Entrevista a Joan Garriga
La libertad es un mito
Por Alberto D. Fraile OliverLa trayectoria de Joan Garriga está marcada por dos sabios de nuestro tiempo: Claudio Naranjo, desarrollador de la psicología basada en el eneagrama, y Bert Hellinger, impulsor del trabajo sistémico de las constelaciones familiares. Ser discípulo de estos dos pilares de la terapia contemporánea y su propia experiencia profesional le han llevado a desarrollar un gran conocimiento terapéutico. Una de las conclusiones que ha extraído sobre el ser humano es que cuanto antes aceptemos lo que la vida nos pone delante, mejor. Insiste en que hay que convertir los “noes” en “síes”. De lo contrario, sufrimos.
Es especialista en Constelaciones Familiares uno de los métodos terapéuticos más eficaces para ver con claridad cómo nos afectan nuestros vínculos y relaciones. En una constelación, el cliente posiciona simbólicamente a las personas para las soluciones que necesita. Por ejemplo, el padre, la madre, los hermanos, los abuelos, los hijos o la pareja. Se escenifica y se ve qué es lo que ocurre y cómo tiene que reconducirse.
Eres un terapeuta gestáltico. Y la Gestalt habla de vivir aquí y ahora. ¿Éso cómo rayos se consigue?
Me gustaría estar más aquí y ahora de lo que estoy. Me gustaría desarrollar más este sentido de estar en el presente, de la presencia. Este es el ideal de la Gestalt y de muchas tradiciones. La pregunta es: ¿cómo nos acercamos más al presente? Creo que ayuda hacer prácticas para estar más centrado en el cuerpo. El cuerpo está más centrado en la vivencia del presente, y lo que nos aleja del presente son los diálogos mentales que nos recuerdan el pasado, el futuro, las especulaciones. Por supuesto, los trabajos meditativos de aquietamiento de la mente y también ayuda todo trabajo de poner orden en la vida. Cuanto más orden hay en la vida, uno no tiene que estar enganchado en especular y pensar en asuntos pendientes.
El presente es el mundo de los niños, porque todavía no tienen cargas o responsabilidades, ni siquiera su formato fisiológico permite que puedan alejarse mucho del presente. Luego en la vida empezamos a proyectarnos, queremos ‘ser alguien’. Y querer ‘ser alguien’ -y esto es el proceso natural de la vida- son las tentaciones, el pacto con el diablo. La vida nos empuja a perder este paraíso. Queremos ser alguien, ser padres, ser maridos, ser buenos profesionales… Entonces empezamos a confiar más en estas posiciones que hemos tomado, estos personajes. Estamos constantemente luchando para defender estos personajes porque confiamos que son estos personajes que sostienen nuestra vida y esta lucha nos aleja del presente.
Y entonces, ¿qué pasa?
Entonces mucha gente evoluciona y se da cuenta de que estos personajes no tienen mucho que decir; han servido como vehículos durante algún tiempo para hacer un ego fuerte, pero llega un momento que uno dice: ¿Pero éso qué me da? Para muchas personas empieza entonces un camino de purificación o desidentificación. Empiezan a flexibilizarse las cosas y se acercan cada vez más al presente. El presente se expresa mejor cuando no hay nada que defender, ni nada que esperar, no estamos luchando ni por mantener ni por conseguir, cuando podemos entregarnos al ahora confiadamente. Pero quien se entrega al ahora es ese ser que no tiene muchas expectativas ni muchos temores. En el budismo sucede lo mismo: no tienes que aferrarte a algo ni tienes que rechazar algo, simplemente eres. Esto es un proceso de vida, también es un proceso de evolución personal, de ir comprendiendo que no somos aquello que creemos ser. No somos ni nuestro cuerpo ni nuestras identificaciones ni nuestros personajes. Para muchas personas hay un logro de volver a ser como niños. Esto ya lo decía Jesús.
Pero, ¿ésto cómo se consigue?
Si lo supiera estaría mucho más feliz.
