16

marzo

2011

I LOVE Mortadelo y Filemón

Por

El otro día descubrí que Francisco Ibáñez, el creador de Mortadelo y Filemón, cumple años el mismo día que yo. Nos separan 40 años pero hay algo que nos une: la  fascinación que de niño tenía por sus tebeos.

Déjame que te cuente la historia de mi colección de Mortadelos. Unos amigos de mis padres, Jesús y Corona, se fueron de Mallorca. Su hijo Carlos tenía una suculenta colección de Mortadelos que me regaló cuando se marcharon de la Isla. Nunca me había preguntado hasta ahora qué debió significar para él aquella renuncia. Un acto de desapego de esa magnitud para un chaval de 15 años debía ser insuperable. A mi me hubiera partido el corazón. Probablemente sus padres le dijeron que no cabían tantos trastos suyos en el coche. Que no había sitio y que lo mejor era regalárselos a Tete (a mí). Por esas fechas no creo que yo tuviera más de 7 años. Cuando mi madre me hizo entrega del tesoro. Me recuerdo diciendo: !Hay de tapas duras¡ De golpe, me hizo entrega de cientos de tebeos. Un regalo que normalmente se da en pequeñas dosis. Sin embargo, me soltaron todo aquel caudal de viñetas de golpe. Los primeros días los miraba uno a uno para ver las portadas. Los ordenaba por fecha. Solo organizarlos ya me daba placer.

Y así me convertí en heredero de una colección impresionante de Mortadelos que venían desde principios de los 70. Creeme si te digo que amplié afanosamente el legado. Durante los 80 decenas de tebeos de Bruguera fueron sumándose. Fiel a Mortadelo y Filemón, solo hice algún escarceo con “Rue 13 del Percebe” o con “Pepe Gotera y Otilio”. Por mis manos pasaron algunos ejemplares, de hecho los conservo, de comics de otros dibujantes como el ahora rescatado por la película “El Gran Vázquez” con su “Anacleto, agente secreto” o “La Familia Cebolleta”, buenos, sin duda,  pero nada como Mortadelo y Filemón. Sus dibujos eran inigualables y el punto naif y surrealista de Ibáñez me cautivó.

Recuerdo con especial cariño la historieta “El cacao espacial”. Una de las mejores. Quizá porque fue la única incursión del gran Ibáñez en el terreno político. Sus chistes sobre Reagan, Margaret Tatcher o Krushev no dejaban de ser inocentes y alocados. Incluso la leve puya a Fernando Morán, ministro de Exteriores de la época, no pasaba de chiste soso. Pero la atmósfera de ese cómic, una odisea espacial cañí, de botijo y tecnología cutre, es genial.

Otras historias, como “El caso del Bacalao”, eran verdaderas hazañas narrativas. En este caso, el del bacalao, Ibáñez nos sumeje literalmente en el mundo de la mafia. Una mafia desastre que vende bacalao para dar sed a la gente y luego se hacen con el control del suministro del agua. El cúmulo de desastres lleva a la inundación de la ciudad y al delirio que sin ser para nada psicodélico dejan ver que Ibáñez es capaz de crear un mundo desde un punto de vista muy especial.

Otras muchas historias leí en el asiento de atrás del Renault 18 rojo de mis padres, o en la cama antes de dormir. Incluso en el váter. En épocas de mi vida era incapaz de ir al baño sin un Mortadelo. Era mi ritual. “A la caza del cuadro”, “Chapeau el emerriau”, “Magín, el mago”, “Sufáto Atómico” y tantas y tantas horas sentado en la taza.

Si hoy me gusta leer y contar historias es gracias a Ibáñez, y a Jesús, Corona y el pobre Carlos que con su renuncia me hizo feliz durante mucho tiempo y me dio refugio en los días de lluvia. Interior y exterior. Es el mejor regalo que jamás me hicieron.

Siempre los cuidé como un tesoro y ahora está abandonados en una caja en el garaje de mi madre.


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2 comentarios para “I LOVE Mortadelo y Filemón”

  1. Xavi dice:

    Y qué me dices de ls múltiples historias sobre las Olimpiadas? “O limpiada con bayeta o limpiada con estropajo…”.
    A menudo yo lloraba de la risa, leyendo Mortadelos. En mi casa me hacían callar porque no les dejaba oir la tele, con mis carcajadas! Además me encantaba dibujar, copiando durante horas a Mortadelo con sus mil disfraces.
    Ibáñez es un genio. Después creó a “Chicha, Tato y Clodoveo, de profesión sin empleo”, duraron poquito pero eran buenísimos!

  2. Carlos dice:

    Tete, (puedo llamarte así?) soy también un admirador desde mi infancia de Ibáñez y sus personajes. Todo un genio. No tengo nada que añadir a tu comentario. Yo sigo a mis cincuenta y tantos años leyendo a Mortadelo y Filemón, los agentes más inútiles de la hisotria, tan españoles y tan cazurros, pero siempre fieles a sí mismos y a su causa. Sobre todo en momentos de pesadumbre echo mano de los tebeos, porque a pesar de los años y de haberlos leido una y otra vez, la risa franca que me producen es una delicia para cuerpo y alma. Esta “risoterapia inespecífica” y espontánea me alivia de muchos males y muchas penas. Tan solo me gustaría preguntarte si has pensado en desprenderte de los tebeos que tienes en la caja del garaje. En caso afirmativo yo te estaría muy agradecido. Díme un precio. Saludos

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