada detenida en el vacío, blanquísima como la leche, símbolo de conocimiento en muchas tradiciones. A la izquierda, un árbol bellísimo, quizás un cerezo ligeramente inclinado sobre el agua. Sublime…

Los jardines de Buda

Priya vino a Auroville hace cerca de 12 años con sus 2 hijas Emma y Raquel que ahora están estudiando en Inglaterra. Antes de venir a Auroville ella vivió en Malasia, Yemen y Malawi. Durante 18 meses ella vivió en una granja cerca de Kodaikanal, en Tamil Nadu. Allí su interés por la agricultura orgánica se despertó. Le llevó 5 años conseguir los terrenos para plasmar  los jardines de Buda que visitamos con placer.

Samasundarum se unió al proyecto de los jardines. Vino de Aspiración, otra comunidad de Auroville. Desde que llegó a Auroville, trabajó como profesor en varias escuelas de Auroville, y luego se dedicó a traducir artículos de Sri Aurobindo y la Madre. Llegó un momento en que sintió la necesidad de hacer un trabajo físico y primero trabajó en los jardines de rosas de Matrimandri y luego se unió al proyecto de los jardines de Buda.

Hay muchos proyectos autonómos en Auroville como los mencionados  jardines, huertos ecológicos que reparten los productos mediante el intercambio o la venta.

Algunas casas son chozas altas a las que se accede por unas escaleras de madera. Parecen bastante espaciosas. A veces hay huertos alrededor de ellas. También hay construcciones de estilo europeo.

Para ser residentes, los aspirantes deben vivir los dos primeros años en las Guests Houses cercanas, cubriendo ellos mismos sus gastos, y trabajando para la Comunidad un mínimo de cuatro horas en un trabajo previamente consensuado que sea útil a Auroville y siempre “sirviendo a la divina conciencia “. Pasado ese tiempo, si su residencia ha seguido siendo Auroville, puede entregársele una vivienda siempre y cuando se integre y sirva a la comunidad. Si un niño nace en Auroville o los padres se instalan con la criatura aquí pasan a ser miembros de pleno derecho…

La occidentalización de la India

Tres días no son suficientes para saber si existe la utopía (literalmente aquello que no ha tenido lugar). En todo caso que haya gente persiguiéndola, hombres libres y mujeres que no disocian la acción del pensamiento y que busquen la libertad desde una responsabilidad integral con su propia tierra y las actividades que se proyectan en ella, ayudan a mantener viva la llama. Aunque me desazona tener que escribir que bastantes occidentales con años de residencia en India -tanto en el norte como en el sur-, me han mostrado su desencanto y preocupación por la progresiva “americanización” de muchos “santuarios ” de India, Auroville entre ellos. Muchos ex- aurovillianos viven o viajan a través de Gokarna, Goa, Hampi, Bali, Nepal, Varanasi y otros lugares. Esta occidentalización de India viene impulsada por los media, principalmente por el Satán televisivo (actualización del demonismo hindú sobre el que escribiera Claudel) que se ocupa y “preocupa” de 350 millones de burgueses, condenando a otros 800 al ostracismo. La imitación de las potencias neocoloniales es visible en muchos aspectos. Uno de ellos es el desgraciado aumento del consumo de alcohol entre los nativos con todos los terribles problemas que conlleva. Quizás el más obvio sean los fatales accidentes de tráfico, numerosísimos. Otro más solapado sea el deterioro de la salud espiritual de los consumidores de alcohol indios. En mi opinión, lo más sagrado que tiene India. La luz de sus gentes, de sus niños y niñas, de sus hombres y mujeres, y muy especialmente, de sus mayores. Lo que más me duele cuando leo prensa india son las desapariciones de niños.

El astronómico, desproporcionado gasto militar y las pésimas relaciones del establishment político indio con sus vecinos (exceptuando Sri Lanka) se deben a la trágica influencia norteamericana a través de la imitación de los modos y modelos imperiales radicalmente opuestos a la herencia espiritual de la India

Slow Travel: Oporto (I). La ciudad que viaja despacio en el tiempo

Mecidos por una suave brisa llegamos a la bella Oporto con la idea de pasar un fin de semana largo. Del Aeropuerto al centro viajamos en un metro que no parecía tal, a pesar de su modernidad y reciente construcción, sólo la vista desde los ventanales del vagón ya invita a sonreír de otra manera, a la vez que va introduciéndote en la atmósfera tan especial que atesora éste dulce caramelo que duermevela a la Ribera del Duero, al norte del país, entre viejos muros, viejas miradas, viejas melodías, como fados lejanos que trasladan al visitante hacia un universo sorprendente y cautivador. Quizás la primera impresión que causa Oporto sea esa: Viejo…Recortada2_web

Saliendo ya por la estación de Trindade lo primero que encontraron nuestros ojos fueron las vetustas paredes y los primeros de muchos campanarios que se ocultan entre las callejuelas de la ciudad como tesoros incrustados. Arrastrando las maletas avenida abajo en busca de nuestro pequeño hostal, pasamos por delante del majestuoso edificio del ayuntamiento y nuestra mirada ya pasa de la monotonía al creciente asombro. Seguimos calle abajo por la “Avenida dos Alliados” ya con el despertar de la ilusión sana e infantil por el escenario que se descubre ante nuestro mudo asombro. Y es que, como veríamos el último día, aquella avenida apenas sí había cambiado en los últimos 200 años…

Damos un par de vueltas para encontrar las habitaciones que teníamos ya reservadas, pero no es por la dificultad de encontrarlo. Se trata más bien de nuestra perplejidad ante las joyas antiguas que son sus edificios y que la ciudad exhibe sin apenas esfuerzo, ni alarde alguno, lo que le da todavía un toque más personal, más auténtico…

Llegamos por fin al Hostal du Cinema, frente al gigantesco Teatro Rivoli que tiene en cartel una función del Mago de Oz. Nosotros ya recorremos las calles emocionados por el espectáculo de luces, colores y texturas tan distintas a las que conocemos. Todo tiene encanto. Cada rincón, cada esquina, cada vez que giramos el cuello nuestras miradas se salen de sus órbitas para gravitar en un espacio poético, con un rezagado aroma bohemio. Al principio es difícil llegar a captar ésta esencia que flota en todo el casco antiguo con una delicadeza sutil que se mantiene semi-eterna como un espíritu a lo largo de tantísimos lustros. Se nota en sus muros, en sus fachadas irrepetibles, ventanucos rotos, edificios grises y amarillos, baldosas de todos los colores, muchas azules, algunas verdes, unas con relieve, otras pintadas con delicadeza… Todo habla de otro tiempo, de otra manera de vivir el presente…

Por suerte para nosotros hay un concierto de Rodrigo Leao en el Coliseo, un auditorio emblemático a escasos centenares de metros del Hostal donde nos albergamos ¿Tanta suerte junta puede ser? Parece ser que sí: sólo quedan dos entradas, separadas apenas unos asientos la una de la otra. Las compramos, por supuesto.Poetical_web

