Historias de la Tramuntana III
Miramar, el laboratorio de Ramon Llull
Por Alberto D. Fraile Oliver“La palabra es el arma más poderosa”
Ramón Llull
Hace algún tiempo, cuando llegabas a Miramar te recibía Eduardo, un viejo lobo de mar que había recalado como jardinero en este maravilloso lugar. Sus manos han desenterrado muchas de las ruinas del pasado. Entre ellas los jardines del moro
, donde unos mandalas en el suelo, pintados de amarillo y rojo, muestran el eneagrama que tanto inspiró a Ramón Llull en su “arte”. Esta figura geométrica demuestra el contacto de Llull con escuelas esotéricas árabes, probablemente el Sufismo. Su libro L’amic i l’amat
también deja constancia de una fe muy emparentada con la mística musulmana. Una fe que nace del corazón del cual sale una rosa que se eleva hasta el cielo, rasgando con las espinas el pecho del místico.
Cerca de los eneagramas, un tanto escondida, hay una fuente muy peculiar. Frente a ella hay un banco en el que ahora mismo estoy sentado tomando notas. Una puerta se refleja en un estanque, creando una maravillosa sensación de dualidad. Da la sensación de que allí se comunican dos mundos. Uno representado por la puerta y otro por el reflejo en las aguas del estanque. Sin duda, Alicia accedió al País de la Maravillas a través de una puerta similar a esta.
Del viejo Miramar, del Miramar de Ramón Llull, poco queda. Algún resto, símbolos, ruinas… lo que más puede verse es la reconstrucción que otro viejo zorro, el Archiduque Luis Salvador, hizo en homenaje a Ramón el visionario
.
Justo sobre el estanque de la puerta hay algo igual de extraordinario, y también dual. Allí vive un curioso matrimonio que bebe de las aguas de la fuente, está formado por dos árboles: un pino y una encina. Abrazados y juntos sobre la fuente dan vida a un increíble yin-yang.
Todo ello está rodeado de otra maravillosa fusión: el mar Mediterráneo y la serra de Tramuntana mallorquina.
La fuerza de la palabra
En Miramar, Llull llegó a una conclusión que ahorró millones de vidas en medio de las cruzadas: no tiene sentido convertir a los infieles
por la fuerza y las armas. Más vale aprender su idioma y utilizar la palabra. Así que, en Miramar, Ramón se puso manos a la obra y enseñó árabe y artes persuasorias, basadas en la lógica, la filosofía y la teología a 12 monjes que después saldrían al mundo, para convencer a los infieles. El proyecto estaba financiado con un dinero que le dio el rey Jaume II, el que había sido su alumno en los años de la corte.
En Miramar, Ramón pasó sus momentos más felices. Pese a que era un peregrino empedernido también tenía un fuerte deseo de estar solo para poder meditar, contemplar la naturaleza e inspirarse. La belleza de Miramar era el sitio ideal para hacerlo. Todo estaba tranquilo entre el maestro y sus discípulos hasta que la gente del pueblo le cogió el gusto a acudir a la capilla de aquel lugar, probablemente atraídos por el fuerte magnetismo de el visionario
. Como cada vez acudía más gente y a Ramón le costaba meditar, tuvo la excusa perfecta para refugiarse en una pequeña cueva situada algo más arriba, en la montaña.
Revelación divina
Algunos años antes, Ramón era muy distinto. Durante su estancia en la corte junto al rey Jaume II, se lo pasó en grande: dedicó su tiempo a llevar una vida mundana, licenciosa y alegre, disfrutando los lujos con gran ostentación y teniendo amoríos con doncellas, incluso adulterios declarados, ya que estaba casado con Blanca Picany. Su matrimonio evidentemente no fue feliz. En esa época su arte literario ya estaba presente, aunque en lugar de dedicar los temas de los poemas a la espiritualidad se los dedicaba a las chavalas de la corte.
