Haciendo el amor

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21 junio, 2013

 

La sexualidad es una de las mayores fuerzas de la naturaleza. La sexualidad impulsa la vida, nos arrastra, nos subyuga, nos desborda. El encuentro sexual es el lugar donde más indefensos, expuestos y vulnerables podemos encontrarnos. Necesitamos vivir nuestra sexualidad, y también es cierto que puede haber períodos en los que uno elija libremente el celibato, encauzar su energía vital, integrarla plenamente, especialmente cuando uno sabe que se pierde en el otro, cuando se involucra en relaciones destructivas y dependientes, y cuando uno termina una relación importante y siente que necesita un tiempo en barbecho.

 

Desde la revolución sexual de los años 60 y hoy en día de una manera exacerbada las personas salen, se encuentran y establecen contacto sexual de manera inmediata, ellos más por lograr una descarga y satisfacción a su tensión sexual, ellas más por sentir la posibilidad de una relación emocional en la que involucrarse. Ahora bien, no tenemos conciencia de que la consumación del acto sexual crea un vínculo indisoluble que tiene efectos profundos en el alma. Y luego nos preguntamos porque nos sentimos tan apegados o vinculados a esa persona si “solo ha sido un polvo”.

 

Hombres y mujeres anhelamos un encuentro verdadero de alma a alma, de corazón a corazón, cuerpo a cuerpo. Necesitamos vivir un amor hecho de pequeños gestos, miradas, deseo, ternura, comunicación, pasión. Sucede que las parejas dejan de hacer el amor después de los primeros años, lo dejan como se deja meditar cuando uno sabe a ciencia cierta que es bueno. Y en una relación de pareja es primordial hacer el amor, la disminución de la práctica sexual implica una disminución de energía en la relación. El amor se estanca y la energía se dirige hacia otros lugares. Ya sabemos que la energía va a donde se dirige la atención. Si queremos una relación de pareja viva es necesario dedicarle tiempo y energía, y comprometerse a ello. Cuando se disminuyen los encuentros sexuales el amor va decayendo, dejan de alimentar la relación con la energía sexual, que es su principal nutriente. Una relación precisa atención, cariño, energía para que siga creciendo, como se cuida un jardín.

 

Hombres y mujeres queremos cosas similares en una relación: confianza, respeto, apoyo, compañerismo, juego. Todos queremos intimidad, física y emocional. Las mujeres nos inclinamos hacia la intimidad emocional, y los hombres a la intimidad física, al acto sexual. El amor tántrico une estos dos tipos de energías: la intimidad y la pasión sexual. Una buena relación es aquella que tiene una buena cantidad de buen sexo. Siendo así los amantes se convierten en sanadores el uno para el otro. Las mujeres hemos de saber que cuando castigamos a los hombres sin sexo estamos cavando una tumba para la relación.

 

 

 

Una amiga me dejó el libro Haciendo el amor de Barry Long. Leo en Wikipedia que Eckhart Tolle asistía a sus charlas y seminarios, que interesante coincidencia. En su libro formula un camino de iluminación para ser más amorosos y conscientes, y dice que primer lugar hemos de preguntarnos si nuestra vida amorosa es suficientemente buena. Si la respuesta es “no” nos propone cuatro requisitos: compromiso, ausencia de emoción, práctica y perseverancia. Requiere que ambos compañeros se comprometan a empezar a hacer el amor de una manera nueva. Sugiere hacer el amor sin emoción y sin imaginación, de manera que el falso yo salga del acto y dejar que los dos cuerpos (¿o almas?) se encuentren verdaderamente el uno con el otro. Hay que hacer el amor con frecuencia, sin excusas, y perseverar porque a veces las emociones van a provocar un retroceso cuando el falso yo entre en el juego e interrumpa el proceso.