Ver tocar a un artista de esa talla frente a su público portugués (unas 5000 personas) trasmite una energía conmovedora difícil de relatar. Aún así hay algo que me va llamando la atención en las pocas horas que llevamos sobre el suelo de Oporto: existe una sencillez inaudita en casi todos sus encantos. Incluso en el concierto de Rodrigo, con artistas exquisitos que lograron erizarme la piel en varios momentazos del recital, todo fue presentado con suma humildad, con tierna amabilidad, con una franqueza que llamaba a las puertas del corazón, como por ejemplo la emotiva “Sólo sé que no sé nada” o la tan conocida “Pasión”. El público aplaudía agradecido, enfervorizado, en pié, pateando los tablones del también viejo auditorio pidiendo bises y más bises…

Después del concierto fuimos (por recomendación de nuestro agradable hospedero) a visitar dos locales que aquella noche tenían música en directo. Me llamó la atención el ambiente relajado y tranquilo de la vida nocturna un sábado noche. Cómo olvidar el increíble recital de Hana Kogure en una desalojada cuarta planta de un viejo edificio frente al Coliseo. La escena parecía sacada de un film de Won Kar Wai, con aquella mujer oriental tremendamente elegante brillando en la noche como un ángel cantando canciones en japonés tan sólo acompañada por su guitarra española y el público variopinto (entre ellos Rodrigo y sus músicos), atento, escuchando, sintiendo…

Oporto II. El valor de las cosas sencillas

Slow Travel: India. Rameswaram (II)

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Qul  huua allahu ahah  (Di:El es Allah,Uno)

Allahu  ssamad (Allah,el Señor Absoluto)

Lam yalid ua lam yulad (No ha engendrado ni ha sido engendrado)

Ua lam yakun lahu kufuan ahad (Y no hay nadie que se le parezca)

112 SURA DE LA ADORACIÓN PURA.El Corán.

Parece ser que todo éste lugar está lleno de petróleo, pero al ser considerado sagrado, sólo igualado en importancia a Kashi (Varanasi), el progreso depredador no ha llegado a Rameshwaran. Como en Varanasi el tiempo no pasa aquí. En Dasnushkodi (traducido: Arco Final) está la confluencia del mar de Bengala y el golfo de Munnar. Al fondo están las rocas que llegan hasta Sri Lanka [1] y que según el Ramajana fueron usadas por Rama para llegar a Sri Lanka y liberar a Sita de Ravana, el rey de la ínsula. Rama imploró a los dioses para que le ayudaran a cruzarlo. Hanuman y sus brigadas de monos construyeron un puente con rocas sobre el agua que separa Rameswaram de Sri Lanka. Gracias a esto Rama rescataba a Sita y, desde entonces, adoró a Lord Shiva y le rogó que le perdonara del pecado de haber hecho desaparecer al rey Ravana. Para que Shiva le perdonara, urgió a Hanuman a alcanzar el lingam de las montañas del Himalaya…

Nos damos un baño en las transparentes aguas y después de comer otra vez delicioso pescado fresco en una cabaña,  comienzo a caminar solo en dirección al fin del mundo. Me han dicho que debo seguir las huellas en la tierra de los camiones y cuando pase uno, pararlo, subirme a él y si es necesario negociar un precio. Camino, entre vías sepultadas por la arena, en dirección al infinito por un corredor de tierra que separa a un lado las marismas y al fondo el azul eléctrico del mar de Bengala y al otro lado el golfo de Munnar. Caballos salvajes sobre las marismas, águilas, halcones pescadores, cuervos, bandadas de cientos de palmípedos blancos volando a ras del agua. Luego voy por la playa y veo un caparazón grande de una tortuga bajo el sol, una estrella de mar roja en la orilla, un cangrejo inmenso, peces grandes emergiendo del agua y desapareciendo en décimas de segundo. A veces cabañas desde donde salen algunos niños gritando: Pen, Pen (bolígrafo)…

Vuelvo a enfilar hacia el interior y me encuentro a un grupo de guajes jugando al críquet, a la izquierda dejo una pequeña aldea. Sería como pasear por Mallorca, la bahía de Cádiz o la Ría de Huelva hace miles de años, sino fuera por los camiones que pasan muy de vez en cuando. En todo Rameshwaran y muy especialmente aquí, el tiempo está detenido. Por eso llaman a Ramenishwar, la Varanasi del Sur…

india11_webEl sol está cayendo, llevo 3 horas caminando y más de 30 minutos sin ver a nadie. Contemplo quizás el fin del mundo, donde acaba la tierra y veo el mar por primera vez en mi vida… El mar aquí es distinto al mar de Chillida (diversidad infinita de lo inasible, repetición de nada). Aquí los océanos son la sinfonía celeste del Despertar.

Regresan los peregrinos en los camiones y cuando trato de detener a dos de ellos contemplo que realmente no cabe ni un alfiler. Al poco rato veo un camión con algunos pescadores tamiles que están cargando cajas de pescado traído de las cabañas. Les pregunto si van a la parada del bus que lleva a Rameswaram. Nadie habla inglés pero por señas me dicen que puedo ir en la capota del camión, agarrado a las cuerdas. Unos minutos después comenzaría uno de los viajes más alucinantes de mi vida.

Los pescadores cargan cajas con sepias, calamares, lenguados, doradas, cangrejos o nécoras… En la cabina van el conductor y tres pescadores, en la parte de atrás colgados cuatro y en el techo somos tres. El cielo límpido, el sol rojo rozando la púrpura belleza de lo indescriptible. Tantos azules, tantos sonidos purísimos, tanta vida en este lugar mágico. Recuerdo a mi amigo Phillippe que vino aquí en el año en que George Harrison tocó por Bangladesh y nos habló en Mallorca de Rameswaran.

Hace 50 años un ciclón devastó todo este lugar y la vía férrea que llegaba hasta aquí. Sólo se salvó un templo y murieron miles de personas en toda la zona.

El vehículo se va deteniendo en cabañas, algunas bastante alejadas. Recogen las capturas de ese día. Los niños salen a recibir al camión en cada pequeña aldea en la que nos detenemos. Cada 2 segundos nace un niño en India. Muchos tamiles [2] me sonríen cómplicemente cuando me ven subido en la capota del camión. Algunos me proponen incluso dormir en sus hogares.

