La cocina natural (III)
Alimento para cuerpo, mente y espíritu
Por Rosa TugoresRecuperar la conexión con nuestro cuerpo físico:
Vivimos en una sociedad que potencia y valora sobre todo nuestra parte mental. Nos pasamos el día recibiendo información y más información, alimento constante para nuestra mente. Pero, ¿qué hay del cuerpo?. ¿Y del espíritu?.
Con frecuencia oímos decir que la occidental es una sociedad materialista. Si realmente fuera así cuidaríamos más nuestro cuerpo, que es, al fin y al cabo, el componente más tangible y material de nuestro ser. Sin embargo, a pesar del tan conocido culto al cuerpo de la moderna sociedad de consumo, lo cierto es que toda la atención se centra en la parte externa, visible, del mismo, ignorando por completo lo que realmente sucede en su interior.
Así, vamos por la vida con la mente sobredimensionada, saturada de datos, somos verdaderos cerebros ambulantes. Pero una gran mayoría de nosotros es incapaz de algo tan básico como nutrir adecuadamente a ese fiel e inseparable compañero de la mente, sin el cual ésta no podría existir: Nuestro cuerpo físico.
Si realmente queremos disfrutar de un buen nivel de energía, no sería mala idea empezar por dedicar una parte de nuestro ocupadísimo tiempo a algo tan elemental como aprender a prepararnos comidas nutritivas y sabrosas. Para ello, es necesario que recuperemos el diálogo con nuestro cuerpo, para poder reconocer e interpretar las señales que nos envía. Sólo así lograremos mantener su equilibrio vital de una forma natural, sin recurrir constantemente a medicamentos, estimulantes, drogas, alcohol o cualquier otra sustancia extraña que con su falsa energía nos permita seguir con el frenético ritmo que nos impone la vida moderna.
¿Por qué lo que más nos gusta es lo que más nos perjudica?:
Debido al predominio de la mente sobre el cuerpo hemos desarrollado un gusto por los sabores fuertes y los alimentos extremos. La mayoría de nosotros necesitamos que los alimentos sepan a algo
añadido: Sal, especias, azúcar, hierbas… De modo que al añadir ese sabor adicional no podemos apreciar el del alimento real que hay detrás. En parte, esto es debido a que los alimentos son manipulados hasta tal extremo por la industria que cuando llegan a nuestra mesa son un vago recuerdo de lo que en su día fueron. Hoy día es casi imposible comer fuera de casa y disfrutar de una comida sana y natural, sin aditivos de ningún tipo y cocinada siguiendo métodos tradicionales.
Otra de las razones, en mi opinión la principal, de nuestra preferencia por los sabores fuertes y extremos es que elegimos con la mente. No escuchamos a nuestro cuerpo para elegir la comida, sino a nuestra omnipresente y sobredimensionada mente. En su incesante búsqueda de estímulos y sensaciones cada vez más excitantes, la mente nos guía hacia los sabores que mayor impacto sensorial producen en nuestro paladar. Si la afirmación os parece exagerada, responded con sinceridad a las siguientes preguntas: Qué preferís, ¿una manzana o una tableta de chocolate?; ¿una bolsa de patatilla o una patata hervida?; ¿arroz con verduras o una pizza?. Si habéis elegido la primera opción os felicito, pero mucho me temo que no ha sido así…
En definitiva, no se trata de sentirse culpable ni de juzgar a nadie, sino de averiguar las razones que nos impulsan a elegir la opción más perjudicial para nuestro equilibrio vital. A mi entender la respuesta es muy sencilla: Necesitamos sabores extremos porque nos proporcionan determinadas sensaciones y emociones que no sabemos obtener por vías distintas a la comida. Lo que comemos produce en nosotros diferentes estados anímicos: Alegría, excitación, euforia, relajación o tensión, por citar algunos. Son sensaciones muy primarias y pasajeras, que funcionan por unas horas para luego devolvernos al estado emocional inicial del que pretendíamos evadirnos, sólo que con menos fuerzas para hacerle frente. Ejemplos típicos de este círculo vicioso son las adicciones a los dulces y el chocolate, a las bebidas alcohólicas o al café y otras bebidas excitantes. Sea por miedo o por apatía, recurrimos a la evasión rápida y sin esfuerzo de la comida, en lugar de investigar vías alternativas para satisfacer nuestras necesidades o resolver nuestros conflictos emocionales.
Consecuencias inesperadas de cuidar nuestro cuerpo físico:
¿Qué sucede cuando alguien se rebela e intenta cambiar su situación?. Supongamos que esta persona está insatisfecha y empieza a informarse, a investigar, se interesa por formas de alimentación más naturales y saludables. En definitiva, se abre e inicia un cambio en su forma de alimentarse. En estos casos es probable que se encuentre con una serie de obstáculos:
- La oposición de la familia, amigos, pareja y personas de su entorno más cercano, que se sienten incómodas por el hecho de que esa persona haya elegido una opción diferente. La razón es que eso les obliga a cuestionarse sus propias prioridades y valores.
- Conflictos en el terreno laboral o profesional: Súbitamente parece no encajar en su puesto de trabajo, donde las prisas, el estrés, las reuniones y las comidas de negocios que transcurren entre cafés y cigarrillos se le hacen cada vez más intolerables. La persona empieza a cuestionarse si realmente quiere seguir a ese ritmo toda la vida…
- Cambio de amistades y actividades lúdicas: Las salidas nocturnas hasta altas horas de la madrugada en locales ruidosos y llenos de humo, aturdiéndose con alcohol y tabaco empiezan a perder todo su atractivo, si es que alguna vez lo tuvieron.
