Historias de Tramuntana V
El Archiduque Bohemio
Por Alberto D. Fraile Oliver
Ronda la segunda mitad del siglo XIX, Mallorca vive aletargada. Mientras en el mundo estalla la revolución industrial y Europa vive convulsiones políticas y revoluciones de todo tipo, en esta pequeña Isla del Mediterráneo el sistema socio-económico agrario y caciquil frenan la llegada de la modernidad.
En Mallorca un lugar en el que el tiempo parece no correr, dos personajes cruzan sus caminos, en el espacio, ya que en el tiempo es imposible, seiscientos años les separan: Ramon Llull y el Archiduque Luis Salvador. Dos encarnaciones del espíritu de su tiempo. Ramon llull un científico-místico, una luminaria en la historia. El Archiduque fue el prototipo de romántico del siglo XIX; un aristócrata que no soportaba la corte, un intelectual bohemio que disfrutaba de las gentes del pueblo, de la cultura popular pero que al mismo tiempo amaba profundamente la belleza de la naturaleza, el mar, el arte y la erudición. Este espíritu libre eligió Miramar, el lugar donde Ramon Llull, siglos atrás, había creado su Escuela, como uno de sus lugares principales de operaciones.
Además de su amor por Miramar, ambos tenían un curioso nexo de unión histórico. Un antepasado del propio Archiduque fue contemporáneo de Llull y no sólo coincidieron sino que establecieron un buena relación. Se trata del rey de Alemania Rodolfo de Habsburgo, fundador de la casa de los Austrias, con quien el sabio mallorquín se encontró a su paso por aquellos lugares (si concedemos como biográficos los pasajes de su libro ‘Blanquerna’). Rodolfo que debía ser bastante sensible captó la grandeza del personaje que tenía delante y se convirtió en su amigo y protector.
La primera visita a la Isla
El Archiduque recaló por primera vez en Mallorca en 1867 a la edad de 20 años. A bordo del buque Jaume II atraca en el puerto de Palma. La vista que ofrecía la bahía de Ciutat era increíble, en palabras del propio Archiduque “muy pocas ciudades ofrecen al recién llegado una imagen tan bella; en pocas se unen forma y color para pasar a formar un todo que se tan completamente armónico”. (Siento informarle, querido Archiduque, que ahora al viajero le recibe una bofetada de cemento, asfalto, puertos deportivos, cruceros, palacios de congresos y bares de alterne…).
Junto a su acompañante, el Conde Sforza, se alojaron en Ca’s Francès, en la calle Conquistador de Palma. Años más tarde este lugar cambiaría de nombre y se convertiría en la primera empresa hotelera de la Isla bajo el nombre de “Hotel Mallorca”.
El Archiduque se movía para pasar desapercibido bajo el pseudónimo de Conde Neudorf. Su guía era Francisco Manuel de los Herreros, un hombre con muchos contactos en la Isla, y que más tarde se convertiría en el administrador del Archiduque.
Después de su primera incursión en Mallorca, Luis Salvador volvió a Praga a terminar sus estudios, pero la Isla ya había ocupado un lugar, y no pequeño, en su corazón. Pasaron 4 años hasta que regresó, pero esta vez sería para quedarse. O al menos para establecer su base de operaciones, ya que no olvidemos uno de los rasgos que definirían a este personaje fue su culo inquieto.
Como en esta ocasión su estancia iba a ser más larga alquilaron ‘el Caserón de los Formiguera’. Un viejo palacio noble que había pertenecido al Conde Santamaría de Formiguera un contemporáneo de Ramon Llull, uno de los hombres de Jaume I en la conquista de Mallorca. La casa está ubicada sobre las murallas de la ciudad junto a la Catedral. En aquella época el precio del alquiler debía ser razonable, en la actualidad es el lugar de España donde las casas son más caras…, (por cierto, eso es precisamente lo que ha sustituido a la armonía).
Una mañana, asomado a la ventana que daba a la Bahía tomo la decisión de establecerse en Mallorca. Una vez más demostraba su buen gusto.