El vehículo avanza levantando agua, la luz despidiéndose en una infinita dádiva ofrecida hoy por el Señor de los Mundos(Allah). Ver, sentir, vivir el origen…

india18_webNadie habla durante el trayecto. Tipos duros, pero buenos, residentes en la inmensidad. El mar es su hogar, pescan en pequeñas barcas de madera con velas antiguas, azules o bien en pequeñas barcas con motor y lo hacen a la manera tradicional, con aparejos, palangre y redes que hacen ellos mismos sobre la arena. Estamos en invierno y hace mucho calor. Me pregunto cómo será esto en la época de los monzones…

Dado que Hamunan no retornó a tiempo, Sita Devi preparó un lingam de la arena que más tarde llegó a compactarse debido a su toque divino. En ese tiempo Hamunan volvió con el limgam y se disgustó mucho al ver uno prefabricado. El intentó arrancarlo pero falló. Rama apaciguaría entonces a Hamunan e instalaría su lingam a lo largo del de Sita Devis, ordenando que todas las pujas estuvieran sujetas primeramente al lingam de Hamunan siempre antes que el de Sita…

[1] El intelectual pontífice (literalmente, que tiende puentes) y genial traductor y profesor mallorquín Joan Mascaró i Fornés (1897-1987) tras pasar por Barcelona y Cambridge recaló un par de años como vicerrector de la Universidad del antiguo Ceilán (hoy Sri Lanka). En el año 1931 pronunció un discurso allá titulado “Ideales educativos en el Ceilán moderno”. Entre otros libros se recogen sus ideas sobre la educación en “L’Idea d’educació en l’obra de Joan Mascaró i Fornés” (UIB, selecció de M. Munar) y en el discurso antes mencionado. Breves ejemplos de su ideario: ” L’amor no pot ésser ensenyat, però pot ésser donat ”. “El mestre ha d’estimar els deixebles i donar-los la joia de l’estudi…”. En otro lugar escribe: “Si llegim les escriptures i els llibres de saviesa de tot el món, si tenim en compte les moltes experiències espirituals enregistrades a les escriptures del passat, trobem una fe espiritual, i aquesta Fe está basada en una visió de Veritat de les lleis de la natura descobertes gradualment per la ment humana, sino de la Veritat del nostre ésser”. (Mascaró 1983:42).

[2] El pueblo tamil en Sri Lanka ha sufrido un genocidio desde enero y ha perdido la independencia que de facto ha disfrutado desde hace décadas. Colombo ha masacrado a más de 100.000 tamiles con el apoyo de los gobiernos de China, Pakistán e India cuya armada hundió casi 20 barcos de suministro. Ni al gobierno indio ni a la Comunidad Internacional pareció importarles que se bombardearan templos hinduistas e iglesias con tamiles refugiados en sus interiores, o que, por ejemplo, no se permitiera la entrada de asistencia médica a los campos de refugiados. En India viven 80 millones de tamiles.

Primera parte: Rameswaram (I)


Slow Travel: India. Rameswaram (I)

El tren pasando sobre el puente de Pambar, olor a pescado, cabras y vacas entre las marismas, calles sin asfaltar, polvorientas. No se ven turistas. Sólo peregrinos indios desfilar en dirección al templo de Ramanasthaswamy. Mircea Eliade estuvo en este lugar a principios del siglo pasado. Sus impresiones están en” El Vuelo Mágico”.

playa de Dhanushkodi

Después de dejar la mochila en el hostal vamos en rickshaw a Dhanushkodi, una playa “que parece el fin del mundo” según las guías. En el trayecto vemos águilas, halcones, cigüeñas, pavos reales sobre los árboles, chozas donde viven los pescadores y sus familias al borde del mar, cabras, gallinas, caballos salvajes retozando en las marismas. El agua del mar de Bengala es más azul, más clara que la del mar arábigo, en Goa o Kerala. En la playa, barcas de madera de pescadores, pescado extendido sobre esteras en la arena. Parece sazonado, por eso los pájaros no lo tocan. Ni un solo turista, sólo nosotros. Más tarde conoceríamos un holandés de 50 años más o menos, un hippy happy con larga cabellera rubia que viajaba solo. Se había enamorado de este lugar y pensaba dormir al raso esa noche. Este paisaje me sorprende por su sencillez, su salvaje belleza, su desafiante luminosidad, tal vez superior a la del Mediterráneo. Los niños nos miran con extrañeza y fascinación, los adultos con curiosidad. Caminamos un rato y estamos solos, ni siquiera hay nativos en varios kilómetros a la redonda. La arena blanca, miles de conchas, dos barcos de pesca con velas azules en el horizonte. Al otro lado las montañas de Sri Lanka. El latido indómito, eterno de las olas al finar en la orilla con espuma blanquísima, el suave rumor del viento del océano en un delicioso chasquido, todos esos sonidos fundidos con cantos de pájaros diversos y el silencio de la inmensidad, ni rastro de la civilización…

Luego comemos pescado y arroz con la mano derecha sobre una hoja de plátano en una choza que hace de posada. Una niña nos reclama un bolígrafo y le doy el mío. Se pone tan contenta que salta de alegría. Comemos rodeados de tamiles que nos auscultan con infinita atención.

Al día siguiente voy solo al templo de Ramanathaswamy, templo sagrado para Vishnuistas y shivaistas porque aquí Rama, la reencarnación de Vishnu en el Ramayana, dio gracias a Shiva.

interior del templo_webHablo con uno de los sacerdotes del templo y me asigna un hombre que me acompañará a los 22 theerthams (aljibes o pozos con agua sagrada) donde los peregrinos hindúes toman sus baños purificadores, mágicos. El interior del templo es hermoso. Mandalas con colores preciosos decoran los techos. También hay pinturas de Shiva, Parvati, deidades como Rama en retablos inolvidables, colores sobrenaturales, animales mitológicos esculpidos en piedra en los laterales. Sólo hay peregrinos hindúes, familias enteras venidas de otros lugares del sur de la India empapados todos. Descalzos, caminamos pisando los charcos de agua que hay en muchas partes del interior. Claroscuro, luz radiante y vida en las tinieblas luminosas. Hay un elefante que se pasea por el interior del templo. Ocasionalmente los peregrinos lo tocan. Les dará suerte. Es el cuerpo de Ganesha, hijo de Shiva y Parvati. Al entrar un sacerdote me había dado una cucharada de leche de coco (om nama shivaia) y comienza la celebración purificadora del ritual. Uno a uno el hombre me lanza dos cubos de agua, a veces tres,  en cada theertham que visitamos. En el Sethu Madhava uno recibe el regalo de Lakshmi, sus bendiciones y su purificación. En el Sooriya theertham uno adquiere el conocimiento del pasado, presente y futuro y alcanza los mundos que desee.. En el de Sangu te liberan del pecado de la ingratitud. En el de Yamuna Gnanasuruthi, Rajah alcanzó la sabiduría, así cada theertham tiene aguas purificadoras, milagrosas, virtudes sobrenaturales asociadas a leyendas del panteón hinduista.. Cuando ya vamos por el tercero estoy completamente calado. Muchos de las inmersiones rituales las hago con peregrinos muy jóvenes vtemplo_new webestidos con sus dotis, una mancha roja en sus frentes,  recitan en voz alta salmos o mantras de los Vedas antes y después de recibir el agua bendita. Mujeres ataviadas con sus saris se bañan con sus hijos. También hay ancianos agonizantes, algunos en sillas de ruedas. Aprovecho un receso para hacer unas fotos. Tras los baños rituales medito al sol en el estanque de Loto. Posteriormente entro en el espacio reservado a las pujas. Un monje con una doti blanca, círculo carmesí en la frente y el pelo rapado,  extrae un fuego flotante servido en una bandeja de oro sobre la que reposa un polvo encendido. Lentamente el gurú acerca el fuego a los devotos que hacen una reverencia en torno a él para luego ponérselo sobre sus frentes. Fervor sagrado, belleza intemporal, eterna. En los corredores largas filas de fieles esperando su ración de arroz y leche. Salgo del templo bebiendo otra vez leche de coco y entro en una estancia donde recibo una bendición final de un sacerdote bajo la imagen de Shiva. Dejo algunas rupias en la bandeja y salgo mucho más fuerte, alegre.