Pues bien, supongamos que nuestro héroe supera todas las pruebas. Esto ya es mucho suponer, porque todo el entorno presionará en contra de su voluntad de cambio. Seguramente tendrá que tomar algunas decisiones importantes respecto a la pareja, el trabajo o las amistades.
El siguiente paso es el más difícil, porque es el que afecta a su yo espiritual. “¿Qué es eso?”, se preguntarán algunos. Sinceramente, yo me lo pregunto cada día, y lo único que sé con seguridad es que existe. He llegado a esa conclusión por eliminación y por propia experiencia. Me explico: Cuando te empiezas a cuidar a nivel físico, automáticamente te sientes mejor también en el nivel psicológico, ya que cuerpo y mente están íntimamente conectados. Muchas personas se llevan una grata sorpresa cuando comprueban que al mejorar su alimentación, pasándose a un estilo de vida más saludable y respetuoso con su cuerpo, experimentan una sensación de bienestar en el plano mental y emocional. Sienten que la paz y la tranquilidad invaden todas las células de su ser y las elevan a otros niveles de percepción y conciencia, incrementando su capacidad para disfrutar de la vida. Esto no es tan extraño si tenemos en cuenta que el cuidarse es un acto de amor hacia uno mismo, y como sabemos la autoestima es la base del equilibrio emocional de la persona.
Comida y espiritualidad:
Es en este punto cuando empiezan a plantearse cuestiones de tipo filosófico o espiritual: ¿Quién soy en realidad?; ¿para qué he venido a este mundo?; ¿qué propósito o sentido tiene mi existencia?. Necesitamos encontrarle un significado a nuestra vida. Sólo así somos capaces de seguir adelante y de aceptar los retos y pruebas que se nos presentan como vías de aprendizaje y crecimiento.
Todos, tarde o temprano, llegamos a ese punto. Aquí es precisamente donde muchos abandonan, porque son grandes las dudas y los obstáculos que hay que superar para vivir de acuerdo con nuestro ser más elevado y porque en nuestra actual cultura no se favorece la búsqueda espiritual.
¿Qué tiene que ver todo esto con la alimentación?. Pues mucho más de lo que parece en un principio. De hecho, una de las razones por las que nos resulta tan difícil cuidarnos, alimentarnos adecuadamente y mimar nuestro cuerpo físico es que simplemente no vemos para qué, qué sentido tiene tomarse tantas molestias por algo que al final acabará desapareciendo. Puede que al principio nos sintamos muy bien y disfrutemos luciendo un cuerpo bonito, pero si somos personas sensibles y con un cierto nivel de conciencia llega un momento en que eso no es suficiente. Además, por mucho que nos cuidemos el cuerpo tiene sus limitaciones y, al menos de momento, no podemos detener el paso del tiempo. Así que empezamos a cuestionarnos el sentido de nuestra existencia, para qué estamos aquí y en qué vamos a emplear toda esa nueva energía de que disponemos.
Una vez más, la respuesta es bastante simple: Venimos aquí a aprender a dar, a entregar lo que tenemos en beneficio de los demás, a amar sin condiciones. Cada uno tiene que encontrar su expresión particular de ese destino, utilizando sus dones personales para cumplir esa misión de darse a los demás, llenando así de sentido su propia existencia.
Sin embargo, no queda más remedio que empezar por lo básico, por nuestra estructura física. Por muy elevadas que sean nuestras metas espirituales, difícilmente las alcanzaremos sin disponer de una energía estable y duradera en el plano físico.
Lo expuesto anteriormente parece implicar que sin una alimentación sana no es posible el desarrollo de la persona. Esto no es del todo exacto, ya que cada persona es diferente y se inclina por uno u otro tipo de experiencias de acuerdo con su sensibilidad particular. Unos empiezan con prácticas como el yoga, la meditación u otras terapias alternativas, otros deciden dedicar parte de su tiempo a labores humanitarias o a luchar por una causa en la que creen. Pero todos, tarde o temprano, se encuentran con la necesidad de mejorar su alimentación, como una forma de apoyar ese trabajo personal y darle una base más sólida.
Somos seres compuestos de cuerpo, mente y espíritu, y cada una de estas partes necesita un alimento adecuado para que nuestro ser esté completo y podamos desarrollar todo nuestro potencial.
Además, no olvidemos que este bello planeta que es nuestro hogar se encuentra en una situación desesperada como consecuencia de nuestra irresponsable manera de alimentarnos y de explotar los recursos que generosamente nos ofrece. Adoptar una alimentación más natural y acorde con nuestra biología es una forma sencilla pero muy poderosa de frenar el deterioro de nuestro entorno.
Mas información: www.llamaviva.com
2 comentarios para “La cocina natural (III)”
Dejar un comentario
Solo se publicarán mensajes que:- sean respetuosos y no sean ofensivos.
- no sean spam.
- no sean off topics
- siguiendo las reglas de netiqueta, los comentarios enviados con mayúsculas se convertirán a minúsculas.
















Tienes toda la razon,hace un año llevaba arrastrando males que no entedia el por que, desde que hace una semana me encuentro mucho mejor por que he decidido cuidarme y todas esas molestias van desapareciendo por lo menos ya no me levanto tan cansada y agotada como antes y el cuerpo lo agradece .
Gracias por todos tus consejos
Considero que la alimentación que nos perjudica y es la mas nos gusta cumple su objetivo principalmente porque se trata de una comida aditiva, las grasas son aditivas del mismo modo que los azúcares o los vicios como el tabaco, pues todo lo aditivo perjudica.