Cada vez más gente hace constelaciones familiares, casi podría decirse que están de moda en el mundillo del crecimiento personal. Sin embargo, poca gente sabe lo que son. ¿Podrías ilustrarnos un poco sobre el tema y decirnos qué son?
A nivel técnico, una constelación familiar es una forma de exponer a la persona que está buscando explicaciones y clarificaciones en su camino desde la forma a las fuerzas de su sistema familiar. Este trabajo se fundamenta en la presuposición de que no estamos solos. Nos gobiernan los vínculos. Nos conmueve, nos proporciona sufrimiento o alegría la forma en la que estamos vinculados con las personas a las que pertenecemos, especialmente los padres, los hijos, los abuelos, los ancestros, las parejas. Es como si hubiera una gran red de amor que funcionara como una especie de bandada de pájaros y que tiene una conciencia común. Cuando vemos una bandada de pájaros en el cielo, de repente todos giran a la izquierda o a la derecha, pero no podemos afirmar que hay un pájaro que sea el capitán que da la orden.
Esto se explica con la hipótesis de que la bandada está recorrida por una conciencia que va más allá de los miembros individuales y que también los dirige según leyes precisas que están al servicio del grupo. En los sistemas familiares también hay una conciencia grupal que genera implicaciones, lealtades, conductas, destinos en las personas. Todo ello tiene mucho que ver con cómo estamos posicionados en el sistema, con los sucesos del sistema, y con los asuntos que no pudieron ser resueltos en el sistema. Personas que no fueron integradas, que no fueron lloradas, acontecimientos difíciles de la vida que no fueron asumidos, desamores o desarreglos de todo tipo quedan como asuntos pendientes; y los hijos que llegan después se insertan en el sistema y parte de sus vivencias, sentimientos, decisiones, posiciones en la vida, tienen que ver con el sistema en el que entran y con la posición que ocupan en él.
¿Y cuál es su utilidad?
Una constelación familiar es una exposición a estas imágenes y movimientos familiares, para poder detectar las dinámicas que mantienen las dificultades y poder generar movimientos que orienten a las personas a ciertas soluciones. Las soluciones siempre están en sintonía con la vida y con las verdades profundas de nuestros movimientos.
A veces es muy poderoso, en el sentido de que se producen cambios importantes en la persona y también se producen cambios en personas de la familia que no han asistido porque esta conciencia familiar va más allá de lo verbal y no-verbal, se extiende. En un sentido radical, podríamos decir que la conciencia está en todas partes. Una constelación es una forma de abrirse a esta conciencia, esto explica cómo los efectos de la constelación a veces son vividos por las personas de la familia aunque no hayan estado allí.
Estos vínculos que dices que nos gobiernan, también nos predestinan y nos limitan… ¿Con tantos vínculos, podemos ser libres?
La libertad es un mito. ¿Quién es libre? No somos libres de estar en otro lugar cuando estamos aquí. No somos libres ni siquiera de elegir nuestros afectos. Cuando nos enamoramos nos empuja una fuerza interior y esta fuerza encuentra también su caldo de cultivo en todas las experiencias anteriores. En realidad nos gobiernan los vínculos, pero nos gobierna la vida también y la vida está mucho más allá de nuestros deseos personales.
En mi opinión, hay dos tareas que tenemos que hacer en la vida. Una es esforzarnos en la dirección de lo que deseamos, de lo que nos mueve, de lo que nos impulsa. Si queremos pintar, pintamos. Si queremos casarnos, nos casamos. Si queremos tener hijos, vamos en esta dirección. Todos queremos cosas diferentes aunque todas las cosas apuntan al bienestar. Nuestra obligación y nuestra tarea es caminar en esta dirección. Tal vez una noche, nos damos cuenta de que todo está bien. Tenemos los hijos que queríamos, la pareja está bien, el trabajo. Sonreímos y decimos que todo está bien porque encaja con nuestros deseos personales. Esto es como si fuera la primera variable de la ecuación de la felicidad. La otra variable es que la vida tiene propósitos propios que son independientes de nuestros deseos personales. Enfermamos, alguien muere, tenemos el cuerpo distinto de lo que quisiéramos, deseamos, nos tocan unos padres y quizás hubiéramos deseado que fueran otros. La vida se mueve y no nos pregunta nuestra opinión.