Segunda parte: Rameswaram (II)

La cultura del surf

Bajo la OlaNingún surfista quiere chapotear en un mar contaminado, o mirar pasivamente mientras un trozo muy querido de costa prístina se desarrolla para convertirse en un puerto deportivo, y cada surfista que he conocido anhela la experiencia de hacer surf con delfines, o de ver tiburones peregrinos.

Yo he surfeado con delfines, focas, tiburones y serpientes marinas. He sentido como de repente se detiene el tiempo – sensación que buscan todas las técnicas de meditación – en las profundidades del tubo, cuando la cortina de agua cae con el sonido de un aplauso divino. He estado a punto de ahogarme por el poder de las olas, y he salvado a una persona que se estaba ahogando. He visto cómo hombres y mujeres se curaban con el surf.

He buceado debajo de la ola en arco producida por un buque que pasaba mientras yo chapoteaba en el océano abierto, y con frecuencia me he bañado en los arco-iris que se reflejan en la espalda de las olas peinadas por los vientos del interior. Cuando me subo a una ola, resistiendo sobre una astilla frente a un océano inquieto que se estira en el horizonte, me siento a la vez pez y pájaro, atrapado entre la gravedad y la levedad.

Cada ocasión de éxtasis, miedo y simple satisfacción ha contribuido a mi educación sobre el mar – las relaciones complejas entre los vientos, las corrientes, las formas de las playas, los tipos de olas y el movimiento lunar y de las mareas. Esta conciencia de los surfistas ofrece un conocimiento colectivo poderoso – pero ¿cómo podemos aplicar este conocimiento holístico de la naturaleza y belleza del mar y transformarlo en acción para el bien colectivo?

Oleaje libertadLos surfistas son amigos del océano y tienen un imperativo ecológico para proteger este ecosistema complejo y vital. Ya están fichados, manchados por los residuos de sal, pero como siempre existen contradicciones. Los surfistas tienen fama de proteger su zona local de los visitantes, pero por supuesto, ningún grupo de personas es dueño del océano de esta forma, y los surfistas tienen que aceptar esta realidad. Los admirables surfistas que se niegan a seguir este tipo de comportamiento agresivo permiten que la ola y las condiciones den forma a sus respuestas.

El psicólogo norteamericano James Gibson describió la percepción no como la acción de los humanos sobre el medio ambiente, sino como el medioambiente educándonos a nosotros. El mundo natural nos impacta y nosotros respondemos. Cuando entendemos esto, ya no tenemos la necesidad de moldear el mundo según nuestros deseos, sino que apreciamos la forma que tiene el mundo de enseñarnos su presencia y su belleza. Surfeando, los que tratan de imponerse a la ola suelen caerse. Como dijo el poeta Wallace Stevens, el mundo es presencia, no fuerza.

Refugio MarinoA finales de los años ’50, cuando ocurrió el primer boom del surf en California, los surfistas no solo eran considerados unos rebeldes arquetípicos, sino también gente no trabajadora y marginados, gente sin mucha utilidad para la economía americana frenética de la post-guerra. Medio siglo después, parece que poco ha cambiado. No obstante, el estereotipo no está acertado: la mayoría de las personas que hacen surf lo hacen en su tiempo libre y tienen empleos, pagan sus impuestos y mantienen sus familias. Para unos pocos con mucha suerte, como yo, el surf es una profesión a tiempo completo. Con años de experiencia y mucha devoción, los surfistas adquieren conocimientos que incluso los mejores geógrafos de costas no tienen: un conocimiento intuitivo y holístico del medioambiente.

Muchas personas implicadas en la cultura del surf están sacando a la luz el tema de la ecología en relación con esta actividad. Los surfistas fueron los primeros en notar la cantidad de aguas residuales que flotaban cerca de la costa británica, y protestaron a gritos.

InmersiónLa industria de las tablas de surf tiene un pasado muy tóxico; se trabajaba con químicos con base de disolventes de la industria aeroespacial de los años ’60. El poliuretano y la fibra de vidrio, materiales carcinógenos, son baratos y versátiles, de aspecto atractivo, toleran temperaturas extremas, son fáciles de construir y permitieron elaborar diseños efectivos que fueron evolucionando con rapidez.

Sin embargo, el manufacturero líder americano en tablas de poliuretano fue cerrado después de unos años porque el producto infringía las leyes relativamente relajadas de aquella época. Como consecuencia, una oleada de nuevas producciones más pequeñas y más ecológicas ha surgido – con tablas de surf hechas de cáñamo, madera de balsa, bambú y madera de paulownia, reflejando las raíces polinesias del surf donde los hawaianos fabricaban sus propias tablas con este árbol.

Como surfista profesional que se gana la vida escribiendo sobre el viaje, he tenido la bendición de surfear los océanos del mundo, pero también he tenido la desgracia de ver playas abiertamente convertidas en basureros, llenas de plásticos. Todos estamos familiarizados con las noticias de extinción de especies por la pesca excesiva, de la desaparición de los arrecifes de corral y de los problemas de vertidos de petróleo y contaminación por aguas residuales. Lo que no se comenta tanto es la creciente cantidad de residuos que los barcos tiran al agua.Descanso acuático

Recientemente, una fuerte tormenta invernal provocó el amontonamiento de cientos de bolsas de suero fisiológico y de glucosa en las playas del suroeste británico. El contenido era relativamente inocuo, pero los plásticos son mortales. Estos pueden haber sido lanzados al agua desde un barco contenedor, simplemente abandonados como basura al estar cerca de su fecha de caducidad. Ver este tipo de catástrofes ecológicas de primera mano ha sido para muchos surfistas el catalizador para convertirse en activistas ecologistas.

Los surfistas seguirán haciendo acciones para proteger el medioambiente que tanto aman, y están muy equipados para hacerlo, como grupo. El surf sigue atrayendo a la gente joven que prefiere el desafío y el divertimiento de las olas al tipo de entretenimiento tecnológico. Insistimos en que las tecnologías que sostienen el surf – las manufacturas de tablas y de trajes – tienen que seguir explorando futuros sostenibles.

