La experiencia no es lo que te sucede, sino lo que haces con lo que te sucede. — Aldous Huxley

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La cocina natural (II)

Creando salud y bienestar en nuestra cocina

Por

BrocoliSiguiendo el hilo de la información sobre alimentación natural publicada en el artículo anterior, vamos a establecer los puntos en que se basaría una cocina natural potenciadora de la salud. Como veréis, no sólo hablamos de alimentos o técnicas culinarias, sino también de algunas medidas básicas relacionadas con el estilo de vida que son imprescindibles para alcanzar un nivel de energía que nos proporcione salud y bienestar:

  1. Utilizar alimentos de cultivo biológico, cultivados de forma natural, sin herbicidas, pesticidas, abonos químicos, fertilizantes y demás sustancias extrañas a nuestra naturaleza.
  2. Dar preferencia a los alimentos cultivados en la región en la que vivimos, que son los más baratos y mejor adaptados al entorno, con lo que su energía no sólo armoniza con la nuestra, sino que la potencia y activa.
  3. Ir variando la dieta según la estación del año, nuestra actividad, estado de salud, sexo, edad, etc. No existe una forma de alimentarse que sea válida para todos durante todo el tiempo. Es preciso ser flexibles e ir adaptando lo que comemos a nuestra condición particular.
  4. Eliminar o reducir al máximo los alimentos envasados, precocinados, con aditivos, colorantes y demás sustancias artificiales, y en definitiva todo lo que haya sido procesado de alguna manera. El procesado priva a los alimentos de su energía vital, por lo que ya no pueden cumplir su función de sustentar ni de potenciar la salud.
  5. MercadoVigilar el agua que consumimos. Nuestro cuerpo es agua en una proporción muy elevada, lo que nos da una idea de la importancia que tiene para nuestro equilibrio el agua que bebemos y que utilizamos para cocinar. Por desgracia, actualmente es un lujo abrir el grifo y que de él salga agua potable. La opción de comprar agua envasada no es mucho mejor, pues sale cara y no sabemos en qué condiciones higiénicas se ha recogido. La mejor opción es instalar un filtro de carbón activo o de ósmosis inversa en casa. La empresa que nos lo instale nos podrá aconsejar sobre el tipo de filtro más conveniente, que dependerá de la calidad del agua del lugar en que vivimos.
  6. Incrementar el consumo de verduras, hortalizas, legumbres y frutas frescas. Según la O.M.S., una dieta saludable debería contener un mínimo de 400 gramos diarios de estos alimentos.
  7. Utilizar aceites vegetales sin refinar, extraídos por primera presión en frío. Uno de los desequilibrios más comunes de la dieta occidental moderna es la carencia de ácidos grasos esenciales omega-3 y omega-6, imprescindibles, entre otras cosas, para el desarrollo y mantenimiento del sistema nervioso y para la salud cardiovascular (ayudan a mantener la fluidez de la sangre, previniendo la acumulación de depósitos grasos en las paredes internas de los vasos sanguíneos). Estos ácidos se encuentran en los aceites vegetales, pero se deterioran por efecto de la luz y el calor, de ahí la necesidad de consumirlos sin refinar, ya que así conservan todas sus propiedades beneficiosas. Otras fuentes de estas grasas buenas que podemos incorporar fácilmente a nuestra dieta son el pescado, los frutos secos como almendras, nueces y avellanas y las semillas de calabaza, sésamo y girasol.
  8. Reducir el consumo de huevos, productos lácteos y carnes rojas, incrementando el de legumbres, sus derivados (tofu, tempeh) y seitán (la carne vegetal, extraída del gluten del trigo). La dieta moderna adolece de un exceso de grasas y proteínas animales, que es la causa de muchas de las llamadas enfermedades de la civilización, como el cáncer, problemas de huesos, artritis, problemas reumáticos y de las articulaciones, cálculos e insuficiencia renal, hipertensión, obesidad… La Organización Mundial de la Salud recomienda que las proteínas no sobrepasen el 15% del total de alimentos consumidos, del cual un 10% deberían ser de origen vegetal (legumbres y sus derivados) y un 5% de origen animal.
  9. Incluir algas en nuestra dieta: Las verduras del mar, consumidas en la antigüedad, se están revelando como un alimento del futuro. Su riqueza en minerales y sus propiedades desintoxicantes y depurativas del organismo hacen de ellas un complemento muy valioso e imprescindible en esta época de contaminación. Aportan minerales como calcio, magnesio, potasio, yodo y hierro, así como vitaminas A, B, C, D3, E, K y B12, además de fibra. Estimulan el metabolismo, regulando la función renal, fluidificando la circulación sanguínea y ayudando a eliminar las purinas procedentes de los alimentos proteicos. Debido a su alto contenido en minerales son alcalinizantes, ayudando a mantener el PH básico natural de nuestra sangre.
  10. Usar sal marina sin refinar y en cantidades moderadas. El abuso de la sal puede ocasionar problemas como retención de líquidos e hipertensión, además de que endurece las estructuras corporales, afectando a órganos y tejidos e impidiendo su correcto funcionamiento.
  11. Reducir al máximo el consumo de azúcar refinado, sustituyéndolo por frutas y endulzantes naturales como las mieles naturales de abeja o de cereales, el concentrado de manzana o el amazake. El azúcar industrial es uno de los componentes de la dieta moderna más perjudiciales para la salud. Está presente de forma oculta en muchos alimentos de consumo cotidiano como zumos, refrescos, bollería, conservas, embutidos, salsas preparadas y un largo etcétera. El consumo de azúcar provoca una acidificación del organismo, que pierde calcio procedente de huesos y tejidos con el fin de neutralizar dicha acidez. El azúcar se absorbe muy rápidamente, provocando una brusca elevación del nivel de glucosa en sangre, lo que somete al páncreas a un sobreesfuerzo, ya que debe producir grandes cantidades de insulina para bajar la glucosa a su nivel normal. La insulina transforma la glucosa sobrante en grasa, que se acumula en el interior del cuerpo, produciendo obesidad y aumentando el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares. A esto hay que añadir que el azúcar reduce la actividad de los glóbulos blancos o defensas, debilitando el sistema inmunitario, además de alterar la flora bacteriana intestinal por su efecto destructor de las vitaminas del grupo B.
  12. Comer con calma y tranquilidad, masticando y ensalivando bien los alimentos. La masticación insuficiente en una de las causas principales de problemas digestivos tan comunes como la pesadez o ardor de estómago, la hinchazón, los gases o el estreñimiento. Es de vital importancia que hagamos un hueco en nuestra agenda diaria para sentarnos a saborear nuestra comida en un ambiente relajado, en el que podamos disfrutar de ella sin prisas y masticándola bien. Una medida tan simple como ésta, practicada a diario, hace que mejore la eficacia del proceso digestivo, y con ella la absorción de los nutrientes, derivando en una sensación de bienestar general y en un incremento de nuestra energía vital.
  13. Incorporar el ejercicio físico, practicado al aire libre, a nuestro estilo de vida: El oxígeno es el alimento olvidado, imprescindible para la realización de los procesos y funciones corporales que mantienen nuestro organismo con vida. Una alimentación sana y equilibrada es doblemente efectiva cuando va acompañada de la práctica regular de ejercicio, que al proporcionar al cuerpo oxígeno en abundancia le permite realizar todas sus funciones vitales con mucha más eficacia.

