Taller de meditación integrativa

“La pesca de captura marina, que se enfrenta ya a múltiples dificultades debido a la sobrepesca, la pérdida de hábitats y una gestión endeble, está mal posicionada para hacer frente a los problemas que se derivan del cambio climático”.

Esta es la advertencia que hace la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) en su último informe. EUO © OCEANA Juan Cuetos_webPescadores de países del Sur denuncian la invasión de flotas extranjeras en sus caladeros tradicionales, países en lo que muchas veces el pescado es una de las pocas fuentes de proteínas. Paralelamente a esta doble problemática, biológica y social, los productos de pesca son cada vez más habituales en las mesas de nuestros hogares.

Los consumidores tenemos un importante papel ante la alarma sobre las condiciones de salud del mar. En buena medida, el futuro de los océanos depende de la actitud de quienes nos beneficiamos de sus recursos. No obstante, sabemos muy poco de la pesca: de dónde viene el pescado que consumimos, si ha sido capturado respetando el medio ambiente marino, si su obtención ha puesto en peligro a especies amenazadas. La dura realidad es que los principales caladeros del mundo están bajo mínimos y que el desarrollo industrial ha sido tan intenso que ha provocado cambios en la propia composición orgánica de los océanos. Muchas especies de gran valor, muy abundantes hace menos de medio siglo, se encuentran ahora seriamente amenazadas; mientras que para otras especies el problema no es la supervivencia sino unas técnicas de pesca o de cría que acarrean graves consecuencias a la salud del planeta y a la nuestra propia.

España es uno de los mayores consumidores de pescado del mundo y la principal potencia pesquera de Europa. No obstante, la diversidad de la oferta de especies es cada vez menor debido al agotamiento de las pesquerías, causa de que cada día se pierdan puestos de trabajo. El panorama actual nada tiene que ver con el oficio de antaño, que se llevaba a cabo en concordancia con la naturaleza y con las necesidades de los humanos. Cada año miles de toneladas de pescado se trasbordan en alta mar a inmensos buques congeladores. En otros casos, avionetas y satélites ayudan a detectar con rapidez los bancos de peces y se usan redes en las que cabrían hasta una decena de Boeing 747.

Año 2048: El fin de los alimentos procedentes del mar

Si contrastamos cifras, WWF asegura que la flota mundial de pesquería es unas 2,5 veces mayor de lo que pueden soportar los océanos de EUO © OCEANA Keith Ellenbogen_webmanera sostenible. Mientras, la FAO constata que casi la mitad de las poblaciones de las principales especies de peces están plenamente explotadas, y más del 25%, sobreexplotadas, agotadas o en recuperación. Y peor aún es la situación en los caladeros europeos, pues según los datos de la Comisión Europea, en el 88% de ellos se da una sobreexplotación. La única solución, según vaticinó Callum Roberts, profesor de Conservación marina de la Universidad de York, en el salón italiano Slow Fish celebrado el pasado abril, sería que un tercio de los océanos se cerrara a la pesca por veinte años como mínimo para recuperar los stocks pesqueros sobreexplotados. De no ser así, los científicos pronostican que en 2048 seremos testigos del fin de la mayoría de alimentos procedentes del mar. Este será el punto y final que el periodista del Daily Telegraph Charles Clover predijo en su libro ‘The End of the Line’ y que el cineasta Rupert Murray ha llevado a la pantalla en forma de un documental que ha causado conmoción.

En esta competición por unos recursos en descenso, algunas empresas cambian de nombre y bandera, emplean tripulaciones en condiciones precarias y esquilman las aguas de los países más pobres. Asimismo, en los últimos años la industria ha empezado a pescar en los últimos lugares vírgenes: las grandes profundidades abisales de los océanos. Mientras, en lugar de tomar medidas para frenar estos abusos, muchos argumentan que la solución es la acuicultura; el cultivo de peces en jaulas o estanques. El biólogo Xavier Pastor, directorEUO © OCEANA Enrique Pardo_web ejecutivo de Oceana en Europa, enumera los problemas que esta práctica ocasiona: “la contaminación que genera en las zonas en las que se desarrolla, que suelen ser lugares protegidos de temporales como calas, golfos, fiordos; la alimentación de los animales por exceso, lo que genera unos residuos que, sumados a la defecación, originan zonas abióticas sin ningún tipo de vida; y el suministro preventivo y en exceso a estos animales estabulados de antibióticos, con sus consecuentes efectos negativos en caso de enfermedad en el consumidor”. Habría que sumar los escapes de estas especies cultivadas en acuicultura, que se cruzan con las especies locales o colonizan la zona y eliminan otras especies. Estos son los efectos medioambientales. Además,  los animales carnívoros como el salmón, el rodaballo, la dorada o los langostinos son alimentados con derivados de peces salvajes, con lo que el problema de la sobrepesca se agudiza.

No basta con evitar los ‘pezqueñines’

En contraste con este declive de los recursos, las campañas para promocionar el consumo de pescado van en aumento. Numerosas ferias internacionales muestran nuevas formas para filetear, congelar y procesar el pescado. Las grandes compañías alimentarias han puesto sus ojos en los productos del mar, acaparando cada vez una mayor proporción de la producción pesquera y elaborando preparados que nos alejan cada vez más de la identificación y la procedencia del pescado. Desde la Secretaría General del Mar cada año ponen en marcha campañas que animan a consumir más pescado teniendo en cuenta tan sólo la talla mínima de pesca; sin explicar el verdadero estado de los caladeros españoles, europeos y mundiales. No hay que olvidar que a nuestros mercados llega pescado de todos los océanos y mares del planeta.

Pero, a estas alturas ya no basta con evitar los consabidos pezqueñines. “La regla de de oro del consumo de pescado es: consume lo que ha sido capturado cerca de tu territorio, porque es más fresco, es más fácil que haya sido explotado de forma sostenible y, sobre todo, está más controlado desde el punto de vista del transporte. Y es que muchas veces no se tiene en cuenta es qué consumo de energía y de emisiones de CO2 representa comer una merluza capturada en el sur de Argentina”, recomienda Xavier Pastor. En la actualidad, la organización internacional que él capitanea, Oceana, ha reclamado a las administraciones un santuario en las aguas del sur del archipiélago balear para asegurar la recuperación del atún rojo, especie que se encuentra en una situación crítica.

Es necesario que todos y cada uno de nosotros consumamos, elijamos y seleccionemos con la mayor responsabilidad posible. No nos fiemos del marketing, y apliquemos principios como optar por el pescado capturado más cerca, elegir la pieza que puede aprovecharse mejor o descartar los productos mal etiquetados. Con nuestros actos de compra y consumo consciente podemos incidir de modo positivo en el estado de los mares.

Reglas fundamentales del consumo responsable de pescado

1. Pedir siempre información (¿de dónde procede? ¿De la pesca o de piscicultivos?)EUO © OCEANA Juan Cuetos_llautweb

2. Preferir la producción nacional, mejor aún si es de la propia zona

3. Orientarse hacia el pescado azul (boquerones, sardinas, caballas, jureles, etc.) y el marisco: son productos con muchos beneficios, tanto ambientales como nutritivos

4. Evitar siempre los peces por debajo de la talla homologada

5. A las especies sobreexplotadas (atún rojo, pez espada, mero, salmón…) anteponer las que sufren una menor presión de pesca, descuidadas en lo que concierne al mercado, pero muy interesantes desde el punto de vista gastronómico.

6. Preferir los pescados con un ciclo vital breve, es decir que alcancen la edad adulta en unoo dos años (salmonetes, lenguados, boquerones, besugos,…)

Fuente: Slow Fish

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