Los surfistas tienen que conciliar su deseo intenso de olas prístinas en aguas vivas con los retos ecológicos a los que estamos enfrentados. Ya no es simplemente un caso de surfistas contra las aguas residuales; son surfistas a favor de la sostenibilidad – y de la salud pública, encabezado por el movimiento del gimnasio azul que llama a la gente joven en particular para que reconecten con las actividades del océano en lugar de quedarse sentados frente a una pantalla de ordenador.

Sam Beakley es surfista profesional y escritor de viajes

Artículo publicado en la revista Resurgence número 255. Julio-Agosto 2009

Camino de Santiago (III)

Con la vara que me regaló Pablito el de Azqueta sigo haciendo Camino. Dejo atrás Los Arcos y me adentro en la etapa que me llevará hasta Logroño. Hoy me despido de Navarra y entro en La Rioja. La mañana resulta muy soleada y entre paso y paso voy haciendo cuentas, llevo recorridos unos 179 kilómetros y hasta Santiago me quedan todavía 639.

CaminantesEn el Camino existen ciertos tramos a los que se les conoce como rompe-piernas y el que separa Torres del Río de Viana, de 10 kilómetros, es uno de ellos. Se caracterizan porque son un continuo sube y baja en el que el peregrino tiene que echar el resto. Paso por Viana al mediodía y con gran esfuerzo al caer la tarde llego hasta la entrada de Logroño, que es, ni más ni menos, que una bofetada de modernidad en la mejilla de un cansado peregrino. Después de pasar varios días caminando lentamente, contemplando el horizonte y hablando con los paisanos que se cruzan en el Camino, entrar en un polígono industrial con su ruido y su ajetreo de coches no es nada agradable. Paso el mal trago y por fin veo el puente de Piedra sobre el río Ebro, la antesala del albergue.

A pesar del cansancio de la etapa, después de comer algo y darme una ducha salgo a ver que ofrece Logroño. Callejeo por la ciudad hasta que llego a un punto muy peculiar que reclama mi atención. En el suelo está representado el juego de la Oca pero con una particularidad, las casillas son algunas etapas del camino. Allí, en las casillas de la Oca, donde vas de una a la otra sin tirar los dados, están entre otras Logróño, Ponferrada… ¿Pero qué relación tiene el Camino de Santiago con el Juego de la Oca? Ni siquiera se había desvanecido el eco de la pregunta de mi cabeza cuando oí a alguien decir: ¿Intrigado?

- Sí, – le confieso.

- No le des más vueltas, tú eres un jugador y el Camino es el tablero. Así de sencillo.

No salgo de mi asombro y digo:

- ¿Qué tiene que ver el infantil juego de la Oca con el Camino de Santiago?

- Los Templarios. La unión entre el camino y el juego son los Templarios.

Si quieres que te lo explique tendrás que acompañarme hasta un banco, estoy cansado y mis piernas no son tan fuertes como las tuyas. El hombre es muy anciano, tienes los dedos huesudos y los rasgos de la cara muy afilados. Ya sentados comienza su explicación:

- Las ocas han sido desde siempre el animal que guardaba las propiedades. Son mucho más fieras que los perros, el escándalo que organizan y su agresividad las convierte en fieles guardianes. Y esa es exactamente la labor que hacían los Templarios en la Edad Media, eran monjes-guerreros que protegían el Camino y a los peregrinos. Esa es la primera relación.

- ¿Hay más? –Pregunto.

- ¿Tienes prisa? -Dice él.

- No. En el Camino no hay prisas. – Contesto yo.

- Pues entonces, atiende. Las cofradías de constructores de Catedrales, Iglesias y demás edificios que trabajaron a lo largo del Camino en la Edad Media utilizaban al menos dos símbolos de reconocimiento: Uno era la pata de oca y el otro una espiral. La relación del primero con el juego es evidente y el segundo no es muy complicado: el tablero es una espiral. El Camino es una espiral. En los lugares del tablero donde hay ocas son sitios seguros, sitios donde los Caballeros del Temple protegían a los peregrinos. Un castillo templario sería, como una casilla oca, un lugar seguro, vigilado por caballeros guardianes donde el peregrino encontraría descanso. Otras podrían señalar lugares no seguros o peligrosos para el peregrino. El puente de la casilla número 6, por el que ya pasaste en Puente la Reina, la cárcel, algún día me contarás si pasaste, y así otras… aunque con la vara que llevas estás bien protegido. Recuerda que lo más importante es ir de oca en oca.
Con esta curiosa información me voy al albergue. Al día siguiente tengo que 30 kilómetros de caminata y noto las piernas muy cargadas.

Cúpula de LuzEl día transcurre por la campiña riojana entre interminables campos de viñas. Al final alcanzo Nájera, ciudad que fue el reino de Navarra cuando los musulmanes alcanzaron Pamplona. Allí me encuentro con una pareja de entrañables alemanes, Tobías y Mireia. Ella habla español y nos traduce. Tobías es un músico especializado en la Edad Media que según me cuenta está disfrutando del arte románico que se ha encontrado en la Ruta. Hacemos juntos la compra, cocinamos una suculenta cena y compartimos mesa y mantel. Charlamos sobre la etapa del día siguiente, una de las más emblemáticas del Camino, que acordamos hacer juntos.

Echamos a andar muy pronto y llegamos al cabo de una hora a Azofra, un lugar donde un peregrino alquimista quizá se pare a buscar el azufre, nosotros simplemente paramos a comer un tentempié matutino. La charla nos hace tomar una decisión: vamos a salirnos del Camino y nos acercaremos hasta el Monasterio de San Millán de la Cogolla. No sabemos muy bien como lo haremos pero nos ponemos en manos de la Providencia, la eterna acompañante de los peregrinos. Abandonamos las flechas amarillas y junto a la pareja de alemanes pongo rumbo a la Abadía de Cañas paso previo al Monasterio de San Millán, cuna del idioma castellano.

En esta abadía la luz no se ve como en cualquier sitio. Sus ventanales le proporcionan un torrente de luz, difícil de describir y que sólo puede apreciarse cuando se está allí. El ábside es un prodigio de luminosidad que permite palpar la pureza. Durante un rato me siento transportado. Una voz interior me dice: ¿No te resulta familiar esa pureza? Cierro los ojos y por un momento me veo rodeado de monjes vestidos de blanco, yo soy uno más entre ellos… abro los ojos y sigo siendo el peregrino de antes.

Allí conocemos a unos maños que deciden llevarnos en coche hasta San Millán. En el bosque que envuelve el monasterio, Tobías enciende una pequeña hoguera y prepara un té. Mireia extiende un pequeño mantel y yo saco algo de queso y pan. Allí sentado sobre las hojas caídas de los árboles todo está bien. Nada falta ni nada sobra. Sólo importa el ahora, este momento. Mi mente está aquí, mi cuerpo está aquí y mi alma está aquí. Unidos. Es posible que no vuelva a ver nunca más a los dos alemanes que me acompañan pero en este momento les considero más que amigos, compañeros. El Camino une en el presente. Quizá mañana nos despidamos y no volvamos a vernos, pero hoy somos compañeros y lo mío es suyo y lo suyo en mío.

