9

julio

2011

Fuera de la oficina (3)

Por

En un reciente viaje de trabajo terminé un intenso día de reuniones con una invitación a cenar. Por supuesto, siendo yo el cliente, mis anfitriones quisieron quedar bien y llevarme a un sitio prestigioso.

Con este sencillo encabezamiento se me encendió la máquina de preguntarme cosas, que ya llevaba un tiempo en standby…

Tercera cuestión: Por qué esa supuesta obligación de acompañar al visitante hasta extremos casi ridículos? En ocasiones solo falta meterlo en la cama, arroparlo y cantarle una nana. Habría que saber diferenciar entre un toque cortés de hospitalidad (con un amable ofrecimiento y dejando la puerta abierta a las negativas), y esa práctica habitual de insistir, insistir y volver a insistir, que te convierte a ti en un aguafiestas gris y aburrido como se te ocurra decir “no”.

Ahí entra en juego otro punto chocante: te has pasado horas enfrentándote a esos interlocutores, con cierta tensión, por lo general negociando en un lamentable marco “gana-pierde” (pues se trata de repartirse un bien escaso: el dinero)… y después, fuera de las oficinas, mágicamente el ambiente se relaja, hasta el punto de tratar temas personales???

Pues yo no lo entiendo: se tiene que ser la misma persona antes, durante y después del trabajo (disculpad la exageración simplista).

Se me ocurren 3 posibilidades para explicarlo: 1. “No hemos podido con él… vamos a continuar en plan acoso y derribo, a ver si le encontramos un punto débil!” 2. “No hemos podido con él… vamos a mostrarnos como personas con un corazoncito, a ver si le damos penita” 3. “Nos hemos salido con la nuestra… habrá que compensar a este pobre tipo, y de paso le (y nos) demostramos que no somos tan malos”.

Si accedes, sin darte cuenta te ves sometido a un tercer grado sobre tu situación familiar, tus relaciones laborales, tus hobbies, tu coche, tu ciudad… eso cuando no se atreven a tocar los temas más tabú: política y fútbol! Oigan, pero cómo pretenden que les cuente mi vida, si yo apenas les conozco!!!

Y ya que hablamos de familia: no les gustaría irse a pasar la velada con la suya, y dejarme en paz?


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La zona gris


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