 

Hombre y mujer. Dos mujeres. Dos hombres. En el encuentro sexual hay que comunicarse con la mirada y la palabra, expresar lo que uno siente: la satisfacción, la belleza del momento, las sensaciones, eso es lo que mantiene a la pareja presente, consciente, unida. Confiar el uno en el otro sin evadirse, manteniéndose en comunicación y presentes. Es importante el compromiso de elevar la conciencia a través del amor y la honestidad, y ser generosos en el tiempo para hacer el amor. Es fundamental ser vulnerables al amor, valientes para abrirse al amor, no cerrarse por haber sido heridos en el pasado, no dejar que el miedo nos endurezca. Dice: “Haz el amor cuando haya suficiente amor y puedas estar presente para el otro” y “no te enamores, se amor”, enamorarse es cerrar los ojos y fantasear. Sé amor, una presencia abierta, nueva, fresca.

 

Requisito importante es reducir la emocionalidad, la excitación, la incertidumbre sobre si el otro estará disponible o no, soltar el miedo. Tiene que haber disponibilidad para que disminuya el deseo y aumente el amor. Soltar el “no tengo ganas” y dejar que los cuerpos se amen, sin más, sin que el ego se interponga. Los cuerpos saben cómo hacerlo. Dejarse de fantasías eróticas porque eso es del ego, no es presencia del alma. Dice que incluso hay evitar los preliminares para reducir la excitabilidad, abandonar el juego amoroso previo al que uno estaba acostumbrado para excitarse con la pareja. Desvestirse, mirarse a los ojos y acariciarse con plena presencia, viendo el cuerpo del otro, su belleza, su luz, su energía. Quedarse desnudo psicológicamente, ser inocente y vulnerable, sin adelantarse a lo que vendrá, manteniendo un diálogo amoroso con el otro.

 

 

 

Él da una y otra vez, la deleita sin excitarse, y ella se mantiene  receptiva. Si el hombre tiene una gran erección se pone emocional, y ya va en camino al climax. No hay que poner la atención en emociones y sentimientos, se aspira a ser la sensación, a llevar a la conciencia la parte del cuerpo donde está el placer. Dice que el juego previo es como un pensamiento previo, ahí está interviniendo el ego. Hay que practicar hacer el amor sin excitación, solo presencia. Poner los cuerpos juntos y hacer el amor, manteniendo apartada la imaginación y los pensamientos. Presentes al amor y las sensaciones, desapegados de las experiencias y recuerdos del pasado. Atentos, pacientes, considerados.

 

La firmeza suave es el modo del amor. Suave y amorosamente, sin forzar. No hay movimientos practicados, no hay movimientos deliberados, ni contorsiones; el cuerpo lo hace por sí mismo. Hacer el amor sin emoción significa estar con plena presencia en el encuentro sexual, de manera que las emociones del pasado (tristeza, resentimiento, enojo, dolor) no intervengan, dejar el pasado donde tiene que estar y gozar en el presente. Solo se puede hacer el amor en el presente cuando no has perdido tu presencia, dejar atrás el falso yo y no permitir que eche a perder el momento. Sé tus sentidos, no tu mente, sé tu cuerpo, permanece donde estás.

 

Es posible fantasear sobre el sexo, pero no sobre el amor. Estar psicológicamente presente significa que no te dejas arrastrar por el cúmulo de sentimientos, imágenes, recuerdos del pasado ya que cuando es así uno ya no está haciendo el amor, ha dejado de ver a su pareja y se ha ido a su propio mundo interno. El cambio fundamental solo puede ocurrir aprendiendo a estar consciente en el amor, haciendo el amor por amor y no por ti mismo. Esto significa estar ambos psicológica y espiritualmente presentes durante el acto de hacer el amor.

 

Hacer el amor irá acompañado de una creciente unión y sensación de quietud y paz, y de un sutil desapego de las preocupaciones y ansiedades de la  vida cotidiana. Long afirma que este juego amoroso es el más raro estado de comunicación sobre la tierra. Practicando hacer el amor la pareja se siente atraída más cerca de la realización de la consciencia y del amor mismo, a la unión consciente de los principios masculino y femenino fuera del tiempo, en la presencia divina, la Conciencia Transcendente y el espíritu sublime del Amor y la Vida.