La vida nos manda, no sabemos con qué propósitos, aquello que luego se convierte en el material con que hacer algo útil con nuestra vida. Todo es aprovechable. Pero no lo decidimos. En esta segunda variable de la ecuación de la felicidad ¿qué podemos hacer? Pues simplemente ponernos en sintonía con los propósitos de la vida, aunque no encajen con nuestros deseos personales.
Es decir, ¿aceptar lo que la vida nos trae?
Esta es la otra parte que te quería contar. Lo esencial en el trasfondo de las constelaciones familiares es transformar ‘noes’ en ‘síes’. Transformar rechazos en aceptaciones. La mayoría de los sufrimientos consisten en que cerramos nuestros corazones a algo o a alguien o a nosotros mismos. A nuestros padres, por ejemplo. La vida tiene su lado cruel, difícil, y allí cerramos nuestro corazón. Pero justamente porque cerramos nuestro corazón en un intento de protegernos, esto tiene como consecuencia que sufrimos y nos limitamos. Entonces, en realidad el trabajo consiste en integrar a los padres tal como fueron, o las cosas difíciles que pasaron: un aborto, perder a un hijo pequeño, una separación y poder integrarlo y aprovecharlo al servicio de la vida. El gran reto es hacer el proceso emocional de ponerse en sintonía, de decir que sí y aprovecharlo también como fuerzas para la vida.
Encontrar el interruptor para transmutar este rechazo en aceptación es un proceso personal de cada uno. Hay mucha gente que no encuentra este interruptor y vive enfrentada a la vida. ¿Qué tiene que suceder para que se pueda hacer ese clic?
Mucha veces las personas se prestan a hacer el proceso emocional cuando ya no les queda otro remedio, cuando sufren intensamente. El sufrimiento intenso les abre las puertas para que puedan decir sí a lo que decían que no. Por ejemplo, los padres. ¿Cuánta gente sufrimos porque decimos que aquello que vivimos con nuestros padres no fue lo correcto? “Deberían haberme tratado distinto, deberían haberme dado más amor, o más cariño, más atención o menos, o no deberían haber sido crueles, o violentos”. Pero nos tocaron los padres que nos tocaron. Y los padres en realidad simplemente son los representantes de la vida, es a través de los padres y de la sexualidad de los padres que la vida actúa. Y no pregunta, simplemente nos toca. Los hijos espontáneamente aman a los padres. Pero cuando se sienten abusados o en peligro, se protegen cerrando su corazón: “Con la herencia emocional que me dieron mis padres, no voy a ningún sitio, no la quiero.” Edifican su vida en la fuerza del rechazo y acaban sufriendo porque la fuerza del rechazo está hecha de victimismo, de juicios, de resentimiento. Viven en un tormento de manera que lo que no encontraron en los padres lo van buscando en las parejas, en los hijos o en otras personas y acaba siendo un fracaso. Tarde o temprano suelen entrar en una crisis y entonces hay una apertura emocional que les reconecta con las heridas de los padres. La solución muchas veces tiene que ver con abrirse al dolor. El dolor es el sentimiento que más nos cuesta, pero es el más rentable terapéuticamente porque cuando nos abrimos al dolor, el dolor realmente es lo mismo que el amor, es la otra cara del amor, nutre el amor. Las personas tratan de cambiar cuando sufren intensamente; es el mejor fertilizante para tratar de cambiar. Hay dos tipos de fuerza: la fuerza que se pone en sintonía con la vida y la fuerza que se opone. La fuerza que se opone tiene la cualidad de que nos hace sufrir y hace sufrir a los demás. Por eso hay personas que se ponen en posiciones manipulativas y dicen: “No quiero saber nada más de los padres.” Entonces están en un victimismo y dicen a la vida: “La vida me debe algo. Aquello que mis padres no me dieron, la vida me lo debe.” Establecen relaciones donde le piden y exigen a los demás aquello que no tuvieron de sus padres, pero extrañamente no se permiten recibirlo. Es una paradoja porque lo exigen, pero no permiten que se les de.
