11
mayo
2011
FZG5 – La trucha luciturna… y la madre que la parió
Por Xavier PujadasConcluimos este repaso al reino animal de la Zona Gris (sí, yo también me alegro de ello…) deteniéndonos en la hidrosfera. El mundo acuático encierra infinidad de misterios y curiosidades que poco a poco, los sacrificados aventureros van sacando a la luz… y hablando de luz, no querríamos dejar en el tintero a un animal que merece toda nuestra atención: la nunca suficientemente ponderada trucha luciturna.
La trucha luciturna subsiste en las cálidas aguas del Amazonas, donde llega en su edad adulta (y adúltera, puesto que allí las hembras se aparean al mogollón con todos los machos que pillan, para procrear y prolongar la especie). Curiosamente, esa tan copiosa actividad sexual tiene lugar en cierta zona industrial de Brasil, muy próxima a algunas centrales nucleares que mantienen constante la temperatura de las aguas.
Las hembras depositan cientos huevos en tallos sueltos de hierbezuelas que la corriente transporta de nuevo al mar, donde aprovechan las corrientes de Labrador para esparcirse a sus anchas.
En cuanto nacen las crías, hacen gala de su instinto, fuerza y tenacidad natural para encontrar el camino a través del Atlántico y remontar al Amazonas desde su desembocadura nuevamente, completando así el ciclo… si vosotros supierais que en lo alto del Amazonas tendríais sexo a saco con quien os plazca, no haríais lo mismo? Pues la trucha luciturna tampoco es tonta!
Se trata de un pez de espléndida figura, con unas escatas brillantes que le confieren una portentosa elegancia y, para qué negarlo, queda muy bien decorando el salón, en una pecera al uso, no siendo en cambio comestible. Es por ello que algunas tribus autóctonas de indígenas han hecho de la captura y venta de ejemplares vivos su forma de vida.
Pero… ay de aquellos incautos que han osado meter a una trucha luciturna en su morada! Y es que esta especie, en cuanto detecta la más mínima muestra ambiental de testosterona (y está especialmente capacitada para ello), tiende a repetir su comportamiento sexual natural… con la peculiaridad de que una mutación genética le hace emitir al excitarse un potente haz de luz por los ojos, cual faros costeros. Algunos estudiosos achacan dicho fenómeno a la radiación nuclear de su hábitat procreativo, pero eso son falacias aún por demostrar (Sr. Endesa, le recuerdo que me debe la “comisión” del pasado mes).
Imaginad la escena: salís vosotros de “safari” y, por una vez, los astros se alinean para que os agenciéis una presa, terminando la noche ambos en actitud cariñosa sobre el sofá, junto a la pecera. De repente un tremendo haz de luz inunda la estancia… son los ojos del pez de marras! Cualquiera se pone “a la faena”, con esos focos apuntando directamente! Y más si la interfecta es de las de “apaga la luz, cariño, que hoy no me he depilado!”. Todo el cortejo se va al traste por el maldito bicho fluorescente! Y se queda uno con un cabreo considerable, apuntando a la trucha luciturna con el propio “haz de luz” en plena erección y retándola a una lucha tipo Starwars…
Por ello terminamos con un valioso consejo: si algún día tenéis pensado adquirir una trucha luciturna para admirarla en vuestro hogar y estáis en edad de merecer, una de dos… o incorporáis una tupida cortina a la pecera, u os apareáis sólo con vendedoras de cupones y exhibicionistas desenfadadas.


Esta entrada fue escrita el Miércoles, mayo 11th, 2011 at 8:10 pm y está archivada bajo las categorías La zona gris. Puede seguir los comentarios a esta entrada a través del RSS 2.0. Puede dejar una respuesta, o un trackback desde su sitio web.