La amenaza de los alimentos transgénicos
El monopolio de las multinacionales sobre la agricultura
Por Alberto D. Fraile OliverSin que hayamos dado nuestro consentimiento, los alimentos transgénicos (también conocidos como organismos modificados genéticamente) se han colado en el plato de nuestra comida. Este tipo de alimentos son aquellos cuyo material genético se ha modificado de forma artificial mediante técnicas de ingeniería genética, insertando material genético procedente de otras especies. La llegada de este tipo de organismos a nuestra vida es muy reciente y, sin embargo, están ya muy presentes en nuestros campos y en nuestros platos.
Su rápido auge contrasta con la escasez de información sobre sus impactos ambientales, sanitarios y sociales. Pese a ello se sabe que la utilización de transgénicos tiene grandes repercusiones en campos tan diversos como la agricultura, la salud, la producción y distribución de alimentos, la protección del medio ambiente, los derechos de los agricultores y la economía de muchos productores en todos los rincones del planeta.
A día de hoy los cultivos transgénicos autorizados por la UE para la alimentación son la soja, el maíz, el algodón y la colza. En concreto hay constancia de 19 variedades autorizadas. La industria biotecnológica pretende que los ciudadanos crean que la ingeniería genética es una técnica que aportará beneficios al planeta y a la humanidad. Pero los supuestos beneficios no se han hecho realidad en los países en que se cultivan los transgénicos; en cambio los daños y los impactos de las manipulaciones genéticas se verifican cada vez más.
Las principales vías de entrada de los transgénicos en nuestra dieta son el consumo de carne producida con piensos elaborados con ingredientes transgénicos y los derivados de la soja y el maíz, presentes en una parte importante de los alimentos transformados que consumimos.
El maíz transgénico se utiliza sobretodo en el proceso de elaboración de piensos para alimentar a los animales.
La ingesta de organismos modificados genéticamente se pueden evitar reduciendo el consumo de carne, o consumiendo carne ecológica no alimentada con piensos.
Por otra parte, dos terceras partes de los alimentos transformados que ingerimos contienen derivados de la soja y el maíz que pueden estar genéticamente modificados. Principalmente se utilizan en alimentos infantiles, platos preparados y conservas, congelados, bollería industrial, patatas fritas, aperitivos, chocolates, refrescos, helados, salsas y productos dietéticos.
Para evitar ingerir estos productos, deben rechazarse los productos que lleven derivados de la soja y el maíz que no garanticen expresamente la ausencia de ingredientes modificados genéticamente.
El impacto de los transgénicos.
Afecta a la libre elección del agricultor y del consumidor. Los transgénicos contaminan semillas, cultivos y alimentos. La falta de separación de las cosechas transgénicas y los fallos del etiquetado ponen en entredicho la libre elección de los agricultores a la hora de optar por las diferentes prácticas agrarias y la de los consumidores para comprar alimentos libres de transgénicos.
Presiones de las multinacionales. Los cuantiosos intereses económicos en juego dan lugar a todo tipo de presiones políticas por parte de las empresas biotecnológicas y también por parte de algunos gobiernos, que desprecian totalmente las consideraciones ambientales y sociales.
Monopolio de las semillas. Las costosas investigaciones asociadas al desarrollo de los transgénicos y las reglas internacionales de protección de la propiedad intelectual crean un oligopolio de un puñado de multinacionales sobre el mercado de semillas transgénicas y privatizan el material genético que debería ser patrimonio de la humanidad.
Perdida de soberanía alimentaria. Si se llega a imponer la biotecnología como base de la agricultura mundial, la disponibilidad de alimentos caerá en muy pocas manos, impidiendo que se alcance la soberanía alimentaria de los pueblos.
Dimesión ética. La decisión de no comer alimentos transgénicos no depende de su más o menos demostrada inocuidad, sino de que son antinaturales e innecesarios. Algunos piensan que la ingeniería genética ofende profundamente los principios de la relación entre la humanidad y la naturaleza.
Efectos sobre el Medio Ambiente.
Incremento del uso de agroquímicos, con el consiguiente aumento de contaminación. Se modifican los genes de una planta para ser tolerantes a un herbicida y el agricultor puede usar grandes cantidades de ese herbicida. Además, la aparición de resistencia en vegetación adventicia (las mal llamadas malas hierbas) obliga a incrementar el uso de productos químicos para combatirlas.
Contaminación genética. Existen serias dudas sobre la viabilidad de una coexistencia entre una agricultura biotecnológica y una agricultura libre de transgénicos. Al tratarse de seres vivos, la contaminación genética tiene la capacidad de reproducirse y expandirse. Una vez en el medio ambiente, la contaminación no se podrá “limpiar”. Se puede transmitir la modificación genética a especies silvestres emparentadas con la planta transgénica o a variedades tradicionales. Por ejemplo, en México, los maíces transgénicos importados de EE.UU. están contaminando las variedades tradicionales de esas zonas. En Europa, la colza es un cultivo de alto riesgo dado que existen parientes naturales de este cultivo. Las plantas silvestres así contaminadas pueden hacer desaparecer las plantas originales debido a los caracteres que adquieren (bioinvasión).
Desaparición de biodiversidad. Debido al aumento del uso de productos químicos (efectos sobre flora y fauna). Por el efecto de las toxinas producidas por las plantas sobre otros organismos y su permanencia en el suelo y por la contaminación genética.
Dependencia de los agricultores hacia unas pocas multinacionales que controlan el mercado de las semillas, los productos químicos asociados y en muchos casos, gran parte de los factores de producción.
Efectos socio-económicos.
La Tierra produce alimentos en cantidades suficientes para alimentar a toda la población. El problema del hambre se debe al mal reparto de los recursos y se debe resolver con decisiones políticas (Por ejemplo el 78% de los niños menores de 5 años desnutridos en el Sur viven en países con excedentes de alimentos). En las condiciones actuales de organización de los mercados, un aumento de la producción no serviría para abastecer a los más necesitados sino para aumentar la concentración de la riqueza. Por ejemplo, desde 1996 Argentina ha adoptado los cultivos transgénicos con más entusiasmo que cualquier otro país, exceptuando a los Estados Unidos. Sin embargo, la mitad de la población -18 millones en un total de 37- se encuentra por debajo del umbral de pobreza. Cientos de miles de niños están desnutridos. La soja y el maíz argentinos alimentan a las ganaderías de los países ricos…
Artículo elaborado con información de Amigos de la Tierra y del Observatorio Salud y Seguridad Ambiental.
Un comentario para “La amenaza de los alimentos transgénicos”
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Este miércoles 26 de nov de 2008, se vota en el Congreso de los Diputados, en la Comisión de Medio Ambiente, Agricultura y Pesca una Proposición no de Ley para declarar a España como territorio libre de transgénicos.
Es fundamental hacer llegar a los diputados el rechazo mayoritario de la sociedad española a la introducción de transgénicos en la agricultura y alimentación. Por favor, ¡¡escribe a los diputados para pedir su apoyo a la propuesta!!
Amigos de la Tierra http://www.tierra.org
Greenpeace http://www.greenpeace.org/espana