Nunca dudes que un pequeño grupo de ciudadanos pensantes y comprometidos pueden cambiar el mundo. De hecho, son los únicos que lo han logrado — Margaret Mead

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Historias de la Tramuntana VI

Catalina Homar: El moscatel de s’Estaca

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MiramarSi caminas desde Miramar en dirección a S’Estaca, a mitad de camino hay una extraña capilla en ruinas. Para saber cómo se erigió tenemos que dar un salto en el tiempo hasta 1876. Habían pasado cuatro años desde que el Archiduque compró la finca, y ese año se cumplía el sexto centenario de la fundación del Colegio de Lenguas Orientales por parte de Ramon Llull. Para conmemorar el aniversario acudieron todos los hombres y mujeres de las letras mallorquinas. Miramar fue muchas cosas durante el tiempo que allí permaneció el Archiduque Luis Salvador y entre ellas fue una corte trovadoresca, donde los poetas, los artistas y los payeses eran bienvenidos. Cultura popular y académica se daban las manos en casa del archiduque. Sobrasada y poesía.

Presidió el acto la madre del Archiduque, la Gran Duquesa de la Toscana, María Antonieta de Borbón, a la que el propio Archiduque definió como un alma grande.

Toda la comitiva allí presente hizo una pequeña excursión hasta el escarpado lugar para colocar la primera piedra del oratorio-rotonda que el Archiduque erigió en homenaje a Ramon Llull. En realidad colocaron dos piedras, una traída de la ciudad argelina de Bugía, donde apedrearon a Ramon Llull y otra de California de una misión fundada por el franciscano mallorquín Fray Junípero Serra, cuya labor misionera estuvo muy influida por el lulismo. Algunos años después cobijaría una estatua de mármol blanco esculpida en Florencia por Dupré.

A día de hoy, la rotonda homenaje está hecho unos zorros ya que hace 32 años literalmente la partió un rayo y de ella solo quedan las ruinas. Una vez más Ramon Llull vuelve a caer en el olvido y el letargo, tal vez dentro de algunos siglos regrese otro aristócrata europeo a hacer el trabajo que los mallorquines no somos capaces de hacer.

Catalina Homar

Catalina HomarS’Estaca, que ahora pertenece al actor Michael Douglas y a su ex -mujer Diandra, fue un lugar especial para el archiduque. Allí mantuvo muchos encuentros con la que fue una de las mujeres más importantes de su vida, Catalina Homar. Al Archiduque le gustaban las mujeres y su vida sentimental fue un fiel reflejo de su nomadismo. Nunca contrajo matrimonio. Aunque parece ser que estuvo comprometido a los 20 años con la archiduquesa Matilde pero antes de que la boda se celebrase ésta murió carbonizada cuando su vestido ardió al prenderse con una estufa. Este hecho marcó su vida.

Jamás se comprometió con otra mujer y los rumores de su promiscuidad recorrieron Mallorca de punta a punta. Pero si hubo una mujer que se ganó un hueco en su corazón fue Catalina Homar.
S’Estaca, una casa de corte siciliano, construida por orden del Archiduque, fue tierra de viñedos y de pescadores y testigo del contrabando, principalmente de tabaco, ya que las cuevas de la zona eran muy propicias.

El gusto que los mallorquines tenían por el estraperlo no dejaba de sorprender al Archiduque que estaba más que molesto porque este tipo de actividades ilegales tuvieran como escenario sus propiedades.

Los vinos de S’Estaca fueron famosos en su tiempo principalmente el moscatel y la malvasía. La joven Catalina era una jornalera más en la finca que inició una aventura sentimental con el Archiduque que duraría algunos años. Esta relación la convirtió en la capataz de S’Estaca y acompañante del Archiduque en algunos de sus rocambolescos viajes.

Esta casa también fue testigo del trágico final de Catalina Homar que murió de lepra entre sus paredes, tal vez contraída en su viaje a Palestina junto a Luis Salvador. Durante su larga convalecencia el Archiduque no estuvo presente ya que se encontraba escribiendo un libro sobre Itaca, la patria de Ulises. Cuando Luis Salvador regresó a Mallorca la mujer con la que compartió algo más que el lecho ya estaba enterrada.

Percusor de la Ecología

S'EstacaLuis Salvador fue un gran defensor de la naturaleza, un gran ecologista. En sus fincas el respeto por los árboles y los animales fue exquisito y la unión de la naturaleza y las actuaciones humanas en el paisaje fue también sumamente cuidadosa. Muchos de los predios que compró alrededor de Miramar los hizo para evitar que los propietarios talasen árboles centenarios. De hecho, cuando corrió la voz que el Archiduque compraba tierras para evitar que se cortasen árboles más de uno sacó el hacha para atraer al rico comprador. El escritor Santiago Rusiñol deja constancia de ello en su libro La isla de la calma: ordenó que en sus propiedades no se cortara ni una sola rama y el bosque, agradecido, verdeaba exuberante y en su mayor belleza. Cuando ya sus sombras cubrían la montaña, mandó hacer caminos medio escondidos entre la arboleda, a fin de que el paisaje no tuviera que sufrir por ello, así como pétreos puntos de observación de panorámicas y glorietas de mármol blanco.