Pero el bueno de Ramón tuvo a los 32 años una revelación divina
. No se sabe muy bien cómo fue la cosa. Cuenta una leyenda que trató de ligarse a una cortesana, una de tantas, pero la joven no cedía a sus encantos. Tanta fue su resistencia que el joven Ramón quedó prendado de la mujer que rechazaba sus intentos de conquista, y eso que no escatimaba recursos, como buen poeta y trovador bien que le debió dar la lata a la chica. Tanta debió ser la murga que un día ella le mostró el motivo de su rechazo, se quitó la ropa y le enseño un pecho atacado por un cáncer. Fue tal el impacto que la visión del pecho provocó en Ramón que este dejó la vida licenciosa y entregó su vida a los asuntos espirituales.
Otra versión menos novelesca del suceso cuenta que se le apareció el propio Jesús crucificado en cinco ocasiones, a la quinta ya no le quedó más remedio que aceptar la visión.
Sean ciertas o no estas leyendas de lo que no cabe duda es de que Dios le llamó a filas y que Ramón dejó de repente la vida alegre. Por aquella época Ramón, además de filtrear en la corte, había tenido tiempo de tener dos hijos: Domingo y Magdalena. Ante la revelación vendió sus pertenencias, le dejó a su familia una decorosa posición y se fue a hacer el Camino de Santiago. Viajó también al santuario francés de Rocamadour, lugar famoso por su virgen negra. El misterio de la virgen negra… Isis.
Después estuvo al menos otros 2 años peregrinando. ¡Cuántas cosas descubrió sobre sí mismo y el mundo en ese tiempo! Allí entró en contacto con la naturaleza, con la meditación, con maestros y con las gentes y pudo reunir mucha de la energía que necesitaría después para su inmensa labor.
Pasó por su cabeza ir a París a estudiar, pero otro sabio también llamado Ramón, en este caso Ramón de Penyafort, le convenció para que retornase a Mallorca. Por aquel entonces Penyafort rondaba los noventa años y su temple calmó un poco el espíritu viajero e impetuoso de Llull. Como el joven peregrino tenía en muy alta estima su opinión y le consideraba un maestro, siguió su consejo y puso rumbo a Mallorca.
A su vuelta a la Isla pasó varios años estudiando. Recibió una formación académica en el Monasterio de la Real y una algo más heteredoxa de la mano de un esclavo moro: Ramón estuvo pegado a él hasta que hubo aprendido el árabe a la perfección. Conocer la lengua de las personas a las que trataría de convencer fue una parte fundamental de su ideario.
Un tiempo después de esta época de estudio estuvo viviendo como ermitaño en el monte de Randa. Parece ser que allí escribió ese libro irrefutable que andaba pidiendo al Universo, su título fue “El Arte General”, con él demostraría a los infieles que estaban equivocados.
Los ramones y la Alquimia
¿Fue Ramón Llull alquimista? Que hizo una alquimia interior no hay duda. Además tuvo relación con un alquimista muy reconocido, el médico catalán Arnau de Vilanova. Lo que parece más plausible es que un personaje contemporáneo de Ramón Llull, conocedor de su arte
adaptó su sistema a la Alquimia. Algún autor señala que ese personaje, el alter ego
, era Ramón de Tàrrega, un judío converso y conocido alquimista que se hacía llamar maese Raymundo
. Ambos ramones
se han mezclado en el tiempo de tal manera que la leyenda de Ramón Llull está formada por ambos, y quizá mucha más gente.
El fin de Miramar
No se sabe muy bien porqué, ya que contaba con el apoyo del Papa y con el dinero de rey, pero el experimento de Miramar no duró mucho. De todas maneras, funcionó como modelo ya que el sistema que allí estableció el filósofo místico fue exportado más adelante a diversos colegios con el apoyo de Roma.
Este fracaso le causó a Llull una fuerte depresión. Se encontraba en la ciudad italiana de Génova y allí le sobrevino lo que los médicos diagnosticaron como “melancolía ansiosa”.
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Esta entrada fue escrita el Sábado, noviembre 29th, 2008 at 1:55 pm y está archivada bajo las categorías Recomendaciones, Viajes. Puede seguir los comentarios a esta entrada a través del RSS 2.0. Puede dejar una respuesta, o un trackback desde su sitio web.