Aristócrata europeo busca casa en Mallorca
Llegaba el momento de comprarse una casa. (De esta manera inauguraba un ritual que muchos compatriotas suyos han seguido celebrando hasta nuestros días). En un primer momento le echó el ojo a una propiedad en Cala Figuera. Pero en una de sus numerosas excursiones por la Isla junto a Francisco Manuel de los Herreros pasaron junto a Miramar. El lugar apenas quedaba una piedra sobre la otra y la maleza crecía salvaje por el lugar en el que Ramon Llull había vivido algunos de los momentos más plenos de su vida. Hubo flechazo. Los caminos de ‘el visionario’ y ‘el romántico’ se cruzaban definitivamente.
Por esa época, estamos en 1872, la finca pertenecía a Juan Serra, un terrateniente que vivía en Sa Pobla. Todas las propiedades de este hombre estaban por esa zona, muy alejada de Miramar, y no era materialmente posible subir hasta la Tramuntana a mantener y cultivar la finca. Así que estaba en venta.
El 19 de enero de 1872, el Archiduque y su administrador habían sido invitados a pasar la fiesta de San Sebastián en Pollença, pero una fuerte lluvia interrumpió su trayecto. Decidieron desviarse hacia Sa Pobla y para aprovechar el día se acercaron hasta C’an Serra, la casa del dueño de Miramar. Allí mismo llegaron a un acuerdo sobre la compra y dos días después se oficializaba la compra.
Ese lugar se convertiría muy pronto en uno de los centros de su pequeño reino, tal vez el principal, y base desde donde iniciaría numerosos viajes.
Espíritu libre
El Archiduque siempre tuvo buen gusto. Así que eligió uno de los lugares más bellos del mundo para nacer: El palacio Pitti, una de las joyas arquitectónicas de Florencia, en la Toscana italiana. En ese distinguido lugar nacía el 5 de agosto de 1847 su Alteza Imperial y Real el Serenísimo Señor Archiduque de Austria Luis Salvador de Habsburgo-Lorena y de Borbón, tercer hijo de varón de Leopoldo II de Toscana y de María Antonieta de Borbón. Mucho título para un hombre al que lo que le gustaba era llevar una levita llena de roña por los antros del Mediterráneo acompañado de una excéntrica ‘troup’ formada por personajes casi circenses.
Su madre siempre fomentó su independencia desde la infancia. A Luis Salvador nunca le gustó el protocolo de la Corte y los corsés de Palacio le asfixiaban. Fue un amante de la belleza, por contra, su cuerpo y su rostro no fueron agraciados con este don. Padecía una enfermedad llamada elefantiasis que con el paso de los años le dificultó moverse con agilidad.
A la edad de 12 años la vida de Luis Salvador daría su primer gran giro. El 27 de abril de 1859 con nocturnidad salía la familia del palacio Pitti. Las convulsiones políticas de mediados del siglo XIX y la reunificación Italiana que estaba liderando Garibaldi acabaron con los grandes ducados y dejaron a la familia del archiduque sin trono en la Toscana. El drama familiar y el desastre de la corona liberaron al Archiduque de muchas de sus obligaciones institucionales y pudo hacer volar sus ansias de libertad.
El rey de Mallorca sin corona.
Una vez adquirida la finca de Miramar, en los años siguientes fue sumando los terrenos colindantes: Son Garcelán, Son Gallard, Son Ferrandell, Son Moragues, Son Gual, Son Marroig, l’Estaca… todas ellas sumaban 10 kilómetros de costa en uno de los lugares más bellos del Mediterráneo.
Si Ramon Llull fue un gigante, el Archiduque también lo fue. Su influencia en la sociedad mallorquina fue tan grande que se le ha llegado a llamar “el rey de Mallorca sin corona”. Uno de los grandes méritos del Archiduque fue rescatar del olvido a la figura de Ramon Llull y ennoblecer los lugares que el beato había elegido para edificar uno de sus proyectos más queridos, muchos de ellos despreciados y caídos en el olvido.
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Esta entrada fue escrita el Sábado, marzo 7th, 2009 at 12:01 pm y está archivada bajo las categorías Viajes. Puede seguir los comentarios a esta entrada a través del RSS 2.0. Puede dejar una respuesta, o un trackback desde su sitio web.