En la entrada de San Millán de la Cogolla me llevo una maravillosa sorpresa. Me encuentro de nuevo con Antonio. Un peregrino muy especial con el que ya me he encontrado en otras ocasiones a lo largo del camino y que cada vez se parece más a un ángel de la guarda y cada vez menos a un caminante.

Uno de los monjes le conoce. No es extraño, Antonio ha recorrido el Camino 10 veces para cumplir una promesa. Gracias a su contacto entramos con él en el sancta sanctorum del monasterio. Allí donde se guardan los tesoros más preciados que pocos tienen la oportunidad de ver. Unas miniaturas talladas en marfil de más de mil años de antigüedad. El monje nos enseña con cariño todos los escondites del magnifico monasterio Patrimonio de la Humanidad. Incluidos los códices donde se registraron las primeras palabras en castellano.

Virgen y NiñoRegresamos al trazado del Camino. Antonio, que ya se ha convertido en una especie de maestro, me da una nueva lección: El Camino se puede dividir en tres fases que se repiten en todos los peregrinos. La primera es la de expiación, la segunda es la de integración y la tercera la de gozo. En la primera se sufre y se expían los pecados a través de las ampollas, del dolor de espalda y de las durezas del comienzo. En la segunda, el ritmo del peregrino se armoniza con el ritmo del Camino y el caminante se convierte en el agua que fluye por un río. En la última fase, la del gozo, es donde se alcanzan lo que yo llamo orgasmos espirituales. Tú ya has superado la primera -en ese momento me vino a la memoria el dolor de espalda que padecí los primeros días por el peso de la mochila- y empiezas a fluir.

Pasamos la noche en Santo Domingo de la Calzada y al día siguiente continuamos hasta Grañón. El último pueblo de La Rioja. En apariencia no tiene nada especial, uno de tantos pueblos… pero para el peregrino no es un pueblo cualquiera. El albergue está dentro de la Iglesia. Una puerta escondida detrás del coro conduce a un lugar especial. A la entrada hay un cartel que dice: Peregrino, coge lo que necesites y deja lo que te sobre. Ese es el verdadero espíritu del Camino pese a que sea difícil encontrarlo. Una chimenea con algunos troncos y comida en abundancia son suficiente argumento como para decidir quedarnos allí pese a que sólo hemos caminado hoy 6 kilómetros, una pequeñez frente a la media de 30 diarios que suelo hacer.

En aquel lugar la hospitalidad cobra su verdadera dimensión. El cura de Grañón, el responsable de este albergue, es toda una institución en el Camino, un personaje al que merece la pena conocer. Él se encarga de formar a los hospitaleros de otros albergues para que den la atención correcta a los peregrinos. Sin duda esa es una casilla oca en el tablero del Camino.

Tomamos un café con galletas y nos sentamos junto al fuego a charlar con otros peregrinos. A la hora de la comida nos sentamos doce personas en la mesa y se produce un bonito ritual que cada día se lleva a cabo. Cada uno de los comensales coge un trozo de pan, lo parte por la mitad y le entrega un trozo al que tiene a la izquierda y otro al que tiene a la derecha. De esta manera da pero también recibe. Tobías me explica a través de la traducción de Mireia que en muchos idiomas, incluido el castellano, la misma palabra lo dice: compañeros son aquellos que comparten el pan. Mientras comemos vemos a través de las vidrieras de este albergue sagrado (está dentro de la iglesia) que comienza a llover, todo un presagio de que hemos hecho bien en quedarnos en Grañón.

¿Peregrinos o turistas?

cara en las rocas, marNos podemos relacionar con nuestro planeta Tierra de dos formas distintas: podemos tomar un papel de turistas y considerar la Tierra como una fuente de bienes y servicios para nuestro uso, placer y entretenimiento, o podemos actuar como peregrinos de la Tierra y tratar el planeta con reverencia y gratitud. El turista valora la Tierra y todas sus riquezas naturales solo en términos de las utilidades que pueden tener para él. El peregrino percibe el planeta como sagrado y reconoce el valor intrínseco de toda forma de vida. La Tierra viva es buena por sí misma con toda su elegancia y su belleza.

El turista encuentra gratificación en el consumo de los regalos de la naturaleza. El peregrino encuentra encanto en la conservación del esplendor de la naturaleza. Las aguas abundantes de los océanos, la vitalidad de los bosques, las comunidades de aves danzantes, la tranquilidad de los valles y la resiliencia de las magníficas montañas aportan un sentimiento de alegría, de sobrecogimiento y de asombro a los corazones de los peregrinos. Para ellos, dios es la naturaleza, y la naturaleza es su dios. La naturaleza es su profesor, su gurú y su guía. A veces la llaman Gaia, Madre Tierra o simplemente Pachamama.

Los pueblos indígenas del mundo vivían y actuaban como peregrinos. La Tierra era su templo, su iglesia y su mezquita. Se adentraban en el mundo salvaje para su búsqueda de visión. Se sentaban debajo de los árboles para rezar y meditar. No miraban hacia el cielo para encontrar el paraíso: su paraíso estaba aquí en la Tierra.

San Francisco de Asís fue un peregrino de este planeta sagrado. Los lobos, pájaros y todas las criaturas eran sus parientes y amigos; el sol y el fuego eran sus hermanos; la luna, las estrellas, el viento y el agua eran sus hermanas.

Flamencos corazónPara los hindúes, dios no es una persona que se queda sentada en el paraíso. Para ellos toda forma de vida está imbuida de divinidad. Todo, desde una brizna de hierba hasta los altos Himalayas, está impregnado con el espíritu sagrado. Los hindúes se consideran a ellos mismos como peregrinos del planeta Tierra.

Todas las tradiciones religiosas tienen unos sitios sagrados especiales: los montes sagrados de Kailash y Athos, los ríos benditos del Ganges y Yangtze, el Camino de Santiago de Compostela y la Isla de Iona son ejemplos de tales sitios sagrados. Es muy necesario hacer viajes hacia fuera para poder hacer viajes interiores pero la realización significativa de un peregrinaje está en tomar conciencia que la Tierra en su totalidad es sagrada.

Por supuesto, cada uno de nosotros puede descubrir un sitio en particular que resuena con nuestro espíritu, donde se pueda acudir, estar en soledad y encontrarse con uno mismo; puede ser un árbol concreto, un monte, o un trozo de la costa. Un sitio sagrado de este tipo es un símbolo con significado. Un bosquecillo especial, una cueva o un valle pueden ser puntos que nos conectan con la Tierra, del mismo modo que un mantra es un sonido que nos conecta con la conciencia cósmica.

La Tierra sagrada es un anfitrión generoso para todos los peregrinos, pero ¿estamos preparados para ser huéspedes agradecidos en lugar de ser meros turistas?