WakameEn definitiva, no hay una solución única y milagrosa que sirva para todos los casos. Es tarea de cada uno el ir probando, experimentando y decidiendo lo que mejor armoniza con su condición y circunstancias personales. Nuestro cuerpo es el mejor apoyo imaginable para esa labor de búsqueda. Aprender a escucharlo y a responder adecuadamente a sus demandas es una de las vías más directas que conducen a la plena realización. Y es además una tarea fascinante, que dura toda la vida. Entregarse a ella con entusiasmo es el mejor regalo que nos podemos hacer a nosotros mismos y a los demás.

Bases de una alimentación natural que sustente y potencie la salud

  1. Utilizar alimentos de cultivo biológico.
  2. Preferir alimentos procedentes de la región en que vivimos.
  3. Adaptar la dieta a la estación del año y a nuestras necesidades y circunstancias personales.
  4. Reducir al máximo alimentos procesados, manipulados o tratados.
  5. Utilizar agua de buena calidad.
  6. Incrementar el consumo de verduras, hortalizas, legumbres, cereales y frutas frescas.
  7. Utilizar aceites vegetales sin refinar, extraídos por primera presión en frío y preferentemente de cultivo biológico.
  8. Reducir el consumo de carnes rojas, huevos y productos lácteos, sustituyéndolos por legumbres, tofu, pescado y carne de ave de buena calidad.
  9. Incluir algas a diario.
  10. Usar sal marina sin refinar y en pequeñas cantidades.
  11. Reducir al máximo el consumo de azúcar refinado.
  12. Comer con tranquilidad, masticando bien el alimento.
  13. Practicar con regularidad algún tipo de ejercicio o disciplina física.

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