A veces hay entornos familiares patológicos o insanos que son muy difíciles de aceptar.
En realidad no hay familias sanas y familias insanas. Todas las familias están recorridas por las mismas pasiones, pero es cierto que en algunas familias hay hechos crueles. Hay desordenes. Una de las ideas de las constelaciones es que el amor pueda desarrollarse dentro de un orden. El orden principal es que cada uno esté en su lugar: los padres en su lugar, los hijos en el suyo, que los hijos no se entrometan dentro de los asuntos de los padres y de los abuelos. Hay que trabajar con las personas que han sufrido traumas para que puedan liberar la angustia, la confusión, la rabia acumuladas y hacer un trabajo emocional para que en algún momento pueda decir:
Esto es lo que le me tocó vivir cuando tenía 10 años y esto forma parte de mi destino, abro mi corazón a estos hechos y hago algo útil con ellos.
¿Qué se puede hacer con un abuso que sea útil?
Conozco a mujeres que han sufrido abusos sexuales y que ahora son trabajadoras sociales, ayudando a personas que han sufrido este mismo tipo de problemas.
A veces hay que aprender que los padres pueden ser seres perdidos en sus problemas y en sus implicaciones. En realidad desde una perspectiva panorámica o espiritual, no hay malos y buenos. Hay personas que tienen conductas muy dañinas. Este es su destino y tienen que acarrear con ello.
¿Merece la pena preguntarse por cuál es el sentido tiene la vida? ¿Para qué todo este montaje?
Quizás sea innecesario. Es lo que nos toca. La vida avanza, es algo biológico. Es así. Nos toca representar con dignidad un papel en esta danza, en este tiempo en que danzamos entre la vida y la muerte y si podemos gozarlo, aprovecharlo, dar y recibir, desarrollar nuestras inclinaciones. En realidad creo que para las personas que se desarrollan más, también es ponerse en sintonía con el latido del ser de la vida, que es independiente de las formas. Decir: Yo soy Joan y me toca hacer lo que hago, pero esto en realidad no tiene ninguna importancia porque el latido de la vida y la presencia del ser es la misma para todos y está en todas partes.
¿Qué es eso del latido de la vida?
Si ahora pudiéramos poner todo en suspenso, todas nuestras ideas acerca que quienes somos o de qué hacemos, o de los padres que tenemos, de nuestros hijos y quedarnos en un silencio absoluto, ¿qué queda? El latido, la presencia, el ser, el vacío. Una manera de trabajar es acercarse a este vacío donde no existe más el bien y el mal; simplemente existe la vida desplegando sus formas. Te conviertes en alguien contemplativo que no juzga nadie sino que trata de dar un buen lugar a todos. Yo creo que hay la perspectiva de vida en la que tenemos que estar aquí y nos toca vivir eso o aquello, pero muchas personas sienten el contacto con una grandeza mayor; algo que nos trajo, algo que nos llevará y algo que nos sostiene. Este algo que nos sostiene es independiente de si nos va bien o si nos va mal. Creo que es el fruto que obtiene la gente que medita, que se ancla en un lugar que ya no tiene tanto que ver con si nuestros padres fueron buenos o malos, si nuestra pareja nos quiere o no nos quiere. En este lugar hay un gran asentimiento.















Esta entrada fue escrita el Miércoles, octubre 29th, 2008 at 12:46 pm y está archivada bajo las categorías Alma, Entrevista, Portada. Puede seguir los comentarios a esta entrada a través del RSS 2.0. Puede dejar una respuesta, o un trackback desde su sitio web.