Camino de Santiago (II)

Iglesia de EunatePuente la Reina es el lugar donde se unen todos los caminos. Los peregrinos que llegan del Camino Francés, desde Roncesvalles, se encuentran con los que llegamos desde Aragón.

Entro en el pueblo aún aturdido por la experiencia que me sacudió en la ermita templaria de Eunate. El albergue me desconcierta. Acostumbrado, como estoy, a la soledad de Aragón el bullicio me obliga a salir de mi cúpula de cristal.

Durante la cena entablo conversación con Manuel, un joven catalán de 72 años, que ha hecho el camino diez veces para cumplir una promesa y ahora, que ya ha saldado su deuda, lo recorre a pedazos para saludar a los numerosos amigos que se ha ganado en esos años de peregrinaje. También lo hace, como me confesará más adelante, para disfrutar del ambiente del Camino que ya forma parte de su vida. Está preparando un libro sobre los monumentos vivos de la ruta. Quiere, según me cuenta, rendir homenaje a todas aquellas personas que salpican el Camino y hacen de él un lugar mágico. Me habla de Pablito de Azqueta, del cura de Grañón, de Resti, el hospitalero de Castrogeriz, y de otros muchos que demuestran su amor al Camino a través de los peregrinos.

Un griterío que viene del dormitorio interrumpe nuestra conversación. Es algo muy extraño en un albergue de peregrinos, así que vamos a ver que pasa. El causante es un hombre de que lleva varias copas de orujo en el cuerpo. Se empeña en convencernos, entre balbuceos, de que a las mujeres les gustan los hombres que huelen a alcohol y a tabaco. Según él, ese es el olor del macho. Entre varios le calmamos y buscamos una litera libre. Todas están ocupadas excepto una, precisamente la que hay debajo de la mía. Le metemos en la cama para que duerma la mona y se calle.

Antonio, me explica que en el Camino también hay picaresca y son muchos los supuestos peregrinos que ataviados con una concha y un bordón se aprovechan de la hospitalidad de los albergues y del buen corazón de los caminantes. Hay varios vividores que pululan por el Camino, entre ellos están el zapatones, el apátrida o el poeta, éste último es quien se encuentra debajo de mi litera borracho como una cuba. Es un gaditano borrachín que dice haber sido vecino de Rafael Albertí y cuyo objetivo como peregrino es conseguir vivir del cuento y empinar el codo eternamente.

Los ronquidos de el poeta no me han dejado dormir. Además, a las tantas de la madrugada se ha despertado dando gritos porque no encontraba la luz del baño. Salgo del albergue por piernas a primera hora de la mañana. Hoy mi meta es la ciudad de Estella. La etapa es suave, sólo 22 kilómetros. Cruzo Puente la Reina siguiendo las flechas amarillas y al salir del pueblo me topo con su razón de ser: el Puente. El tránsito de una orilla a la otra no es un asunto baladí. Simboliza el paso de un estado a otro, de uno más terrenal a otro más celestial. La primera vuelta en la espiral.

PeregrinoCumplido el ritual dejo atrás el puente y llego a un nido de víboras, o por lo menos eso es lo que significa el nombre de Cirauqui en Euskera, un pueblo con un espléndida calzada romana que ha sido pisada durante más de dos mil años. Me siento a un lado y saco unos frutos secos de la mochila para desayunar. Y rumio la idea de que por esa calzada han pasado millones de peregrinos. Por allí han pisado sus pies doloridos, sus lamentos, sus sacrificios, su fe, su alegría, su fraternidad… y de alguna manera esos sentimientos, como gotas de agua erosionando la roca pacientemente, se han grabado en las piedras de todo el Camino y en lugares como este, la calzada romana de Ciurauqui, se pueden palpar.

La etapa transcurre rápido y antes de las tres de la tarde encaro la Rúa de los Curtidores de Estella y llego al albergue. La ducha me deja nuevo y ya sin mochila salgo a buscar un buen sitio donde comer algo. En el río Ega, que pasa por el centro de la ciudad, hay gente pescando. Me quedo embobado viendo el agua que corre por debajo del puente y a los hombres con sus cañas en el centro urbano. Me sobresalto cuando alguien me llama por mi nombre. Es Antonio, el peregrino con solera que conocí anoche en Puente la Reina. Me recomienda un sitio donde puedo comer unas buenas pochas. Y añade: cuando acabes de comer ven al Claustro de San Pedro de la Rúa, quiero que conozcas a alguien. Viniendo de alguien que ha hecho el Camino diez veces acepto la recomendación culinaria pero me quedo intrigado por la cita de después. Todo tiene su tiempo. El estómago manda y me entrego a uno de los placeres del peregrino, la gastronomía.

Con el apetito saciado voy en busca de la Iglesia de San Pedro de la Rúa donde Antonio me citó. Al llegar al Claustro veo que camina bajo la arcada junto a otro hombre de edad avanzada pero de aspecto joven. Al acercarme me saludan y me presenta a Pablito de Azqueta, famoso en el Camino porque le regala una vara a todos los peregrinos que no llevan.

- Me ha dicho Antonio que no llevas bastón, -dice Pablito.

- No he encontrado ninguno que me vaya bien, –contesto.

- Pues mañana, cuando pases por Azqueta, ven a mi casa. Allí encontrarás el que te irá bien. Un peregrino no puede ir sin vara.

Al percibir la sabiduría que emana de sus ojos asiento agradecido y me uno a ellos en su charla en el claustro. Donde el silencio sólo se ve roto por la conversación y el canto de alguno pájaros. Antonio y Pablito, por lo visto, continúan donde lo habían dejado al llegar yo:

Lo que ocurre -dice Pablito- es que las mentes están paradas. La agente sólo se preocupa por tener y se olvida de ser.

Hay un temor silencioso. -Contesta Antonio.- Nos meten miedo y hacen que cerremos el corazón, entonces nos atacan por la mente. En ese momento nos tienen atrapados, y nos convertimos en seres egoístas y miserables que solo pensamos en comprar y acumular.

Desde el Camino se puede observar el mundo y ver que es lo que falla. Los peregrinos son seres libres que pueden encontrar su verdadero lugar. Incluso pueden liberarse de su mayor verdugo: ellos mismos –Concluye Pablito.

A la mañana siguiente paso por el monasterio de Irache y por las bodegas del mismo nombre, donde existe algo que no parece real: una fuente de vino. Pruebo un poco, no mucho porque son las 8 de la mañana, y cojo algo para la comida.

Al irme adelanto a un conocido, el borrachín que me dio la noche en Puente la Reina, El poeta. No me reconoce porque está enfrascado en trasportar los más de tres litros de vino que ha recogido de la fuente.

Mi siguiente parada es en Azqueta donde debo recoger la vara que me prometió Pablito el día anterior. Hago un pequeño desvío y llego a su casa donde me recibe y me invita a café, dedico un momento a observar una gran piedra que tiene en su jardín con un grabado celta tallado y después me acompaña al lugar donde tiene un gran montón de varas de avellano que ha recogido el mismo en el bosque para entregárselas a los peregrinos, y me dice: yo te regalo la vara pero la tienes que coger tú.