 

Siendo así, hacer el amor es una buena práctica de meditación en pareja, la práctica de la conciencia despierta, la experiencia íntima de Ser a Ser, de corazón a corazón, fluyendo en la impermanencia del momento presente, y en última instancia la experiencia de unidad y fusión con Dios.

 

 

 



12 comentarios

  1. Joak dice:

    Me encanta tu blog!!

    Gracias.

    1. Ascensión Belart dice:

      Gracias Joak! Solo tiene sentido cuando personas como tu lo apreciais.

  2. Elizabeth Paz dice:

    Qué artículo tan profundo, hacer el amor es el momento cumbre entre una pareja, se comparten tantas cosas cotidianas y ese espacio, esa intimidad es donde se demuestra la fortaleza de la relación. Yo amo a mi pareja y nada es más significativo entre nosotros como esa entrega sincera. Gracias!!

    1. Ascensión Belart dice:

      Eres afortunada Elisabeth, gracias por compartirlo aqui.

  3. Antoni Amengual dice:

    Gràcies per compartir la teva llibertat de voler ser millor pels altres. És un gest que t’honora. Una abraçada Chon

    1. Ascensión Belart dice:

      Moltes gracies Toni!

  4. josefa dice:

    es un artículo interesante, sin embargo siempre tuve dudas, siempre hablar en amor con los principios masculinos y femeninos. y el amor entre personas del mismo sexo?

    1. Ascensión Belart dice:

      Es cierto Josefa, algún dia espero escribir sobre relaciones entre personas del mismo sexo, reconozco que no he profundizado en el tema. Por el momento solo cabe igualmente entregarse en la práctica de hacer el amor!

  5. Laura dice:

    Hola, gracias por tu artículo, a pesar de que no estoy de acuerdo en cosas que has escrito. Yo soy de la opinión que para hacer el amor con alguien has de sentirte a gusto con la persona. Cuando hablas de que las mujeres castigan a través del sexo, la verdad es que me ha chocado. Yo no creo que sea un castigo, en absoluto, solo que, si te sientes mal con esa persona por algún motivo creo que es bastante difícil tener relaciones con ella. Me parece que antes de la relación sexual está la transparencia, la sinceridad, el respeto, el amor. Estoy de acuerdo con lo que dices en que el sexo con presencia, viviendo la sensación, es el mejor sexo que hay. De hecho, y te lo digo por si te interesa para otro artículo, y tal vez te lo han comentado otras mujeres, para muchas, en el embarazo, la relación sexual es así, pura sensación. Supongo que debido a las hormonas, te lo apunto por si te es interesante. Gracias de nuevo por el artículo, es muy bello.

    1. Ascensión Belart dice:

      Gracias Laura!

  6. Merche dice:

    Chon, me encanta tu blog, y el contenido de casi todo lo que dices y como lo dices, te mire de cerca y por su puesto este viernes comprare el libro, que ya he visto que en la Casa del Libro esta disponible.

    Un beso
    Merche
    SAT JUNIO 2013

    1. Ascensión Belart dice:

      Gracias Merche, un fuerte abrazo!


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Un viaje hacía el corazón
Ascensión Belart, Psicóloga terapeuta




Nací en Madrid y vine a Mallorca hace más de 25 años en busca del mar. Aquí nacieron mis dos hijos. El sentido de mi vida ha sido conocerme a mi misma. Ahora sé que conocerse es ir más allá del ego o personalidad, es tomar conciencia de nuestra naturaleza original, el sol irradiante de nuestro corazón. Mi perspectiva de la psicología ha ido evolucionando y como la tierra está formada por diferentes estratos: psicología humanista, sistémica, gestalt, fenomenológico-existencial, el eneagrama y la psicología transpersonal. Soy practicante de Budismo zen desde 2000.