Fue la figura clave del romanticismo en Mallorca. Siempre estuvo interesado por el arte y la cultura de la Isla. Estableció amistad con escritores, pintores y artistas de su época. Él mismo fue un gran científico y su obras, en particular Die Balearen, premiada en una Exposición Universal y alabada por el propio Julio Verne, demuestran su capacidad de observación y descripción. Recopiló cuentos y leyendas mallorquinas y enseño a los mallorquines a valorar la belleza de su paisaje y sus costumbres.

Más allá de los convencionalismos

Fue un tipo muy humilde al que le gustaba pasar desapercibido y se integró perfectamente en el paisaje mallorquín. Su aspecto desaliñado y bohemio ocultaban su linaje. Y siempre su afán de conocimiento estuvo muy por encima de los convencionalismos sociales.

En cierta ocasión le invitaron a una cena como invitado de honor. Como la invitación era muy rimbombante el Archiduque acudió ataviado con traje de gala. Una vez hubieron servido el primer plato de la cena. El archiduque en lugar de llevarse la cuchara llena de sopa a la boca se la llevaba a los bolsillos. Los anfitriones se quedaron de piedra y preguntaron al Archiduque cuál era el motivo de su comportamiento. Éste les contesto que como a quien habían invitado a cenar era a su traje él no quería ofenderles y estaba dándole de cenar.

Una de las muchas formas que eligió para devolverle a Mallorca toda la belleza que había recibido de ella fue abrir una hospedería donde todo aquel que pasase por allí tenía derecho a hospedarse durante 3 días. La encargada de regentar aquel albergue fue Madò Pilla, una deslenguada anciana que le dio nombre al lugar; en poco tiempo se conocía el lugar como Ca Madò Pilla. La hospitalidad del Archiduque fue bien explotada por gente de todo tipo, la mayoría de dudosa reputación. Hasta tal punto que los excesos cometidos en el lugar obligaron a cerrarlo.

Un espíritu libre

El sequito que rodeaba al Archiduque en sus viajes parecía una compañía de cómicos, y en más de una ocasión les preguntaron cuando comenzaba la función. El grupo estaba formado por mallorquines, venecianos, árabes, austriacos, un pintor bohemio, un cura, un poeta impoluto y un mono. Todos ellos liderados por un extraño personaje ataviado con una gorra, una sombrilla y un abrigo marinero raído.

Lo único que no soportaba Luis Salvador es que alguien le controlase. Si alguien de su equipo lo hacía, quedaba relegado. Tenía grandes dotes psicológicas y le gustaba tener el dominio absoluto, por ello en su círculo más íntimo, le gustaba rodearse de gente con poco sentido crítico y serviles ante sus caprichos. En el escaso espacio del barco era donde las tensiones psicológicas era más intensas y allí estallaban los celos, los caprichos, las envidias, las rivalidades amorosas… La complejidad de este personaje era tal, que si en algunos aspectos puede ser considerado un visionario o un ecologista en otros podría ser tachado de déspota carismático…

¿Qué fue lo que conquistó de Mallorca al Archiduque? Muy sencillo: algo que hoy en día ya no existe: la calma que permite la contemplación. A él le encantaba quedarse mirando el horizonte, absorto en la inmensidad, o mirando el detalle del fondo marino de Deià: los erizos, las rocas, los peces, las estrellas de mar… eso era lo que más amaba este hombre.
No era extraño verle con su chaquetón, la gorra de marinero y una sombrilla sentado sobre una roca contemplando el fondo del mar, en silencio.
En 1915, murió en el castillo de Brandais, en Austria, habiendo nombrado en testamento como heredero universal de todos sus bienes a don Antonio Vives y Colom (secretario personal, colaborador y hombre de su confianza que conoció en Mallorca y que le acompañó desde 1872 hasta su muerte) y a sus hijos.
Cuando el Archiduque ya no mantenía vivo Miramar poco a poco fue deteriorándose. Su presencia era en gran medida la que dio el esplendor a Miramar en el siglo XIX. Al desaparecer él, nuevamente el olvido y la maleza se apoderaron del lugar.

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Un comentario para “Historias de la Tramuntana VI”

  1. Carlos dice:

    Excelente ilustracion historica. Parece mentira pero hace falta mas narraciones como esta, y en castellano, para poder conocer un poco mas esta hermosa isla……

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