La vida es la constante sorpresa de saber que existo. — Rabindranath Tagore

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Historias de la Tramuntana IV

Ramon Llull y el final de los Templarios.

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Miramar por Manuel CarballoCerca del estanque de la puerta, hay una pequeña barrera fácil de abrir. Desde allí se puede llegar hasta la capilla que el Archiduque construyó en conmemoración de Ramón Llull y si continúas, el sendero te puede llevar llegar hasta s’Estaca la casa en la que vivió la amante mallorquina del Archiduque, Catalina Homar, y que hoy es propiedad de Diandra y Michael Douglas. Con el otoño han llegado las setas y parece ser que por allí no pasa nadie a cogerlas porque crecen confiadas e inmensas.

Apenas he caminado treinta metros y un sonido himnótico me atrae y no deja que vaya más allá. Es la música del agua de las lluvias de otoño que cae montaña abajo. Circula por un torrente empedrado que esta cruzado por varios puentes de piedra. La imagen es bellísima. Cierro los ojos y el sonido del agua me transporta.

Estamos todavía en la segunda mitad del siglo XIII y la ocupación del Santo Sepulcro por los musulmanes trae de cabeza a toda la cristiandad, Ramón Llull incluido. Y si bien él abogaba por la persuasión frente a las armas, en lo que a la ocupación de Jerusalén se refiere era partidario de la guerra y proponía una nueva cruzada. De hecho, insistió al Papa, sin mucho éxito, de la necesidad de emprenderla. Su estrategia consistía en unificar todas las ordenes de caballería en una sola y atacar.

Como ya había recobrado el ánimo tras su fracaso en Miramar, ni corto ni perezoso, Llull llevó a cabo su propia cruzada personal, en este caso pacífica, que lo llevaría por Europa, Tierra Santa, Asia Menor y el norte de África. Había elaborado su ‘Arte’ hasta tal punto que no tenía ningún miedo a reunirse con cualquier imán o rabino. Le interesaba sobremanera convertir a los musulmanes y judíos de esas regiones, por lo que no dudaba en predicar en las puertas de las mezquitas y sinagogas, lo que no siempre era recibido con agrado por los fieles de esos templos. Más de una vez le detuvieron e incluso torturaron.

Encuentro en Chipre

Grabrevi11Durante los viajes ya fueran en barco o en carruaje, ‘el visionario’, aprovechaba para dictar sus libros, sólo de esta manera se explica su increíble producción literaria que suma más de 300 libros. En la actualidad se conservan alrededor de 280, en la mayoría de ellos se refleja su empeño en demostrar los errores de los filósofos y teólogos de las otras religiones.

Como no recibía apoyo para su labor misionera, Ramón cambió de estrategia y en 1295 ingresó en la orden franciscana, pensando que un monje verdadero podría convencer mejor a la jerarquía eclesiástica que un simple laico.

Uno de los encuentros de Llull con los Templarios, aunque no el decisivo, tendría lugar sobre el año 1302 en la isla de Chipre. A su paso por este lugar, Ramón cayó enfermo y fue acogido por el que sería el último gran Maestre de los Templarios, Jacques de Molay, que vivía en la ciudad chipriota que actualmente se conoce como Limassol. Por esas fechas los monjes guerreros ya estaban de capa caída; no pudieron evitar que el Santo Sepulcro estuviera en manos sarracenas. Aguardaban en Chipre la posibilidad de volver a entrar en Palestina, algo que jamás sucedería. La buena estrella que habían tenido en sus casi dos siglos de existencia estaba apunto de extinguirse.

Pero el encuentro decisivo de Ramón Llull con los Templarios ocurrió, pocos años después, en el ocaso de esta orden. Corría el año 1305. El rey Felipe IV de Francia, alias el Hermoso, impuso como Papa al obispo de Burdeos, el dominico Raimundo Bertrand de Got, bajo el nombre pontificio de Clemente V. Fue un títere en manos de este codicioso rey de Francia cuyo principal objetivo fue exterminar a los Caballeros Templarios, los monjes guerreros, a los que acusaron, en medio de espantosas torturas inquisitoriales, de blasfemia, herejía y sodomía. Pero en ningún momento se puso encima de la mesa de acusaciones el verdadero problema: el exceso de poder que había acumulado la orden y que uno de sus deudores mayores era el propio Rey de Francia.

El final del Temple

Ramón LlullSe convocó un Concilio, para tratar varios temas, entre ellos enviar a los Templarios a la hoguera y finiquitar la Orden. Ramón Llull estuvo presente en las tres sesiones del Concilio. No se sabe que votó pero los franciscanos solían ser muy moderados en los tribunales inquisitoriales, de hecho muchas veces se encargaban de suavizar la tendencia a condenar de los dominicos a quienes les gustaba bastante el olor a carne quemada. Por otra parte, Llull tenía clara una idea que debe ser tenida en cuenta a la hora de valorar cual debió de ser su voto. Para Llull era imprescindible unificar todas las ordenes militares existentes. El beato cita cinco aunque probablemente había más. Para él la fragmentación y el conflicto de intereses era un obstáculo insalvable y estaba impidiendo recuperar Jerusalén. No había un criterio unificado. Para él, la Orden resultante debía llamarse del Espíritu Santo y una vez llevada a cabo la fusión bajo este nuevo cuño había que iniciar una nueva cruzada.

Votase lo que votase Llull, los templarios fueron condenados y muchos de ellos murieron en la hoguera, encabezados por su último Gran Maestre Jacques de Molay en 1314. La Orden como institución fue también suprimida por Clemente V en el mismo acto.

En ese oscuro Concilio, Ramón obtuvo una pequeña victoria personal: se aprobó su idea de crear colegios para enseñar a los misioneros el hebreo, el árabe y las lenguas orientales como él venía insistiendo desde años atrás desde su experiencia en Miramar. Cambiaba así la estrategia de la Iglesia.

De alguna manera, con los Templarios terminaba una época y con Ramón Llull comenzaba otra. Terminaba la época de las violentas cruzadas que pretendían expulsar a sangre y fuego a los sarracenos de los santos lugares y comenzaba otra que pretendía convencer a los infieles a través de la persuasión de su error en la fe. Eran otros tiempos, pero Ramón Llull era defensor de la propaganda en lugar de la guerra.

Cuando terminó el Concilio, Ramón viajó a Argelia para continuar su misión. En el trayecto dicto sus últimas obras. Por lo visto, en la ciudad de Bugía, un grupo de musulmanes cabreados por la insistencia de Ramón en demostrar que estaban equivocados en sus creencias decidieron darle una paliza. Las heridas ocasionadas en la reyerta acabaron con la vida de Llull que murió el 29 de junio de 1315, cuando regresaba de su viaje a Argelia en hacia Mallorca en un barco de bandera genovesa que le auxilió.

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Un comentario para “Historias de la Tramuntana IV”

  1. Moreno gombom dice:

    que bonita es la primera foto , que peazo artista hay detrás…. ;D

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