Me acerco al montón. Observo los palos y mi mano se dirige con un gesto automático a una de ellas, la coge y en ese mismo momento sé que es el báculo que me ayudará a llegar a Santiago.

Doy un abrazo a Pablito y salgo de la casa con una pierna más. Cuando a penas he andado unos 10 metros me dice:

- La salida es hacia dentro.

- ¿La salida del pueblo?

- No. Tú salida.

Con el acertijo a cuestas voy haciendo pruebas, no estoy acostumbrado a caminar con bordón y me siento algo torpe. A todo esto, me he plantado en Los Arcos, mi final de etapa. En el albergue me encuentro con mi buen amigo Antonio quien me explica algunas cosas respecto a mi nueva adquisición. En tono solemne dice:

Este báculo debe protegerte de lobos, perros y demonios. Este bordón será para ti como un asno de carga. No es un palo para apoyarse sino para caminar, por eso es más alto que tú. Cada cuatro pasos debes dar una bordonada. El ritmo que han marcado los peregrinos desde siempre es tres pasos y al cuarto golpe de bordón. Fíjate que junto a tus dos piernas forma una trinidad.

Camino de Santiago (I)

Jaca – Puente la Reina. Comienza el ritual.

Bautismo del aire en parapente

ParapenteTodos hemos tenido alguna vez el sueño de volar. Yo de pequeño me quedaba mirando los pájaros y soñaba despierto con poder volar como ellos. Incluso muchas noches he soñado con poder surcar los aires… El otro día volé.

No fue con mi propias alas sino con un parapente. Algo tan sencillo como una cometa y maestría para navegar entre las corrientes térmicas te permiten experimentar las sensaciones que normalmente son exclusivas de las aves.

El encargado de mi bautizo del aire fue un viejo amigo, Óscar Martínez, profesor de parapente y practicante de parapente desde hace más de 20 años.

ParapenteLlegamos con el coche a la cima del Puig de Sant Martí en Alcudia. Es un pequeño montículo que tiene unos 250 metros de altura. Desde la cima se divisa la Bahía de Alcudia y la de Pollença y la confluencia de corrientes térmicas que se producen lo convierten en uno de los lugares preferidos por los amantes del parapente de Mallorca.

Al ser mi primera experiencia iría con él en un biplaza. Nos pusimos los arneses, el casco y tras unas explicaciones para el despegue, saltamos. Saltamos… guau… bajo mis pies, Alcudia, con sus hoteles, piscinas, centrales térmicas, puertos deportivos… Desde el aire se hace mucho más evidente el daño hecho por el turismo de masas y la especulación urbanística. Pero ahora me sentía más pájaro que humano… y olvidé por un momento el paisaje de ladrillo que destroza la costa y volé.

Una meditación aérea

ParapenteEl vuelo en parapente es muy suave, es un planeo placentero que imita a los buitres. Mucho más seguro de lo que pueda parecer. Vas cómodamente sentado y te mueves en círculos buscando las corrientes que te ayudan a ascender. De hecho, a los pocos minutos de despegar habíamos doblado la altura de nuestro punto de salida y ya sobrevolábamos los 500 metros. Un inmenso tiovivo entre el cielo y la tierra. Allí compartíamos corrientes con otros tres parapentes, un grupo de vencejos, algunos gaviotas y un águila pescadora… una meditación aérea.

Mientras volamos, Óscar, me cuenta cosas del mundo del parapente. En Mallorca hay un grupo de unas treinta personas que vuelan en parapente. Sus lugares preferidos para hacerlo son el Puig de Sant Martí en Alcudia, donde nos encontrábamos, el Puig de Randa y Cap Blanc en la zona del hotel Delta, por lo que me cuenta Óscar, un lugar magnífico para sobrevolar a la hora de la puesta de sol. También se pueden hacer travesías en parapente. Se puede cruzar la Isla de corriente en corriente, navegando por el interior. Más de una vez han despegado en Alcudia y aterrizado en Andratx. Aunque cuando habla de volar sobre la Serra de Tramuntana, le cambia la voz. Eso si que debe ser especial. Ver los acantilados, las montañas, los valles inaccesibles y ver la Serra desde el lugar privilegiado de un Voltor Negre.

ParapenteLo cierto es que volar en parapente es ecológico, emocionante y una forma nueva de conocer la Isla. Una de esas cosas que merece hacer por lo menos una vez en la vida.

Cuando cogimos una altura considerable nos salimos de la corriente térmica que nos había ayudado a subir y sobrevolamos la playa de Alcudia y el mar. El piloto, Óscar, que es un cachondo iba cantando la canción: Volando voy, volando vengo y por el camino yo me entretengo… Y tras unos minutos descendiendo nos dirigimos al punto de aterrizaje.

ParapentePara el descenso Óscar hizo un pequeña barrena, que me provocó el único cosquilleo en el estómago de todo el viaje y a los pocos segundos nos acercábamos al suelo. Mi sensación era que íbamos muy rápido para aterrizar y que iba a hacer un surco con mis piernas en el suelo. A medida que nos acercábamos al suelo me salía un pequeño gemido que se iba convirtiendo en un grito: uy, uy, uy… y casi sin darme cuenta, ¡zas! aterrizamos tan suavemente que simplemente quede de pié en el suelo.

Acaba de sumar una experiencia nueva a mi archivo de vida.

Una metareflexión

Es un buen momento para hacer una reflexión sobre de qué va este blog. Este cuaderno de viaje es un cuaderno emocional y pretende recoger las reflexiones y observaciones que no tienen cabida en la libreta del periodista. Y este cuaderno es precisamente donde se recoge todo lo que se desecha normalmente.

La excusa para iniciarlo ha sido un viaje que me ha llevado por varias ciudades europeas, que han servido como pared de resonancia. Las cosas que he visto y la gente con la que he compartido experiencias me han devuelto un imagen de mi diferente a la cotidiana.

Tiempo habrá para elaborar los reportajes. Ya hay uno sobre Granada y otro sobre Berlín en marcha…

Hace unos días Óscar Yaez me paso una información muy buena sobre redes sociales y en ellas había un párrafo que ha provocado esta reflexión. En ese texto había una definición de Reporteros o bloggers y decía: “usan las redes sociales para contar sus experiencias, su vida, sus deseos. Tienen una alta necesidad de reconocimiento social”. Y tengo que reconocer que en este cuaderno hay algo de eso. No se si se trata de necesidad de reconocimiento social, tal vez. Pero de lo que estoy seguro es que se trata de un método de limpieza emocional, una plataforma para compartir cosas que no tienen cabida en los artículos que escribo normalmente y sobre todo que no tienen un filtro de los políticamente correcto tan estricto. Es probable que no tenga mucha más utilidad que el desahogo de su autor y de su pequeña (o gran) dosis de ombliguismo.